Me recomienda un amigo esta película y me comenta que le encuentra cierto parecido con “El juramento” de Sean Penn, que en su día me pareció un film fascinante. Además, por si ese anzuelo no fuera suficiente, los protagonistas son dos de mis actores favoritos, Gene Hackman y Morgan Freeman. La idea de ver frente a frente a este par de monstruos hace que no lo dude ni un momento. Me tiene que gustar seguro.
Bueno, pues no. Tremendo planchazo. Con un guión de corte eminentemente teatral Stephen Hopkins realiza este remake de una peli francesa que no he visto, basada a su vez en una novela que tampoco he leído, por lo que no puedo calibrar si las deficiencias se deben a una dirección fallida, a un guión mal adaptado o a que simplemente la historia no hay por dónde pillarla.
La cosa va de un tenso interrogatorio entre un policía veterano (Freeman) y un abogado millonario sospechoso de la violación y asesinato de dos niñas (Hackman). Como digo, todo muy teatral. El escenario es una calle y a un lado un club en el que se está celebrando una cena benéfica en la que Hackman debe dar un discurso y al otro la comisaría donde el sospechoso está siendo interrogado. Y en medio de la calle una especie de fiesta de carnaval. Y por si esto fuera poco, de fondo, una impresionante Monica Belluci poniendo morritos y paseándose de un lado a otro con andares de hembra en celo y mirada de tigresa. Aaaaarrrrggggg!
Salvo algunos diálogos salvables, la mayoría de la conversación entre el policía y el sospechoso me parece totalmente forzada. Las situaciones lo mismo. Partiendo además de la base de que ningún millonario del mundo consentiría ni la mitad de las preguntas que le hacen, ni el trato, que roza lo vejatorio, ni la presión psicológica sin pedir de inmediato un abogado.
Y mientras el policía y el abogado se enzarzan en una dialéctica completamente absurda y además imposible de creer, la señora Bellucci pasea con descaro su insultante belleza por la fiesta en la que su marido debería dar su discurso y por la comisaría donde le están interrogando. Bellucci no solo es tremendamente preciosa sino que encima lo sabe y lo luce con orgullo, pero sinceramente, sus dotes interpretativas dejan bastante que desear. Y esto se nota muchísimo más al lado de dos fieras como Freeman y Hackman, por más que el último esté bastante sobreactuado, lo que no es habitual en él. Pero es que el papel casi lo pide a gritos.
En fin, y para remate del despropósito al final la cosa da un giro inesperado que ha dado lugar a las más demenciales conclusiones e interpretaciones en las críticas que he estado leyendo. A mí también se me han ocurrido unas cuantas explicaciones, a cuál más surrealista y desnortada, pero paso de soltarlas porque me da pereza y porque, sinceramente, la película no las merece.
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viernes, 22 de enero de 2016
miércoles, 3 de junio de 2015
Una vida por delante, by Lasse Hallström
Estaba yo viendo esta película cuando de repente pensé: joder, a qué me suena a mí esto. A ver, una muchacha viuda que llega a un pueblo perdido con su hija de la mano en busca del abuelo de la niña; el abuelito resulta ser un tipo huraño y malencarado que al principio no quiere ni ver a la chiquilla, la mira con inquina y desconfianza y cuando se digna a decirle algo siempre es a base de gruñidos, pero con el tiempo poco a poco le va cogiendo cariño, y al final está que no caga con la nena. Coñññño, esto es Heidi!
En fin, dejando a un lado los parecidos razonables entre este filme y la mítica serie animada, hay algunos detalles en esta historia que me irritan profundamente. Para empezar, hay un trasfondo temático de malos tratos, y como era de esperar el director cae en todos los insufribles topicazos del género sin ahorrarse ni uno: el maltratador es una especie de monstruo que sin comerlo ni beberlo ha llegado a la vida de una inocente mujer que no tiene ninguna responsabilidad en lo que le pasa. Eso sí, la tía mete en su casa con una hija pequeña a un tío detrás de otro y a los cinco minutos de llegar al pueblo del abuelito ya le está tirando tremendos tejazos al sheriff del lugar, con la típica frase: “vale, vamos a follar pero que conste que no quiero enamorarme”. Pos hija, si no quieres enamorarte, no podías estar una temporadita sin macho? Por lo menos hasta que se te borren de la cara las huellas de las hostias que te daba el anterior.
Siguiendo con los topicazos, incluso en un momento dado el personaje de Jennifer López le dice a su novio sheriff: “sabes por qué soporté tanto tiempo que me pegaran? Pues porque pensaba que valía tan poco que no iba a encontrar nada mejor” Hombre, Jennifer López, si con tu cara, tus tetas y tu culo tú tienes que aguantar que un tipo te infle a hostias porque vales poco, a las que no tenemos ni tu cara ni tus tetas ni tu culo entonces deberían matarnos a palizas, no? Manda huevos.
Total, que tenemos a la típica mujer maltratada que es ajena a todas las desgracias que le suceden, que no quiere enamorarse porque tiene miedo de los hombres pero que cada cinco minutos se echa un novio nuevo, y que soporta estoicamente los malos tratos porque, a pesar de estar buena que te cagas y saberlo, tiene la autoestima al nivel de una alpargata. Venga ya, Lasse Halström, que tanta simpleza y tonterismo no te pegan, hombre.
A la película la medio salvan sus dos estrellas, Freeman y Redford, que dentro de la memez de la historia, hacen un excelente trabajo, en su tónica habitual. No en vano, las mejores escenas y los diálogos más fumables son los que transcurren entre ambos. Por el contrario, como también era de esperar, la inevitable niña actriz, Becca Gardner, es absolutamente petarda y asesinable. Sin duda alguna me quedo con la dulce, tierna y entrañable Heidi. Vamos, es que no hay color.
En fin, dejando a un lado los parecidos razonables entre este filme y la mítica serie animada, hay algunos detalles en esta historia que me irritan profundamente. Para empezar, hay un trasfondo temático de malos tratos, y como era de esperar el director cae en todos los insufribles topicazos del género sin ahorrarse ni uno: el maltratador es una especie de monstruo que sin comerlo ni beberlo ha llegado a la vida de una inocente mujer que no tiene ninguna responsabilidad en lo que le pasa. Eso sí, la tía mete en su casa con una hija pequeña a un tío detrás de otro y a los cinco minutos de llegar al pueblo del abuelito ya le está tirando tremendos tejazos al sheriff del lugar, con la típica frase: “vale, vamos a follar pero que conste que no quiero enamorarme”. Pos hija, si no quieres enamorarte, no podías estar una temporadita sin macho? Por lo menos hasta que se te borren de la cara las huellas de las hostias que te daba el anterior.
Siguiendo con los topicazos, incluso en un momento dado el personaje de Jennifer López le dice a su novio sheriff: “sabes por qué soporté tanto tiempo que me pegaran? Pues porque pensaba que valía tan poco que no iba a encontrar nada mejor” Hombre, Jennifer López, si con tu cara, tus tetas y tu culo tú tienes que aguantar que un tipo te infle a hostias porque vales poco, a las que no tenemos ni tu cara ni tus tetas ni tu culo entonces deberían matarnos a palizas, no? Manda huevos.
Total, que tenemos a la típica mujer maltratada que es ajena a todas las desgracias que le suceden, que no quiere enamorarse porque tiene miedo de los hombres pero que cada cinco minutos se echa un novio nuevo, y que soporta estoicamente los malos tratos porque, a pesar de estar buena que te cagas y saberlo, tiene la autoestima al nivel de una alpargata. Venga ya, Lasse Halström, que tanta simpleza y tonterismo no te pegan, hombre.
A la película la medio salvan sus dos estrellas, Freeman y Redford, que dentro de la memez de la historia, hacen un excelente trabajo, en su tónica habitual. No en vano, las mejores escenas y los diálogos más fumables son los que transcurren entre ambos. Por el contrario, como también era de esperar, la inevitable niña actriz, Becca Gardner, es absolutamente petarda y asesinable. Sin duda alguna me quedo con la dulce, tierna y entrañable Heidi. Vamos, es que no hay color.
viernes, 22 de mayo de 2015
Moll Flanders, el coraje de una mujer, by Pen Densham
Si no te apetece ver a Morgan Freeman de espantajo con un ridículo pelucón.
Si no padeces intensas erecciones ante el rostro angelical de Robin Wright.
Si no quieres que te pegue un subidón de azúcar que te lleve a la tumba.
Si no eres de los que se mean de gusto viendo dramones de época.
Si no tragas a los niños actores redichos, repelentes y vomitivos.
Si no eres ni el padre ni la madre ni la esposa de Pen Densham.
Si no quieres dormir como un lirón… no veas este truñón.
Si no padeces intensas erecciones ante el rostro angelical de Robin Wright.
Si no quieres que te pegue un subidón de azúcar que te lleve a la tumba.
Si no eres de los que se mean de gusto viendo dramones de época.
Si no tragas a los niños actores redichos, repelentes y vomitivos.
Si no eres ni el padre ni la madre ni la esposa de Pen Densham.
Si no quieres dormir como un lirón… no veas este truñón.
viernes, 10 de abril de 2015
Paseando a Miss Daisy, by Bruce Beresford
Miss Daisy es una vieja rácana, maleducada, irrespetuosa, suspicaz, intransigente, caprichosa, gruñona y completamente asesinable. Para tratar con ella hay que armarse de valor y paciencia y estar dispuesto a soportar todas las humillaciones habidas y por haber que a ella se le ocurra infligir.
Como Miss Daisy está muy mayor para conducir, su abnegado hijo decide contratar a un chófer para que lleve y traiga a su mamá de un lado a otro. Pero en lugar de buscarse un conductor joven y fornido capaz de cargar con todos los mandatos más o menos caprichosos de la señora, va y contrata a un abuelillo casi tan viejo como la dama, pero lo suficientemente sumiso y obediente como para callar y soportar estoicamente los constantes exabruptos y salidas de tono de la señora.
Es opinión mayoritaria la de que Bruce Beresford con esta película hace una especie de canto a la amistad entre personas mayores, pero yo aquí lo único que veo es una relación totalmente desigual entre una dama judía rica y déspota y su complaciente y servil empleado negro. Que con el tiempo se van tomando cariño mutuamente (por difícil que sea tomarle cariño a una mujer de esas características) y terminan siendo casi amigos? Pues sí, pero eso es normal en las relaciones laborales más o menos largas, aunque en ningún momento deje de quedar claro quién manda aquí y quién es el que obedece órdenes.
Puede parecer que con los años y los lógicos achaques de la edad Miss Daisy se convierte en un personaje entrañable, pero para mí lo único que ocurre es que cada vez se va volviendo más dependiente, por lo que se ve obligada sí o sí a moderar sus formas abruptas. No simpatizo en ningún momento con el personaje, del mismo modo que no simpatizo con Pinochet o con Franco, por mucho que a su muerte fueran unos abuelitos encantadores incapaces de matar a una mosca. Me basta con saber lo cabrones que fueron en sus años mozos para verlos en su vejez como lo que eran, dos viejos hijosdeputa y punto.
Esta historia habría estado genial si el chófer hubiera terminado asesinando a hachazos a la insoportable Miss Daisy. Me hubiera encantado ver transformarse a Morgan Freeman de ese dócil criado siempre dispuesto a cumplir los caprichosos deseos de su señora en un psicópata sanguinario ávido de venganza. Y Jessica Tandy habría estado estupenda en el papel de vieja acojonada por la amenaza de su otrora fiel vasallo. Pero como eso no ocurre y el final conduce al consabido mensaje “los caminos de la amistad son inescrutables”… pues dejo mi crítica en un simple “peli lacrimógena que se deja ver”, y se acabó.
Como Miss Daisy está muy mayor para conducir, su abnegado hijo decide contratar a un chófer para que lleve y traiga a su mamá de un lado a otro. Pero en lugar de buscarse un conductor joven y fornido capaz de cargar con todos los mandatos más o menos caprichosos de la señora, va y contrata a un abuelillo casi tan viejo como la dama, pero lo suficientemente sumiso y obediente como para callar y soportar estoicamente los constantes exabruptos y salidas de tono de la señora.
Es opinión mayoritaria la de que Bruce Beresford con esta película hace una especie de canto a la amistad entre personas mayores, pero yo aquí lo único que veo es una relación totalmente desigual entre una dama judía rica y déspota y su complaciente y servil empleado negro. Que con el tiempo se van tomando cariño mutuamente (por difícil que sea tomarle cariño a una mujer de esas características) y terminan siendo casi amigos? Pues sí, pero eso es normal en las relaciones laborales más o menos largas, aunque en ningún momento deje de quedar claro quién manda aquí y quién es el que obedece órdenes.
Puede parecer que con los años y los lógicos achaques de la edad Miss Daisy se convierte en un personaje entrañable, pero para mí lo único que ocurre es que cada vez se va volviendo más dependiente, por lo que se ve obligada sí o sí a moderar sus formas abruptas. No simpatizo en ningún momento con el personaje, del mismo modo que no simpatizo con Pinochet o con Franco, por mucho que a su muerte fueran unos abuelitos encantadores incapaces de matar a una mosca. Me basta con saber lo cabrones que fueron en sus años mozos para verlos en su vejez como lo que eran, dos viejos hijosdeputa y punto.
Esta historia habría estado genial si el chófer hubiera terminado asesinando a hachazos a la insoportable Miss Daisy. Me hubiera encantado ver transformarse a Morgan Freeman de ese dócil criado siempre dispuesto a cumplir los caprichosos deseos de su señora en un psicópata sanguinario ávido de venganza. Y Jessica Tandy habría estado estupenda en el papel de vieja acojonada por la amenaza de su otrora fiel vasallo. Pero como eso no ocurre y el final conduce al consabido mensaje “los caminos de la amistad son inescrutables”… pues dejo mi crítica en un simple “peli lacrimógena que se deja ver”, y se acabó.
viernes, 23 de mayo de 2014
El coleccionista de amantes, by Gary Fleder
Rizando el rizo, Gary Fleder supera el tema “asesino en serie” y nos presenta la figura del “secuestrador en serie”, una nueva modalidad de delincuente que no es frecuente por la cantidad de inconvenientes prácticos que plantea esta afición. Me explico:
Por ejemplo, hay que gozar de una economía muy saneada para poder alimentar y satisfacer las múltiples necesidades de tan amplio grupo de “invitadas”. No las conté bien pero calculo que nuestro secuestrador en el momento en el que lo conocemos tiene a unas 12 chicas en casa; eso no es un secuestrador, hosstia, eso es un hogar de acogida. Habrá pensado ese guionista en la cantidad de pasta (en ambos sentidos, el monetario y el nutritivo) que se necesita para la manutención de semejante familia? Si tengo yo nada más que tres hijos y una caja de leche me dura cuatro días, con una docena de señoritas cuántas cajas de leche necesita ese hombre, santo cielo? Y encima que si unas la toman desnatada, otras semidesnatada, otras de soja, otras con Omega 3. Así no se puede delinquir, eso es una ruina absoluta.
Por no hablar de la cuestión higiénica y estética. Abastecer a ese grupo de sus correspondientes champús para todo tipo de cabello, con sus acondicionadores y sus mascarillas capilares, el serum fortificante… los geles de baño y ducha para distintos tipos de piel, las cremas corporales y las del cutis y las de manos, que cuestan todas ellas un pastizal… Y ahora suma y sigue con los cosméticos: barras de labios, gloss, máscaras de pestañas, bases de maquillaje, prebases, antiojeras, perfiladores… en fin, todo el aparataje que las mujeres necesitamos simplemente para poder levantarnos de la cama.
Y luego échale la ropa, la de casa, la de cama, la de salir no porque las muchachas salen poco, pero tendrán que abrigarse en invierno y estar fresquitas en verano, no? Definitivamente el oficio de secuestrador en serie no es asequible para todas las economías. Menos mal que siempre hay por ahí un Morgan Freeman para liberar a esta gente de las obligaciones que se echan tan tontamente. Si no es por él este pobre hombre hubiera terminado completamente en la miseria.
Por ejemplo, hay que gozar de una economía muy saneada para poder alimentar y satisfacer las múltiples necesidades de tan amplio grupo de “invitadas”. No las conté bien pero calculo que nuestro secuestrador en el momento en el que lo conocemos tiene a unas 12 chicas en casa; eso no es un secuestrador, hosstia, eso es un hogar de acogida. Habrá pensado ese guionista en la cantidad de pasta (en ambos sentidos, el monetario y el nutritivo) que se necesita para la manutención de semejante familia? Si tengo yo nada más que tres hijos y una caja de leche me dura cuatro días, con una docena de señoritas cuántas cajas de leche necesita ese hombre, santo cielo? Y encima que si unas la toman desnatada, otras semidesnatada, otras de soja, otras con Omega 3. Así no se puede delinquir, eso es una ruina absoluta.
Por no hablar de la cuestión higiénica y estética. Abastecer a ese grupo de sus correspondientes champús para todo tipo de cabello, con sus acondicionadores y sus mascarillas capilares, el serum fortificante… los geles de baño y ducha para distintos tipos de piel, las cremas corporales y las del cutis y las de manos, que cuestan todas ellas un pastizal… Y ahora suma y sigue con los cosméticos: barras de labios, gloss, máscaras de pestañas, bases de maquillaje, prebases, antiojeras, perfiladores… en fin, todo el aparataje que las mujeres necesitamos simplemente para poder levantarnos de la cama.
Y luego échale la ropa, la de casa, la de cama, la de salir no porque las muchachas salen poco, pero tendrán que abrigarse en invierno y estar fresquitas en verano, no? Definitivamente el oficio de secuestrador en serie no es asequible para todas las economías. Menos mal que siempre hay por ahí un Morgan Freeman para liberar a esta gente de las obligaciones que se echan tan tontamente. Si no es por él este pobre hombre hubiera terminado completamente en la miseria.
viernes, 20 de septiembre de 2013
Million Dollar Babay, by Clint Eastwood
Mensajes Eastwood en "Million Dollar Baby":
- Si te esfuerzas por conseguir tus sueños los conseguirás, pero...
- Una vez conseguidos la vida te dará un palazo de muerte.
- Tus contrincantes siempre serán tramposos y muuuuy mala gente.
- Y además feos, porque todos los malos son feos.
- La sangre es bella. Y en primeros planos más.
- Si estás jodido tu jodida familia vendrá a joderte aún más.
- Si todo va mal ni se te ocurra quejarte, seguro que irá a peor.
Se salvan Hilary Swank y Morgan Freeman; lo demás... BA-SU-RA.
- Si te esfuerzas por conseguir tus sueños los conseguirás, pero...
- Una vez conseguidos la vida te dará un palazo de muerte.
- Tus contrincantes siempre serán tramposos y muuuuy mala gente.
- Y además feos, porque todos los malos son feos.
- La sangre es bella. Y en primeros planos más.
- Si estás jodido tu jodida familia vendrá a joderte aún más.
- Si todo va mal ni se te ocurra quejarte, seguro que irá a peor.
Se salvan Hilary Swank y Morgan Freeman; lo demás... BA-SU-RA.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Cadena perpetua, by Frank Darabont
Vaya por delante que “Cadena perpetua” es una de mis pelis favoritas de tema carcelario. Y de no carcelario también; vamos, que es una de mis pelis favoritas en general.
Y vaya por delante también que no soy demasiado amiga de hacer críticas de pelis multitudinarias de culto, porque de ellas ya se ha dicho todo mil veces y cualquier cosa que se pueda comentar resulta repetitiva y cansina. En todo caso, si hago una crítica de estas películas es para señalar los peros que puedan tener, que todas los tienen y algunas muchísimos.
Es el caso de “Cadena perpetua”, que ya lo he confesado, a mí me encanta, pero no puedo aceptar la inmensa cantidad de críticas que leo sobre ella en las que prácticamente se obvian todos sus defectos y se beatifica a su director y sus protagonistas hasta límites incluso vomitivos.
No, miren, bajemos un poco de la nube y situémonos en un plano crítico real. Lo cierto es que Frank Darabont hace muchísimas trampas y se pone en plan bastante maniqueo. Viendo su historia da la sensación de que todos los condenados a cadena perpetua son una especie de angelitos que no han roto un plato, o que aunque hayan roto tropecientosmil son tan buenísimas personas que hay que perdonárselo todo, mientras que los responsables de las cárceles en su mayoría no sólo son malos de malignidad, sino encima tontos de solemnidad. Véase si no el caso del director de la cárcel, que no puede ser ni más farfullero ni más gilipollas, como se comprueba al final.
Por lo demás, Tim Robbins y Morgan Freeman están adorables y comestibles como nunca y sus personajes son carismáticos y atractivos a más no poder. Y el espectador se enamora tanto de ellos (yo la primera) que quiere creer todo lo que los pueda salvar y hace un esfuerzo mental tremendo para poder creerlo.
Porque a poco que se sustrajera un poco de la magia que desprenden y se situara en el mundo real nada de lo que pasa en la película es posible y en cambio todo es bastante rocambolesco.
Sí, es muy bonito y es lo que queremos que pase, pero es pura autosugestión. Y es pura trampa. Y además lo sabemos, y nos da igual. Pero bueno, siempre tiene que haber algún hijodeputa que lo diga y joda el truco, no? Y como diría la Pantoja, yo soy ésa.
Y vaya por delante también que no soy demasiado amiga de hacer críticas de pelis multitudinarias de culto, porque de ellas ya se ha dicho todo mil veces y cualquier cosa que se pueda comentar resulta repetitiva y cansina. En todo caso, si hago una crítica de estas películas es para señalar los peros que puedan tener, que todas los tienen y algunas muchísimos.
Es el caso de “Cadena perpetua”, que ya lo he confesado, a mí me encanta, pero no puedo aceptar la inmensa cantidad de críticas que leo sobre ella en las que prácticamente se obvian todos sus defectos y se beatifica a su director y sus protagonistas hasta límites incluso vomitivos.
No, miren, bajemos un poco de la nube y situémonos en un plano crítico real. Lo cierto es que Frank Darabont hace muchísimas trampas y se pone en plan bastante maniqueo. Viendo su historia da la sensación de que todos los condenados a cadena perpetua son una especie de angelitos que no han roto un plato, o que aunque hayan roto tropecientosmil son tan buenísimas personas que hay que perdonárselo todo, mientras que los responsables de las cárceles en su mayoría no sólo son malos de malignidad, sino encima tontos de solemnidad. Véase si no el caso del director de la cárcel, que no puede ser ni más farfullero ni más gilipollas, como se comprueba al final.
Por lo demás, Tim Robbins y Morgan Freeman están adorables y comestibles como nunca y sus personajes son carismáticos y atractivos a más no poder. Y el espectador se enamora tanto de ellos (yo la primera) que quiere creer todo lo que los pueda salvar y hace un esfuerzo mental tremendo para poder creerlo.
Porque a poco que se sustrajera un poco de la magia que desprenden y se situara en el mundo real nada de lo que pasa en la película es posible y en cambio todo es bastante rocambolesco.
Sí, es muy bonito y es lo que queremos que pase, pero es pura autosugestión. Y es pura trampa. Y además lo sabemos, y nos da igual. Pero bueno, siempre tiene que haber algún hijodeputa que lo diga y joda el truco, no? Y como diría la Pantoja, yo soy ésa.
martes, 17 de julio de 2012
Adiós, pequeña, adiós, by Ben Affleck
Desde que vi "Ciudad de ladrones", la segunda película de Ben Affleck, que no me terminó de convencer, tenía pendiente su debut como director con "Adiós pequeña, adiós", máxime porque el autor de la novela en la que se basa es el mismo de la mítica "Mystic River" de Clint Eastwood. Esta noche por fin Calle 13 me ha dado la oportunidad de quitarme esa espina.
Resultado: pequeña decepción. Pese a un reparto glorioso, con nombres como Morgan Freeman o Ed Harris, arropando a un Casey Affleck que demuestra ser bastante mejor actor que su hermano, la historia carece de la consistencia que en un principio parece tener.
La trama va de la desaparición de una niña y de la investigación posterior, pero intenta abordar tantos temas adyacentes que es fácil perderse entre tanto recoveco. La pederastia, la droga, el eterno dilema entre justicia y legalidad, la paternidad, los malos tratos, la corrupción policial… Sin centrarse en ninguno de ellos, toca tantos palos que al final se monta un batiburrillo en el que es difícil situarse.
Y luego tiene otro problema añadido: el exceso de escenas de acción. A esta historia no le pegaban la cantidad de tiros y persecuciones que Affleck le mete. Pero claro, son tantos los delitos que se entrecruzan y tan variadas las derivas argumentales que inevitablemente termina cayendo en el paroxismo.
Con todo y con eso tengo que decir que merece la pena porque la historia es apasionante y si no fuera por tanto giro argumental el guión sería hasta brillante. Indudablemente Affleck es mucho mejor director y guionista que actor; es muy intuitivo contando historias y creo que puede dar mucho más de sí de lo que ha dado hasta ahora.
Me quedo con las interpretaciones de Freeman y Harris, impecables los dos, como de costumbre. Y con la promesa de Casey como futuro gran actor y de Ben como futuro gran director.
Resultado: pequeña decepción. Pese a un reparto glorioso, con nombres como Morgan Freeman o Ed Harris, arropando a un Casey Affleck que demuestra ser bastante mejor actor que su hermano, la historia carece de la consistencia que en un principio parece tener.
La trama va de la desaparición de una niña y de la investigación posterior, pero intenta abordar tantos temas adyacentes que es fácil perderse entre tanto recoveco. La pederastia, la droga, el eterno dilema entre justicia y legalidad, la paternidad, los malos tratos, la corrupción policial… Sin centrarse en ninguno de ellos, toca tantos palos que al final se monta un batiburrillo en el que es difícil situarse.
Y luego tiene otro problema añadido: el exceso de escenas de acción. A esta historia no le pegaban la cantidad de tiros y persecuciones que Affleck le mete. Pero claro, son tantos los delitos que se entrecruzan y tan variadas las derivas argumentales que inevitablemente termina cayendo en el paroxismo.
Con todo y con eso tengo que decir que merece la pena porque la historia es apasionante y si no fuera por tanto giro argumental el guión sería hasta brillante. Indudablemente Affleck es mucho mejor director y guionista que actor; es muy intuitivo contando historias y creo que puede dar mucho más de sí de lo que ha dado hasta ahora.
Me quedo con las interpretaciones de Freeman y Harris, impecables los dos, como de costumbre. Y con la promesa de Casey como futuro gran actor y de Ben como futuro gran director.
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