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miércoles, 15 de mayo de 2013

Happiness, by Todd Solondz

Todd Solondz es un señor bastante tarado y amante de la provocación como forma de comunicación, que suele escribir diálogos entre padres e hijos de 11 años como el siguiente:

- Papá, papá, a ti cuánto te mide el pene en erección. Mi amigo Bill dice que a él le mide 28 cms.

- Hijo mío, lo importante no es la longitud sino el grosor, que es lo que produce rozamiento.

- Pues yo soy el único niño de mi clase que aún no se ha corrido.

- No te preocupes, hijo, ya te correrás. Si quieres te enseño cómo.

- No, no hace falta, papá. Y tú cuando te quedas a solas con los amiguitos que traigo a casa qué les haces.

- Pues primero los duermo con unos polvitos y luego los toco.

- Ah, vale.

- Y luego hago el amor con ellos. Vamos, que los penetro analmente.

- Y qué sientes, papi.

- Pues me siento muy bien. Es una sensación muy agradable, hijo.

- Y por qué no lo haces conmigo.

En fin, éste es en resumidas cuentas el concepto de “provocación” de Solondz. Vamos a ver, tío, que eso también lo sé hacer yo, y cualquiera que se ponga; que eso sólo puede escandalizar a un imbécil. A los demás simple y llanamente nos parece una chorrada de campeonato.

Yo de la peli salvaría básicamente las interpretaciones de Dylan Baker, el padre pederasta que suelta esos demenciales diálogos con auténtico desparpajo, y por supuesto el gran Philip Seymour Hoffman, como el chiflado acosador telefónico que está secretamente enamorado de su vecina.

Lo demás directamente a la puta mierda.