Mostrando entradas con la etiqueta Gosling (Ryan). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gosling (Ryan). Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de febrero de 2017

La ciudad de las estrellas (La La Land), by Damien Chazelle

Si la habéis visto por tandas porque os quedásteis sopa a la mitad.

Si la historia os parece insoportablemente soporífera.

Si Gosling, fueraparte lo bueno que está, aquí os parece un puto palo.

Si no habéis visto más que una sucesión de bonitos números musicales.

Si Emma Stone os ha resultado insoportablemente petarda.

Si creéis que un gran musical es Grease o Moulin Rouge.

Si habéis conseguido llegar a duras penas al final y encima os ha parecido un truño.

Si el derroche de color en decorados y vestuario no ha conseguido taparos lo vacuo de la historia.

Si pensáis que Damien Chazelle ha perpetrado un soberano bodrio.

Si estáis hasta el moño/nabo de oír hablar del "gran musical del siglo".

Si suscribís todo lo anterior... bienvenidos al selecto club de los que ODIAMOS ESTE TRUÑAZOOO!!!!!

jueves, 10 de diciembre de 2015

Todas las cosas buenas, by Andrew Jarecki

Tengo entendido que Andrew Jarecki es un director de documentales al que un buen día le dio por meterse a glosar un crimen sin resolver en el que estaba envuelto un millonario americano bastante chifladillo.

El resultado es esta película de la que lo mejor que puedo decir es que me ha ilustrado sobre unas cuantas cosas, a saber:

1. Que puedes tener la malísima buena suerte de casarte con un rico pero que esté muy muy pirado.

2. Que, por mucho que cueste creerlo, Ryan Gosling puede llegar a dar bastante repelús.

3. Que me importa un pimiento lo que hagan los millonarios chiflados americanos con sus esposas cuando se hartan de ellas.

4. Que los hechos reales truculentos pueden resultar de lo más aburridos en manos de un director poco mañoso.

En fin, un trabajo bastante flojillo pero en el que cabe destacar las magníficas interpretaciones del susodicho bello entre los bellos Gosling, de la no menos bella Kirsten Dunst y de un secundario de postín como es el grandísimo Frank Langella.

Por lo demás, bastante prescindible.

martes, 8 de abril de 2014

Cruce de caminos, by Derek Cianfrance

Confieso que tengo un problema con Derek Cianfrance, el afamado creador de “Blue Valentine”. Reconozco que el tío empieza bien sus historias, le valoro también la buena voluntad y la honestidad brutal en lo que cuenta, pero siempre me da la sensación de que se queda a medio gas, como contándonos algo que ya conocíamos, una perogrullada, vamos. Y si en “Blue Valentine” ya tuve esa desagradable sensación aquí es directamente un bofetón en plena jeta.

Me explico. La película tiene tres partes clarísimas: la parte Ryan Gosling (la mejor con diferencia), la parte Bradley Cooper (mucho más flojita) y la parte hijos (que es donde Cianfrance pierde el norte por completo).

En la parte Ryan Gosling es el actor el que lleva la voz cantante. Es uno de esos casos en los que la presencia rotunda del intérprete está por encima de la historia. Gosling vuelve a hacer de malo malote pero con ánimo de redención. Como suele ocurrir, elige la manera más tonta para redimirse y obviamente la caga, pero sólo con verle a él actuar ya compensa la relativa estupidez del argumento. Definitivamente Gosling se posiciona como uno de los actores más carismáticos del panorama actual.

La parte Bradley Cooper empieza bien, con una entrada impactante, una escena violenta que marcará la vida del protagonista. Pero de ahí no pasa, todo lo demás es mero trámite. Ya cuando empieza la historia de la corrupción policial y el modo en el que Cooper resuelve sus cuitas entra en barrena. Todo parece que lo hayamos visto antes, y de hecho lo hemos visto en mogollón de pelis que nos cuentan la misma mierda, y además mucho mejor.

Y luego llega la parte hijos, en la que se supone que hay una especie de justicia natural que dará un fin ejemplar a la historia. Los hijos cierran el círculo del cruce de caminos de los padres pero lo hacen siguiendo unas pautas de casualidades imposibles y de obviedades que dan siete patadas en el estómago. Todo se ve venir, todo resulta evidente, casi desde el momento en el que los dos chavales se encuentran se podría firmar el final, un final un tanto forzado además, porque las reacciones de los chicos son totalmente esquizoides. Teniendo en cuenta que el cachorro de Gosling se entera de quién es su padre diez minutos antes, es una paranoia aceptar ese desenlace justiciero.

En fin, lo dicho, buena voluntad pero una historia que va de más a menos, cuesta abajo y sin frenos. Por no hablar de algo que ya he visto mencionado en otras críticas pero que tengo que apuntar yo también: qué es eso de envejecer a Eva Mendes con un par de brochazos blancos en el pelo y otro par de ojerones en la cara. Y eso que es la única que envejece en 20 años, porque lo que es Cooper parece una tierna florecilla de principio a fin. Muy cutre todo, la verdad.

jueves, 24 de octubre de 2013

Blue Valentine, by Derek Cianfrance

A favor de "Blue Valentine" hay que decir que:

1. Es una película que intenta ser honesta.

2. La pareja Ryan Gosling-Michelle Williams funciona de maravilla.

3. Plasma a la perfección lo que es el principio y el fin de una relación.

En contra sólo una cosa:

1. Intenta explicar lo inexplicable.

Intenta explicar lo que sólo responde a la naturaleza del amor mismo. El amor nace, crece, se reproduce o no, pero casi siempre muere. Y si no muere, se transforma en algo que se parece muy poco a la naturaleza de lo que nació.

Todo esto lo sabe cualquiera que haya estado enamorado alguna vez, aunque bueno, hay gente especialmente obstinada y pertinaz que pretende que sea siempre igual. Me refiero a ésos que intentan constantemente reavivar lo que ellos denominan la "llamadelamor". Ponerse ropa interior sexi, organizar cenitas románticas a la luz de las velas, o viajecitos de second honey-moon.

Esa gente resulta bastante patética porque intenta revivir lo que por su propia naturaleza sólo puede existir en un principio. El descubrir al otro, el sorprenderse con todas sus cosas, el admirarse de cada una de sus cualidades, el reírse de todas sus ocurrencias. Con el tiempo inevitablemente ya se ha descubierto todo, es difícil sorprenderse de nada ni mucho menos admirarse, y lo que un día fue divertido y novedoso en el otro termina siendo cansino, pesado e incluso a veces insoportable. Lo siento, es así. Le ocurre a todo el mundo y es tan ley de vida como la propia muerte.

Y por eso "Blue Valentine" al final resulta una película patética, tan patética como todas esas personas que intentan reavivar a toda costa la famosa "llamadelamor". Derek Cianfrance, repito, con toda la honestidad del mundo, intenta captar qué es lo que pasa en el entretanto, y se pierde en menudencias argumentales tales como: cada uno ha evolucionado de distinta manera, él se ha quedado un poco calvo, ella tiene más ambiciones, él se ha vuelto un gilipollas... Y hasta se permite hacer una sutil evaluación a mi modo de ver totalmente simplista: la culpable es ella, que no es capaz de valorar lo mucho que él la quiere.

La realidad es que lo que les ocurre hubiera ocurrido igual aun cuando hubieran evolucionado al unísono en la misma dirección, o él siguiera conservando su brillante cabellera rubia, o aun cuando ella no tuviera más ambición que la de ser feliz o aunque él siguiera siendo el tipo encantador que la encandiló. Y además, para más recochineo, en estas cosas no hay culpables. Pobre Cianfrance, intentando descubrir la piedra filosofal, y al final la única piedra que había era un peñasco donde estaba escrito: "Simplemente, amigo, el amor es así".

sábado, 10 de agosto de 2013

Fracture, by Gregory Hoblit

Os cuento. Anthony Hopkins hace de un ingeniero aeronáutico superingenioso que mata a su señora y decide que le va a tomar el pelo un poco al fiscal encargado del caso. En realidad, vuelve a hacer por enésima vez de Hannibal Lecter, sólo que aquí en lugar de cenarse a sus contrincantes se los merienda. Por lo demás, la misma cara, los mismos ojillos picarones y la misma mala leche. Hopkins yo es que ya no sé si sabe hacer otra cosa.

Ryan Gosling, alias el Bello Gosling, hace de fiscal. Guapo, ambicioso, pijo, chulillo y descarado. Luego nos enteramos de que es de procedencia humilde y ha llegado hasta ahí a base de becas y talento. Además le espera un puesto en el bufete de abogados más prestigioso de la ciudad, pero antes tendrá que enfrentarse a su último caso como fiscal. Contra quién. Pues cómo no, contra Hannibal Lecter. Y como se ve que el muchacho estaba estudiando como un campeón cuando "El silencio de los corderos" no se enteró en su día de que Lecter es más chulo que un ocho y que siempre gana.

Hasta aquí todo va bien y la peli hasta tiene pinta de ser interesante. Obviando un poco las trampillas del guión y haciendo como que no nos damos cuenta de cómo nos toma el pelo Gregory Hoblit, podría haber funcionado. Pero hete aquí que Hoblit, supongo que para alargar metraje y que la cosa no se le quede en un corto largo, nos mete una historia paralela completamente demencial de amor-sexo que, además de estropear el conjunto, es tan ridícula que da una vergüenza ajena que, oye, yo hasta me ruboricé. Lo prometo.

Resulta que el fiscal Gosling llega a una fiesta en la que le van a presentar a sus compañeros de nuevo bufete y se le acerca un pibón impresionante que, oh sorpresa, resulta ser su futura jefa. Se hacen ojitos, se tocan compulsivamente el pelo, a él se le pronuncia la nuez y lo que no es la nuez, a ella los pezones se le empitonan... Caso de atracción a primera vista de manual. Primer sonrojo.

Segundo y definitivo sonrojo: por supuesto el fiscal aspirante a picapleitos millonario se acuesta una vez con la jefa, ella se cuelga ipso facto y le invita a pasar con su familia el día de Acción de Gracias, que, para entenderlo, sería como una especie de comida navideña. O sea, eres una tiburona del derecho, eres la hostia, has llegado hasta ahí a base de ser una tía dura, implacable y sin escrúpulos, y vas y te acuestas sin pensártelo dos veces con un tipo que va a ser tu subordinado, encima te cuelgas en el primer polvo, lo llamas incansablemente como una vil petarda y para remate de la pera lo invitas a la comida familiar más importante del año con tus padres y hermanos... En fin, que ya me puse tan colorada con lo de la comida de Acción de Gracias que del resto de la peli ni me enteré. Y todavía no lo he superado, eh? Que sigo como un tomate y ha pasado un buen rato.

domingo, 10 de febrero de 2013

Drive, by Nicolas Winding Refn

Antes de ver una película siempre me gusta echar un vistazo a las críticas y para ello suelo ordenarlas por voto. Mis favoritas son las que tienen un montón de dieces y un montón de unos, vamos, las que despiertan pasiones de uno u otro lado.

Y normalmente en ese tipo de películas yo, como buena radical antisistema, estoy con los dieces o con los unos, nunca en ese término medio en el que, según dicen los que saben, está la virtud. Y con Drive no podía ser menos. O un 10 o un 1, no caben medias tintas.

Ryan Gosling, para mí el bello Ryan, por sí mismo merece un 10 sin paliativos, simple y llanamente porque es guapo y porque me pone y eso para mí tiene un valor, oye. Pero claro, si durante toda la película abre la boca algo así como dos veces y su actuación se basa en pasearse con una chaqueta bomber superfashion llena de manchas coloradas cual recién salido de la tomatina de Buñol... seamos serios, ahí pierde un montón de puntos.

Y ahora, si eso, hablamos de Carey Mulligan. Que no tengo yo nada contra esta chica, partamos de esa premisa. Pero si Gosling no abre la boca para decir ni mu y ya tenemos un mudito en la peli... a qué viene que ella le haga los coros?

La historia básicamente nos cuenta una pasión silenciosa. Él mira y calla y ella mira, calla y sonríe. Él además de mirar y callar, a ratos mata. Ella erre que erre, mira, calla y sonríe. Hablar, hablan más bien poco, pero hay que ver lo que se miran y se remiran. Follar, tampoco follan, que se vea por lo menos, pero si las miradas follaran estos dos serían pura pornografía.

Y luego matar sí que se mata. Y con poca delicadeza, para ser sinceros. No se mata así de un tiro o una cuchillada certera, plan cruzdenavajas, no. Se mata con inquina, con regodeo, con delectación y sanguinolencia. Se mata a lo feo, a lo Tarantino, a lo visceroide... pos eso, a lo tomatina de Buñol.

En definitiva, que el señor Refn (no confundir con Renfe, porque no tienen nada que ver y además Refn no regala caramelos por ver su película) nos deleita a base de bien con un sandwich mixto de agónicos silencios, enigmáticas sonrisas de significado incierto y kilos y kilos de ketchup, algo de casquería urbana y una mijita de cosmopaletismo, que es el arte de parecer un neoyorkino superguaydemorirse siendo simple y llanamente un pueblerino danés con ínfulas, mondo y lirondo. Vamos, que un uno.

martes, 11 de diciembre de 2012

Los idus de marzo, by George Clooney


1. Gosling-Giamatti: los rivales políticos, G contra G. En principio podría parecer el dúo más hostil pero qué va, para nada. Es un duelo a muerte pero sólo interpretativo, tal vez las mejores escenas de la peli sean entre ellos dos. Se olfatean, se miden, se ponen trampas, sí, pero ambos buscan lo mismo aunque con distintos candidatos. De todas formas Giamatti consigue hacerle la pirula a Gosling en un round la mar de interesante. Pedazo de escena, chapeau Clooney.

2. Gosling-Hoffman: compañeros y sin embargo cordiales enemigos.  Qué grande Hoffman, y encima tiene la capacidad de engrandecer con su presencia a Gosling. No hay eclipses ni de sol ni de luna, ni el bello eclipsa al feo ni el feo al bello. Son el complemento perfecto, y lo mejor es que se intercambian los papeles de bueno y malo como los que se intercambian las putas. Inmensos los dos.

3. Gosling-Clooney: jefe y empleado, líder carismático y seguidor, actor y director. Las cosas como son, Clooney es Dios como guionista y director pero en la pantalla aquí concretamente casi ni se le ve. Su papel de político aparentemente impecable pero con sus pecadillos ocultos es el menos atractivo, tal vez por lo visto y requetevisto del rol. Ya van muchos y todos son muy parecidos; ya sabemos que cuanto más cariñositos y encantadores con sus señoras más despendolados. En su honor diré que se ha autoencomendado el papel más tontorronzuelo y menos vistoso.

4. Gosling-Tomei: la periodista y el político. También un dueto interesante. Sus diálogos son verdaderamente intensos y fascinantes: qué me cuentas, somos amigos, no?; Te puedo contar hasta aquí; si no me dices algo más mañana escribo que...; vale, escríbelo pero dejaremos de ser amigos; y yo qué gano; seguir siendo mi amiga y que te cuente cosas...  La verdad es que las relaciones entre la prensa y la política  son un auténtico submundo mucho más misterioso que el del más allá, dónde va a parar. Lo que yo daría por escuchar en secreto hablar a algunos con algunos. Y quien dice algunos dice algunas.

5. Gosling-Gosling: tu peor enemigo eres tú mismo. El Gosling del principio y el del final son la noche y el día. Precisamente en este idus, digo dúo, está el quid de la historia. Si queréis saber de qué hablo tendréis que verla y esperar hasta el final; el último primer plano de Gosling es verdaderamente demoledor. Muy triste. Y francamente desperanzador. Pero muuuuuuuuuuuuy bueeeeeeno.

martes, 20 de noviembre de 2012

El diario de Noa (The notebook), by Nick Cassavetes

Lunes 19 por la noche. 22’15. Empieza “El diario de Noa” en TNT. 4 espectadores en la sala. Sentada en el sofá con mi Manolo hecho un ocho en mi regazo, mi hija mayor a un lado y el señor que ronca al otro, veo aparecer a una fantásticamente bien conservada Gena Rowlands, casualmente mamá del director de la película, Nick Cassavetes. A su lado un señor que le está leyendo un libro a Rowlands, una historia de amor por lo visto.

22’20. Aparecen en pantalla Ryan Gosling (a quien no tengo reparo en confesar mi incondicional amor eterno) y la pavisosita pero buenorra Rachel McAdams con look años 40. Se conocen, se enamoran y se dicen unas cuantas chorradas, las de rigor en estos casos. Sin llegar al coma diabético; se pasa bastante repelús pero aún es soportable.

22’45. La mamá de McAdams, interpretada por una malvadísima Joan Allen, con más cara de bruja que nunca, dice que no le gusta este muchacho para la nena y que procede un cambio de aires. Follón consiguiente, llantos, gritos, pataleos… En fin, lo típico. El acento hiperglucémico baja un par de grados y se consigue volver a respirar. Y del argumento hasta aquí puedo contar porque lo demás ya sería espoilear.

23’30. El almíbar pastelero viene y va por la pantalla y provoca intermitentes naúseas en la espectadora madre mientras va excitando obscenamente con recursos tramposos y fraudulentos los lacrimales de la espectadora hija. El perro afortunadamente está de vuelta de tanto pego y reposa plácidamente pasando de chorradas, y el señor que ronca, también afortunadamente para él, sigue roncando.

00’15. Desmadre total. La espectadora hija ya llora a moco tendido sin consuelo posible, sin disimulo y sin poder articular palabra por la emoción, mientras la espectadora madre se debate entre el inminente vómito y la perplejidad. Mutua incomprensión madre-hija, mutuas miradas furtivas de desprecio, mutua descalificación cinematográfica. Por fin la pesadilla termina y apago la tele, le doy un compasivo besito a la criatura que en su día engendré y que ahora se ahoga en un mar de lágrimas y me voy disparada para la cama dando mil gracias por haber conseguido sobrevivir a la espeluznante y brutal tontuna de la juventud.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Crazy, Stupid Love, by Glenn Ficarra y John Requa

Penoso y megañoño alegato en pro del amor eterno y el matrimonio para toda la vida. Más penoso aún porque en él sale mi adorado Ryan Gosling, que interpreta al único personaje medio fumable de la peli hasta que más o menos por la mitad me lo desgracian y lo vuelven prácticamente tan gilipollas, pasteloso y memo como los demás. Por suerte antes de hacerlo hay un inolvidable momento en el que se quita la camisa y muestra al desnudo esa maravilla de torso que es un verdadero paradigma de perfección y hermosura masculina. Ay omá, qué rico!

Ya, ya sé que de una comedia romántica americana se puede esperar lo que se puede esperar y punto. Pero ésta tenía unas críticas más que prometedoras. Cosas como:

“¡Por fin una comedia diferente a los últimos bodrios estrenados en España. - ¿Qué puedo decir? Crazy, Stupid, Love ha superado mis expectativas. Es mucho más que una comedia romántica de tres al cuarto... Y, si no me creen, compruébenlo ustedes mismos.- 'Crazy Stupid Love' es una loca e inteligente película.- Es un placer encontrarse con la emocionante y brillantemente divertida 'Crazy Stupid Love'.- Aquí tienes una comedia que te llega de verdad al corazón.- Una comedia romántica extraña y anticlimática. O dicho de otro modo, original e inteligente.”

En fin, que caí como una pardilla, y por supuesto, me pegué el planchazo. Es pa matarme, lo sé.

Un reparto espectacular, eso sí. Para mí el mejor, como ya he dicho, Ryan Gosling, al que no me importaría amar eternamente, como propone la película. También aparece Julianne Moore muy en la línea hiperglucémica de sus últimos trabajos, y un largo etcétera de caras famosas que pasan sin pena ni gloria por la peli con unas actuaciones perfectamente olvidables.

El mensaje es el siguiente: todos tenemos una media naranja y cuando la encuentras no puedes dejarla escapar. A estas alturas que alguien pueda considerar este axioma original, brillante, inteligente o emocionante, como dicen esas críticas que he copiado… pues qué queréis que os diga? Loco no sé pero un poco estúpido sí que es.

jueves, 12 de enero de 2012

Half Nelson, by Ryan Fleck

Vaya, tenemos novedades! Por una vez los díscolos y drogadictos no son los niños sino el profesor; y por una vez la redención no viene de la mano del docente blanco de clase media sino de una alumna negra de familia desestructurada. No está mal.

Y es una pena porque de una gran idea y de unos personajes tan interesantes podría haberse conseguido algo más coherente y menos disperso. Es el guión el que falla porque no termina de definir a ninguno de los protagonistas. No se entienden muy bien sus reacciones ni el por qué de las relaciones que entablan. Se insinúa levemente un matiz erótico en la historia entre el profesor y la alumna, un cierto enamoramiento mutuo pero se deja totalmente en el aire, como si algo tan políticamente incorrecto no pegara en el contexto.

Sin embargo he hecho un gran descubrimiento: Ryan Gosling. Impresionantes el carisma y la vulnerabilidad que imprime al personaje del yonki. Con profes como ése es fácil enamorarse.

No llega al aprobado por lo desmadejado e incoherente del guión pero es una historia interesante aunque muy desaprovechada. Eso sí, a Gosling merece la pena verlo.