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martes, 2 de septiembre de 2014

Una cuestión de tiempo, by Richard Curtis

El problema de esta película no es lo de viajar en el tiempo hacia atrás para corregir errores, no; eso tiene hasta un pase. El problema está en que el anormal del protagonista viaja en el tiempo para convertir su soporífera y pastelosa vida en algo aún más soporífero y pasteloso.

Vamos, que viaja en el tiempo para declararse a su novia de una forma un poco más asquerosa que la primera vez. O viaja en el tiempo para soltarle a su padre un infumable discurso rebosante de almíbar mucho más repugnante que todo lo que le había dicho anteriormente, que ya de por sí era para hacerse el harakiri.

Y qué me decís de la pobre Rachel McAdams, encasillada ya para siempre en el papel de chica mona de la que se enamora algún imbécil que se pasa las dos horas de película intentando conquistarla sin joder demasiado la marrana. En este caso, para más delito, por partida doble o triple porque el tipo se pasa todo el rato yendo y viniendo a través del tiempo para repetir cada jugada hasta que le sale a su entera satisfacción. Por diossss, cuánta baba, qué horror, qué cruz.

Realmente ha sido una experiencia horrible. Todos en mi casa completamente espantados, a punto de asesinarme. He tenido que soportar vocablos que destilan crueldad, críticas gratuitas muuuy dolorosas e inquietantes miradas llenas de intenciones criminales que acojonarían al mismísimo Harry el Sucio.

El tipo este, Richad Curtis, es un auténtico cabrón. Siempre que veo una peli de este mamarracho tengo serios problemas con mi familia. Me miran todos fatal y yo termino flagelándome por no haberles dejado ver el fútbol o el Chiringuito de Jugones para obligarlos a tragarse esta porquería.

Luego, eso sí, en cuanto termina el engendro, alguien agarra de inmediato el mando y se pasa al Chiringuito; afortunadamente no son rencorosos y olvidan rápido. Pero no puedo evitar pensar que por alguna parte me la tienen guardada.

sábado, 15 de junio de 2013

La sombra del poder (State of Play), by Kevin Macdonald

1. Eres un congresista americano. Ponte cara

A. Russell Crowe    B. Ben Affleck    C. Mario Vaquerizo

2. El congresista está casado. Quién es su señora.

A. Helen Mirren      B. Rachel McAdams    C. Alaska

3. El congresista tiene un amigo del alma. Cómo se peina.

A. Rastas    B. No se peina, es calvo    C. Indescriptible

4. Russell Crowe es periodista. Qué pregunta ya te he resuelto.

A. La 1       B. La 2       C. La 3

5. Qué papel crees que hace aquí Rachel McAdams.

A. Esposa    B. Periodista    C. Mario Vaquerizo

6. Si Helen Mirren se follara a Ben Affleck, cómo lo llamarías.

A. Mal gusto      B. Coprofilia     C. Necrofilia

7. En esta historia hay un asesino. Quién dirías que es.

A. El periodista      B. El congresista      C. Una mujer celosa

8. Aquí tenemos a más de un imbécil. Elige al campeón.

A. El periodista      B. El congresista      C. La mujer celosa

9. Cual crees que es la peli favorita del director, Kevin MacDonald

A. Bambi      B. Tootsie     C. Todos los hombres del presidente

10. Cuántas veces crees que se peina Russell Crowe en este filme.

A. No se peina     B. Ya dije que es calvo    C. Ya dije que llevaba rastas

11. Si un congresista se mete en un asunto turbio a quién acudiría.

A. A un periodista.   B. A su psicólogo.    C. A su asesor fiscal

12. Si fueras periodista y tu mejor amigo te contara un turbio asunto

A. La amistad es lo primero   B. Soy periodista    C. Me cago en tó.

13. Cómo crees que termina esta historia

A. El malo muere    B. El bueno muere    C. El malo y el bueno se lían

No te lo tomes a mal, pero es posible que no hayas dado ni una.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Vuelo nocturno, by Wes Craven

Tenemos 3 escenarios básicos, a cual más esperpéntico:

1. Aeropuerto: Presentación de personajes: chica colgada al teléfono, muy mona, muy estilosa, peinada impecablemente, además de buena persona, atenta con sus mayores, en definitiva, perfectamente hostiable y asesinable (Rachel McAdams)... Chico majo de ojos azules que la invita a tomar una copa y juega a adivinar cuál es su combinado favorito (Cillian Murphy). Media hora de guiñitos, miradas, sonrisas profidén, babeos mutuos... Un tostonazo como la copa un pino.

2. Avión: todos los tópicos: tormenta, turbulencias, niña que viaja sola, azafatas que no se enteran de nada, viajera coñazo, momento water, persecuciones por el pasillo central... En fin, nada que no hayamos visto antes algo así como un millón de veces. La tía cada vez más llorona y más plasta, el tipo echándole una paciencia que pa qué. Y yo animándolo pa mis adentros: mátala, hossstia, que es una pupa viva. Qué petarda, lavirrrgen.


3. Casa de la chica:  inmensa, laberíntica, de diseño demencial. Jugamos al ratón y al gato. Se lía el desmadre padre. Ay omá, que aquí te pillo aquí te mato. Y un huevo, te mato yo. Tooooma lamparazo. Pos tú toma bastonazo de golf. Pos ahí va mi osito de peluche chapado en oro. Pos espera, que te doy un mamporrazo con la mesita de centro... Fiuuuuuuuuuuuuuu, allá va mi colección de pinturas de la señorita Pepis.... Bueno, y así casi una hora. Por diosssss, tío, mátala ya de una vez. Qué cansino, Wes Craven, qué pesado.

La apruebo por los pelos porque es cortita, y porque Cillian Murphy es un crack y lo mismo te hace de muchacho encantador técnicamente follable que de psicópata sin escrúpulos. Cillian, va por ti, majete.

martes, 20 de noviembre de 2012

El diario de Noa (The notebook), by Nick Cassavetes

Lunes 19 por la noche. 22’15. Empieza “El diario de Noa” en TNT. 4 espectadores en la sala. Sentada en el sofá con mi Manolo hecho un ocho en mi regazo, mi hija mayor a un lado y el señor que ronca al otro, veo aparecer a una fantásticamente bien conservada Gena Rowlands, casualmente mamá del director de la película, Nick Cassavetes. A su lado un señor que le está leyendo un libro a Rowlands, una historia de amor por lo visto.

22’20. Aparecen en pantalla Ryan Gosling (a quien no tengo reparo en confesar mi incondicional amor eterno) y la pavisosita pero buenorra Rachel McAdams con look años 40. Se conocen, se enamoran y se dicen unas cuantas chorradas, las de rigor en estos casos. Sin llegar al coma diabético; se pasa bastante repelús pero aún es soportable.

22’45. La mamá de McAdams, interpretada por una malvadísima Joan Allen, con más cara de bruja que nunca, dice que no le gusta este muchacho para la nena y que procede un cambio de aires. Follón consiguiente, llantos, gritos, pataleos… En fin, lo típico. El acento hiperglucémico baja un par de grados y se consigue volver a respirar. Y del argumento hasta aquí puedo contar porque lo demás ya sería espoilear.

23’30. El almíbar pastelero viene y va por la pantalla y provoca intermitentes naúseas en la espectadora madre mientras va excitando obscenamente con recursos tramposos y fraudulentos los lacrimales de la espectadora hija. El perro afortunadamente está de vuelta de tanto pego y reposa plácidamente pasando de chorradas, y el señor que ronca, también afortunadamente para él, sigue roncando.

00’15. Desmadre total. La espectadora hija ya llora a moco tendido sin consuelo posible, sin disimulo y sin poder articular palabra por la emoción, mientras la espectadora madre se debate entre el inminente vómito y la perplejidad. Mutua incomprensión madre-hija, mutuas miradas furtivas de desprecio, mutua descalificación cinematográfica. Por fin la pesadilla termina y apago la tele, le doy un compasivo besito a la criatura que en su día engendré y que ahora se ahoga en un mar de lágrimas y me voy disparada para la cama dando mil gracias por haber conseguido sobrevivir a la espeluznante y brutal tontuna de la juventud.