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miércoles, 12 de noviembre de 2025

Vergüenza (Serie), by Juan Cavestany, Álvaro Fernández Armero

Cavestany y Fernández Armero parten de una idea bastante original: llevar la vergüenza a sus límites. Hacer que el espectador la sienta en sus propias carnes, que se sonroje, que se tape la cara, que diga "tierra trágame", que se horrorice y no dé crédito. Todo esto pasa en cada episodio de "Vergüenza" y en ese sentido cumple su objetivo. 

Pero conforme avanzan las temporadas cada vez se pasa más vergüenza y menos risa.  El cringe que da Javier Gutiérrez va in crescendo, el personaje se va superando a sí mismo y las situaciones ya no sorprenden, resultan repetitivas y previsibles. Sabes perfectamente qué va a hacer el tío justo antes de que lo haga.

Y para más delito estos dos caen mal, muy mal, cada vez peor. Mira que he visto series con personajes miserables y moralmente repugnantes: en "Aquí no hay quien viva", en "Muertos S.L.", en "Aida", en "The office", en fin, innumerables. Pero todos tienen algo que te hace quererlos, cogerles afición. Joder, hasta al facha Mauricio de "Aida" le cogí cariño en su día. Sin embargo a este par no hay manera, tal vez porque dan vergüenza, asco, pena y repelús a partes iguales, pero en ningún momento despiertan ni pizca de simpatía. 

Tengo que decir que Gutiérrez y Alterio están impecables. Ellos son con mucho lo mejor. Hacen lo que pueden con el material que tienen entre manos. Sencillamente los personajes no dan más de sí. Y la vergüenza, que al principio daba mucha risa, termina dando jartura y pereza pura y dura.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Cinco metros cuadrados, by Max Lemcke

Dentro del subgénero cinematográfico "Vivienda" hay de todo, pero a mí lo primero que se me viene a la memoria es "El pisito", esa inolvidable comedia negra del cine español firmada por el gran Azcona, que ha pasado a la historia tal vez un poco exageradamente como obra de arte del celuloide. Y de "El pisito" una de las cosas que más recuerdo es el papel de la genial Mary Carrillo, que hacía de insufrible novia del pobre y desgraciado José Luis López Vázquez.

No sé qué tendrán las historias de pisos que en todas ellas aparecen como protagonistas unos tíos cantidad de buena gente, íntegros, acorralados, hechos polvo, con los que es sencillísimo empatizar, frente a unas novias repulsivas, exigentes, fanáticas de las bodas, antipáticas y amargadas a más no poder (las escenas iniciales de los preparativos de boda son totalmente escalofriantes y pavorosas).  Por cierto, que Malena Alterio lo borda y no desmerece en nada de la memorable interpretación que en su día hizo doña Mary Carrillo.

Da la sensación de que todos los problemas que tienen estos sujetos para conseguir su pisito tienen el sano propósito de evitar que terminen sus días junto con las abominables compañeras que ellos mismos han elegido. Una hasta se alegra un poco de que los conflictos de vivienda dificulten el trágico final de la boda segura y la consiguiente vida eterna al lado de una de estas señoras tan desagradables. Sólo de imaginar al pobre Fernando Tejero aguantando hasta el fin de sus días a una Malena Alterio cada día más gruñona, vieja, cascarrabias e insoportable se ponen los pelos como escarpias.

Pero dejando a un lado el tema de las novias repulsivas, tengo que reconocer que Lemcke, un director al que, por cierto, no conocía de antes, ha hecho un buen trabajo. Tal vez algo inconexo, porque resulta difícil seguir en el guión los cambios tan súbitos de los personajes (los padres de la novia, los amigos, etc.), pero la intención hay que reconocérsela. Tal vez ha precipitado demasiado la acción para meter todo el proceso en una cortísima hora y media de metraje, en la que el desarrollo de los personajes no queda claro en absoluto. Al revés, todo parece muy forzado.

Por contra, las interpretaciones estupendas. Tejero demuestra que puede ser un buen actor dramático; su desesperación resulta totalmente creíble, se abstiene de sobreactuar como acostumbra en su versión cómica y está tan comedido que a ratos es difícil reconocerlo.

Y bueno, qué decir del enorrrrrme Gutiérrez Caba! Algún día este país debería empezar a homenajear, a ser posible en vida, antes de que la palmen, a todos estos grandísimos actores autóctonos que no tienen absolutamente nada que envidiar a las grandes estrellas del cine americano. Emilio, eres un crack, y somos muchos los que nos quitamos el sombrero ante tus trabajos. Eres el puto amo.

jueves, 17 de marzo de 2011

Una palabra tuya, by Ángeles González Sinde

Cuando leí el libro de Elvira Lindo, inmediatamente pensé en lo cinematográfico que me parecía. Conforme me iba adentrando en él yo misma iba elaborando mi guión, eligiendo localizaciones y decorados y haciendo el casting. Luego, cuando supe que González-Sinde estaba adaptándolo al cine y que las actrices elegidas eran Alterio y Pedreño me parecieron perfectas, totalmente adecuadas al concepto que yo me había hecho de sus personajes. Es cierto que la descripción física de Milagros en el libro no responde en absoluto a la constitución de Esperanza, pero la personalidad que refleja Elvira Lindo en la novela está perfectamente reflejada en esa mezcla de fragilidad, comicidad y drama que interpreta la actriz.

Fantásticas actuaciones de las dos protagonistas, cine español de calidad (lo siento por los que siguen empecinados en su aversión a nuestra cinematografía porque se pierden muchas cosas buenas) y un guión muy bien resuelto, magníficamente adaptado, que recoge con bastante fidelidad el trasfondo de la novela.

Hay un par de cosas que no me convencen, de las que hablaré en el spoiler.

Puntuación: notable alto.
spoiler:
No me gustó la historia de la madre de Milagros; coincido con otras críticas en que sobraba, no era necesaria para entender al personaje, y mucho menos la forma en que se presenta en la película, a través de un diálogo completamente inverosímil y forzadísimo entre el tío taxista y Alterio.

Me gustó en cambio un montón el planteamiento a base de flashbacks al pasado de Malena, porque para la comprensión de este personaje y de su frialdad sí es fundamental conocer el abandono de su padre