Esto es algo así como la "Big little lies" holandesa. Por supuesto las señoras están bastante menos siliconadas, incluso algunas parecen medianamente naturales, y ellos tampoco tienen ese inevitable estilo casual de las series norteamericanas. El toque europeo es interesante, y además se agradece que en lugar de John y Stephanie tengan nombres como Ivo y Haneke.
Dorien Goertzen lleva a la pantalla esta adaptación de la novela de Saskia Noort, famosa escritora neerlandesa de género policíaco. Y la verdad es que me he quedado con las ganas de leer el libro porque la trama es buena de verdad. Hay muertes misteriosas, accidentes inexplicables, muchos secretos y muchos cuernos. Vamos, que no le falta detalle.
En general disfruto con estas series tipo "los ricos también lloran". Me reconfortan porque veo a toda esa gente que vive en sitios paradisíacos y que tiene de todo, y sin embargo son superdesgraciados y se pasan la vida emborrachándose y drogándose, supongo que para no estallar de felicidad. Y entonces pienso que mi vida es maravillosa, porque aunque mi casa entera tenga la superficie de la cocina de esta peña y mi balcón no tenga sus mismas fabulosas vistas al mar, carezco igualmente de sus angustias vitales y de sus apabullantes problemáticas.
Me ha gustado mucho la cadencia de la historia. Cómo el espectador (quiero pensar que también el lector, de ahí mi curiosidad por la novela) va poco a poco descubriendo aspectos de cada personaje que le hacen cambiar de opinión sobre ellos. Y así los más buenecitos van mostrando poquito a poco el lado oscuro, y los que parecían lo peor de lo peor van sacando también su corazoncito.
No diré más porque sería spoilear. Solo que creo que la historia está muy bien contada (en mi opinión bastante mejor que "Little big lies") y que los personajes psicológicamente están muy conseguidos, todos con sus claros y sus sombras, sin maniqueísmos. Aquí no hay buenos y malos porque todos son a veces adorables y a veces asesinables.
No hay nada más asqueroso cuando ves ficción que esa dualidad sin matices entre el blanco y el negro. La ambivalencia es lo que enriquece las tramas, el hecho de que cuando menos te lo esperes sale por ahí ese punto escondido y te deja con la mandíbula descolgada. Y si encima es gente a la que le sale la pasta por las orejas y se pasean tortuosamente por el infierno con todos sus milloncejos mejor que mejor. Me podéis llamar cabrona pero disfruto cual mona.