La trama de esta serie va de que el tío más gilipollas que te puedas echar a la cara se va con sus amigos de acampada y resulta que desaparece. Qué pena más grande.
Cada capítulo lleva el nombre de alguno de los amigos y va destapando los motivos que podían tener para querer hacer desaparecer de la faz de la tierra al capullo en cuestión. Y puedo asegurar que como dice la canción "les sobran los motivos". Es tan jartible el chaval que matarlo es natural.
Sorprende desde luego que ese pedazo mulo pueda tener amigos. Por tener no le falta ni novia, aunque la chica, pobrecilla, más sosa y más pava no puede ser. Me he pasado toda la serie mordiéndome las uñas deseando que alguien asesinara al tío e imaginándome que formaba parte del jurado y por supuesto declaraba inocente al asesino por librar a la humanidad de semejante mastuerzo.
También es difícil encontrar actores más malos para interpretar a los chavales de la pandilla. Exagerado, palabrita. Si acaso salvaría a María, la "líder" del grupo, que podríamos calificar como notable, sobre todo al compararla con el resto.
Sin embargo a pesar de todo esto reconozco que la serie entretiene y tiene su puntito. No es que sea inolvidable pero se puede ver sin llorar y sin bostezar demasiado. Lo cual ya tiene mucho mérito en estos tiempos decadentes.
Y también está la ambientación, esas maravillosas imágenes de San Sebastián y de los pueblecitos de Guipúzcoa. Eso siempre da puntos extra. Felicito a Zabaleta y Grau por elegir ese enclave para su historia.
(Spoiler) A mí el final me ha gustado, y reconozco que no me lo esperaba. De hecho creo que los dos últimos capítulos son con diferencia los mejores, si corremos tupido velo sobre las interpretaciones penosas de los muchachos.
Que la que realmente diera el empujón final al odioso desaparecido fuera la hija de la inspectora me ha parecido el mejor desenlace, no solo por lo inesperado sino porque el personaje en cuestión era tan insulso y anodino que merece ese resarcimiento de última hora. Otra cosa ya es que sea muy verosímil, pero tampoco le vamos a pedir peras al olmo.