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lunes, 27 de enero de 2014

Recuerda, by Alfred Hitchcock

- Recuerda, recuerda, mi amorrrrr.

- No puedo, no puedo… Espera, espera, veo un par de rayas.

- Un par de rayas…Hummmmm. Pero perpendiculares o paralelas?

- No, no, paralelas. Oh, cielos, qué puede significar?

- Un par de rayas bien podrían ser el símbolo de un trauma infantil.

- Síiiiií, mi profesor de matemáticas llevaba pantalones de rayas.

- Pero de qué color eran? Recuerda, recuerda.

- Creo que eran azules.... No, no, espera, eran blancaaaaas.

- Dos rayas blancas. Huuuummmm, qué cosa más extraña.

- Las veo, las veo, las estoy viendo… Creo que voy a desmayarme.

- Noooo, no te desmayes ahora. Recuerda, recuerda.

- Síiiiiiií… Recuerdo… un patinete de rayas.

- Rediez!! Un patinete. Eso bien podría ser un símbolo fálico. 

- Uysssss, un símbolo fálico. Creo que voy a desmayarme otra vez.

- Un par de rayas, un par de rayas… Espera… Había una tarjeta?

- Sí, creo que sí. Una Visa. No, una MasterCard!

- Cielosssss, una MasterCard! Algo más? Recuerda, recuerda!

- Síiiiií, lo veo, lo veo! Un billete de 20 euros! Y está enrollado!!!!

- Y las dos rayas son cortas o largas? Recuerda, recuerda!

- Espera espera... Snifffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff!

LO PEOR: Todo… el guión, las interpretaciones, el argumento, los desmayos, los sueños, el desenlace… pero principalmente las patéticas caritas de la Bergman.

LO MEJOR: Una frase muy de Hitchcock: “Los dos sabemos que el cerebro de una mujer enamorada opera al más bajo nivel”.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sonata de otoño, by Ingmar Bergman

Leí en una crítica sobre esta película: "Apta nada más para fanses de Bergman y gente que gusta del sado-hedonismo". Y me engañó por completo, porque yo soy tanto fanática perdida del director como amante de todo lo sado, hedonismo incluído. Y sin embargo para mí apta no es ni mucho menos.

Descubrí a Bergman en "Secretos de un matrimonio" y me pareció la hosstia. De vida de pareja y de desastres conyugales se veía que el tío sabía un rato. Y lo redescubrí después en "Gritos y susurros" y también ahí vi que de historias chungas de familia estaba bastante puesto. Pero me pongo a ver "Sonata de otoño" esperando algo así en torno a las relaciones madre-hija, y me encuentro con esta  majadería, llena de diálogos superespesos y requetemísticos que son de verdad para echarles de comer aparte.

En fin, estaba dispuesta a llorar a moco tendido y a estremecerme como un tierno pajarillo, y la verdad es que me pegué un planchazo de campeonato; este hombre no tenía ni puta idea de relaciones madre-hija. Si para hablar del tema necesitó crear estos dos personajes extremos, una madre hiperegoísta que no quiere a nadie y una hija superinsulsa y megagilipollas que odia a su madre, es que no dominaba para nada la cuestión, cosa por otra parte normal dado que él ni era madre ni era hija. Pero entonces... para qué coño se metió en este berenjenal???

En fin, un palazo más en mi larga carrera de crítica amateur. Ni siquiera me convencen Ullmann y Bergman (actriz), la primera porque ya estoy acostumbrada a su registro con Bergman (director), y la segunda porque su parte del guión es especialmente pastosa y además porque no soporto, ya desde "Casablanca", su vocación por el constante titileo lagrimal. Me carga esta mujer, lo siento.

No dudo de que las dos están estupendas, al igual que la pobre hija paralítica cerebral, que nadie se acuerda de la criatura, pero a mí ya me resultan cansinas cada una en su estilo, especialmente Ullmann. Supongo que estas cosas pasan cuando una trabaja siempre con el mismo director y éste se empeña en que haga siempre el mismo papel, ponga las mismas caras y diga más o menos las mismas cosas.

Pobre Ingmar! Él, que sabía un poco de todo y que todo lo controlaba, no tenía ni idea de lo complejas que pueden llegar a ser las relaciones madre-hija normales, sin rarezas especiales. Y tuvo que inventarse a estas dos taradas para contarnos lo que cualquier hija o cualquier madre sabe sin necesidad de tanto teatro.

Cuando yo era hija puteé a mi madre hasta la saciedad, y la pobre no me pudo putear nunca a mí porque yo creo que le daba hasta miedo, de lo bicho que era. Ahora que soy madre es mi hija la que me putea a mí siempre que puede, aunque yo me defiendo bien y contraataco con mi armamento pesado. Si le hubiera contado a Bergman unas cuantas charletas duras y complicadillas entre nosotras fijo que le habría salido un guión bastante mejor; al menos más real, más reconocible, más humano y menos divino. Claro que igual entonces no parecería Bergman; sonaría mucho más a Almodóvar. Bueno, con cierto toquecillo Allen.

viernes, 13 de julio de 2012

Casablanca, by Michael Curtiz

Aviso desde ya: esta crítica es altamente corrosiva y puede herir seriamente la sensibilidad de más de un lector. Lo digo porque luego recibo en mi buzón mensajes incendiarios llenos de sulfuro que, a pesar de su inevitable gracia y desparpajo, denotan cierto sufrimiento en los remitentes que no me gustaría ocasionar sin al menos advertir de lo que hay.

Y una vez avisado y prevenido el lector de fina susceptibilidad, disparo sin dilación: Casablanca es un tostonazo como la copa de un pino. No, como la copa de un pino no; es un tostón como buena parte de sus congéneres del cine clásico que han pasado a la historia por frases tan míticas como ese "Tócala otra vez, Sam" que, por cierto, curiosamente en ningún momento se llega a pronunciar en la película.

Rick Bogart Caradepalo, como es habitual en él, tiene casi la misma expresividad que la momia de Tutankamon. Ilsa Bergman parece estar en un anuncio de colirio; supongo que tendría que echarse litros para conseguir ese extraño brillito lacrimal permanente; esos pobres ojos tuvieron que sufrir una barbaridad durante el rodaje, a juzgar por su contínuo titilar.

El único personaje verdaderamente emblemático, atractivo y carismático es el de Claude Rains, sí, el afortunado receptor de la famosa frase “Creo que éste es el principio de una buena amistad”, que no deja de ser una chorrada más que completa el largo listado de chorradas que unos y otros se dicen a lo largo de la película.

La historia de amor entre Caradepalo Bogart y Lagrimitas Bergman es un dechado de sosería sólo comprensible dentro del marco de la propia y legendaria sosería de la actriz sueca (muy guapa, sí, pero igualmente insulsa) y de la minusvalía expresiva característica del mítico Humphrey, que está muy bien para hacer de detective duro e implacable como en  “El sueño eterno”, pero que chirría un huevo con un personaje profundamente herido, sufriente y tortuoso como se supone que es éste.

Y nada más, queridos lectores. Ahí os dejo subiéndoos por las paredes. Tened cuidado con las uñas, que se parten con mucha facilidad.

jueves, 14 de junio de 2012

Luz que agoniza (Gaslight), by George Cukor

Qué es CINE?

CINE es:

1. La magia de esa luz de gas que sube y baja al ritmo de la locura.

2. La cara de Ingrid Bergman perdiendo el juicio poco a poco.

3. La mirada de lujuria de Charles Boyer ante las joyas de la corona.

4. Joseph Cotten salvando a Ingrid Bergman de su locura.

5. La niebla londinense como cómplice de la maldad.

6. Un gran final en un pequeño desván: una loca, un cuchillo, un hombre atado...