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domingo, 15 de marzo de 2026

Sirât, by Oliver Laxe

Tengo que decir para empezar que me he aburrido cual solitaria ostra viendo esta película.

Aparte de eso hay dos cosas que me han dejado muerta:

De verdad en las raves no hay nada más que gente vieja con pinta de yonki terminal que no ha visto el jabón en años??

De verdad con dos bidones de gasolina se puede atravesar enterito el desierto del Sahara??

Aunque me acusen de edadismo, siempre había creído que en las raves había sobre todo gente joven. No te digo que algún cuarentón desfasao no pudiera colarse, pero vamos, el panorama de la rave esta es de auténtica peli de terror: feos, zarrapastrosos, la mitad lisiados y con caras de pasmarotes. He visto verbenas en centros de día con menos pellejos. 

Y lo de la gasolina, oye, que aunque cuando se hizo la peli los EEUU aún no hubieran invadido Irán y el barril de crudo se hubiera disparado, no creía yo que con diez litros de gasolina diera para que dos camiones cruzaran todo el desierto. Ni en mis sueños más optimistas.  

Luego esta gente casi no habla. Se dicen alguna cosa y se contestan a los diez minutos. Y no precisamente para soltar alguna reflexión profunda de esas que necesitan su tiempo, no. Frases tan elaboradas como: pásame el martillo pilòn. Así todo el rato, palabrita.

La verdad, no me interesa nada la vida de esta peña que no hace otra cosa que ir de aquí para allá fumando canutos y machacándose la cabeza con mierda electrónica. No me parecen nada interesantes ni siquiera como fenómeno curioso. Y si llego a saber lo que era no hubiera perdido dos horas de mi vida en semejante truño.

Ya tenía que habérmelo imaginado leyendo algunas declaraciones del bello y melenudo Oliver Laxe sobre las maravillas de la vida alternativa, alejada del mundanal ruido.  Pero la presencia de Sergi López me hizo caer en la tentación, ingenua de mí. Me hago la misma reflexión que en su día se hizo el Emérito cuando lo pillaron cazando elefantes: "Lo siento mucho, no volvedá a ocudiz".

No me extrañaría que esta noche le den el Óscar. Esta peli huele a premio porque es del gusto del gremio.

martes, 7 de octubre de 2014

Ismael, by Marcelo Piñeyro

Marcelo Piñeyro, tras su magnífico trabajo en “El Método”, tristemente se deja caer con este “Ismael”, una historia alucinante cuya acción transcurre en un solo día. Eso sí, a todo trapo; es increíble la cantidad de cosas que le pasan a esta gente en menos de 24 horas.

Podríamos señalar varios records mundiales que se baten en la peli y que deberían figurar sin duda en el Guinness.

1. El record mundial de amor paterno express. Mario Casas ve por primera vez a su hijo y, tras años de ignorarlo olímpicamente, se queda enganchado de momento; vamos, que en cuestión de horas se convierte en un padrazo que ya quisiera para sí más de uno y más de dos.

2. El record mundial de enamoramiento entre pijos cincuentones. Belén Rueda conoce a un encantador exmúsico reconvertido en propietario de coquetuelo hotelito rural; un hombre interesante, buen conversador, amante de la buena mesa, totalmente abierto al amor, y… no te lo pierdassss… soltero!!!! Lo prometo. Y en un solo día la llama de la pasión prende, consiguen una complicidad casi de matrimonio de toda la vida y se cuentan todos sus secretos. Toma ya.

3. El record mundial de pijoterismo. Imposible encontrar más pijos por metro cuadrado: el propietario del hotelito rural, la empresaria dueña de restaurante de éxito, la pareja de médicos, y el niño, que viste exactamente como los niños de papel cuché de las revistas de moda infantil. Por no hablar del smartphone de última generación que lleva la criaturita a sus ocho añitos.

4. El record mundial en velocidad de reinserción de delincuentes. Efectivamente, tenemos a un delincuente al que su profesor le da una cámara para que ruede lo que él quiera y en menos de 24 horas se convierte en cineasta, psicólogo infantil y perfecto compañero de juegos del hijo del profe, además de consejero espiritual.

5. El record mundial de matrimonios modélicos que entran en crisis súbitas. La pareja de médicos, aparentemente enamoradísima y bien avenida, hace aguas en el mismo momento en que la mujer vuelve a ver a un antiguo amante con el que llegó a estar la friolera de tres meses hace un montón de años. Toma ya relaciones sólidas y consistentes!

6. El record mundial de fugas infantiles. El niño protagonista se fuga dos veces en el mismo día. Vamos, que cada vez que se le cruzan los cables a la criatura coge su mochila y se las pira, con el consiguiente disgusto de su familia. Un regalito de hijo, vaya. Y eso con 8 añitos, no quiero ni pensar en la adolescencia de ese muchacho.

7. El record mundial de amistades fulminantes. El niño se hace supercolega del alumno de su padre en cuestión de horas. Son presentados por la mañana, se dan cordialmente la mano, y al cabo del rato, en la siguiente fuga del muchachito, a quién recurre? Pues a quién va a ser, a su colega del alma al que ha conocido esa misma mañana?

8. El record mundial de velocidad a la que un empresario de éxito se olvida de su negocio. Pues sí, Belén Rueda, una mujer dedicada en cuerpo y alma a su prestigioso restaurante, de repente un buen día conoce a un niño negrito muy mono que dice ser su nieto, y… voilà! Llama a sus empleados, les dice que se las apañen sin ella, que la olviden, y a continuación apaga el teléfono y dedica el día entero a su hijo, al que no le había hecho caso nunca antes en la vida, a su recién estrenado nieto y al propietario del hotelito rural que le hace ojitos desde que la vio, con el que además tiene conversaciones tan apasionantes y llenas de ingenio como: “oye, por qué me miras tanto el escote?”

9. El record mundial de peinados infames. Totalmente incomprensible cómo el personaje de Belén Rueda, una empresaria de éxito, superpija y superfashion, puede ir por la vida con ese espantoso look. Madre mía, si más que pelo parece un pelucón de paja! Yo ni muerta saldría a la calle con esas pintas de adefesio total. Si se trataba de avejentar a Rueda para que pareciera una abuelilla, no bastaba con quitarle unos cuantos kilos de corrector de ojeras y de maquillaje?

10. El record mundial de actuaciones igualmente infames. No se salva ni Dios. Mario Casas es la planicie interpretativa hecha hombre, aunque Sergi López es sin duda un gran competidor a ese nivel. Y respecto a Belén Rueda, su papel es tan forzado, sus diálogos tan absurdos y sus reacciones tan demenciales que por muchas tablas que tenga, simplemente no puede ser creíble de ninguna manera. Creo que todos ellos muy probablemente realizan las peores interpretaciones de su vida. Y eso que Mario Casas tiene complicado lo de batir su propio record.

jueves, 17 de marzo de 2011

Mapa de los sonidos de Tokio, by Isabel Coixet

Vale. Yo casi que me puedo creer en un acto de fe sin precedentes que una fría asesina a sueldo, en lugar de ir a hacer su encargo sin contemplaciones y cobrar la pasta, se dedique a intimar con su futura víctima, a tomar copitas juntos y a sorber la sopa al unísono... Bueno, en fin, vale, me lo creo.

Pero que al final... Bueno, me voy al spoiler.

Que no, que no hay por dónde pillarla. Una fotografía muy bonita y muy preciosista, muy Coixet, muy porqueyolovalgo... Una música fantástica para acompañar a la imagen... Y ya está. No hay nada más: una historia absurda, de principio a fin, unos personajes totalmente increíbles, una tía que es un puto palo y que no suda ni se le mueve un pelo ni follando, y un Sergi López que no se lo cree ni él. Por cierto, que entre tanto actor de doblaje, la voz de López, que no es precisamente lo mejorcito que tiene este actor, queda como un santo con dos pistolas.

Bueno, y otra cosa: esta gente se supone que habla todo el tiempo en español o en japonés? Porque en un momento de la peli Sergi dice algo en japonés y comenta que casi no lo domina, pero el resto del tiempo parece entenderse de puta madre con la tía, con el amigo y con todos los nipones, que por supuesto hablan un perfecto castellano por obra y gracia del doblaje. En qué lengua hablan tan fluidamente? Ah, ni idea! Es de suponer que en japonés, pero según el personaje de López, él ni papa. Y no veas las conversaciones tan sesudas, profundas y complejas que se gasta el tío para no tener ni idea de japonés. En fin, que ni acto de fe ni nada, que no, Coixet, que te has pasao.
spoiler:
Podría intentar creerme casi todo, pero que al final la fría asesina a sueldo se pille tan sumamente del tío que se ponga delante para evitar que se lo carguen y que muera ella en ese supremo acto de sacrificio mientras él susurra su nombre... Mira, no, eso ya sí que no.

Pues eso, Coixet, que te has pasao.

El cielo abierto, by Miguel Albaladejo

No entiendo sinceramente qué le han visto a Sergi López para contratarlo una y otra vez para personajes protagonistas que, en la mayoría de los casos, destrozan una película. Pocos actores son capaces con sus interpretaciones de conseguir malograr el conjunto completo, pero él milagrosamente puede eso y más.

No se puede ser más plano, ni entonar menos, ni tener menos expresividad. Por su magnetismo animal tampoco puede ser, ni por su imponente presencia. Ni idea de por lo que es, pero es.

Los demás simplemente pasables. No comparto la opinión general de que Mariola Fuentes esté estupenda; está normal. Hace un papel bastante estereotipado, de peluquera marujón que inexplicablemente consigue atraer al psiquiatra con su "gracejo" belenestebaniano. Es un personaje sin complejidad ninguna, ya que responde a una tipología más que manida que en su momento sobreexplotó Almodóvar y que ya a estas alturas debería impresionar más bien poco, después de la sobredosis de Belenestébanes que estamos padeciendo.

La historia tampoco tiene nada de particular. Es una historia de amor más con los típicos tira y afloja por parte de la tía y las más típicas aún reservas del tío. Aunque en este caso esas reservas tienen su explicación, hay que tener en cuenta que el caballero en cuestión acaba de ser abandonado por su esposa, de la que supuestamente estaba superenamorado. Curioso que en una semana, que es lo que dura la acción, se olvide de ella por completo y se cuelgue de la peluquera.

En fin, perfectamente prescindible.