Desde el minuto cero hubo algo que no me cuadraba en esta historia, y tenía que ver con el personaje principal.
No es que yo sea ninguna experta en psiquiatría, ni mucho menos, pero jamás catalogaría al personaje de Imanol Arias como psicópata. Y no, no es porque me recordara al buenazo de Antonio Alcántara después de veinte años de ser su alter ego. Es porque no coincide en absoluto con los rasgos ampliamente conocidos a través de decenas de películas y series de la personalidad psicopática.
El tío es buen amigo de sus amigos, padrazo, cariñoso, estupendo como compañero de trabajo, querido por todo el mundo.... Oiga?? No cuadra ni siquiera con la figura del psicópata integrado, tan de moda últimamente porque se han escrito algo así como ochocientos libros sobre el tema. El psicópata de toda la vida de Dios es egoísta, ególatra incluso, carece de empatía, es frío, no conoce la piedad. Vamos, nada que ver con el protagonista de esta historia, que todo lo más cuando sale de la cárcel es el típico viejo gruñón que está todo el día refunfuñando por lo mal que está el mundo. En definitiva, que para ser psicopatilla le falta alguna cosilla.
Por cierto, que tampoco es que convenza mucho el personaje de Elena Anaya como psicóloga. Una terapeuta que se va de copas con sus pacientes y encima les hace ojitos. Oiga, que es su paciente, señora. Un poquito de pundonor profesional. En fin, que ni el padre ni la hija se corresponden en absoluto con los roles que les han tocado en la historia.
Y esto ya es spoiler. Resulta que al analizar a las víctimas del asesino Imanol el común denominador es que eran psicópatas integrados como él. Cágate, lorito. Vamos, que el tío era una especie de Robin Hood que intentaba librar a la sociedad de indeseables. Por favoooooooor, la regla de oro de las pelis de psicópatas es "psicópata no mata psicópata". Pero qué fuma esta gente??
Me gustaría preguntarles a Fran Carballal y Enrique Lojo, creadores del producto, en qué momento de locura se inventaron esas extrañas figuras del psicópata benefactor y la psicóloga coleguita. No sé, porque igual me interesa contactar con su camello.