Otra vez he caído como una pardilla con el tipo este. Pues sí, otra vez Paul Thomas Anderson, el mismo de las putas ranas que llovían en "Magnolia". Que cómo me la ha podido volver a meter doblada. Pues eso mismo digo yo.
Pero se veía venir con solo leer esta crítica de Javier Ocaña: "The Master" es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. La película más complicada de desentrañar desde "2001, una Odisea del espacio?".
Pos la hemos cagao, tú. Qué mal suena eso de "pura trascendencia", pero no es nada si lo comparas con lo de "pura complejidad". Lo de "puro cine" suena bastante mejor, pero con esos precedentes sólo sirve para asustar aún más. Y cuando ya remata con lo de "complicada de desentrañar" y apunta a Kubrick... ya te puedes hacer una idea aproximada de lo que va a pasar: No te vas a enterar de nada, te vas a aburrir como una ostra, te vas a pillar un mosqueo del copón y te vas a cagar en Paul Thomas Anderson y en toda su nación.
Pues sí, estaba cantado. Porque yo quería ver una peli sobre la Cienciología y sus orígenes, algo que me ayudara a desentrañar cómo nace una secta y cómo funciona. Y resulta que... lo que vi fue una película sobre una especie de genio de la cocktelería que lo mismo te hace un bebedizo con disolvente para pinturas que con colonia Nenuco. Este prodigio del saber etílico, que no es otro que Joaquin Phoenix, se encuentra en un momento dado con otro prenda de cuidado, una especie de gurú de la reencarnación y de los viajes a vidas pasadas (Phillip Seymour Hoffman) y entre traguito y traguito de los explosivos cócteles marca Phoenix, tienen charlas (tratamientos, lo llaman ellos) como las siguientes:
Gurú Hoffman: Yo te pregunto y tú me contestas. No puedes pestañear. Si pestañeas volvemos a empezar. Cómo te llamas.
Barman Phoenix: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Has pestañeado, volvamos a empezar. Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Y así todo el tiempo. Y al igual que con Freddie, el gurú va haciendo el mismo “tratamiento” a todo el que pilla por banda. A todo esto el tío se planta en casa de los acólitos y se tira semanas viviendo allí con toda la familia (señora, hijos, yerno y por supuesto Freddie) totalmente de gorra y por la cara. Tutiplén.
Eso sí, Phoenix interpreta muy convincentemente al cocktelero Molotov y Hoffman hace muy bien de gurú. Es una mezcla entre Xavier Cugat y Rainiero de Mónaco pero en trance. Y luego está Amy Adams, que luce durante toda la película una cara de beatífica preñez que dan ganas de provocarle el parto a escupitajos. Pero vamos, que entre bostezo y bostezo, de lo que va la Cienciología yo particularmente no me he enterado. Tal vez si me hubiera tomado un chupito de disolvente con ácido sulfúrico y aspirina efervescente hubiera captado mejor el enigmático mensaje.
Pero se veía venir con solo leer esta crítica de Javier Ocaña: "The Master" es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. La película más complicada de desentrañar desde "2001, una Odisea del espacio?".
Pos la hemos cagao, tú. Qué mal suena eso de "pura trascendencia", pero no es nada si lo comparas con lo de "pura complejidad". Lo de "puro cine" suena bastante mejor, pero con esos precedentes sólo sirve para asustar aún más. Y cuando ya remata con lo de "complicada de desentrañar" y apunta a Kubrick... ya te puedes hacer una idea aproximada de lo que va a pasar: No te vas a enterar de nada, te vas a aburrir como una ostra, te vas a pillar un mosqueo del copón y te vas a cagar en Paul Thomas Anderson y en toda su nación.
Pues sí, estaba cantado. Porque yo quería ver una peli sobre la Cienciología y sus orígenes, algo que me ayudara a desentrañar cómo nace una secta y cómo funciona. Y resulta que... lo que vi fue una película sobre una especie de genio de la cocktelería que lo mismo te hace un bebedizo con disolvente para pinturas que con colonia Nenuco. Este prodigio del saber etílico, que no es otro que Joaquin Phoenix, se encuentra en un momento dado con otro prenda de cuidado, una especie de gurú de la reencarnación y de los viajes a vidas pasadas (Phillip Seymour Hoffman) y entre traguito y traguito de los explosivos cócteles marca Phoenix, tienen charlas (tratamientos, lo llaman ellos) como las siguientes:
Gurú Hoffman: Yo te pregunto y tú me contestas. No puedes pestañear. Si pestañeas volvemos a empezar. Cómo te llamas.
Barman Phoenix: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Gurú: Has pestañeado, volvamos a empezar. Cómo te llamas.
Barman: Me llamo Freddie.
Y así todo el tiempo. Y al igual que con Freddie, el gurú va haciendo el mismo “tratamiento” a todo el que pilla por banda. A todo esto el tío se planta en casa de los acólitos y se tira semanas viviendo allí con toda la familia (señora, hijos, yerno y por supuesto Freddie) totalmente de gorra y por la cara. Tutiplén.
Eso sí, Phoenix interpreta muy convincentemente al cocktelero Molotov y Hoffman hace muy bien de gurú. Es una mezcla entre Xavier Cugat y Rainiero de Mónaco pero en trance. Y luego está Amy Adams, que luce durante toda la película una cara de beatífica preñez que dan ganas de provocarle el parto a escupitajos. Pero vamos, que entre bostezo y bostezo, de lo que va la Cienciología yo particularmente no me he enterado. Tal vez si me hubiera tomado un chupito de disolvente con ácido sulfúrico y aspirina efervescente hubiera captado mejor el enigmático mensaje.