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jueves, 22 de mayo de 2014

El sueño eterno (The big sleep), by Howard Hawks

- Hola, muñeca, me llamo Bogart, Humphrey Bogart, pero todos me llaman Marlowe.

- Y a qué debo su inoportuna visita, señor Bogart Marlowe?

- Estoy aquí porque he venido. Me envía Hawks, Howard Hawks.

- Hawks es ese señor que pilota aeroplanos y que está como una chota?

- Eso ha debido decírtelo el bueno de Chandler, Raymond Chandler, pequeña.

- Chandler es ese escritor al que no entiende ni su madre? No tengo el gusto.

- No mientas, nena. Aunque éste sea mi quinto whisky de la mañana no soy fácil de engañar.

- Según William Faulkner le caen a usted un par de botellas diarias. Estará siempre ciego.

- Te equivocas, encanto. Ninguna zorra ni ninguna botella ha conseguido tumbarme aún.

- Y bien, señor Marlowe, qué turbio asunto le trae por mi modesto hogar?

- El general me ha contratado para que le solucione un par de problemillas.

- Y esa parálisis facial que luce es producto de algún tratamiento de belleza?

- No te equivoques, muñeca. Mi cara de póker no es cosa del botox.

- A ver, puedo pellizcarle la mejilla a ver si se mueve un milímetro?

- Aparta, encanto. No intentes sentarte en mis rodillas mientras estoy de pie.

- Señor Bogart-Marlowe, sea lo que sea lo que quiere saber, no sé nada.

- Si intentas engañarme lo vas a pasar muy mal, pequeña.

- Es usted muy persuasivo, debe de ser muy bueno en su trabajo.

- Nena, hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal y como las hago yo.

- Y supongo que mi padre le habrá pagado sustanciosamente por su trabajo.

- Así es. Me ponen nervioso los tipos a los que no les interesa el dinero.

- Le repito, señor Marlowe, que no sé nada.

- Muñeca, canta rápido porque no tengo todo el día y hablar me cansa.

- Siempre desconfié de los hombres callados; sólo dicen chorradas.

- Bueno, nena, me lo cuentas por las buenas o tendré que ponerme desagradable?

- Piérdete, Marlowe. Con ese tonito de chulazo aburres hasta a las cabras.

- Pequeña, estás siendo muuuuuy mala. Tendré que darte unos azotillos.

- Marlowe, te has equivocado de peli. Anda y tira para las "50 sombras de Grey", payaso.

viernes, 13 de julio de 2012

Casablanca, by Michael Curtiz

Aviso desde ya: esta crítica es altamente corrosiva y puede herir seriamente la sensibilidad de más de un lector. Lo digo porque luego recibo en mi buzón mensajes incendiarios llenos de sulfuro que, a pesar de su inevitable gracia y desparpajo, denotan cierto sufrimiento en los remitentes que no me gustaría ocasionar sin al menos advertir de lo que hay.

Y una vez avisado y prevenido el lector de fina susceptibilidad, disparo sin dilación: Casablanca es un tostonazo como la copa de un pino. No, como la copa de un pino no; es un tostón como buena parte de sus congéneres del cine clásico que han pasado a la historia por frases tan míticas como ese "Tócala otra vez, Sam" que, por cierto, curiosamente en ningún momento se llega a pronunciar en la película.

Rick Bogart Caradepalo, como es habitual en él, tiene casi la misma expresividad que la momia de Tutankamon. Ilsa Bergman parece estar en un anuncio de colirio; supongo que tendría que echarse litros para conseguir ese extraño brillito lacrimal permanente; esos pobres ojos tuvieron que sufrir una barbaridad durante el rodaje, a juzgar por su contínuo titilar.

El único personaje verdaderamente emblemático, atractivo y carismático es el de Claude Rains, sí, el afortunado receptor de la famosa frase “Creo que éste es el principio de una buena amistad”, que no deja de ser una chorrada más que completa el largo listado de chorradas que unos y otros se dicen a lo largo de la película.

La historia de amor entre Caradepalo Bogart y Lagrimitas Bergman es un dechado de sosería sólo comprensible dentro del marco de la propia y legendaria sosería de la actriz sueca (muy guapa, sí, pero igualmente insulsa) y de la minusvalía expresiva característica del mítico Humphrey, que está muy bien para hacer de detective duro e implacable como en  “El sueño eterno”, pero que chirría un huevo con un personaje profundamente herido, sufriente y tortuoso como se supone que es éste.

Y nada más, queridos lectores. Ahí os dejo subiéndoos por las paredes. Tened cuidado con las uñas, que se parten con mucha facilidad.