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lunes, 11 de julio de 2016

Cuando vuelvas a mi lado, by Gracia Querejeta

Unas hermanas que llevan años sin verse y que no parecen llevarse muy bien.

Sórdidos secretos de familia más o menos insinuados.

Una vieja historia en flashback de amores enfermizos y celos demoledores.

Una madre muerta, un padre desaparecido y el encargo de entregar unas cenizas.

Éstos son los ingredientes con los que Gracia Querejeta elabora esta historia fiel a la factoría Querejeta y a su particular modo de entender el cine: intimista, muy de emociones, muy de silencios y de miradas inquietantes y difíciles de interpretar. Si añadimos a eso un reparto brillante con actrices como Mercedes Sampietro, Julieta Serrano o Adriana Ozores, la cosa promete bastante. Pero en mi opinión se queda en eso, en promesa.

De entrada eso de que una madre pida a sus hijas que a su muerte dividan sus cenizas en varios cofrecitos y lleven cada parte a un sitio o se las entreguen a alguien... sinceramente me parece de un macabro que echa patrás. Y ese justamente es el punto de partida de la historia, os podéis hacer una idea.

Por lo demás las actrices están francamente desaprovechadas en unos papeles bastante poco creíbles. La borrachuza Ozores dista mucho del nivel de otros trabajos, tal vez porque su personaje es sencillamente irrelevante. Sampietro brilla un poco más porque no en vano es la protagonista de la historia, en la que se supone que radica todo el misterio. Julieta Serrano por su parte hace lo que puede con un papel tan poco airoso.

En definitiva, decepcionante y completamente insulsa, un auténtico huevo sin sal. Buenas expectativas por el reparto y porque la historia empieza bien y plantea una intriga que hace pensar en un resultado mucho mejor. Sin embargo con el paso de los minutos la trama va perdiendo fuelle e interés y el final es, aunque inesperado, sencillamente rocambolesco. Un chasco, vamos.

domingo, 13 de abril de 2014

8 citas, by Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen

PRIMERA CITA.

La declaración. Quizás la historia más sosita. Va de lo que cuesta declararse, sobre todo si eres cojo y pelín tartaja. Lo mejor en estos casos es declararse por escrito o por señas, y hoy en día, por guasap o por el twitter. Como digo, la más flojita de las ocho historias, aunque la presencia de José Luis García Pérez es definitiva para salvarla de la quema. Y con esto damos una oportunidad a estos chicos y continuamos con la serie.

SEGUNDA CITA.

Enamorarse. Aquí un pollo que se cuelga de una tía después de un polvo desastroso en una noche de juerga. Uffff, vamos progresando pero no llegamos. El pollo es un poco plasta y no se entiende demasiado bien por qué la  tía no lo manda al carajo en cuanto se despierta y se encuentra su careto en la almohada. Progresamos, sí, pero regulín.

TERCERA CITA.

La cita propiamente. Podría formar parte de un gag humorístico sobre lo que pensamos los tíos y las tías cuando quedamos con alguien. Hay un programa en la tele que hace sketches de estos y ya queda un poco visto, pero con todo y con eso está gracioso porque el tipo es un auténtico friki y la caga permanentemente. Simplemente pasable. A ver qué pasa con el siguiente.

CUARTA CITA.

Familia. Aquí sube el nivel considerablemente, porque está claro que Romano y Sorogoyen, los dos flamantes directores, han optado a hierro por el esperpento, y además la cosa les funciona. Meten a un pretendiente pijo en una familia completamente desquiciada, en la que no falta ni siquiera el padrastro argentino. Una historia francamente divertida. Y tampoco es ajena la presencia de García Pérez, que está pa comérselo en su papel.  Muy buena. Chicos, vamos mejorando.

QUINTA CITA.

La rutina. Esta parte podría haber resultado un auténtico coñazo porque el guión flojea y es como muy predecible, pero ayyyyy... está la grandísima Adriana Ozores, que es un tsunami de mujer y que ella solita convierte esta nanohistoria en puro arte. La rutina en la pareja efectivamente puede ser mortal pero Ozores la convierte en un arma letal de necesidad. Adriana genial, sobre todo al final.

SEXTA CITA.

Los celos. Por el tema y tal, que está supertrillado, podría haber quedado una mamarrachada pero el planteamiento mola bastante. Se trata de una cena de amigos en la que una pareja se enfrenta al ex perfecto y maravilloso de ella. Una prueba bomba, vive Dios. Y digo que el plantamiento mola porque se basa en primeros planos; casi todo son caras y gestos demoledores: él, ella, el ex, los amigos... Un enfoque muy bueno, sí señor. Y la cosa queda... ahí, que no sabes muy bien.

SÉPTIMA CITA.

La superación. Entramos en la parte destroyer de la cinta. El tipo al que su novia ha abandonado y se va con sus amigos en plan "living la vida loca" a recuperar el tiempo perdido. Bueno, quién no ha vivido esto alguna vez, no? Drogas, alcohol, noches sin fin, tías, tíos, lo que tercie... A estas alturas la peli ha mejorado ostensiblemente y ha encontrado su tono. Y el tono es francamente humorístico. La noche de disco es real como la vida misma. Basta ir un día medianamente sobrio a un after para ver desbarres mil de éstos y disfrutar como una mona viendo a la gente hacer el canelo. Muyyyy bueno.

OCTAVA CITA.

El reencuentro. Tachán tachán, la cosa ha ido in crescendo y ha funcionado. Deja para el final lo mejor, los reencuentros. Ésos que todos hemos vivido alguna vez o, por lo menos, que hemos soñado con vivir. Reencuentros con el ex, con el chico del insti que te gustaba, con la chica del supermercado, con tu vecina de abajo con la que soñabas y manchabas las sábanas... En fin, esos reencuentros, que pueden producirse o no, pero que hay que ver lo que molan en las fantasías. Y por supuesto... José Luis García Pérez vuelve a brillar. Tengo que felicitar a Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen porque, con sus más y sus menos, han hecho un trabajo notable y prometedor. Y porque además han sabido dejar lo mejor para el final. Felicidades, chicos, y a seguir en ello.

jueves, 8 de noviembre de 2012

En la ciudad sin límites, by Antonio Hernández

Sin límites la cantidad de bostezos que me provocó la película, que casi me descuajaringo la mandíbula.

Sin límites la paranoia de Antonio Hernández: el anciano con demencia que sufre alucinaciones, el hijo que se pone a investigar sobre su padre, el terrible secreto de familia... Venga ya, Hernández!

Sin límites el genio de Fernando-Fernán Gómez, que a pesar de interpretar a un frágil abuelillo con Alzheimer, en todo momento parece que se va a echar a gritar: “Váyanse ustedes a la mierrrrrda!!!!”

Sin límites el edulcoramiento exagerado de Ana Fernández, probablemente la actriz más almibarada del cine español. Verla, y sobre todo oirla, y tener un subidón de azúcar es todo uno.

Sin límites el talento de Adriana Ozores. Sus breves apariciones son, con diferencia, lo mejor de la película.

Sin límites la suerte de Leonardo Sbaraglia, que toca tetas por partida doble y tiene escenas de baño y cama con dos señoras estupendas. Por lo demás, planito y sosito como es él de natural.

Sin límites la tontería de la historia, la espesez del guión y el agilipollamiento crónico de la familia protagonista. Un tostón sin límites con una ilimitada sarta de majaderías de muy dudosa verosimilitud. Vamos, hablando en plata, lo que viene siendo de toda la vida de dios una mierda sin límites.

martes, 23 de octubre de 2012

La suerte dormida, by Ángeles Gónzalez-Sinde

Debut como directora de González-Sinde, y debo decir que muy buen debut. También es verdad que firmar un guión con Belén Gopegui tiene un nivel que no todo el mundo se puede permitir, las cosas como son (the things as they are).

La historia es buena. Y el tema tampoco es muy frecuente en el cine español, siempre tan felizmente entregado a los conflictos guerracivilistas y postguerristas. Los accidentes laborales por lo visto venden poco, incluso aunque vayan aderezados con una pizca de corrupción administrativa por aquí y otra de chantajillos empresariales por allá.

Muy grande Adriana. La heredera de los Ozores tiene la capacidad de salvar cualquier película, aunque aquí realmente no necesita salvar nada porque hay un muy buen guión detrás y la historia se sostiene sin aditivos, conservantes ni colorantes. No obstante, las presencias de Ozores y de otro grande, Pepe Soriano, en el papel de abnegado padre de la nena, ayudan bastante.

Lo que me flipa es que este asunto de los accidentes laborales, que al cabo del año se cobran víctimas a punta pala (muchas más que por ejemplo, la famosa y ultramediática violencia de género) resulte tan poco cinematográfico. Vamos, que por curiosidad me he tirado disparada para el Google y me he enterado de que el año pasado se registraron oficialmente 683 accidentes mortales en España, o sea, este país. Y nada más que a la González-Sinde se le ha ocurrido hacer una peli sobre esto???? Pa qué??? Teniendo tan reciente una guerra civil superapasionante! País de mierda, hossstia!

miércoles, 18 de julio de 2012

La vida de nadie, by Eduard Cortés

Aunque resulte increíble, la película está basada en un hecho real ocurrido hace años en Francia. Un tipo que salía todos los días de su casa con su maletín de cuero, impecable y hecho un pincel, supuestamente para trabajar en un banco, en realidad se iba al parque a echar la jornada leyendo y mirando a los pajaritos. Ni había terminado la carrera ni tenía trabajo ni su casa era suya ni nada de nada, y se tiró años viviendo a todo tren de lo que le daban sus familiares y amigos para invertir. Increíble pero cierto.

Una interesante reflexión sobre la mentira y sobre la tremenda bola de nieve que se puede llegar a crear en torno a ella. A ratos provoca pasmo, a ratos terror, y sobre todo un estrés impresionante. Qué dura es la vida del mentiroso y qué trabajo cuesta mantener el engaño ante todo el mundo. Se le quitan a una para siempre las ganas de soltar un embuste, por nimio e insignificante que sea.

Ya lo dice el refrán: antes se pilla a un mentiroso que a un cojo. En este caso al tipo tardan bastante en pillarlo; asombrosamente consigue mantener engañados a todos sus parientes y amigos durante años y años. De verdad, si no fuera porque sé que está basado en un hecho real pensaría que hay que tener mucha imaginación para idear una trama así.

La historia también podría constituir una magnífica metáfora de la mentira en la que se basa el entramado económico y financiero en el que vivimos y que se está desmoronando a pasos agigantados en la actualidad. Todo es humo, nada es real; pura falsedad. Exactamente igual que la vida de este hombre.

Muy buenas interpretaciones de Adriana Ozores y de Coronado. Ellos, con ayuda de unos eficaces secundarios, sacan adelante la película y a ratos la hacen hasta creíble. Lo más forzado es la historia con Marta Etura; no es sólo que el personaje esté poco definido; es que cuesta tragarse que un tío que ya de por sí está metido en una doble vida casi imposible de administrar sin volverse loco, encima vaya y se meta en una tercera vida paralela.

Impresionante el final. Ahí es donde el duelo Ozores-Coronado llega a cotas de verdadera maestría. Escena larga, impactante, difícil de olvidar... Puro suspense.