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martes, 10 de junio de 2025

La viuda negra, by Carlos Sedes

No quiero empezar haciendo spoiler pero creo que todo el mundo que se acerque a ver esta película ya sabe que se trata de un crimen ideado por la viuda en cuestión y perpetrado por uno de sus numerosos amantes, concretamente el más capullo.

La peli no está del todo mal. Por supuesto ya conocía el caso de Maje y he visto varios docus sobre el tema, así que lo que me interesaba era ver el tratamiento que se le daba en esta versión ficcionada. Y tengo que decir que me ha decepcionado, principalmente porque la cosa termina con la detención de los culpables y se olvida de la mejor parte, que en mi opinión es cuando ya están en la cárcel y Salva se da cuenta de lo gilipollas que ha sido.

Porque vamos a ver, te pasas toda la peli pensando que menudo imbécil, el tío dando bastante penita a la vez que asquito. Es increíble cómo pierden el oremus muchos tíos por el sexo, cómo se vuelven completamente básicos, se les va la olla total. Pero el principal atractivo de esta historia está en la toma de conciencia del asesino, el momento en el que se da cuenta de que ha sido utilizado con toda frialdad, que ha hecho el imbécil y que encima se ha cargado a una persona, una culpa con la que tendrá que cargar el resto de su vida, por no hablar del destrozo que le hace para siempre a su familia, concretamente a su mujer y a su hijo adolescente. 

Y resulta que esa epifanía nos la hurta Carlos Sedes, el director, y nos deja con la miel en los labios. Todo lo más en unas líneas nos cuenta en el último minuto algo sobre las condenas de cada uno y poco más. Si lo llego a saber paso, porque lo otro ya me lo sabía y tampoco es que las actuaciones sean para volverse loca. Carmen Machi no me convence nada haciendo de poli, lo siento pero me cuesta un huevo dejar de ver en ella a Aída. Estaba todo el rato esperando que llamara al Jonatan, al Luisma o a la Lore. De los tres principales protagonistas el único que me parece sobresaliente es Tristán Ulloa, que el tío interpreta de puta madre a esta clase de personajes oscuros, tristes y atormentados. Ya me pareció que lo bordó en "Asunta" y ahora no me ha decepcionado. 

Habría estado genial verlo cuando ya por fin se le enciende la bombilla y el atontamiento que muestra a lo largo de la peli se convierte en odio hacia la tía que le ha engañado tan burdamente. Esa transformación tendría que ser brutal y desde el punto de vista psicológico mucho más interesante que la parte del encoñe. Pero en fin, no ha podido ser. Con las ganas me he quedado de ver a Tristán quemado.

sábado, 19 de marzo de 2011

Guante blanco (TV), by Carlos Sedes y otros

Te imaginas a un ladrón de guante blanco sentado tranquilamente en la cocina de su casa charlando con su señora sobre las notas del niño o sobre las duras condiciones de su trabajo? O leyéndoles cuentos a sus hijos. O ayudando a poner la mesa. O simple y llanamente viendo la tele mientras come un plato de macarrones con su familia. Vamos, la cutrevida de un ladrón de guante blanco.

El mismo que un par de horas después de una de estas escenas domésticas puede estar disfrazado de mafioso en un casino para robar limpiamente la caja fuerte, o de intelectual en una sala de la Biblioteca Nacional para robar un libro valiosísimo, o simplemente encerrado con su banda en su guarida planificando algún nuevo golpe magistral y totalmente limpio, sin víctimas, perfecto en su diseño, sin cabos sueltos, todo pensado, todo estratégicamente elaborado.

Pues eso es "Guante blanco". Una idea inteligente y una ejecución sorprendementemente buena que no podía tener otro destino que el fracaso más absoluto y el cubo de la basura. Yo la descrubrí casualmente ahí, en el cubo de la basura, en esa nueva cadena de TVE que sólo emite series de refrito, pero en la que de vez en cuando te encuentras una joyita de éstas, que el gran público rechazó a los dos días y por las sagradas leyes de la audiencia fue condenada a los infiernos.

También la podéis ver por Internet. Está bien, esta serie no podía ser para el gran público; la gente sólo quiere mierda, y esto no es mierda.

Por cierto, estoy locamente enamorada de José Luis García Pérez, aunque es todo un reto acordarme de su nombre. Invito a todo el mundo, en plan reto, a que intente recordarlo diez minutos después de leer esta crítica.