Quede claro desde el principio que no tengo la menor duda de que Manuel Blanco es un abusador de tomo y lomo que aprovechaba las condiciones etílicas de las chicas para anular su voluntad y conseguir sus pretensiones.
Dicho esto, el documental me parece deplorable y bochornoso. Y fui entendiendo poco a poco el clarísimo sesgo ideológico cuando vi que, sin tener puta idea de quién es Alejandro Olvera, el director, todos los noticiarios que aparecían eran de la Sexta y que Newtral, la empresa de verificación de Ana Pastor, esposa de Ferreras, estaba detrás del producto. Todo aclarado. No hay más preguntas, señoría.
Solo hay algo que me extraña sobremanera, teniendo en cuenta que el movimiento Metoo es el gran inspirador de esta bazofia. Y es el capítulo correspondiente al juicio de Blanco, en el que se evidencia clarísimamente que no existe ninguna prueba concluyente para condenar al acusado, salvo la declaración de la principal denunciante, desmentida rigurosamente por las dos testigos que estaban con ella cuando ocurrieron los hechos.
Es decir, si ni el mismo programa que durante todo el rato ha estado intentando inculpar de todas las maneras posibles, incluso a veces tirando de trucos documentales muy tramposos como el sentimentalismo infantiloidemente obsceno de algunas participantes, si ese mismo programa, repito, no es capaz de sacar alguna evidencia que se mostrara en el juicio, con qué pruebas se condenó a este tipo?? Que sí, que es repugnante su comportamiento desde el punto de vista ético, pero por fortuna las leyes requieren documentos probatorios que sirvan para justificar la condena judicial.
No entiendo nada y a la vez lo entiendo todo. Esas pruebas no existieron en ningún momento, y el tribunal, presionado por la opinión pública, dictó el veredicto. No es nada nuevo ni será la última vez. Pero eso no me tranquiliza demasiado.
Por supuesto la sentencia no es firme. Hay recurso y quedo a la espera de la sentencia definitiva. Pero ya acojona el simple hecho de que este documental se haya hecho de esta manera, con montones de testimonios que en ningún momento constituyen pruebas de otra cosa que no sea un comportamiento moralmente reprobable, de los muchos que hemos padecido las mujeres a lo largo de nuestra vida, sobre todo nocturna, pero que jamás podrían ser catalogados como delictivos. Todo con esa carga de dramatismo tan usual en los documentales, que parece que te están relatando un asesinato de crueldad extrema cuando te están contando algo como que un tipo te tocó el culo en una fiesta. Con el consiguiente llanto, hipidos, gestos de dolor máximo y paquete de clínex correspondiente al lado.
Coñoooooo, que estás contando que te han tocado el culo, tíaaaaaaaa!! Que toda la vida de Dios eso se ha contado tomándote una cerveza con las amigas y diciendo "menudo hijoputa, lo pillo ahora que voy sobria y la hostia que le meto". Y punto pelota.
Es que me quedo muerta con la deriva insustancial que está tomando el género, de verdad. Desde luego muy del gusto sensacionalista de la Sexta con según qué tipo de noticias. No lo puede negar. Sin duda el documental tiene el sello de Newtral.
No hay comentarios:
Publicar un comentario