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viernes, 10 de abril de 2026

Homeland (Serie), by Howard Gordon

Después de haberme tragado enteritas las ocho temporadas con sus 96 episodios correspondientes tengo que decir que he terminado de Claire Danes  (perdón, de Carrie Mathison) hasta el jigo. 

No la soporto, no puedo con ella, me supera esa mujer, me enerva la sangre. Y no, no me vale que el personaje sea bipolar. Se puede ser bipolar sin ser gilipollas. Y no hace falta ser bipolar para tener más cara que espalda y más cuento que Calleja. 

Sabéis esa gente que está tan normal y de repente se te echa a llorar y a los dos minutos se ha olvidado de lo que le hacía llorar y está a otra película y luego otra vez la lagrimita y al momento un chistecillo y así todo el rato?? Pues eso no es bipolaridad. Eso es cuento, puro teatro, mamarrachada y esperpento.

Sí diré que me encantó Damian Lewis (ese atormentado Brody, qué maravilla) y que amo sobre todas las cosas al personaje de Saul Berenson (ooooooh, Mandy Patinkin, ese inolvidable y bello rabino de Yentl).

Dicho esto, y ya entro en zona spoiler, los que  hayan visto toda la serie entenderán por qué estuve a punto de mandarla a la mierda en la cuarta temporada. En el momento en el que se cargan a Brody quise yo misma morir y por supuesto me cagué en  Howard Gordon y todos sus secuaces que habían eliminado a mi personaje favorito para dejar a la petarda de Carrie Mathison vivita y coleando y dando por culo a todo bicho viviente. 

Luego descubrí que Carrie funciona cual mantis religiosa. Cosa que se folla cosa que muere. Así ocurrió con todos los demás personajes de la serie con los que se relaciona sexualmente. Brody solo fue el pardillo que inauguró la saga.

Esa maravillosa melena al viento que actúa a modo de hechizo y obnubila a todos los hombres que se cruzan con Carrie termina siendo su sentencia de muerte. Si Carrie se fija en ti y se digna a dejarte penetrar en sus cavidades varias eres hombre muerto, no tienes salvación. Algunos ni siquiera sin penetrar, como el pobre Peter Quinn, tan guapo, tan valiente él, que encima la palma gratuitamente. Y así todos. No se salva ni el apuntador. Únicamente el ruso del final, que se le ve vivo en el último capítulo pero que si hubiera otra temporada tengo claro que es palmatoria segura.

Y luego está la pobre Franny, la desgraciada hija de Carrie. La tía se queda preñá y decide seguir adelante con el embarazo a pesar de que tiene el instinto maternal en el culo.  Tiene a la niña y casi la ahoga en la bañera porque se le va la pinza. Luego hay varias temporadas en las que intenta ejercer de madre pero se olvida de llevarla al cole, de recogerla, de darle de comer, de limpiarle los mocos. Después se la quitan y se cabrea cuando la hermana se queda con la custodia.  Es que a esta tía no hay por dónde cogerla ni como persona ni como madre ni como espía ni como nada. 

Y encima, si todo esto fuera poco, esa melena perfectamente peinada a todas horas, recién levantada, recién torturada, recién  follada, recién parida.... De anuncio de Excellence de Loreal. Volando al viento, sin gota de encrespamiento, de grasa, de caspa, y todo ello después de semanas sin ver la ducha, en medio del desierto, encerrada en oscuras mazmorras,  con bombas que le estallan constantemente en las narices. Da igual, ella está siempre impecable.  Ni medio pelo fuera de su sitio. Odio a Claire Danes (perdón, a Carrie Mathison) por muchas cosas pero por su perfecta y brillante cabellera rubia es por lo que más. 

La pura y dura verdad es que doy por ese peluquero mi sangre y mi monedero. Palabrita del niño Jesús.

martes, 12 de agosto de 2014

Yentl, by Barbra Streisand

Me gusta "Yentl" y me gusta Barbra Streisand (vaaaaale, soy una friki, qué passssssa). Y a veces me pregunto qué caprichosa voluntad hace que algunos bodrios infumables tipo "Matrix" sean considerados películas de culto, y en cambio verdaderos dechados de perfección técnica, visual, musical y argumental como "Yentl"  sean casi de vicio oculto.

Vaaaaaaaale, ya lo sé. No hace falta que me lo digáis. "Yentl" no tiene los cuatro requisitos básicos para ser una peli de culto:

1. No hay un mensaje críptico, todo está superclaro y megadiáfano.

2. No hay meneos esquizoides de cámara; la fotografía es limpia como la patena.

3. No hay dobleces en los personajes, son gente normal, no hacen cosas raras.

4. No hay giros inesperados en el guión ni vueltas de tuerca; hay la vida misma.

Me cuesta creer que la sensibilidad y el buen hacer que derrocha esta película tengan tan poca afición. Igual es un poco de fobia a la Streisand? Pues podría ser; si no, no se explica.  Es verdad que ralla un poco que una tía sepa hacer tantas cosas a la vez: producir, dirigir, interpretar, cantar... Joder, da como algo de yuyu, lo reconozco. Pero las cosas como son, es que lo hace todo bien. Por saber, la cabrona sabe hasta elegir el perfecto partenaire.

Porque... quién no perdería el oremus y se olvidaría del coñazo de lecciones del Talmud durmiendo cada noche al lado de ese pedazo de maromo llamado Mandy Patinkin (que, por cierto, vaya ridiculez de nombre para tanto macho)? Barbra, Barbra, pa mí que lo que hay por ahí es muuuuuucha envidia.