jueves, 19 de julio de 2012

18 comidas, by Jorge Coira

Mmmmmm! Película de comida, que transcurre íntegramente en Santiago, y con Luis Tosar en el reparto. Puedo resistirme yo a tanta tentación? No, tres de mis grandes pasiones juntas; demasiado.

Desayuno. Tomate en rodajas, lonchas muy finas de jamón ibérico y rebanadas de pan con aceite. Una pareja se acaba de conocer y se despierta junta;  dos borrachos desayunan después de una noche de juerga; una pirada se levanta y se abre una cerveza a las 8 de la mañana;  un músico callejero recibe una llamada; un tipo ha quedado para desayunar con un pibón y se queda colgado; dos abuelos toman en silencio un tazón de leche y galletas.

Almuerzo. Ensalada de canónigos, lubina a la sal, ternera gallega y fresas. Los borrachos de la mañana siguen borrachos y comen pizza; el que se quedó colgado en el desayuno vuelve a quedarse colgado;  el músico callejero es invitado por la colgada de la cerveza; dos hermanos se pelean;  los abuelos comen en silencio estofado de patatas y grelos.

Cena. Nécoras, pasta al dente con ajo y perejil, parrillada y carne de membrillo. Alguien rompe con alguien en un restaurante; los abuelos toman en silencio un poco de fruta y un vaso de leche; los borrachos siguen borrachos y van a una fiesta de cumpleaños; la pirada de la cerveza le dice a su marido que se va a Lanzarote; una cantante hace una prueba para una orquesta y cena comida china; el colgado de la mañana y la tarde, sigue colgado y se va a la fiesta de cumpleaños; Luis Tosar sigue tocando en la calle, se echa un amigo macedonio y demuestra que es el puto amo del cine español.

miércoles, 18 de julio de 2012

La vida de nadie, by Eduard Cortés

Aunque resulte increíble, la película está basada en un hecho real ocurrido hace años en Francia. Un tipo que salía todos los días de su casa con su maletín de cuero, impecable y hecho un pincel, supuestamente para trabajar en un banco, en realidad se iba al parque a echar la jornada leyendo y mirando a los pajaritos. Ni había terminado la carrera ni tenía trabajo ni su casa era suya ni nada de nada, y se tiró años viviendo a todo tren de lo que le daban sus familiares y amigos para invertir. Increíble pero cierto.

Una interesante reflexión sobre la mentira y sobre la tremenda bola de nieve que se puede llegar a crear en torno a ella. A ratos provoca pasmo, a ratos terror, y sobre todo un estrés impresionante. Qué dura es la vida del mentiroso y qué trabajo cuesta mantener el engaño ante todo el mundo. Se le quitan a una para siempre las ganas de soltar un embuste, por nimio e insignificante que sea.

Ya lo dice el refrán: antes se pilla a un mentiroso que a un cojo. En este caso al tipo tardan bastante en pillarlo; asombrosamente consigue mantener engañados a todos sus parientes y amigos durante años y años. De verdad, si no fuera porque sé que está basado en un hecho real pensaría que hay que tener mucha imaginación para idear una trama así.

La historia también podría constituir una magnífica metáfora de la mentira en la que se basa el entramado económico y financiero en el que vivimos y que se está desmoronando a pasos agigantados en la actualidad. Todo es humo, nada es real; pura falsedad. Exactamente igual que la vida de este hombre.

Muy buenas interpretaciones de Adriana Ozores y de Coronado. Ellos, con ayuda de unos eficaces secundarios, sacan adelante la película y a ratos la hacen hasta creíble. Lo más forzado es la historia con Marta Etura; no es sólo que el personaje esté poco definido; es que cuesta tragarse que un tío que ya de por sí está metido en una doble vida casi imposible de administrar sin volverse loco, encima vaya y se meta en una tercera vida paralela.

Impresionante el final. Ahí es donde el duelo Ozores-Coronado llega a cotas de verdadera maestría. Escena larga, impactante, difícil de olvidar... Puro suspense.

martes, 17 de julio de 2012

Adiós, pequeña, adiós, by Ben Affleck

Desde que vi "Ciudad de ladrones", la segunda película de Ben Affleck, que no me terminó de convencer, tenía pendiente su debut como director con "Adiós pequeña, adiós", máxime porque el autor de la novela en la que se basa es el mismo de la mítica "Mystic River" de Clint Eastwood. Esta noche por fin Calle 13 me ha dado la oportunidad de quitarme esa espina.

Resultado: pequeña decepción. Pese a un reparto glorioso, con nombres como Morgan Freeman o Ed Harris, arropando a un Casey Affleck que demuestra ser bastante mejor actor que su hermano, la historia carece de la consistencia que en un principio parece tener.

La trama va de la desaparición de una niña y de la investigación posterior, pero intenta abordar tantos temas adyacentes que es fácil perderse entre tanto recoveco. La pederastia, la droga, el eterno dilema entre justicia y legalidad, la paternidad, los malos tratos, la corrupción policial… Sin centrarse en ninguno de ellos, toca tantos palos que al final se monta un batiburrillo en el que es difícil situarse.

Y luego tiene otro problema añadido: el exceso de escenas de acción. A esta historia no le pegaban la cantidad de tiros y persecuciones que Affleck le mete. Pero claro, son tantos los delitos que se entrecruzan y tan variadas las derivas argumentales que inevitablemente termina cayendo en el paroxismo.

Con todo y con eso tengo que decir que merece la pena porque la historia es apasionante y si no fuera por tanto giro argumental el guión sería hasta brillante. Indudablemente Affleck es mucho mejor director y guionista que actor; es muy intuitivo contando historias y creo que puede dar mucho más de sí de lo que ha dado hasta ahora.

Me quedo con las interpretaciones de Freeman y Harris, impecables los dos, como de costumbre. Y con la promesa de Casey como futuro gran actor y de Ben como futuro gran director.

lunes, 16 de julio de 2012

Camino a la perdición, by Sam Mendes

La película tiene un arranque potente y muy prometedor. Vemos a un matón y su familia asistir al funeral de un “compi” de trabajo, compi que por supuesto no ha fallecido de muerte natural, como es de suponer. Su jefe, el capo que se lo ha cargado, organiza con todo lujo de detalles el funeral de su empleado, durante el cual vamos viendo la relación casi paterno-filial que mantiene con sus muchachos. Hasta ahí perfecto.

En esto que ocurre el suceso detonante de la tragedia: el hijo del capo, un niñato con pocas luces y aún menos escrúpulos, se carga a la esposa y al hijo pequeño del protagonista. Y a partir de ahí es cuando empieza el desbarre y no te puedes creer nada.

Tanto el prota, interpretado por Tom Hanks, como su otro hijo, se toman el asesinato, su posterior huída y su cambio radical de vida con una naturalidad y un desparpajo verdaderamente sorprendentes. Diríais que lloran? Pues un par de lagrimillas todo lo más que echa el nene por su madre y su hermano. Diríais que nombran para algo a los difuntos? Ni de casualidad, como si no hubiesen existido nunca.  Ellos se dedican a lo suyo, que es vengarse del capo, y ya en todo lo que queda de película, que es bastante, no dedican ni el menor recuerdo a los dos caídos. A su bola total.

En fin, partiendo de este despropósito ya qué queréis que os diga. Si los personajes no tienen alma ni evolucionan psicológicamente en función de los acontecimientos ni se les ve la menor reacción humana, todo el entramado falla.

Lo único que se salva es mi adorado Paul Newman, que aunque sale poco, cuando aparece se come la pantalla entera y eclipsa a todos los demás.

Por supuesto a Tom Hanks en el papel de matón arrepentido se lo merienda enterito; y hasta Jude Law aparece desdibujado, sin pizca de su carisma y encanto habituales. Muy probablemente porque los personajes son tan difusos y están tan mal definidos que difícilmente se podía haber hecho algo mejor.

domingo, 15 de julio de 2012

Identidad (Identity), by James Mangold

1. Desde el principio hay una paloma en el sombrero.

2. La mujer no se parte en dos; está en una sola parte de la caja.

3. Nunca guarda la carta en la baraja, la tiene escondida.

4. No ha desaparecido; está en el doble fondo del armario.

5. La moneda la saca de la manga, no de tu oreja.

6. Lo que ves no es lo que ves; es lo que quieren que veas.

Pues sí, toda la peli es un puro truco y te la están metiendo doblá.

Pero duele menos si quien te la mete se llama John Cusack.

viernes, 13 de julio de 2012

Casablanca, by Michael Curtiz

Aviso desde ya: esta crítica es altamente corrosiva y puede herir seriamente la sensibilidad de más de un lector. Lo digo porque luego recibo en mi buzón mensajes incendiarios llenos de sulfuro que, a pesar de su inevitable gracia y desparpajo, denotan cierto sufrimiento en los remitentes que no me gustaría ocasionar sin al menos advertir de lo que hay.

Y una vez avisado y prevenido el lector de fina susceptibilidad, disparo sin dilación: Casablanca es un tostonazo como la copa de un pino. No, como la copa de un pino no; es un tostón como buena parte de sus congéneres del cine clásico que han pasado a la historia por frases tan míticas como ese "Tócala otra vez, Sam" que, por cierto, curiosamente en ningún momento se llega a pronunciar en la película.

Rick Bogart Caradepalo, como es habitual en él, tiene casi la misma expresividad que la momia de Tutankamon. Ilsa Bergman parece estar en un anuncio de colirio; supongo que tendría que echarse litros para conseguir ese extraño brillito lacrimal permanente; esos pobres ojos tuvieron que sufrir una barbaridad durante el rodaje, a juzgar por su contínuo titilar.

El único personaje verdaderamente emblemático, atractivo y carismático es el de Claude Rains, sí, el afortunado receptor de la famosa frase “Creo que éste es el principio de una buena amistad”, que no deja de ser una chorrada más que completa el largo listado de chorradas que unos y otros se dicen a lo largo de la película.

La historia de amor entre Caradepalo Bogart y Lagrimitas Bergman es un dechado de sosería sólo comprensible dentro del marco de la propia y legendaria sosería de la actriz sueca (muy guapa, sí, pero igualmente insulsa) y de la minusvalía expresiva característica del mítico Humphrey, que está muy bien para hacer de detective duro e implacable como en  “El sueño eterno”, pero que chirría un huevo con un personaje profundamente herido, sufriente y tortuoso como se supone que es éste.

Y nada más, queridos lectores. Ahí os dejo subiéndoos por las paredes. Tened cuidado con las uñas, que se parten con mucha facilidad.

Elígeme, by Alan Rudolph

Carnaval de personajes chorras y de frikismo ochentero sin parangón.

Tenemos a la doctora Amor, una insufrible petarda que “trabaja” en la radio dando consejos supuestamente profesionales sobre los conflictos sentimentales de los oyentes. Ya sólo con leer el nombre de la eminencia os podéis hacer una idea del personaje. Si además le ponéis la cara de carnera degollada a punto de echarse a llorar de Geneviève Bujold completáis el retrato.

La doctora Amor se busca de compi de piso a una tabernera que, mire usted por dónde, resulta ser una de sus más rendidas admiradoras y clientas radiofónicas. Vamos, la fiel oyente que llama todos los días al programa para soltar el rollazo padre: me he acostado con un compañero de trabajo, estoy liada con un señor casado, blablabla.

Os podéis imaginar el tostón. Ya de por sí a mí de toda la vida me ha aburrido un montón escuchar las diatribas amorosas de la gente, que normalmente suelen ser bastante similares todas: mi mujer no quiere follar, mi marido sólo quiere follar, me gusta un compañero de trabajo, sospecho que me están poniendo los cuernos.... Y lo peor es que todo el mundo piensa que le está pasando lo más interesante del mundo, cuando no hay problema sentimental que no sea Trending Topic en el ranking de problemas sentimentales de la historia.

Pero encima si los tales problemas se los cuentan por la radio a una tía que se hace llamar doctora Amor, de verdad, es que esa gente se merece todo lo que le pase y mucho más. Se merece arrastrarse por el suelo como reptiles; llorar, penar, sufrir y padecer toda clase de plagas y desastres naturales; morir lentamente entre terribles torturas y sufrimientos… No puede haber perdón ni piedad para gente así. Ni para los desgraciados que los escuchan.

Ni que decir tiene que yo no pude soportarlo ni una hora.  Cuando empecé a padecer las primeras convulsiones cambié de canal y me puse a ver “Casablanca”.