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miércoles, 12 de noviembre de 2025

Vergüenza (Serie), by Juan Cavestany, Álvaro Fernández Armero

Cavestany y Fernández Armero parten de una idea bastante original: llevar la vergüenza a sus límites. Hacer que el espectador la sienta en sus propias carnes, que se sonroje, que se tape la cara, que diga "tierra trágame", que se horrorice y no dé crédito. Todo esto pasa en cada episodio de "Vergüenza" y en ese sentido cumple su objetivo. 

Pero conforme avanzan las temporadas cada vez se pasa más vergüenza y menos risa.  El cringe que da Javier Gutiérrez va in crescendo, el personaje se va superando a sí mismo y las situaciones ya no sorprenden, resultan repetitivas y previsibles. Sabes perfectamente qué va a hacer el tío justo antes de que lo haga.

Y para más delito estos dos caen mal, muy mal, cada vez peor. Mira que he visto series con personajes miserables y moralmente repugnantes: en "Aquí no hay quien viva", en "Muertos S.L.", en "Aida", en "The office", en fin, innumerables. Pero todos tienen algo que te hace quererlos, cogerles afición. Joder, hasta al facha Mauricio de "Aida" le cogí cariño en su día. Sin embargo a este par no hay manera, tal vez porque dan vergüenza, asco, pena y repelús a partes iguales, pero en ningún momento despiertan ni pizca de simpatía. 

Tengo que decir que Gutiérrez y Alterio están impecables. Ellos son con mucho lo mejor. Hacen lo que pueden con el material que tienen entre manos. Sencillamente los personajes no dan más de sí. Y la vergüenza, que al principio daba mucha risa, termina dando jartura y pereza pura y dura.

jueves, 2 de mayo de 2024

El caso Asunta (Miniserie de TV), by Ramón Campos

La verdad es que me ha sorprendido muy agradablemente esta serie. Empecé a verla como si de un crimen real más se tratara, con su morbillo y tal, y no ha sido así exactamente.

El caso ya de por sí se sale bastante de lo normal, porque aunque se trate de un crimen resuelto judicialmente quedan demasiadas lagunas que nunca quedaron claras. De hecho la sentencia de culpabilidad está tan cogida por los pelos, con unas pruebas tan circunstanciales y poco concluyentes, al menos en el caso de Alfonso Basterra, que de algún modo esperaba que la serie fuera  más esclarecedora. Pero no, la verdad es que todas esas dudas siguen ahí, y es cuando te das cuenta de que hay cierta posibilidad de que en este caso haya un inocente en la cárcel pagando por un crimen que nunca cometió.

Y es que los dos personajes, Rosario Porto y Alfonso Basterra, son tan fascinantes psicológicamente que, aunque no se hubiera cometido ningún crimen, solo estudiarlos a ellos y la extraña relación que mantenían da para 40 capítulos de un serial. Esa dependencia mutua, la incapacidad de Porto de solucionar ningún problema sin él, su inutilidad práctica para el día a día, el control absoluto de él sobre todo lo concerniente a la familia, a la niña, a la salud de su mujer... él le suministraba la medicación para la depresión, si no a ella se le olvidaba. Todos esos pequeños detalles de un día a día completamente anómalo son ya de por sí toda una historia, no sé si de amor, de desamor, de terror o de canibalismo. 

Y lo más terrible es que en ningún momento el espectador puede comprender el móvil de ese crimen. Ni apareció en el juicio por ninguna parte ni se revela en la serie. Y esto es lo que convierte esta historia en diferente a las demás. Porque en el género criminal es muy raro encontrar un asesinato a sangre fría sin un motivo claro, diáfano, que explique los hechos.  Esto es totalmente inexplicable, y en ninguno de los interrogatorios ni en el juicio ni en las conversaciones informales con abogados, policías y demás secundarios se vislumbra qué pudo llevar a esa mujer a matar a su propia hija.

Nada queda claro y todo sigue en las mismas tinieblas en las que concluyó el caso en su día. A estas alturas, con Rosario ya muerta (se suicidó en prisión) y Alfonso tan hermético como siempre, dudo que nunca sepamos por qué murió Asunta. Él sigue proclamando su inocencia, jamás ha reconocido su intervención, y además sigue hablando de su hija con una ternura solo concebible en un padre hecho polvo por una pérdida tan brutal. Puede fingir durante tantos años una persona?? Pues no lo sé, pero la duda sigue estando ahí. De hecho no ha disfrutado de ningún permiso penitenciario por no reconocer los hechos, que se dice pronto.

Cómo no terminar alabando el increíble trabajo de Candela Peña y Tristán Ulloa. Todo lo que diga es poco porque ya se ha dicho todo sobre la excelencia de ambos, cada cual dentro de la idiosincrasia de su papel. Obviamente el de Rosario luce más por la cantidad de tics y por el desequilibrio emocional del propio personaje, pero de verdad, Ulloa no desmerece en absoluto. También  hace un trabajo increíble Javier Gutiérrez en el papel del juez Vázquez Taín, uno de esos jueces estrella con tantos claroscuros como aristas personales. Consigue plasmar perfectamente el modo obsesivo con el que lleva la causa contra el matrimonio, convencido desde el principio de su culpabilidad. Todos los secundarios están magníficos, pero su papel es como más relevante por ese enfrentamiento personal con la pareja.

Creo que Ramón Campos y su equipo han reflejado con total fidelidad los hechos, y eso es muy de agradecer cuando se trata de recrear algo tan doloroso y tan reciente en la memoria colectiva. Han hecho un trabajo excelente. Y como punto final decir que me ha encantado el modo en que han retratado la repugnante carnicería mediática en la que se vio envuelto todo este asunto desde el minuto cero.

Y como no tengo absolutamente ninguna pega que ponerle, aunque me llamen demente le doy un sobresaliente.

miércoles, 1 de abril de 2015

La isla mínima, by Alberto Rodríguez

Entiendo perfectamente los 10 Goyas de "La isla mínima" (bueno, menos el de Nerea Barros, que sinceramente ni lo entiendo ni entiendo a quien la eligió en el casting para hacer de madre de las dos niñas, porque una de dos, o debía de estar borracho o estaba loco por tirársela).  

Pero bueno, a lo que iba: ésta es una historia apasionante, se bebe del tirón, el tiempo se pasa volando, la fotografía es una maravilla, hay tensión, hay misterio, hay personajes emblemáticos...

Hay de todo, menos un mínimo de coherencia en el guión. Y ya paso directamente a despotricar a saco y a hacer preguntas incómodas:

1. Cómo se mete un triste choricillo de mierda, por muy guapo que sea, en el coche de dos experimentados polis sin que se den cuenta?

2. Por qué sistemáticamente en los interrogatorios, cuando los sospechosos empiezan a ponerse nerviosillos, los dejan ir tranquilamente y pasan a otro plano?

3. No podrían haber averiguado lo ocurrido simplemente presionando un poquitín al guaperas, a la cuidadora del cortijo o a la chica?

4. Por qué la madre de las dos niñas muertas, una campesina curtida por una dura vida de penalidades y presa de un matrimonio desgraciado con una bestia parda, parece una modelo, se mueve como una modelo y todo el tiempo tiene pinta de estar posando para el Vogue, incluso en el entierro de sus hijas? Eso sí, de luto riguroso, faltaría más.

5. A qué viene la subtrama del narcotráfico? No lleva a ninguna parte, no tiene nada que ver con el meollo. Simplemente la arrancan y luego, sin explicación ninguna, la dejan en punto muerto. Esas cosas no se hacen en una buena película.

6. Por qué el personaje de Javier Gutiérrez (que por cierto es, con mucho, lo mejor de la peli, está magnífico y él sí que se merece ese Goya hasta la médula), con la enfermedad que tiene, que debe de ser bastante dolorosa, y no me quiero imaginar hasta qué punto, está casi todo el tiempo más chulo que un ocho y se pega esas tremendas juergas nocturnas? Algún señor prostático me lo podría explicar?

7. Del niño guapo no sospecha nadie en el pueblo? Un montón de muchachas desaparecidas que todas han sido novias del mismo chaval y la guardia civil ni le pregunta? Es esto una crítica soterrada a las limitadas capacidades de nuestros beneméritos?

8. Cómo es posible que en un pueblucho de mierda (por muy bonito que sea el entorno) se den tantos males juntos? Porque vale, el asesino es uno, pero además tenemos al chulazo, al cacique, al juez, a la señora que alquila el cortijo, a los narcos... Vamos, Sodoma y Gomorra a la andaluza.  Quién da más.

9. Y con el cacique del sombrerito y las manos finas y perfumadas qué pasó? A nadie más que a mí le interesa el final de esa historia paralela? Porque si sólo era para despistar por lo menos que hubieran dejado un desenlace medio qué, para no dejarnos con la terrible incógnita.

En resumidas cuentas, que Alberto Rodríguez tiene buena madera de director pero como guionista deja mucho que desear.

Y es una pena, porque la historia tiene su aquél y podía haberle salido un peliculón, si no fuera por la cantidad de cabos sueltos, historias inconclusas y elementos inexplicables que la dejan en simple intentona, y encima mala.

Con todo y con eso, le ha salido del diez (y nunca mejor dicho, por los diez Goyas). Gran éxito de público y crítica, e imagino que una pasta gansa ganada. Más quisieran muchos que un tremendo gatillazo les saliera tan productivo.