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viernes, 7 de enero de 2022

Mujercitas, by Greta Gerwig

Reconozco que lloré con estas mujercitas del mismo modo que he llorado durante toda mi vida con las distintas versiones que he visto, que han sido casi todas.

Reconozco igualmente que creo que Greta Gerwig ha tenido la mejor de las intenciones al abordar esta adaptación de un clásico tan mitificado. Prácticamente todas las generaciones de mujeres premillennials hemos crecido adorando "Mujercitas". 

Y no es fácil enfrentarse a eso. Y hacerlo con el sano propósito de acercar esta historia a gente (básicamente a chicas, seamos sinceros) que de otro modo jamás habrían accedido a un relato con tanta fama de ñoñez y sentimentalismo. Pese a que esa misma generación se ha tragado y se sigue tragando bodrios infumables y vomitivos, edulcorados hasta la náusea, tanto en cine como en televisión, y ya no hablemos de música o de literatura "juvenil".

En fin, Mujercitas arrastra ese sambenito de peli navideña sólo apta para madres y para abuelas muy viejunas. Soy testigo de lo difícil que es intentar convencer a millennials y postmillenials de que vean estos clásicos. Y ya si hablamos de blanco y negro, date por muerta. Eso para ellos es lo peor de lo peor, aunque luego se tiren horas poniendo el filtro de blanco y negro en sus fotos de Instagram.

Son malísimos tiempos para la historia en general; a casi nadie le interesa. Y la del cine en particular yo diría que a nadie.

Y una vez dejado claro que alabo muchísimo las intenciones de Gerwig y que no he dejado de llorar en toda la película, voy ya a poner en marcha el dispositivo de demoliciones.

Por favoooooor! Josephine March no necesitaba nada de eso para ser una tía de la hostia. Siempre, en todas las versiones, fue esa rebelde a la que le importaba un pimiento ser guapa o fea. Que sólo soñaba con ser una gran escritora. Que no necesitaba a nadie, y menos a un hombre, para vivir. 

Jo siempre fue la gran heroína de "Mujercitas", la que todas queríamos ser. Es el personaje principal en todas las versiones. Ninguna chica quería ser la estúpida y frívola Amy, ni la insulsa y bondadosa Beth, ni muchísimo menos la hermana mayor, que por muchas versiones que haya, es un personaje tan soso y tan intrascendente que ni me acuerdo de su nombre. Todas, absolutamente todas, adorábamos a Jo March.

Y daba igual la cara que tuviera esa Jo.  Siempre fue nuestra favorita, nuestro sueño. Ella en sí misma era el mejor alegato feminista que nadie podría concebir. Qué niña de los años 50, 60, 70, 80, no quiso ser Jo March?

Esta versión sólo era necesaria para atraer comercialmente a un público que sólo ve cine actual y que desprecia todo lo rodado antes de los 2000. 

Mejor les hubieran hecho un videojuego sobre las 4 chicas March luchando con bolas de nieve.  Eso les habría llegado al alma. Puede que se pasaran horas intentando esquivar bolazos, superentretenidos. Y a Meryl Streep siempre la puedes meter en algún rol secundario para darle caché a la cosa. Y en la siguiente versión, que Beth conduzca un camión.

No, en serio, si de lo que se trata es de atraerse a un público esquivo, yo en la próxima revisión de la historia pondría directamente a las Kardashian.  Buenos culos, buenas tetas. Y siempre tienen algo que contar en sus stories. Seguro que tendrían seguidores a mansalva y lo petarían en las redes.

Pero por favor, déjennos a las hermanas March tal y como eran cuando fueron creadas.  Dejen que Jo siga siendo nuestra heroína. Así la concibió su creadora y así la hemos recordado durante años y años millones de mujeres, de mujercitas, que no sabíamos qué era esa cosa del heteropatriarcado, pero que comprendíamos perfectamente a esa chica que prefería vestir con pantalones, revolcarse en la nieve, cortarse la melena para ayudar en casa, soñar con otro destino que no fuera tener marido e hijos.

Querida Greta, antes de tu historia, Jo siempre fue Jo. Y todas, o casi todas, quisimos ser ella.

lunes, 27 de diciembre de 2021

No mires arriba, by Adam McKay

Empiezo por reconocer que me he reído bastante. También reconozco que soy de risa fácil, vamos, que no es demasiado complicado conseguir que me descojone.

Si además la cosa consiste en parodiar la realidad en un sentido que comparto plenamente, la verdad es que soy presa segura. Y ciertamente comparto con Adam Mckay cuatro cosas básicas:

1. El desprecio hacia la clase política.

2. El desprecio hacia los medios de comunicación.

3. El convencimiento de que las redes sociales son un submundo de lerdos narcisistas.

4. El convencimiento de la estupidez generalizada de la humanidad.

En definitiva, ambos tenemos una sensación clara de vivir en un mundo completamente imbecilizado, sin capacidad crítica alguna, rodeados de borregos que se tragan todo lo que les cuelan los políticos y los medios, o bien, en el otro extremo, los borregos que siguen a pies juntillas las teorías conspiranoicas de cuatro espantajos con ínfulas de gurús, dispuestos a negar cualquier evidencia científica, por probada y requeteprobada que esté.

Dicho esto, tengo que decir que la película me ha parecido muy parchosa y extremadamente larga. Aunque me llamen "malaje" me sobra medio metraje. Por lo menos 40 minutos, y buena parte del tono sentimentaloide de la segunda mitad. 

El elenco es deluxe total, y no se le puede poner pega. DiCaprio, Lawrence, Streep, todos en general hacen un gran trabajo, muy profesional, muy marcado por lo que están haciendo, que no deja de ser una parodia, y por tanto requiere cierto histrionismo y profusa gesticulación.

Pero el resultado final me parece flojo para tanta pretensión. Chistes muy fáciles, personajes demasiado caricaturescos, poco ingenio y escasa originalidad. Los referentes de los personajes en el mundo real son demasiado evidentes, ellos mismos pueden reconocerse sin problema.

De todas formas, y en plan espoiler (no lo leáis los que vayáís a ver la película, please), algunas escenas me han parecido muy buenas.

Yo destacaría:

1. El personaje de Lawrence convertido en meme en las redes sociales.

2. La entrada en directo del novio DJ de la cantante. Sálvame Deluxe total.

3. El descubrimiento de que los aperitivos son gratis y el general los ha timado.

4. El final del personaje de Meryl Streep, buenísimo.

lunes, 29 de febrero de 2016

Enamorarse, by Ulu Grosbard

Porque es una historia real como la vida misma.

Porque todo el mundo se ha sentido así alguna vez.

Porque quien no se haya sentido así lo está deseando.

Porque en un tren pueden pasar millones de cosas.

Porque los amores prohibidos son siempre los mejores.

Porque no miento si digo que daría por ti la vida entera.

Porque sin embargo cada día te engañaría con cualquiera.

Porque cuando pido la llave de un hotel siempre es con otro.

Porque dos no es igual que uno más uno.

Porque si te vas me voy por los tejados como un gato sin dueño.

Porque Harvey Keitel es uno de mis actores favoritos.

Porque Meryl Streep está preciosa en esta película. Y lo sabe.

Porque Robert de Niro enamorado de mí es una de mis fantasías predilectas.

Porque Ulu Grosbard decidió contar cómo es eso de enamorarse. Y lo clavó.

martes, 24 de noviembre de 2015

Si de verdad quieres..., by David Frankel

Hacía mucho tiempo que no pasaba yo tantísima vergüenza ajena viendo una película. Tanto es así que no he podido soportar verla hasta el final. La imagen de Meryl Streep intentando hacerle una mamada a su marido, la primera de su vida, después de 30 años de matrimonio, en un cine mientras ven "La cena de los idiotas" ha sido tan espeluznante que he tenido que cerrar los ojos como si estuviera viendo una de terror. Y he notado además un calorcillo en mis mejillas que solo podía significar intenso enrojecimiento cutáneo.

Madre mía, qué vergüenza!  Os cuento, ávidos cinéfilos que buscáis mi asesoramiento: Típico matrimonio de cincuentones (aunque tanto Streep como Tommy Lee Jones tiran más para la sesentena, casi que rozando la setentena) que, oh cielosssss, QUIEREN RECUPERAR LA PASIÓN PERDIDAAAAAA!  Bueno, más que nada la tía, porque el señor está más a gusto que un marrano en un charco y no echa en falta en su matrimonio nada de nada. Pero bueno, a ella le da por mirar parejitas jóvenes y ponerse a comparar. Ay cielos, ya ahí tenía que haber cambiado de canal. Y la tía empieza con la paranoia de "quiero recuperar mi matrimonio, quiero que seamos como antes, quiero que me desees como antes, quiero que me mires como antes". Por favoooooooooorrrrrrr!

Y claro, se van a un terapeuta sexual, que no es otro que el inefable Steve Carell. Cágate lorito. Y ya ahí con los consejos del terapeuta el ridículo alcanza proporciones mastodónticas. En fin, el caso es que cuando yo leí de qué iba la peli, pensé, ingenua de mí, que le iban a echar una mijilla de cachondeo al tema, que se iban a descojonar del terapeuta y de la parejilla de maduritos en busca de la pasión perdida y punto. Ayyyyy pero nooooooooooo. Que no es de cachondeo, que de verdad se toman en serio eso de que estos dos vejestorios RECUPEREN LA PASIÓOOOOOOOON!

Y la supuesta gracia de la película estaría en que una tía que jamás ha hecho una felación, ni se ha masturbado... en fin, una tía de lo más pacata y raruna, de repente se ponga a hacerle una mamada a su marido en un cine porque se lo recomienda un consejero matrimonial. Y ahí fue cuando tuve que cambiar de canal porque mi rubor alcanzó proporciones alarmantes.

Qué cutrerismo de película, virgen santa! Y Tommy Lee Jones, ese pedazo de actorazo, Dioooos mío, qué hace aquí? Porque la Streep ya sabemos que es ubicua, que está en todas partes; y Carell también se apunta a un bombardeo si hace falta. Pero Tommy, tú no, tú no tenías necesidad de esto. Siempre hay tiempo para hacer mamarrachadas cuando ya estés en las últimas, hombre.

En fin, luego una se entera de que el David Frankel este es el mismo de "El diablo se viste de Prada", y claro, todo se explica. A este tío le va extraer lo más ridículo y lo más gilipollesco del ser humano hasta hacer enrojecer al más pintado. Pero a mí por lo menos ya no me pilla más.


martes, 22 de septiembre de 2015

Leones por corderos, by Robert Redford

Lo peor que le puede pasar a una peli con "mensaje" es que el espectador no termine de captar ese edificante mensaje que el director pretende transmitirle. Es exactamente lo que le pasa a Robert Redford con esta película cargada de buenas intenciones antibelicistas pero que, aparte de lo insoportablemente aburrida que es, en ocasiones da la sensación de ser un verdadero canto de amor a esa América invasora en nombre de los valores sagrados de la libertad y la democracia.

Por un lado la cosa va de denunciar guerras provocadas por oscuros intereses políticos, y por el otro se pasa media película dando la chapa sobre la suerte de ser americano y sobre el gran país en el que vive. A ver, Robert, hijo, aclárate: mola o no mola ser americano y estar metido en todos los fregados del mundo, principalmente si hay buena materia prima de por medio?

Lo más conmovedor es ver cómo este hombre descubre ya casi octogenario la clase de mierda que tiene en su país, lo corruptos que son los políticos, cómo manipulan a la prensa, cómo mienten descaradamente y ocultan sus verdaderas intenciones... Parece hasta indignado. Pero por otra parte tiene un mensaje tan patriótico... Se pasa media película haciendo él mismo de profe de universidad dándole un mítin a un alumno pijo cuyo máximo interés es ser el líder de la hermandad alfa-beta-gamma y de mayor ganar un pastizal dando el mínimo palo al agua. Y nada, él le larga un sermón increíble sobre lo bueno que es comprometerse e intentar salvar el país. Y como paradigma le pone el ejemplo de un par de ex-alumnos suyos que se comprometieron con su gran nación alistándose voluntarios en la guerra de Afganistán. Menudo planazo.

En fin, este mensaje contradictorio a más no poder nos lo suelta a través de tres historias de esas cruzadas que se llevan tanto ahora, a cuál más peñazo:

1. Congresista americano que cita a una periodista incisiva y progre, muy en la línea Ana Pastor, para filtrarle la gran exclusiva de una nueva estrategia de combate en Afganistán que va a ser la pera limonera y que va a terminar con el último talibán. Tom Cruise y Meryl Streep, muy inspirados los dos, dan vida con su oficio habitual a estos dos personajes y mantienen probablemente una de las entrevistas más aburridas de la historia del cine periodístico.

2. El profe que cita en su despacho al alumno pijo y le da una chapa de la hostia para que deje su vida de asueto y solaz y se implique en política. Reconozco que a ratos no pude soportarlo y me puse a leer el Pronto. Probablemente uno de los diálogos profesor-alumno más aburridos de la historia del cine universitario.

3. Y la traca final: los dos ex-alumnos que se fueron a Afganistán a luchar por su país con el encomiable objetivo de que el ejército les pagara su deuda con la universidad. Este par, en medio de la "nueva estrategia" infalible, se quedan aislados en una montaña nevada, a varios grados bajo cero, heridos y rodeados de talibanes nerviosillos y armados hasta el turbante. Y sí, no dudo de que la carrera terminaría pagada pero ya no sé yo si a ellos eso les iba a hacer mucho apaño en el otro mundo. En fin, entre balas, gritos amenazantes de talibanes y copitos de nieve jodiendo, también estos dos mantienen su charlita corresponidente, faltaría más. Y claro, como no podía ser menos, en la tónica del resto de la película, probablemente una de las conversaciones entre moribundos más aburridas de la historia del cine bélico.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El diablo viste de Prada, by David Frankel

Será que yo soy mujer
que viste de mercaíllo
pero no puedo entender
ese oropel y ese brillo
pa cuatro trapos vender.

Qué coñazo con la moda.
Hay quien podría matar
a la Madrid Fashion toda
para poderse comprar
un Prada para una boda.

Y sin embargo te digo
que yo por un modelazo
no jodería a un amigo
ni le daría un sablazo.
A Dior pongo por testigo.

Una falda, un pantalón,
un Versace o un Chanel,
un buen bolso, un cinturón,
complementos a granel
para estar hecha un pibón.

Vaya coñazo de historia.
Yo me voy a mi mercaíllo,
doy más vueltas que una noria,
compro todo lo que pillo,
Y voy siempre que da gloria.

Nunca entenderé el pelotazo que pegó en su día David Frankel con esta mamarrachada sobre uno de los negocios más gilipollescos que existen, sin duda a consecuencia de la banalidad, el tonterismo y la decadencia de los tiempos actuales. Y para más inri, Meryl Streep tan sobreactuada como de costumbre, y de partenaire Anne Hathaway, la sosez hecha mujer. Menudo petardazo de película.

martes, 21 de julio de 2015

Mamma Mia!, by Phyllida Lloyd

Una crítica pensada para que sea cantada. 

Con música de Vivaldi...

puede ser una pasada:

- Vaya putada, chavaaaal, anoche vi un musicaaaaaaal.

- Qué musical fuiste a veeeeer si es que se puede sabeeeeer.

- Pues me tragué “Mamma míiiiiiia”, y menuda porqueríiiiiia.

- Acaso no te gustoooooooó? He oído que está chapooooooó.

- Chapá es como me he quedaaaaaado tras ver el desaguisaaaaado.

- Pero tan malita eeeeees, o es que tú estás del reveeeeeeeés?

- Mala no, es lo siguieeeeeente; y quien habla no te mieeeeeente.

- Pero no te gusta Abbaaaaaa? Creía que te flipabaaaaaaaaa.

- Pues sí que Abba me encantaaaaa pero el musical me espantaaa.

- Qué opinas de los actoreeeees? Dicen que son los mejoreeeees.

- Pues Meryl Streep patinaaaaaa al ritmo que desafinaaaaaaaa.

- Pero si se ve muy monaaaaaaa con ese peto de lonaaaaaaaa.

- Vestida de quinceañeraaaaaa salía la puñeteraaaaaa.

- Y de los demás qué diceeeees, cometieron mil desliceeees?

- Colin Firth para matarloooooo, hasta he dejado de amarlooooo.

- Pero si a ti te encantabaaaaaa hasta mucho más que Abbaaaaaa.

- A Dios pongo por testigooooooo de que terminé hasta el jigoooo.

- Pero al menos las cancioneeeees te darían satisfaccioneeeeeees.

- Hasta los mismos cojoneeeeees terminé de las cancioneeeeees.

- Pues ya cantarían maaaaaal pa ponerte tan fataaaaaaaaaal.

- Es que peor imposibleeeeeee; fue lamentable y terribleeeeeee.

- Y quién firma tal cagadaaaaaa? Debe estar abochornadaaaaaa.

- Pues Phyllida Lloyd se llamaaaaaa la desaprensiva damaaaaaa.

- No me suena esa señoraaaaaa, no la conocía hasta ahoraaaaaaa.

- Hizo un biopic de la Thatcheeeer que era todo un puro parcheee.

- Pero algo te gustaríaaaaaaa. No digas que no, hija míaaaaaaaaa.

- La isla me moló bastanteeeeee pero no con tanto canteeeeeeee.

- Pues a mí esta opinión tuyaaaaaaaa me parece muy capullaaaaa.

- Pos vale pero es la míaaaaaaaa, si no que opine tu tíaaaaaaaaaa.

martes, 21 de octubre de 2014

Agosto, by John Wells

John Wells realiza esta adaptación de la obra teatral del mismo título escrita por el dramaturgo Tracy Letts, que por cierto también firma el guión. La obra ganó el Pulitzer en 2008 y por lo visto fue un exitazo en Broadway, así que me imagino que Wells decidió aprovechar el tirón y apostar a caballo ganador.

Por lo general me suelen gustar bastante estas historias de reuniones familiares porque me recuerdan mucho a algunas familias que conozco y casi le puedo poner nombres y apellidos de personas reales a cada personaje. Lo que ocurre en esta ocasión es que están todos tan sumamente tarados que es imposible encontrar en ninguna familia un ramillete tan completo de piramientos varios: la madre drogata, el padre alcohólico, las hijas a cuál más perjudicada, los yernos para echarlos a los marranos, y la única nieta sale vegetariana porque dice que si comes carne comes el miedo de los animales. Vamos, línea y bingo.

Pero la cosa no queda ahí, qué va. Si fuera sólo eso, tendría un pase. Pero es que para colmo no paran de soltar secretos de familia; cada cinco minutos un secretillo, que si éste no es hijo de su padre sino de su tío, que si la otra sacó furtivamente la pasta de la caja fuerte, que si tal que si cual… Total, una familia que no gana para sustos y sorpresas. Y claro, ya tanto conflicto familiar como que mosquea un poco y resulta, no ya poco verosímil, sino directamente el despiporre.

Y por si todo esto fuera poco, la protagonista es una Meryl Streep más paroxísmica que nunca; un auténtico dechado de tics y aspavientos sin fin. A ella, que no le hace falta tampoco mucho para darle al baile de San Vito, encima se pone a interpretar a una pastillera con tendencia a la histeria, toma ya, os podéis hacer una idea. Por supuesto, la tropegésima nominación al Oscar estaba cantada.

En desconcertante contraste, Julia Roberts no mueve un solo músculo de la cara en las dos horas que dura la película. El mismo gesto desde el minuto uno hasta el final. Y claro, ves a la una pegando botes todo el rato y con la cara de niña del exorcista que se le pone a la Streep cuando le da el telele, y a la otra con la cara de palo, y es una paranoia.

Dicen que Tracy Letts es el niño malo malote de la dramaturgia americana contemporánea, pero yo, si esto es una muestra de lo que este tío sabe hacer, lo veo más como un caricaturista con oficio. Quienes lo comparan con Tennessee Williams, sinceramente, creo que no tienen ni puta idea.

viernes, 18 de julio de 2014

Las horas, by Stephen Daldry

A las 22'40 la mismísima Virginia Woolf, interpretada por una Nicole Kidman a la que no reconocerías jamás en la vida porque le sobra media nariz y le falta un kilo de botox, se mete en un lago con los bolsillos llenos de piedras. Al parecer no está muy contenta con su realidad vital, no sabemos por qué pero ya nos enteraremos.

A las 23'00 Julianne Moore, que interpreta a una señora de los años 50, se pone a preparar una tarta porque es el cumpleaños de su marido. Tiene un niño pequeño muy guapo y está embarazada. No parece mucho más contenta que Virginia. Al final la tarta le sale de un color azul bastante rarito, tampoco sabemos por qué pero ya nos enteraremos.

A las 23'10 Meryl Streep entra en acción. Va a visitar a su amigo del alma, interpretado por Ed Harris (genial, por cierto), que ha perdido un montón de kilos para el papel porque su personaje tiene Sida y está en las últimas. Meryl hace gala de su colección habitual de muecas y aspavientos manuales, corporales y gestuales, y le cuenta a Harris que le está preparando un pedazo de fiestuqui. Harris, que está bastante chungo, pasa de ella como de la mierda, pero aún así Meryl, en su tónica habitual, sigue hablando sin parar dale que te pego, tic va y tic viene, no sabemos por qué pero ya nos enteraremos.

A las 23'20 en la cocina de Moore entra Toni Collette, disfrazada de señora de los años 50, y se pone a charlar con su amiga. Se tiran un rato de cháchara y al final ocurre un pequeño e inesperado incidente con Collette, que se queda un poco pillada la mujer. Bueno, algo es algo, hasta el momento en lo que va de peli Moore no ha hecho otra cosa que hacer la tarta, tocarse la barriga y mirar al niño con ojos llorosos y expresión culpable, no sabemos por qué pero ya nos enteraremos.

A las 23'50 la hermana de Virginia Woolf va a visitarla con una patulea de críos. Hay un pajarito muerto en el jardín y lo entierran. Nicole, que sigue sin parecer Nicole, pone flores en la tumba del pajarito. Luego la hermana y los pequevándalos se van y Nicole se queda llorando y echando mocos por su nueva y poco favorecedora nariz. No sabemos por qué pero ya nos enteraremos.

A las 00'20 por fin muere alguien, no diré quién. Desde el principio se veía venir, la única duda era quién iba a ser el agraciado en el sorteo. Bueno, Woolf ya sabemos que se suicida en la primera escena, pero en una película en la que todos los actores lloran tantísimo y tienen todo el rato una expresión tan compungida, era evidente que algún cadáver más tenía que haber. Por qué éste y no otro, cuando algunos llevaban las mismas o más papeletas? Ah, pues no sabemos, pero bueno, ya nos enteraremos.

A las 00'30 termina la película con una enigmática sonrisa de Meryl Streep. Por lo pronto ya adelanto que ella no es la muerta, pero teniendo en cuenta que lleva dos horas lloriqueando, con los ojos enrojecidos y derrochando sus famosos tics tutiplén... a qué viene esa estúpida mueca sonriente? Pues no lo sabemos y a estas horas ya es imposible que nos enteremos.

A las 00'40 me siento a escribir esta crítica. Realmente no sé qué he estado viendo ni lo que Stephen Daldry pretendía. Son tres mujeres, dos de ellas muy desgraciadas, y sigo sin saber por qué, y la tercera que hace aspavientos contínuamente y no para de parlotear como un loro. Con ello compensa en gran manera los densos silencios y la pasividad corporal de las otras dos... pero no termino de pillar el mensaje. Qué es lo que ha pasado aquí? Aparte de hacer tartas, comprar flores, preparar fiestas fashion y enterrar pajaritos... me he perdido algo? O tal vez se trataba simplemente de dejar que pasaran LAS HORAS?

martes, 3 de septiembre de 2013

Memorias de África, by Sidney Pollack

Yo tenía una chabola en Las Barranquillas. Pero bueno, mi historia empieza mucho antes. Os cuento. Nací en La Moraleja y siempre había llevado una vida normal de pija, pero no era del todo feliz; necesitaba viajar, ver mundo. Y entonces un día señalé al azar un punto en el mapa y me salió el poblado madrileño de “Las Barranquillas”.

Llegué allí cargada con mi vajilla de porcelana de Meissen, mi maravilloso mobiliario art-decó y mi colección de zapatos de Louboutin y Manolo Blahnik, equipaje del que bajo ningún concepto puedo prescindir, vaya donde vaya. 25 camiones de mudanzas fueron necesarios para trasladar todos mis enseres, pero mereció la pena porque la chabola se me quedó divina de la muerte.

En cuanto llegué supe que algo tenía que plantar y, tras un exhaustivo estudio de mercado por la zona, concluí en que lo mejor era dedicarme a la marihuana y las setas alucinógenas. También comprobé que las etnias del lugar no tenían muy buenos modales y que apenas sabían hacer cuentas y decidí construir una bonita escuela en una chabola adyacente.

En esto que apareció por el barrio un aguerrido comerciante de productos locales. Era hermoso y rubio como la cerveza, el pecho tatuado con un corazón. Flechazo absoluto. Un día me dijo que si le dejaba lavarme el pelo, que había ido a una academia de peluquería cuando chaval, y yo le dije que sí. Y ahí caí redonda. Qué manos, qué masaje capilar, qué destreza con el secador.

Total, que nos liamos, y fue un flipe. Entre sus habilidades peluqueriles y otras de las que no voy a hablar aquí porque el pudor me lo impide, me hizo superfeliz. Pero claro, entonces a mí me dio por hablar de matrimonio, regularización de papeles y tal, y él se puso nervioso. Era un espíritu libre. No tuvo más remedio que volar. Y bueno, hasta aquí puedo contar. Sydney Pollack me ha pedido los derechos para llevar mi historia al cine, así que si queréis saber más tendréis que ver la película. “Memorias de Las Barranquillas” se va a llamar.

El mundo se divide en tres tipos de personas, según su actitud ante “Memorias de África”: los que flipan y se multiorgasman cuando la ven (un 85% aproximadamente), los que odian a Robert Redford (éstos suelen ser tíos poco agraciados casi todos) y los que odian a Meryl Streep.

Yo pertenezco indiscutiblemente al tercer grupo. Reconozco que en este trabajo está mucho menos paroxísmica y arrebatada que en otros, pero en cambio luce todo el tiempo una especie de expresión estupidizada o estupidizante que no sé si es mejor o peor que los habituales tics Streep. En cualquier caso, absolutamente abominable.

sábado, 31 de agosto de 2013

El cazador, by Michael Cimino

ANTES DE LA GUERRA

Michael Cimino nos obsequia como aperitivo con una hora de boda rusa ortodoxa. Los preparativos, los novios vistiéndose, la ceremonia religiosa, muy bonita y tal, el banquete con la borrachera consiguiente, los bailes... Una hora, casi lo que dura una boda de verdad.

Lo más interesante de la boda son las curiosas miraditas entre Robert de Niro y Meryl Streep, a pesar de que Streep recoge el ramo de la novia y acepta casarse con el mejor amigo de De Niro. Al día siguiente, todavía con los trajes de la boda puestos y la resaca a cuestas, los amigos se van de caza, y empiezan a pelearse por gilipolleces. 30 minutos más.

Por lo visto están a punto de irse a Vietnam. La verdad es que entre las borracheras que se pillan y las tonterías que sueltan una piensa que si todos ellos murieran en la guerra no se perdería gran cosa, unos cuantos capullos menos en el mundo. De hecho si todos los americanos que mueren en las diferentes guerras en las que se meten son por el estilo de éstos, hay que mirarlo en positivo; es una forma de soltar lastre. En fin, a lo tonto a lo tonto, entre la boda y la cacería nos hemos chupado hora y media de peli, que se dice pronto.

DURANTE LA GUERRA

De repente estamos en Vietnam, donde nos vamos a tirar unos 40 minutos de metraje. A nuestros amigos borrachuzos y descerebrados los cogen prisioneros.

Para compensar su gilipollez, van a dar con unos vietnamitas igual de descerebrados que ellos o más. A éstos les da por jugar a la ruleta rusa con los prisioneros. Tal y como Cimino nos los pinta una piensa que tampoco pasa nada porque murieran en esa guerra unos cuantos de millones de vietnamitas. Es más, si hubieran muerto todos mucho mejor para el mundo.

Al final la cifra de bajas de la guerra de Vietnam, que en un principio parecía descomunal, termina pareciendo una nadería. Podrían haber sido muchas más en ambos bandos y no se hubiera perdido gran cosa; unos cuantos capullos menos jugando a la ruleta rusa, conduciendo borrachos y matando inocentes cervatillos. Ya ves tú qué pena más grande.

DESPUÉS DE LA GUERRA

Aún nos queda casi una hora más de peli, pero tranquilos, no voy a contar el final.  De todas formas ya sabemos cómo se queda la gente después de la guerra de Vietnam; hemos visto muchas pelis. Entre lisiados y tarados los USA se quedaron para echarles una foto. Es igual, tampoco escarmentaron demasiado, a los pocos años ya estaban metidos en el siguiente fregado.

Curiosamente De Niro es el único que vuelve ileso, por lo menos de cuerpo, porque de alma ya se puede suponer que volvieron todos bastante tocadillos. Y no sólo vuelve ileso sino que vuelve guapísimo, hecho un hombretón, y además bastante menos gilipollas de lo que se fue. La guerra puede hacer también milagros. Meryl Streep lo recibe con sus habituales miraditas y tics nerviosos, hasta ella no han llegado los milagros de la guerra.

Esta última parte ya te pilla un poco agotada. Entre la hora de la boda, la media hora de la cacería y los 40 minutos en Vietnam, la verdad es que está una ya para pocos trotes. Lo mejor es que acaben rápido, pero no; todavía tendremos que tragarnos unas cuantas dosis más de cacerías, miraditas cruzadas Streep-De Niro, partiditas a la ruleta rusa y hasta un viajecito expréss a Vietnam. Y hasta aquí puedo contar.

Al final terminan todos cantando, creo que cantos regionales. Sí, habéis leído bien: después de tres intensísimas horas todavía tienen ganas de cantar. Por qué. Ah, pues no lo sé. Yo normalmente cuando vuelvo de la guerra no estoy para muchas coplas, pero los americanos son muy suyos. Recordad cómo cantaban y bailaban después de una durísima jornada laboral los de "7 novias para 7 hermanos"

Por fin lo que parecía casi imposible ocurre: la película acaba. Cuando ya pensabas que después de los cantos regionales se iban a ir de caza otra vez o a emborracharse o a la guerra o vete tú a saber, por suerte aparecen los títulos de crédito. Sí, increíblemente todo ha terminado. Aunque... quietos ahí, no os mováis de vuestros asientos! No queréis ver junto con los créditos la repetición de las imágenes de la boda? Aaaaaaaarrrrggggg!

lunes, 28 de enero de 2013

El último show, by Robert Altman

Impresionante elenco para un adiós a lo grande y con glamour. El gran Robert Altman se despide de la gran pantalla con un impresionante concierto country lleno de estrellas y con una apasionada declaración de amor al mundo de la radio.

Te imaginas a Woody Harrelson cantando country? Y a Meryl Streep? Bueno, a Meryl seguro que te la puedes imaginar haciendo cualquier cosa, y tampoco es la primera vez que se desmelena musicalmente. Y lo peor es que probablemente tampoco será la última.

La peli es un rollo morollo sin paliativos, lo digo por las claras para no llamar a engaño. Ahora bien, si te gusta el country pasarás un buen rato. Y como documento radiofónico, sobre todo en cuanto a publicidad se refiere, es una joya.

A ver si os gustan estos anuncios de mi cosecha:

Patatas fritas Orlando, se comen hasta follando.

Colonia Dulce Pasión, quita el peste hasta a un hurón.

Discopub el Pescaíto, boquerones con mojito.

Carnicería La marrana, lo que no mata te sana.

Zapatillas Nikelón, para correr mogollón.

Impresoras Print Star, que te puedes de cagar.

Aceitunas La Española, que a toda la peña molan.

Cruceros El Paraíso, mucho mejor que en tu piso.

Espárragos Campeón, estarás hecha un pibón.

Hemorroidal Rasputín, un ojete sano al fin.

Seguros El Finiquito, donde cobrar no es un mito.

Fabada la Berenguela, para gasear a tu abuela.

Inma Ruiz de Julián, si la lees te haces fan.

Ps. Y si algún creativo publicitario lee esto, desde aquí le tiro un tiesto: "Estoy abierta... a cualquier oferta. Pero si es buena mejor, pues lo haré con más primor".

miércoles, 16 de enero de 2013

Los puentes de Madison, by Clint Eastwood

Sobrevaloradísima película del puto amo Eastwood que básicamente cuenta la historia de un encoñe, elevado por la casi totalidad de la vil plebe a la categoría de auténtico amor eterno for ever more.

Como a estas alturas todo el mundo sabe (o debería saber), el amor eterno no puede ser otra cosa que un encoñe de 4 días, a lo sumo 10. Todo lo que pase de ahí es agotador, hay que esforzarse todo el tiempo por avivar la llama del amol, gastarse un pastizal en lencería fina, en cenas románticas, en flores... Ufffff, y todo para que no te invada la rutina, que es invasora nata y te pongas como te pongas te invadirá sí o sí.

El increíble éxito de "Los puentes de Madison" se basa precisamente en eso, en el encanto del encoñe de duración limitada y eterno recuerdo. Todo el mundo ha vivido alguna vez algo así, y si no lo ha vivido sueña con vivirlo. Una historia perecedera con fecha de caducidad incorporada que no termine en desayunos cansinos, peleas por el mando a distancia y discusiones sobre el coche, los niños y si vamos al Mercadona o al Carrefur.

Y el gran Clint, que no es tonto y de todo esto debe de saber bastante, ya que lleva unos cuantos matrimonios a sus espaldas, se monta un historiazo del copón y pone durante dos horas ojitos de carnero degollado mientras la señora Streep se deja querer con su aroma de hembra crepuscular necesitada de pasión y emociones fuertes.

Todo esto por no hablar de la majadería de la que parte la historia. Esta señora decide dejar una carta a sus hijos en la que les cuenta lo de los 4 días de pasión con el fotógrafo del National Geographic. Así que los hijos no tienen más remedio, tanto si quieren como si no, que enterarse de la apasionante vida sexual de su mamá con un señor distinto a su papá.

Señora, por diosssss, desde cuándo estas cosas se comentan con los hijos? Usted no podía morirse tranquilamente y dejar a sus hijos en paz con la idea de una madre de familia ejemplar que sólo pensó en toda su vida en el bienestar de los suyos? No podía decir simplemente: "Cuando muera quiero que esparzan mis cenizas por el puente X porque me trae muy buenos recuerdos, o porque es un puente que me encanta"? Noooooooo, de paso en un acceso de sinceridad tenía usted que contar a sus descendientes que en ese puente echó el mejor polvo de su vida con un señor desconocido que pasaba por allí!!!!!!

En fin, para colmo hace el guión Richard LaGravenese, que es un monstruo del pasteleo, y... voilá! Ya tenemos marujas y marujos por doquier llorando por los rincones y pensando... aysssss, qué bonito es el amol! Y ya está, entre pitos y flautas Eastwood se la ha vuelto a meter doblada a media humanidad. Ole ahí!


viernes, 23 de noviembre de 2012

El atardecer (Evening), by Lajos Koltai


Una de mis dudas vitales más persistentes es cómo es posible juntar un reparto como el de esta película y que salga una patata de tomo y lomo.  Se me ocurren 3 opciones por las que este reparto de lujo femenino fue posible para hacer esta guarrada:

1. Ninguna de ellas se leyó el guión. Simplemente sintieron el efecto llamada. Glenn Close no se lo pensó cuando supo que iba a volver a trabajar con Streep. Streep sintió la llamada Close y la llamada Redgrave. Collette no pudo resistirse a trabajar con Close, Streep y Redgrave, como no podría resistirse cualquiera. Y luego están las hijas respectivas de Redgrave y Close, que no pudieron resistirse a trabajar con sus mamás. O mejor aún, las mamás no pudieron resistirse a aceptar estos papeles a cambio de que a sus retoñas les dieran trabajo. Esta teoría mola y es bastante plausible, que no?

2. Todas leyeron el guión y éste era realmente bueno, era la hosssstia de bueno; no podían rechazar el trabajo ni locas.  Todas pensaron que era de Oscar seguro. No tenían ni idea del poder destructor de Lajos Koltai y de su capacidad para destrozar una maravilla de guión hasta convertirlo en pura bazofia. Esta hipótesis es poco probable pero ahí queda.

3. Sí, leyeron el guión. Y efectivamente era la mamarrachada que todos hemos podido contemplar. Y no, no se sintieron seducidas por el nombre de las que serían sus compañeras de reparto, ni por sus hijas ni por sus madres. De hecho ni Close puede ver a Streep ni ésta a Redgrave ni Collette a ninguna de ellas, por no hablar de las hijas de Redgrave y Close, que odian a sus madres y llevan años de duro psicoanálisis intentando superar su maternofobia. Simplemente participaron en esta película porque tuvieron todas ellas un arrebato feminista y pensaron que sería la gran "película de mujeres" del siglo.

Sea lo que sea, nunca he pasado tannnnnnta vergüenza viendo a tannnnnnta estrella rutilante haciendo tannnnnnto el gilipollas y soltando diálogos tannnnnnn petardos. El bochorno en ocasiones llegó a extremos tannnnnnnn alarmantes que he soñado toda la noche que era Concha Velasco anunciando Tinaladies.

Hago ejercicios mentales para olvidar a Redgrave vagando por la noche en camisón persiguiendo un gamusino y hablando con su hada madrina-enfermera. O a Toni Collete, dios mío, con ese infame peinado a lo Toni Genil, que dios coja confesada a la peluquera que se lo hizo. Intento olvidar a Close y a Streep haciéndose el harakiri profesional en el ocaso de sus carreras.

También cabe la posibilidad de que lo hicieran simple y llanamente por dinero, pero si fue así... qué será lo próximo? Anunciar ellas también las Tinaladies?

jueves, 11 de octubre de 2012

La dama de hierro, by Phyllida Lloyd

A estas alturas está claro que Meryl Streep puede con todo. Si alguien podía interpretar a Margaret Thatcher pareciendo un calco de la Dama de Hierro ésa era ella. Supongo que algún día alguien hará un biopic de Angela Merkel, y a que no adivináis quién la interpretará? Exacto, ella.

Yo a este filme le hubiera puesto otro título: “Misión imposible: beatificar a Thatcher”. Porque realmente la absurda y patética pretensión de Lloyd es ésa, mostrarnos a una dulce ancianita que habla constantemente con su difunto esposo en modo fantasma guasón, y que va recordando su vida como si no hubiera hecho otra cosa durante ella que luchar arduamente contra el mal y hacer el bien.

Y qué nos cuenta doña Maggie? Pues que era hija de un honrado y modesto comerciante conservador, que se hizo a sí misma como animal político teniendo que luchar contra los prejuicios por su sexo y procedencia social y que tenía un marido muy simpático, divertido, complaciente y sacrificado. Vamos, nada que ver con la bruja que se cargó en los años 80 cualquier atisbo de justicia social que pudiera haber en el reino Unido y que dio rienda suelta a las políticas ultraliberales que nos han traído hasta aquí.

En definitiva, su filosofía vital era: cada uno es responsable de lo que es y de lo que tiene, y por tanto que cada cual se busque la vida y no espere que le saquemos las castañas del fuego. Vamos, como dijo el otro, que o te aclimatas o te aclimueres. Y eso es lo que hay. Encantadora, verdad?

jueves, 17 de marzo de 2011

Postales desde el filo, by Mike Nichols

1 punto por Meryl. Que hasta canta. Pelín granaíta para hacer de hija veinteañera de MacLaine, pero bueno, el mundo del cine es así. Haremos como que no nos hemos dado cuenta.

1 punto por Shirley. Que siempre hace el mismo papel de vieja gruñona pero que ya es casi como de la familia.

1 punto por Gene. Gene es Gene, haga lo que haga y salga en la peli que salga. Se lo perdono todo, porque puede. Aprovecho para declararle mi amor.

Y 1 punto más porque siempre me gusta dejar propina.

Joder, qué coñazo de película! No sé si es que pretenden eliminar competencia haciendo ver que la vida de estrella es tan horrorosa, por si habíamos pensado dedicarnos a lo mismo. A mí desde luego se me han quitado las ganas. Qué necesidad tengo de voverme alcohólica perdida, drogadicta y gilipollas a estas alturas. Anda ya, to pa ellas.

Julie y Julia, by Nora Ephron

Juro que me encanta la cocina y que me trago todo lo que puedo del canal cocina, que me puedo pasar horas viendo programas donde explican con pelos y señales cómo hacer pato a la naranja o cómo conseguir mejorar tu salsa de quesos. Juro que me gustan hasta los chistes de Arguiñano, que ya es gustar. No entiendo entonces por qué razón esta película me pareció tan abominable de principio a fin. Entre las muchas cosas que no soporto de ella están las siguientes:

1. Meryl Streep parece estar todo el día borracha, y hace unas cosas rarísimas con los ojos todo el tiempo. Le debieron de decir que los franchutes gesticulan mucho y como la peli tiene vocación europeísta, ahí que se puso a hacer el ventilador. Su peor papel, con diferencia.

2. Amy Adams es probablemente la actriz más pastelosa con la que he tenido que toparme en toda mi vida. Con razón la llaman la Julie Andrews del siglo XXI. Su papel es tan cargante que a ratos abomina una hasta de sus aficiones culinarias, con tal de no parecerse a ella.

3. Los maridos de ambas, pero principalmente el de Adams. Hombre, desde luego para aguantar a semejantes dos pestiños de tías o no tiene uno sangre en las venas o tiene que ser completamente imbécil, igual que ellas. Si no, es imposible.

No puedo comentar nada del final ni espoilear porque confieso que no terminé de verla. Hubo un momento en que Meryl Streep me estaba poniendo tan nerviosa con tanto aspaviento y tanto baile de san vito que preferí irme yo a cocinar y olvidarme de los dos cutrepersonajes ésos merecedores del más radical de los olvidos.

El mensajero del miedo, by Jonathan Demme

Mambrú se fue a la guerra, qué dolor qué dolor qué pena
Mambrú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá.
Do re mi do re fa, no sé cuándo vendrá.

Pues aquí no es Mambrú, es Denzel Washington el que se va a la guerra; y la guerra no es otra que la del Golfo (pongo Golfo en mayúsculas, a pesar de que la nueva ortografía de la RAE recomienda la minúscula para estas cosas, porque me suena fatal eso de guerra del golfo). Y vuelve de la guerra bastante perjudicado, pero no por las causas normales por las que uno vuelve fatal de una guerra sino por otras muy curiosas que cuento en el espoiler.

En realidad a mí esta peli me ha parecido un auténtico canto de fe en el ser humano. La trama va de que alguien, gente poderosa, una corporación, pretende poner al frente de la presidencia de los USA a un pelelillo que haga lo que ellos le dicten. Y para ello no pueden hacer lo que se ha hecho de toda la vida, pillar a un capullo tipo Bush, ponerle unos cuantos caramelitos en la boca con sabor a petróleo y darle cuerda. No, ellos necesitan técnicas mucho más sofisticadas y complejas, microchips... en fin, unos mecanismos superelaborados que describiré más ampliamente en el espoiler.

Aunque pensándolo bien, tal vez esté basada en un hecho real. Quizás Bush, tanto el padre como junior, no eran así realmente. Podría ser que llevaran un microchip. Joder, eso lo explicaría todo. Cómo no se me habría ocurrido antes.

Ah, se me olvidaba, Denzel estupendo, como siempre, a pesar del papel tan chusco que le ha tocado. Los 3 puntos son por él. Meryl, también como de costumbre, pelín sobreactuada. Todo en orden.
Spoiler
Bueno, pues como decía, tú quieres poner a un pelele de fácil manejo en la Casa Blanca, y como eso es tan complicado y casi tan imposible de conseguir por vías normales (nótese la ironía), pues hay que recurrir a implantarles un complicadísimo sistema electrónico de control mental. Bueno, vale. El ser humano es bueno, los políticos son gente sumamente honrada y no se les puede manipular ni sobornar tan fácilmente. Aceptamos pulpo.

Pero ahora viene lo mejor. Cómo llevarías a cabo ese implante. A bote pronto se me ocurre que mientras el sujeto esté durmiendo, o haciéndole tomar algún somnífero camuflado en el té, o algo así. Tampoco vamos a complicarnos la vida demasiado, no?

Bueno, pues no. Resulta que el plan es llevarlo a una guerra, meterlo en un regimiento, y allí, en medio de una escaramuza con el enemigo, coger a todo el regimiento o como se llamen los grupitos esos que van cinco o seis al mando de un comandante. Pues eso, capturan a todo el regimiento y le implantan el microchip no sólo al futuro presidente, sino a todos los demás compis, porque claro, tienen que controlar la mente de todos. ¿Por qué? Ah, pues no sé. Supongo que les pareció demasiado fácil lo de dormir al nene y ponerle el aparatejo y decidieron que una buena conspiración merecía algo más elaborado. No sé, vete tú a saber.