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lunes, 18 de noviembre de 2013

The Master, by Paul Thomas Anderson

Otra vez he caído como una pardilla con el tipo este. Pues sí, otra vez Paul Thomas Anderson, el mismo de las putas ranas que llovían en "Magnolia". Que cómo me la ha podido volver a meter doblada. Pues eso mismo digo yo.

Pero se veía venir con solo leer esta crítica de Javier Ocaña: "The Master" es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. La película más complicada de desentrañar desde "2001, una Odisea del espacio?".

Pos la hemos cagao, tú. Qué mal suena eso de "pura trascendencia", pero no es nada si lo comparas con lo de "pura complejidad". Lo de "puro cine" suena bastante mejor, pero con esos precedentes sólo sirve para asustar aún más. Y cuando ya remata con lo de "complicada de desentrañar" y apunta a Kubrick... ya te puedes hacer una idea aproximada de lo que va a pasar: No te vas a enterar de nada, te vas a aburrir como una ostra, te vas a pillar un mosqueo del copón y te vas a cagar en Paul Thomas Anderson y en toda su nación.

Pues sí, estaba cantado. Porque yo quería ver una peli sobre la Cienciología y sus orígenes, algo que me ayudara a desentrañar cómo nace una secta y cómo funciona. Y resulta que... lo que vi fue una película sobre una especie de genio de la cocktelería que lo mismo te hace un bebedizo con disolvente para pinturas que con colonia Nenuco. Este prodigio del saber etílico, que no es otro que Joaquin Phoenix, se encuentra en un momento dado con otro prenda de cuidado, una especie de gurú de la reencarnación y de los viajes a vidas pasadas (Phillip Seymour Hoffman) y entre traguito y traguito de los explosivos cócteles marca Phoenix, tienen charlas (tratamientos, lo llaman ellos) como las siguientes:

Gurú Hoffman: Yo te pregunto y tú me contestas. No puedes pestañear. Si pestañeas volvemos a empezar. Cómo te llamas.

Barman Phoenix: Me llamo Freddie.

Gurú: Cómo te llamas.

Barman: Me llamo Freddie.

Gurú: Cómo te llamas.

Barman: Me llamo Freddie.

Gurú: Has pestañeado, volvamos a empezar. Cómo te llamas.

Barman: Me llamo Freddie.

Y así todo el tiempo. Y al igual que con Freddie, el gurú va haciendo el mismo “tratamiento” a todo el que pilla por banda. A todo esto el tío se planta en casa de los acólitos y se tira semanas viviendo allí con toda la familia (señora, hijos, yerno y por supuesto Freddie) totalmente de gorra y por la cara. Tutiplén.

Eso sí, Phoenix interpreta muy convincentemente al cocktelero Molotov y Hoffman hace muy bien de gurú. Es una mezcla entre Xavier Cugat y Rainiero de Mónaco pero en trance. Y luego está Amy Adams, que luce durante toda la película una cara de beatífica preñez que dan ganas de provocarle el parto a escupitajos. Pero vamos, que entre bostezo y bostezo, de lo que va la Cienciología yo particularmente no me he enterado. Tal vez si me hubiera tomado un chupito de disolvente con ácido sulfúrico y aspirina efervescente hubiera captado mejor el enigmático mensaje.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Happiness, by Todd Solondz

Todd Solondz es un señor bastante tarado y amante de la provocación como forma de comunicación, que suele escribir diálogos entre padres e hijos de 11 años como el siguiente:

- Papá, papá, a ti cuánto te mide el pene en erección. Mi amigo Bill dice que a él le mide 28 cms.

- Hijo mío, lo importante no es la longitud sino el grosor, que es lo que produce rozamiento.

- Pues yo soy el único niño de mi clase que aún no se ha corrido.

- No te preocupes, hijo, ya te correrás. Si quieres te enseño cómo.

- No, no hace falta, papá. Y tú cuando te quedas a solas con los amiguitos que traigo a casa qué les haces.

- Pues primero los duermo con unos polvitos y luego los toco.

- Ah, vale.

- Y luego hago el amor con ellos. Vamos, que los penetro analmente.

- Y qué sientes, papi.

- Pues me siento muy bien. Es una sensación muy agradable, hijo.

- Y por qué no lo haces conmigo.

En fin, éste es en resumidas cuentas el concepto de “provocación” de Solondz. Vamos a ver, tío, que eso también lo sé hacer yo, y cualquiera que se ponga; que eso sólo puede escandalizar a un imbécil. A los demás simple y llanamente nos parece una chorrada de campeonato.

Yo de la peli salvaría básicamente las interpretaciones de Dylan Baker, el padre pederasta que suelta esos demenciales diálogos con auténtico desparpajo, y por supuesto el gran Philip Seymour Hoffman, como el chiflado acosador telefónico que está secretamente enamorado de su vecina.

Lo demás directamente a la puta mierda.

jueves, 17 de enero de 2013

Nadie es perfecto (Flawless), by Joel Schumacher

N-No sabría yo elegir
cuál de los dos es mejor.
Si Hoffman, tremendo actor,
o De Niro. Qué decir?

O-Oh, qué duelo de titanes,
Schumacher se lo ha montado,
y a los dos ha contratado
poniendo muchos afanes.

T-Tenemos a una dragqueen
un poquillo revoltosa,
gorda y fea pero estilosa,
en este lado del ring.

A-Al otro lado un señor,
policía jubilado,
facha, homófobo, estirado,
pero en el fondo un amor.

B-Blanco y negro, sombra y luz,
tenemos a dos contrarios,
que tienen conflictos varios,
cada cual lleva su cruz.

L-La dragqueen y el policía
poco a poco se encariñan
y aunque algunas veces riñan
se hacen amigos un día.

E-Esta historia tiene arte,
Hoffman y De Niro juntos,
ganan un montón de puntos.
Seguro que va a gustarte.

martes, 11 de diciembre de 2012

Los idus de marzo, by George Clooney


1. Gosling-Giamatti: los rivales políticos, G contra G. En principio podría parecer el dúo más hostil pero qué va, para nada. Es un duelo a muerte pero sólo interpretativo, tal vez las mejores escenas de la peli sean entre ellos dos. Se olfatean, se miden, se ponen trampas, sí, pero ambos buscan lo mismo aunque con distintos candidatos. De todas formas Giamatti consigue hacerle la pirula a Gosling en un round la mar de interesante. Pedazo de escena, chapeau Clooney.

2. Gosling-Hoffman: compañeros y sin embargo cordiales enemigos.  Qué grande Hoffman, y encima tiene la capacidad de engrandecer con su presencia a Gosling. No hay eclipses ni de sol ni de luna, ni el bello eclipsa al feo ni el feo al bello. Son el complemento perfecto, y lo mejor es que se intercambian los papeles de bueno y malo como los que se intercambian las putas. Inmensos los dos.

3. Gosling-Clooney: jefe y empleado, líder carismático y seguidor, actor y director. Las cosas como son, Clooney es Dios como guionista y director pero en la pantalla aquí concretamente casi ni se le ve. Su papel de político aparentemente impecable pero con sus pecadillos ocultos es el menos atractivo, tal vez por lo visto y requetevisto del rol. Ya van muchos y todos son muy parecidos; ya sabemos que cuanto más cariñositos y encantadores con sus señoras más despendolados. En su honor diré que se ha autoencomendado el papel más tontorronzuelo y menos vistoso.

4. Gosling-Tomei: la periodista y el político. También un dueto interesante. Sus diálogos son verdaderamente intensos y fascinantes: qué me cuentas, somos amigos, no?; Te puedo contar hasta aquí; si no me dices algo más mañana escribo que...; vale, escríbelo pero dejaremos de ser amigos; y yo qué gano; seguir siendo mi amiga y que te cuente cosas...  La verdad es que las relaciones entre la prensa y la política  son un auténtico submundo mucho más misterioso que el del más allá, dónde va a parar. Lo que yo daría por escuchar en secreto hablar a algunos con algunos. Y quien dice algunos dice algunas.

5. Gosling-Gosling: tu peor enemigo eres tú mismo. El Gosling del principio y el del final son la noche y el día. Precisamente en este idus, digo dúo, está el quid de la historia. Si queréis saber de qué hablo tendréis que verla y esperar hasta el final; el último primer plano de Gosling es verdaderamente demoledor. Muy triste. Y francamente desperanzador. Pero muuuuuuuuuuuuy bueeeeeeno.

martes, 30 de octubre de 2012

Moneyball: Rompiendo las reglas, by Bennett Miller

Para empezar diré que el béisbol me gusta casi tanto como abrirme las venas o darme cabezazos contra la pared. Es una premisa importante, porque alguno dirá :"Y qué coño haces tragándote una peli sobre béisbol?" Buena pregunta, joven.

Pues básicamente quise verla porque todas las críticas que leí coincidían en que no era una peli sobre béisbol propiamente dicho sino sobre estrategias vitales y gestión grupal. Vamos, una peli sobre una especie de Pep Guardiola a la beisbolense. Y allá fui yo con todo mi entusiasmo, a aprender de la gente que sabe dirigir y crear espíritu de equipo.

Bueno, pues no; todo mentira. Si no te gusta el béísbol y pasas como de la mierda de los entresijos del deporte y sus fichajes, esto es un callo malayo y te vas a aburrir como un hongo.

Os cuento la paranoia. Un manager guapérrimo diseñador de equipos (Brad Pitt, of course) conoce un buen día a un friki gordito amante de las estadísticas y la numerología (Jonah Hill), y de repente se le va la olla y se enamora por completo de sus teorías matemáticas, así que se dedica a fichar a mataos a los que nadie quiere, porque según el gordito, aplicando la operación A+B-X:YxC:(3x175:89)+Pi-5'67:28 y el logaritmo neperiano 999999999.5 (18.13865589054 – In x) se puede ganar la temporada con un margen de error del 3%. Tírate de la moto, Bennett Miller!

Y luego están los diálogos interesantísimos que te cagas: "Te cambio a Shapiro por Peña si me das a Gómez pero Stevens tiene el hombro mal y no batea, necesito un zurdo, me quedo con Lewis si me traspasas a Roberts y a cambio te doy a Ramírez, Wilson y Hopkins". Vete a la mierda, chaval!

Se salva única y exclusivamente el gran Philip Seymour Hoffman, que interpreta al entrenador del equipo, que como es natural se tira toda la película más mosqueado que una chiva en un baile con los traspasos, compras, ventas y maniobras logarítmicas de las dos lumbreras toreras. Al final ganan o pierden? Ah, pues si queréis saberlo os chupáis el bodriazo enterito como hice yo. No pretenderéis que os lo cuente, listillos.