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domingo, 13 de abril de 2014

8 citas, by Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen

PRIMERA CITA.

La declaración. Quizás la historia más sosita. Va de lo que cuesta declararse, sobre todo si eres cojo y pelín tartaja. Lo mejor en estos casos es declararse por escrito o por señas, y hoy en día, por guasap o por el twitter. Como digo, la más flojita de las ocho historias, aunque la presencia de José Luis García Pérez es definitiva para salvarla de la quema. Y con esto damos una oportunidad a estos chicos y continuamos con la serie.

SEGUNDA CITA.

Enamorarse. Aquí un pollo que se cuelga de una tía después de un polvo desastroso en una noche de juerga. Uffff, vamos progresando pero no llegamos. El pollo es un poco plasta y no se entiende demasiado bien por qué la  tía no lo manda al carajo en cuanto se despierta y se encuentra su careto en la almohada. Progresamos, sí, pero regulín.

TERCERA CITA.

La cita propiamente. Podría formar parte de un gag humorístico sobre lo que pensamos los tíos y las tías cuando quedamos con alguien. Hay un programa en la tele que hace sketches de estos y ya queda un poco visto, pero con todo y con eso está gracioso porque el tipo es un auténtico friki y la caga permanentemente. Simplemente pasable. A ver qué pasa con el siguiente.

CUARTA CITA.

Familia. Aquí sube el nivel considerablemente, porque está claro que Romano y Sorogoyen, los dos flamantes directores, han optado a hierro por el esperpento, y además la cosa les funciona. Meten a un pretendiente pijo en una familia completamente desquiciada, en la que no falta ni siquiera el padrastro argentino. Una historia francamente divertida. Y tampoco es ajena la presencia de García Pérez, que está pa comérselo en su papel.  Muy buena. Chicos, vamos mejorando.

QUINTA CITA.

La rutina. Esta parte podría haber resultado un auténtico coñazo porque el guión flojea y es como muy predecible, pero ayyyyy... está la grandísima Adriana Ozores, que es un tsunami de mujer y que ella solita convierte esta nanohistoria en puro arte. La rutina en la pareja efectivamente puede ser mortal pero Ozores la convierte en un arma letal de necesidad. Adriana genial, sobre todo al final.

SEXTA CITA.

Los celos. Por el tema y tal, que está supertrillado, podría haber quedado una mamarrachada pero el planteamiento mola bastante. Se trata de una cena de amigos en la que una pareja se enfrenta al ex perfecto y maravilloso de ella. Una prueba bomba, vive Dios. Y digo que el plantamiento mola porque se basa en primeros planos; casi todo son caras y gestos demoledores: él, ella, el ex, los amigos... Un enfoque muy bueno, sí señor. Y la cosa queda... ahí, que no sabes muy bien.

SÉPTIMA CITA.

La superación. Entramos en la parte destroyer de la cinta. El tipo al que su novia ha abandonado y se va con sus amigos en plan "living la vida loca" a recuperar el tiempo perdido. Bueno, quién no ha vivido esto alguna vez, no? Drogas, alcohol, noches sin fin, tías, tíos, lo que tercie... A estas alturas la peli ha mejorado ostensiblemente y ha encontrado su tono. Y el tono es francamente humorístico. La noche de disco es real como la vida misma. Basta ir un día medianamente sobrio a un after para ver desbarres mil de éstos y disfrutar como una mona viendo a la gente hacer el canelo. Muyyyy bueno.

OCTAVA CITA.

El reencuentro. Tachán tachán, la cosa ha ido in crescendo y ha funcionado. Deja para el final lo mejor, los reencuentros. Ésos que todos hemos vivido alguna vez o, por lo menos, que hemos soñado con vivir. Reencuentros con el ex, con el chico del insti que te gustaba, con la chica del supermercado, con tu vecina de abajo con la que soñabas y manchabas las sábanas... En fin, esos reencuentros, que pueden producirse o no, pero que hay que ver lo que molan en las fantasías. Y por supuesto... José Luis García Pérez vuelve a brillar. Tengo que felicitar a Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen porque, con sus más y sus menos, han hecho un trabajo notable y prometedor. Y porque además han sabido dejar lo mejor para el final. Felicidades, chicos, y a seguir en ello.

miércoles, 11 de enero de 2012

La sombra de nadie, by Pablo Malo

Estoy hasta el c... de niñas muertas con camisones blancos. Por qué no verdes?
Estoy hasta el c... de que esas niñas no tengan ojos. Podrían no tener nariz.
Estoy hasta el c... de que las niñas sin ojos se sienten en lápidas. No hay sillas?
Estoy hasta el c... de que las lápidas se muevan al empujarlas. No hay cemento?

Estoy hasta el c... de pelis de miedo que dan risa. Y de risa que dan pena.
Estoy hasta el c... de guiones patateros. Que dan pena y risa.
Estoy hasta el c... de saber desde el principio el final. Y que me dé risa.
Estoy hasta el c... de cutrez. Pero me pierdo por la voz rota de J. L. García Pérez.

sábado, 19 de marzo de 2011

Guante blanco (TV), by Carlos Sedes y otros

Te imaginas a un ladrón de guante blanco sentado tranquilamente en la cocina de su casa charlando con su señora sobre las notas del niño o sobre las duras condiciones de su trabajo? O leyéndoles cuentos a sus hijos. O ayudando a poner la mesa. O simple y llanamente viendo la tele mientras come un plato de macarrones con su familia. Vamos, la cutrevida de un ladrón de guante blanco.

El mismo que un par de horas después de una de estas escenas domésticas puede estar disfrazado de mafioso en un casino para robar limpiamente la caja fuerte, o de intelectual en una sala de la Biblioteca Nacional para robar un libro valiosísimo, o simplemente encerrado con su banda en su guarida planificando algún nuevo golpe magistral y totalmente limpio, sin víctimas, perfecto en su diseño, sin cabos sueltos, todo pensado, todo estratégicamente elaborado.

Pues eso es "Guante blanco". Una idea inteligente y una ejecución sorprendementemente buena que no podía tener otro destino que el fracaso más absoluto y el cubo de la basura. Yo la descrubrí casualmente ahí, en el cubo de la basura, en esa nueva cadena de TVE que sólo emite series de refrito, pero en la que de vez en cuando te encuentras una joyita de éstas, que el gran público rechazó a los dos días y por las sagradas leyes de la audiencia fue condenada a los infiernos.

También la podéis ver por Internet. Está bien, esta serie no podía ser para el gran público; la gente sólo quiere mierda, y esto no es mierda.

Por cierto, estoy locamente enamorada de José Luis García Pérez, aunque es todo un reto acordarme de su nombre. Invito a todo el mundo, en plan reto, a que intente recordarlo diez minutos después de leer esta crítica.