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jueves, 1 de agosto de 2019

Heridas abiertas (Serie), by Marti Noxon

Me pongo a ver esta serie de HBO, archialabada por la crítica y multibendecida por el favor del público, con un montón de premios para su director, Marti Noxon, y para las chicas protagonistas, Amy Adams y la maravillosa e inquietante Patricia Clarkson, que hace de desconcertante mamá de la primera.

En fin, ya digo que me pongo a verla, toda entusiasmada, dispuesta a engancharme como una bomba lapa.

Pero mira tú por dónde, resulta que:

1. Ya en el primer capítulo me doy cuenta de que no me entero de nada. Esto pega unos saltos que pa qué. No tengo ni idea de cuándo estamos en el presente, en el pasado reciente o en el pasado del año la polca. Un montón de flashbackses, ahora estoy aquí, ahora estoy allí, ahora tengo pelo largo, ahora corto, ahora rizado, ahora me pincho un dedo, ahora me corto un muslo con una cuchilla, ahora tengo el cuerpo hecho un cristo. Mi esperanza es que al llegar al último episodio me haya conseguido enterar de algo, y todas mis dudas se resuelvan por arte de magia Noxon.

2. No me entero tampoco de las relaciones de los personajes. Esa mujer... qué le pasa. Esa madre desquiciada, todo el día con el vaso de whisky en la mano. Esa hermana pequeña, que unas veces sale vestida de repollo imposible y otras de poligonera,  estilo Rosalía, estilo Arrimadas. Y luego ese señor que está casado con la madre. Qué hace ese hombre con esa mujer? Y el sheriff del condado, qué raro, por favor. Pero qué me dices del policía que se lía con la alcohólica autolesionada?  Y esto me recuerda la tercera cuestión:

3. Hostia, cómo bebe esta gente! Y qué aguante! Y encima directo de la botella, vasos pa qué? Que vas conduciendo? Pues te sacas la botellona de la guantera y le pegas un buen traguito. Que no hay whisky? Pues vodka, o ginebra, o garrafón de lo que sea. Esa muchacha, que vive prácticamente en la licorería. Y que esconde sus botellas debajo de la cama, no sé por qué, porque la madre y la hermana y el padrastro no se ocultan y beben como cosacos  a ojos de todo el mundo. Del desayuno a la cena, esa gente se pasa el día con el vaso en la mano o directamente Adams con la botella, a morro. Pensando en el hígado de esas personas he sufrido lo indecible. Es que me dolía a mí incluso. Oye, un dolor en el lado... que igual tengo apendicitis pero para mí que es más aprensión que otra cosa.

En fin, cuento todo esto a falta de ver el último episodio y con la esperanza de que todo se me aclare en el último minuto. Que pueda decir: jodeeeeeer, claaaaaro, esto lo explica todoooooo. Coño, cómo no lo había pensado antes.

En fin, quedo a la espera de ese último episodio. Prometo que tanto si me entero como si no escribiré un espoiler y quien quiera que lo lea y quien no, que no lo lea.

De momento, a día de hoy sólo puedo decir aquello de "sólo sé que no sé nada".

spoiler:
No la veáis, es una mierda de serie. Y además en el último capítulo sigues sin enterarte de nada y... ni siquiera pisa la licorería.  NI una puta copa. Menuda porquería!

jueves, 30 de julio de 2015

Encantada: la historia de Giselle, by Kevin Lima

- Oh, qué terrible momento, me he salido de mi cuento.

- Qué le pasa, señorita? La noto pelín contrita.

- Soy un dibujo animado y creo que me he extraviado.

- Se nota que a usted le sobra kilo y medio de zozobra.

- Espero a un príncipe azul que es guapo, majete y cool.

- No lo he visto en esta zona, tal vez esté en Barcelona.

- Pues tiene que darme un beso, en el cuento está para eso.

- Se lo puedo dar yo mismo, pues conozco el mecanismo.

- Pero usted no es de este cuento, aunque tenga ese talento.

- Mas beso perfectamente sin romper un solo diente.

- Me gusta usted, caballero, aunque no lleve sombrero.

- Quiere, pues, que yo la bese, o espera al príncipe ese?

- Béseme usted, ya que estamos, eso es tiempo que ganamos.

- La beso con mucho gusto, mas chocaré con su busto.

- Pues choque usted sin reparo, chocar no sale tan caro.

- Oiga, en su cuento de hadas se pueden hacer mamadas?

- Uy, no sé si es de rigor, preguntaré al escritor.

- No se preocupe, usted chupe, y si le entra algo escupe.

- Pero soy una princesa, y debo salir ilesa.

- Prometo que así será, chupe usted y lo verá.

- Este cuento queda raro con tantísimo descaro.

- No es tan raro, es vanguardista, es para gente muy lista.

- Pues si es así, caballero, chuparé con más esmero.

Dedico esta coña marinera que me ha inspirado la historia de Giselle a la maravillosa princesita Amy Adams y a la malvadísima bruja Susan Sarandon, que interpretan magistralmente a unos perfectos dibujos animados de cuento de hadas. Y por supuesto al director del invento, Kevin Lima, que me ha sorprendido muy positivamente con esta historia con tintes de parodia que derrocha fino humor y simpatía a raudales. Por fin, un producto Disney que consigue entusiasmarme. Más vale tarde que nunca.

lunes, 18 de noviembre de 2013

The Master, by Paul Thomas Anderson

Otra vez he caído como una pardilla con el tipo este. Pues sí, otra vez Paul Thomas Anderson, el mismo de las putas ranas que llovían en "Magnolia". Que cómo me la ha podido volver a meter doblada. Pues eso mismo digo yo.

Pero se veía venir con solo leer esta crítica de Javier Ocaña: "The Master" es pura trascendencia, pura complejidad, puro cine. La película más complicada de desentrañar desde "2001, una Odisea del espacio?".

Pos la hemos cagao, tú. Qué mal suena eso de "pura trascendencia", pero no es nada si lo comparas con lo de "pura complejidad". Lo de "puro cine" suena bastante mejor, pero con esos precedentes sólo sirve para asustar aún más. Y cuando ya remata con lo de "complicada de desentrañar" y apunta a Kubrick... ya te puedes hacer una idea aproximada de lo que va a pasar: No te vas a enterar de nada, te vas a aburrir como una ostra, te vas a pillar un mosqueo del copón y te vas a cagar en Paul Thomas Anderson y en toda su nación.

Pues sí, estaba cantado. Porque yo quería ver una peli sobre la Cienciología y sus orígenes, algo que me ayudara a desentrañar cómo nace una secta y cómo funciona. Y resulta que... lo que vi fue una película sobre una especie de genio de la cocktelería que lo mismo te hace un bebedizo con disolvente para pinturas que con colonia Nenuco. Este prodigio del saber etílico, que no es otro que Joaquin Phoenix, se encuentra en un momento dado con otro prenda de cuidado, una especie de gurú de la reencarnación y de los viajes a vidas pasadas (Phillip Seymour Hoffman) y entre traguito y traguito de los explosivos cócteles marca Phoenix, tienen charlas (tratamientos, lo llaman ellos) como las siguientes:

Gurú Hoffman: Yo te pregunto y tú me contestas. No puedes pestañear. Si pestañeas volvemos a empezar. Cómo te llamas.

Barman Phoenix: Me llamo Freddie.

Gurú: Cómo te llamas.

Barman: Me llamo Freddie.

Gurú: Cómo te llamas.

Barman: Me llamo Freddie.

Gurú: Has pestañeado, volvamos a empezar. Cómo te llamas.

Barman: Me llamo Freddie.

Y así todo el tiempo. Y al igual que con Freddie, el gurú va haciendo el mismo “tratamiento” a todo el que pilla por banda. A todo esto el tío se planta en casa de los acólitos y se tira semanas viviendo allí con toda la familia (señora, hijos, yerno y por supuesto Freddie) totalmente de gorra y por la cara. Tutiplén.

Eso sí, Phoenix interpreta muy convincentemente al cocktelero Molotov y Hoffman hace muy bien de gurú. Es una mezcla entre Xavier Cugat y Rainiero de Mónaco pero en trance. Y luego está Amy Adams, que luce durante toda la película una cara de beatífica preñez que dan ganas de provocarle el parto a escupitajos. Pero vamos, que entre bostezo y bostezo, de lo que va la Cienciología yo particularmente no me he enterado. Tal vez si me hubiera tomado un chupito de disolvente con ácido sulfúrico y aspirina efervescente hubiera captado mejor el enigmático mensaje.

martes, 5 de marzo de 2013

Un gran día para ellas, by Bharat Nalluri

Insustancial comedia hecha para lucimiento de sus dos protagonistas. Eso sí:

Amy Adams es a Frances McDormand lo que una lechuga a un solomillo.

Adams es a McDormand lo que el Don Simón al Faustino V.

Adams es a McDormand lo que Torrebruno a Pau Gasol.

Adams es a McDormand lo que Intereconomía a la CNN.

Adams es a McDormand lo que el Pronto a “Cien años de soledad”.

Adams es a McDormand lo que la tortilla francesa a la tortilla papas.

Adams es a McDormand lo que un triciclo a una Harley.

Adams es a McDormand lo que un Bic a una Montblanc.

Adams es a McDormand lo que Falete a la Sirenita.

Bharat Nalluri, tío, no putees a más actrices. McDormand se las COME!!!