sábado, 18 de abril de 2026

La bestia en mí (Miniserie), by Howard Gordon

Podéis llamarme masoca, pero después del jartón que me pegué con Homeland no he tenido cosa mejor que hacer que seguir viéndole el careto a Claire Danes ocho episodios más. No tengo ataero ni por el pescuezo.

Danes hace aquí exactamente el mismo papel. Tía neurótica cien por cien, cargada de tics, con la lagrimita siempre al acecho, la barbilla temblona y el habla tartamudeante, vamos, la mismísima Carrie Mathison con unos cuantos añitos más, y eso sí, con la melena mucho menos vistosa y brillante (lo que hace el tinte rubio, madre mía) y con la vestimenta bastante más zarrapastrosa (rollo bollo pero con muy mal gusto, como donada por el Ejército de salvación). Por lo demás en casi todas las escenas las protagonistas serían intercambiables. Sencillamente aquí Carrie se ha hecho mayor y tiene el cutis peor.

La serie también es obra del mismo creador, Howard Gordon, y lleva el sello Homeland. La misma tensión al final de cada episodio, idéntica ambigüedad en los personajes, el dilema entre el bien y el mal, la irresistible atracción del lado oscuro.... Se ve que es la especialidad argumental de este señor. 

Lo cierto es que la serie me ha gustado bastante. Pero también me estaba gustando mucho Homeland,  de hecho si no se hubiera alargado tanto, si se hubiera quedado en la cuarta temporada, le habría puesto sobresaliente. Lo que pasa es que luego entró en barrena y se despeñó por el peligroso camino del caos y el despropósito. Y del mismo modo a "La bestia en mí" estaba decidida a puntuarla muy bien. Pero, a falta de más temporadas, en este caso la gran cagada narrativa ocurrió en los dos últimos minutos, y para contarla tengo que irme a spoiler. 

(Spoiler) Si se hubiera quedado en la muerte del psicópata habría quedado redondo. Pero esa parrafada totalmente innecesaria que se gasta la protagonista a modo de explicación post mortem me dio la puntilla.  La considero narrativamente anticlimática, sobra totalmente y deja ese amargo regusto a moralina barata que tanto daño hace a las historias de asesinos.

Aunque hay quien insinúa que podría haber segunda temporada espero sinceramente que no porque esto en mi opinión no da más de sí y después del bochornoso rollo final cualquier alargamiento me parecería descabellado e insufrible.


viernes, 10 de abril de 2026

Homeland (Serie), by Howard Gordon

Después de haberme tragado enteritas las ocho temporadas con sus 96 episodios correspondientes tengo que decir que he terminado de Claire Danes  (perdón, de Carrie Mathison) hasta el jigo. 

No la soporto, no puedo con ella, me supera esa mujer, me enerva la sangre. Y no, no me vale que el personaje sea bipolar. Se puede ser bipolar sin ser gilipollas. Y no hace falta ser bipolar para tener más cara que espalda y más cuento que Calleja. 

Sabéis esa gente que está tan normal y de repente se te echa a llorar y a los dos minutos se ha olvidado de lo que le hacía llorar y está a otra película y luego otra vez la lagrimita y al momento un chistecillo y así todo el rato?? Pues eso no es bipolaridad. Eso es cuento, puro teatro, mamarrachada y esperpento.

Sí diré que me encantó Damian Lewis (ese atormentado Brody, qué maravilla) y que amo sobre todas las cosas al personaje de Saul Berenson (ooooooh, Mandy Patinkin, ese inolvidable y bello rabino de Yentl).

Dicho esto, y ya entro en zona spoiler, los que  hayan visto toda la serie entenderán por qué estuve a punto de mandarla a la mierda en la cuarta temporada. En el momento en el que se cargan a Brody quise yo misma morir y por supuesto me cagué en  Howard Gordon y todos sus secuaces que habían eliminado a mi personaje favorito para dejar a la petarda de Carrie Mathison vivita y coleando y dando por culo a todo bicho viviente. 

Luego descubrí que Carrie funciona cual mantis religiosa. Cosa que se folla cosa que muere. Así ocurrió con todos los demás personajes de la serie con los que se relaciona sexualmente. Brody solo fue el pardillo que inauguró la saga.

Esa maravillosa melena al viento que actúa a modo de hechizo y obnubila a todos los hombres que se cruzan con Carrie termina siendo su sentencia de muerte. Si Carrie se fija en ti y se digna a dejarte penetrar en sus cavidades varias eres hombre muerto, no tienes salvación. Algunos ni siquiera sin penetrar, como el pobre Peter Quinn, tan guapo, tan valiente él, que encima la palma gratuitamente. Y así todos. No se salva ni el apuntador. Únicamente el ruso del final, que se le ve vivo en el último capítulo pero que si hubiera otra temporada tengo claro que es palmatoria segura.

Y luego está la pobre Franny, la desgraciada hija de Carrie. La tía se queda preñá y decide seguir adelante con el embarazo a pesar de que tiene el instinto maternal en el culo.  Tiene a la niña y casi la ahoga en la bañera porque se le va la pinza. Luego hay varias temporadas en las que intenta ejercer de madre pero se olvida de llevarla al cole, de recogerla, de darle de comer, de limpiarle los mocos. Después se la quitan y se cabrea cuando la hermana se queda con la custodia.  Es que a esta tía no hay por dónde cogerla ni como persona ni como madre ni como espía ni como nada. 

Y encima, si todo esto fuera poco, esa melena perfectamente peinada a todas horas, recién levantada, recién torturada, recién  follada, recién parida.... De anuncio de Excellence de Loreal. Volando al viento, sin gota de encrespamiento, de grasa, de caspa, y todo ello después de semanas sin ver la ducha, en medio del desierto, encerrada en oscuras mazmorras,  con bombas que le estallan constantemente en las narices. Da igual, ella está siempre impecable.  Ni medio pelo fuera de su sitio. Odio a Claire Danes (perdón, a Carrie Mathison) por muchas cosas pero por su perfecta y brillante cabellera rubia es por lo que más. 

La pura y dura verdad es que doy por ese peluquero mi sangre y mi monedero. Palabrita del niño Jesús.

viernes, 3 de abril de 2026

El depredador de Sevilla (Miniserie documental), by Alejandro Olvera

Quede claro desde el principio que no tengo la menor duda de que Manuel Blanco es un abusador de tomo y lomo que aprovechaba las condiciones etílicas de las chicas para anular su voluntad y conseguir sus pretensiones.

Dicho esto, el documental me parece deplorable y bochornoso. Y fui entendiendo poco a poco el clarísimo sesgo ideológico cuando vi que, sin tener puta idea de quién es Alejandro Olvera, el director, todos los noticiarios que aparecían eran de la Sexta y que Newtral, la empresa de verificación de Ana Pastor, esposa de Ferreras, estaba detrás del producto. Todo aclarado. No hay más preguntas, señoría.

Solo hay algo que me extraña sobremanera, teniendo en cuenta que el movimiento Metoo es el gran inspirador de esta bazofia. Y es el capítulo correspondiente al juicio de Blanco, en el que se evidencia clarísimamente que no existe ninguna prueba concluyente para condenar al acusado, salvo la declaración de la principal denunciante, desmentida rigurosamente por las dos testigos que estaban con ella cuando ocurrieron los hechos.

Es decir, si ni el mismo programa que durante todo el rato ha estado intentando inculpar de todas las maneras posibles, incluso a veces tirando de trucos documentales muy tramposos como el sentimentalismo infantiloidemente obsceno de algunas participantes, si ese mismo programa, repito, no es capaz de sacar alguna evidencia que se mostrara en el juicio, con qué pruebas se condenó a este tipo?? Que sí, que es repugnante su comportamiento desde el punto de vista ético, pero por fortuna las leyes requieren documentos probatorios que sirvan para justificar la condena judicial.

No entiendo nada y a la vez lo entiendo todo. Esas pruebas no existieron en ningún momento, y el tribunal, presionado por la opinión pública, dictó el veredicto. No es nada nuevo ni será la última vez.  Pero eso no me tranquiliza demasiado.

Por supuesto la sentencia no es firme. Hay recurso y quedo a la espera de la sentencia definitiva. Pero ya acojona el simple hecho de que este documental se haya hecho de esta manera, con montones de testimonios que en ningún momento constituyen pruebas de otra cosa que no sea un comportamiento moralmente reprobable, de los muchos que hemos padecido las mujeres a lo largo de nuestra vida, sobre todo nocturna, pero que jamás podrían ser catalogados como delictivos. Todo con esa carga de dramatismo tan usual en los documentales, que parece que te están relatando un asesinato de crueldad extrema cuando te están contando algo como que un tipo te tocó el culo en una fiesta. Con el consiguiente llanto, hipidos, gestos de dolor máximo y paquete de clínex correspondiente al lado.

Coñoooooo, que estás contando que te han tocado el culo, tíaaaaaaaa!! Que toda la vida de Dios eso se ha contado tomándote una cerveza con las amigas y diciendo "menudo hijoputa, lo pillo ahora que voy sobria y la hostia que le meto". Y punto pelota. 

Es que me quedo muerta con la deriva insustancial que está tomando el género, de verdad. Desde luego muy del gusto sensacionalista de la Sexta con según qué tipo de noticias. No lo puede negar. Sin duda el documental tiene el sello de Newtral.