Me recomienda un amigo esta película y me comenta que le encuentra cierto parecido con “El juramento” de Sean Penn, que en su día me pareció un film fascinante. Además, por si ese anzuelo no fuera suficiente, los protagonistas son dos de mis actores favoritos, Gene Hackman y Morgan Freeman. La idea de ver frente a frente a este par de monstruos hace que no lo dude ni un momento. Me tiene que gustar seguro.
Bueno, pues no. Tremendo planchazo. Con un guión de corte eminentemente teatral Stephen Hopkins realiza este remake de una peli francesa que no he visto, basada a su vez en una novela que tampoco he leído, por lo que no puedo calibrar si las deficiencias se deben a una dirección fallida, a un guión mal adaptado o a que simplemente la historia no hay por dónde pillarla.
La cosa va de un tenso interrogatorio entre un policía veterano (Freeman) y un abogado millonario sospechoso de la violación y asesinato de dos niñas (Hackman). Como digo, todo muy teatral. El escenario es una calle y a un lado un club en el que se está celebrando una cena benéfica en la que Hackman debe dar un discurso y al otro la comisaría donde el sospechoso está siendo interrogado. Y en medio de la calle una especie de fiesta de carnaval. Y por si esto fuera poco, de fondo, una impresionante Monica Belluci poniendo morritos y paseándose de un lado a otro con andares de hembra en celo y mirada de tigresa. Aaaaarrrrggggg!
Salvo algunos diálogos salvables, la mayoría de la conversación entre el policía y el sospechoso me parece totalmente forzada. Las situaciones lo mismo. Partiendo además de la base de que ningún millonario del mundo consentiría ni la mitad de las preguntas que le hacen, ni el trato, que roza lo vejatorio, ni la presión psicológica sin pedir de inmediato un abogado.
Y mientras el policía y el abogado se enzarzan en una dialéctica completamente absurda y además imposible de creer, la señora Bellucci pasea con descaro su insultante belleza por la fiesta en la que su marido debería dar su discurso y por la comisaría donde le están interrogando. Bellucci no solo es tremendamente preciosa sino que encima lo sabe y lo luce con orgullo, pero sinceramente, sus dotes interpretativas dejan bastante que desear. Y esto se nota muchísimo más al lado de dos fieras como Freeman y Hackman, por más que el último esté bastante sobreactuado, lo que no es habitual en él. Pero es que el papel casi lo pide a gritos.
En fin, y para remate del despropósito al final la cosa da un giro inesperado que ha dado lugar a las más demenciales conclusiones e interpretaciones en las críticas que he estado leyendo. A mí también se me han ocurrido unas cuantas explicaciones, a cuál más surrealista y desnortada, pero paso de soltarlas porque me da pereza y porque, sinceramente, la película no las merece.