Yo tenía una chabola en Las Barranquillas. Pero bueno, mi historia empieza mucho antes. Os cuento. Nací en La Moraleja y siempre había llevado una vida normal de pija, pero no era del todo feliz; necesitaba viajar, ver mundo. Y entonces un día señalé al azar un punto en el mapa y me salió el poblado madrileño de “Las Barranquillas”.
Llegué allí cargada con mi vajilla de porcelana de Meissen, mi maravilloso mobiliario art-decó y mi colección de zapatos de Louboutin y Manolo Blahnik, equipaje del que bajo ningún concepto puedo prescindir, vaya donde vaya. 25 camiones de mudanzas fueron necesarios para trasladar todos mis enseres, pero mereció la pena porque la chabola se me quedó divina de la muerte.
En cuanto llegué supe que algo tenía que plantar y, tras un exhaustivo estudio de mercado por la zona, concluí en que lo mejor era dedicarme a la marihuana y las setas alucinógenas. También comprobé que las etnias del lugar no tenían muy buenos modales y que apenas sabían hacer cuentas y decidí construir una bonita escuela en una chabola adyacente.
En esto que apareció por el barrio un aguerrido comerciante de productos locales. Era hermoso y rubio como la cerveza, el pecho tatuado con un corazón. Flechazo absoluto. Un día me dijo que si le dejaba lavarme el pelo, que había ido a una academia de peluquería cuando chaval, y yo le dije que sí. Y ahí caí redonda. Qué manos, qué masaje capilar, qué destreza con el secador.
Total, que nos liamos, y fue un flipe. Entre sus habilidades peluqueriles y otras de las que no voy a hablar aquí porque el pudor me lo impide, me hizo superfeliz. Pero claro, entonces a mí me dio por hablar de matrimonio, regularización de papeles y tal, y él se puso nervioso. Era un espíritu libre. No tuvo más remedio que volar. Y bueno, hasta aquí puedo contar. Sydney Pollack me ha pedido los derechos para llevar mi historia al cine, así que si queréis saber más tendréis que ver la película. “Memorias de Las Barranquillas” se va a llamar.
El mundo se divide en tres tipos de personas, según su actitud ante “Memorias de África”: los que flipan y se multiorgasman cuando la ven (un 85% aproximadamente), los que odian a Robert Redford (éstos suelen ser tíos poco agraciados casi todos) y los que odian a Meryl Streep.
Yo pertenezco indiscutiblemente al tercer grupo. Reconozco que en este trabajo está mucho menos paroxísmica y arrebatada que en otros, pero en cambio luce todo el tiempo una especie de expresión estupidizada o estupidizante que no sé si es mejor o peor que los habituales tics Streep. En cualquier caso, absolutamente abominable.
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martes, 3 de septiembre de 2013
lunes, 19 de diciembre de 2011
La tapadera, by Sydney Pollack
Tom Cruise es un tipo que se pasa la vida metido en misiones imposibles. Las otras no las he visto pero presiento que no pueden ser mucho más imposibles que ésta. Sí, ya sé que Grisham es un maestro de las tramas complicadas, pero aquí se supera. O igual es Pollack el que desbarra, no lo sé.
Lo que sí sé es que Cruise se pega unas carreras tremendas. Es como Usain Bolt pero con maletín. No estaría mal plantearse esta modalidad olímpica, queda como muy glamouroso correr así. A Cruise le persiguen por todas partes: sus corruptos compañeros de bufete, los federales, la mafia... Y claro, esto es una maratón, todo el rato correr y correr. Y entre corrida y corrida también se pega alguna que otra corrida de las otras. No, hombre, de las de toros no.
La historia es delirante de principio a fin; tenemos a un chaval recién licenciado en derecho al que contrata un bufete de enorme prestigio, pagándole un pastón y haciéndole asociado con sólo verle el careto. Ya esto mosquea, no? Pues si sigues viéndola el mosqueo va en aumento a ritmo vertiginoso.
A Holly Hunter la nominaron para el Oscar, no entiendo muy bien por qué. La he visto en cosas bastante mejores, porque hacer de secretaria sexy y traviesilla tampoco es que sea un papelón inolvidable.
En cambio, Gene Hackman... qué hombre! Como de costumbre, llena con su imponente presencia la pantalla, aunque su papel sea una mierda y se reduzca a la mínima expresión. Ése sí que es un campeón olímpico; él solo levanta una peli en cinco minutos.
En resumidas cuentas, un muy buen elenco para una historia que de puro rocambolesco deriva casi en lo paranormal. Entretenidilla pero floja.
Lo que sí sé es que Cruise se pega unas carreras tremendas. Es como Usain Bolt pero con maletín. No estaría mal plantearse esta modalidad olímpica, queda como muy glamouroso correr así. A Cruise le persiguen por todas partes: sus corruptos compañeros de bufete, los federales, la mafia... Y claro, esto es una maratón, todo el rato correr y correr. Y entre corrida y corrida también se pega alguna que otra corrida de las otras. No, hombre, de las de toros no.
La historia es delirante de principio a fin; tenemos a un chaval recién licenciado en derecho al que contrata un bufete de enorme prestigio, pagándole un pastón y haciéndole asociado con sólo verle el careto. Ya esto mosquea, no? Pues si sigues viéndola el mosqueo va en aumento a ritmo vertiginoso.
A Holly Hunter la nominaron para el Oscar, no entiendo muy bien por qué. La he visto en cosas bastante mejores, porque hacer de secretaria sexy y traviesilla tampoco es que sea un papelón inolvidable.
En cambio, Gene Hackman... qué hombre! Como de costumbre, llena con su imponente presencia la pantalla, aunque su papel sea una mierda y se reduzca a la mínima expresión. Ése sí que es un campeón olímpico; él solo levanta una peli en cinco minutos.
En resumidas cuentas, un muy buen elenco para una historia que de puro rocambolesco deriva casi en lo paranormal. Entretenidilla pero floja.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Propiedad condenada, by Sydney Pollack
A que no habíais oído hablar nunca de esta película? Pues estamos hablando de una obra de Tennessee Williams, un guión nada más y nada menos que de Francis Ford Coppola, dirigida por Sidney Pollack e interpretada por Redford, Natalie Wood y Charles Bronson. Ahí es nada. Y cómo es posible que con ese ramillete de nombres míticos ni siquiera me sonara?
Esto del cine es curioso. Una no sabría explicar a veces qué nosequé tienen algunas películas que las convierte en clásicos y qué les falta a otras que pasan sin pena ni gloria por la historia del celuloide sin que la inmensa mayoría de los espectadores tenga conocimiento de ellas. Éste es el caso de "Propiedad condenada", una cinta injustamente olvidada y prácticamente desconocida para el gran público.
Porque a mi modo de ver en ella no falla nada. Tiene el trasfondo pasional y caliente de toda la obra de Tennessee Williams, un guión elaborado y bien resuelto, una dirección cuidada al más puro estilo Pollack, un Redford que seduce tanto o más que siempre, una Natalie Wood toda encanto; tal vez un poco sobreactuada, pero ni más ni menos que en el resto de sus películas... En fin, tiene todos los ingredientes, pero ahí está, durmiendo el sueño de los ignorados. Inexplicablemente.
Si tenéis ocasión y os gusta el cine de Pollack, no os la perdáis. Es uno de esos pequeños tesoros que es un placer descubrir.
Esto del cine es curioso. Una no sabría explicar a veces qué nosequé tienen algunas películas que las convierte en clásicos y qué les falta a otras que pasan sin pena ni gloria por la historia del celuloide sin que la inmensa mayoría de los espectadores tenga conocimiento de ellas. Éste es el caso de "Propiedad condenada", una cinta injustamente olvidada y prácticamente desconocida para el gran público.
Porque a mi modo de ver en ella no falla nada. Tiene el trasfondo pasional y caliente de toda la obra de Tennessee Williams, un guión elaborado y bien resuelto, una dirección cuidada al más puro estilo Pollack, un Redford que seduce tanto o más que siempre, una Natalie Wood toda encanto; tal vez un poco sobreactuada, pero ni más ni menos que en el resto de sus películas... En fin, tiene todos los ingredientes, pero ahí está, durmiendo el sueño de los ignorados. Inexplicablemente.
Si tenéis ocasión y os gusta el cine de Pollack, no os la perdáis. Es uno de esos pequeños tesoros que es un placer descubrir.
jueves, 17 de marzo de 2011
Los tres días del Cóndor, by Sydney Pollack
La trama es interesante, desde luego, y consigue enganchar, pero hay tantos fallos de verosimilitud que da un poco de risa. Las interpretaciones en general bastante bien, sobre todo Redford y Max von Sydow. Hay algunos diálogos de antología como el final entre Redford y Cliff Robertson. Bueno, y la última pregunta que queda en el aire es uno de los mejores ends del cine de espionaje.
Pero a pesar de todos estos méritos indudables, está la falta de credibilidad de gran parte del guión. Pongo algunos ejemplos en el spoiler.
Pero a pesar de todos estos méritos indudables, está la falta de credibilidad de gran parte del guión. Pongo algunos ejemplos en el spoiler.
spoiler:
Redford ha perdido en la matanza a todos sus compañeros de trabajo, entre los que supuestamente está su propia novia, y esa misma noche se le pone contenta la pajarita como para tirarse a la Dunaway, que sí, que es una tía que está bastante buena, pero hombre, qué menos que un pequeño luto de doce horas por lo menos por tu novia, no? Ella también padece un síndrome de Estocolmo pelín precipitadillo, en tanto que no tiene que esperar ni esas mínimas doce horas tampoco.Luego, los conocimientos en materia de ingeniería telefónica del protagonista y el lío que consigue formar entre líneas es un tanto sorprendente, cuando no directamente increíble. Él solito consigue engañar a toda la CIA, eso teniendo en cuenta que no es más que un simple lector al que se le presupone bastante poco formado en materias más enrevesadas del espionaje, como él mismo reconoce. Vamos, que ni el mismísimo 007 sería capaz de formar semejante pollo telefónico pa despistar al enemigo-amigo. Qué manejo de los cables, madre mía! A uno de mantenimiento así necesitaría yo permanente en mi casa.
Tal como éramos, by Sydney Pollack
Voy a contar por qué "Tal como éramos" es una de mis pelis de amor favoritas (no digo la que más porque las bocazas como yo al final terminamos teniendo algo así como 58 pelis de amor favoritas).
1. Porque es cierto, verídico y real que los polos opuestos se atraen y estos dos no pueden ser más opuestos.
2. Porque me encanta que al bello Redford consiga seducirlo (trabajito le cuesta, desde luego) una fea oficial como Barbra. Aunque para los que protestan por este desequilibrio estético entre ambos les diré que se supone que en la peli la protagonista no es tan fea, o sea, Katie no es famosa entre los estudiantes por fea sino por pesada y por excéntrica. ¿Creéis que si hiciera de fea un grupo de universitarios hipertestosteronizados no lo hubiese aprovechado para convertirla en objeto de sus chanzas? Hay que hacer un esfuerzo y correr un tupido velo sobre la fealdad de la Streisand y hacer como que es una señora más o menos normal. Al menos hay que obviar el tema nariz porque no es verosímil que a los 18 años la gente no se regodee en este tipo de caracteres fisonómicos.
3. Porque los polos opuestos se terminan repeliendo de la misma forma que al principio se atraían. Y esto es así aquí y en Pekín, y es la base argumental de la peli.
4. Porque la veo y se me encogen las tripas un montón, y como ya me la sé de memoria, tiemblo mientras espero a ver cómo llega la rutina, la discrepancia y la decadencia a la relación. Y en definitiva, reacciono como si me estuviera pasando a mí misma. Y esto una y mil veces.
5. Porque la canción "The way we wereeeeeeeeeeeeeee", ella sola lo vale. Sí, me gusta la Streisand, y no soy maricón, qué pasa.
6. Por el final. Y paso al espoileo.
1. Porque es cierto, verídico y real que los polos opuestos se atraen y estos dos no pueden ser más opuestos.
2. Porque me encanta que al bello Redford consiga seducirlo (trabajito le cuesta, desde luego) una fea oficial como Barbra. Aunque para los que protestan por este desequilibrio estético entre ambos les diré que se supone que en la peli la protagonista no es tan fea, o sea, Katie no es famosa entre los estudiantes por fea sino por pesada y por excéntrica. ¿Creéis que si hiciera de fea un grupo de universitarios hipertestosteronizados no lo hubiese aprovechado para convertirla en objeto de sus chanzas? Hay que hacer un esfuerzo y correr un tupido velo sobre la fealdad de la Streisand y hacer como que es una señora más o menos normal. Al menos hay que obviar el tema nariz porque no es verosímil que a los 18 años la gente no se regodee en este tipo de caracteres fisonómicos.
3. Porque los polos opuestos se terminan repeliendo de la misma forma que al principio se atraían. Y esto es así aquí y en Pekín, y es la base argumental de la peli.
4. Porque la veo y se me encogen las tripas un montón, y como ya me la sé de memoria, tiemblo mientras espero a ver cómo llega la rutina, la discrepancia y la decadencia a la relación. Y en definitiva, reacciono como si me estuviera pasando a mí misma. Y esto una y mil veces.
5. Porque la canción "The way we wereeeeeeeeeeeeeee", ella sola lo vale. Sí, me gusta la Streisand, y no soy maricón, qué pasa.
6. Por el final. Y paso al espoileo.
spoiler:
Porque me estremece ese encuentro casual, porque me suena mucho. A todo lo que querrías decir pero no dices, aunque sí que lo dices, con el gesto, con la mirada, con el cuerpo entero. Y ahí está todo lo que se compartió, que ahora se comparte con otras personas pero que nunca, con nadie, jamás, será igual.Porque quien no haya pasado en su vida un trago así, que levante la mano.
Tootsie, by Sydney Pollack
Pues no tengo más remedio que disentir de la mayoría de las críticas. Hace poco volví a ver "Tootsie", después de un montón de años, y bueno, el tiempo ha pasado por esta historia, y mucho. Está desfasada por completo. Suele pasar con el cine comprometido con algún tema de actualidad, que soporta muy malamente el paso del tiempo. Hoy en día Tootsie parece un documento gráfico feminista del año de la polca, algo así como una película histórica. Vayamos por partes:
1. Para empezar, hay mil papeles más en todos los campos para actores de mediana edad que para actrices. Un actor como Hoffman podría hincharse a trabajar en cualquier parte, pero una actriz como Tootsie (seamos sinceros, que no es ningún bellezón)... me gustaría verla haciendo castings. No se comería un rosco, y todos lo sabemos.
2. El papel de la mujer ha cambiado sustancialmente. El tufillo feminista de la película hoy está desfasé total. Ya, bueno, ya sé que si se pone una a leer los panfletos del Instituto de la Mujer parece que estamos no así, sino mucho peor. Pero luego sales y miras a tu alrededor y te mueves por el mundo, y sinceramente, hoy en día me parece mucho más complicado ser hombre que ser mujer, lo tienen bastante duro. Me refiero básicamente al mundo occidental, por supuesto, que es en el que nos movemos. Yo no me cambiaría de sexo ni loca.
3. A Jessica Lange (es decir, a su personaje) no hay por dónde pillarla. La tontez de esa muchacha sobrepasa todo lo imaginable. No se si existen tías tan pánfilas pero yo no las conozco, y sinceramente prefiero no conocerlas. Mi ya de por sí escasa fe en la humanidad sufriría muchísimo.
4. Ufff, momento maruja. Dustin Hoffman tiene unas pintas que... en fin, no recuerdo muy bien la moda femenina de aquellos años pero no me creo que tuviera nada que ver con eso. De todos los travestidos cinematográficos de la historia no recuerdo a ninguno más demodé y más impresentable estéticamente hablando. Jack Lemmon fue una chica estupenda y llevaba unos modelazos y un pelucón que te mueres. Incluso Robin Williams en su día nos regaló una señora Doubtfire bastante creíble como institutriz británica. Pero Tootsie... francamente es un esperpento. Un horror, en la pasarela Cibeles de la época se matarían de la risa.
En definitiva, hazte viejo y échate a dormir. De todas formas hay que reconocer que es divertida y se ve con gusto. Yo creo que un 6 es justo.
1. Para empezar, hay mil papeles más en todos los campos para actores de mediana edad que para actrices. Un actor como Hoffman podría hincharse a trabajar en cualquier parte, pero una actriz como Tootsie (seamos sinceros, que no es ningún bellezón)... me gustaría verla haciendo castings. No se comería un rosco, y todos lo sabemos.
2. El papel de la mujer ha cambiado sustancialmente. El tufillo feminista de la película hoy está desfasé total. Ya, bueno, ya sé que si se pone una a leer los panfletos del Instituto de la Mujer parece que estamos no así, sino mucho peor. Pero luego sales y miras a tu alrededor y te mueves por el mundo, y sinceramente, hoy en día me parece mucho más complicado ser hombre que ser mujer, lo tienen bastante duro. Me refiero básicamente al mundo occidental, por supuesto, que es en el que nos movemos. Yo no me cambiaría de sexo ni loca.
3. A Jessica Lange (es decir, a su personaje) no hay por dónde pillarla. La tontez de esa muchacha sobrepasa todo lo imaginable. No se si existen tías tan pánfilas pero yo no las conozco, y sinceramente prefiero no conocerlas. Mi ya de por sí escasa fe en la humanidad sufriría muchísimo.
4. Ufff, momento maruja. Dustin Hoffman tiene unas pintas que... en fin, no recuerdo muy bien la moda femenina de aquellos años pero no me creo que tuviera nada que ver con eso. De todos los travestidos cinematográficos de la historia no recuerdo a ninguno más demodé y más impresentable estéticamente hablando. Jack Lemmon fue una chica estupenda y llevaba unos modelazos y un pelucón que te mueres. Incluso Robin Williams en su día nos regaló una señora Doubtfire bastante creíble como institutriz británica. Pero Tootsie... francamente es un esperpento. Un horror, en la pasarela Cibeles de la época se matarían de la risa.
En definitiva, hazte viejo y échate a dormir. De todas formas hay que reconocer que es divertida y se ve con gusto. Yo creo que un 6 es justo.
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