Después de haberme tragado enteritas las ocho temporadas con sus 96 episodios correspondientes tengo que decir que he terminado de Carrie Mathison hasta el jigo.
No la soporto, no puedo con ella, me supera esa mujer, me enerva la sangre. Y no, no me vale que el personaje sea bipolar. Se puede ser bipolar sin ser gilipollas. Y no hace falta ser bipolar para tener más cara que espalda y más cuento que Calleja.
Sabéis esa gente que está tan normal y de repente se te echa a llorar y a los dos minutos se ha olvidado de lo que le hacía llorar y está a otra película y luego otra vez la lagrimita y al momento un chistecillo y así todo el rato?? Pues eso no es bipolaridad. Eso es cuento, puro teatro, mamarrachada y esperpento.
Sí diré que me encantó Damian Lewis (ese atormentado Brody, qué maravilla) y que amo sobre todas las cosas al personaje de Saul Berenson (ooooooh, Mandy Patinkin, ese inolvidable y bello rabino de Yentl).
Dicho esto, y ya entro en zona spoiler, los que hayan visto toda la serie entenderán por qué estuve a punto de mandarla a la mierda en la cuarta temporada. En el momento en el que se cargan a Brody quise yo misma morir y por supuesto me cagué en Howard Gordon y todos sus secuaces que habían eliminado a mi personaje favorito para dejar a la petarda de Carrie Mathison vivita y coleando y dando por culo a todo bicho viviente.
Luego descubrí que Carrie funciona cual mantis religiosa. Cosa que se folla cosa que muere. Así ocurrió con todos los demás personajes de la serie con los que se relaciona sexualmente. Brody solo fue el pardillo que inauguró la saga.
Esa maravillosa melena al viento que actúa a modo de hechizo y obnubila a todos los hombres que se cruzan con Carrie termina siendo su sentencia de muerte. Si Carrie se fija en ti y se digna a dejarte penetrar en sus cavidades varias eres hombre muerto, no tienes salvación. Algunos ni siquiera sin penetrar, como el pobre Peter Quinn, tan guapo, tan valiente él, que encima la palma gratuitamente. Y así todos. No se salva ni el apuntador. Únicamente el ruso del final, que se le ve vivo en el último capítulo pero que si hubiera otra temporada tengo claro que es palmatoria segura.
Y luego está la pobre Franny, la desgraciada hija de Carrie. La tía se queda preñá y decide seguir adelante con el embarazo a pesar de que tiene el instinto maternal en el culo. Tiene a la niña y casi la ahoga en la bañera porque se le va la pinza. Luego hay varias temporadas en las que intenta ejercer de madre pero se olvida de llevarla al cole, de recogerla, de darle de comer, de limpiarle los mocos. Después se la quitan y se cabrea cuando la hermana se queda con la custodia. Es que a esta tía no hay por dónde cogerla ni como persona ni como madre ni como espía ni como nada.
Y encima, si todo esto fuera poco, esa melena perfectamente peinada a todas horas, recién levantada, recién torturada, recién follada, recién parida.... De anuncio de Excellence de Loreal. Volando al viento, sin gota de encrespamiento, de grasa, de caspa, y todo ello después de semanas sin ver la ducha, en medio del desierto, encerrada en oscuras mazmorras, con bombas que le estallan constantemente en las narices. Da igual, ella está siempre impecable. Ni medio pelo fuera de su sitio. Odio a Carrie Mathison por muchas cosas pero por su perfecta y brillante cabellera rubia es por lo que más.
La pura y dura verdad es que doy por ese peluquero mi sangre y mi monedero. Palabrita del niño Jesús.