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martes, 21 de febrero de 2017

Jackie, by Pablo Larraín

Realmente no entiendo muy bien qué le pasaba a esta mujer. Llamadme insensible, animal, burra o lo que queráis, pero... de verdad mudarse de casa cuando eres inmensamente rica y quitarse de encima a un marido cabroncete que le hizo pasar humillaciones multitudinarias en cantidades industriales (recordemos el Happy birthday de Marilyn y pensemos en la carita que se nos habría quedado a cualquiera de nosotros si nos hubiera pasado algo así retransmitido en vivo y en directo para el mundo mundial y en diferido para toda la posteridad)... de verdad eso es para pasarse los días con esa cara compungida de cordera degollada?

Hombre, yo puedo entender que plato de gusto no es ir en un coche con tu marido y que de repente se lo carguen en tus narices y te caiga encima su cabeza llena de sangre y que tengas que recorrer unos cuantos kilómetros con el difunto bañado en sangre en tu regazo. Y si para colmo te paras a pensar que de haber errado el tiro una mijilla el asesino, la difunta podrías ser tú... la verdad es que se tiene que poner el cuerpo bastante malito. Tiene que ser un disgusto importante.

Pero hombre, sabiendo como a estas alturas sabe todo el mundo, la clase de relación que tenían estos dos, intentar que nos traguemos que esta señora tenía un disgusto tremendísimo por haberse quitado de encima a esa joya de marido... venga ya!

Si lo que pretendía Pablo Larraín era que nos compadeciéramos de la pobre Jackie después de su tragedia, en mi caso lo que ha conseguido es que me descojone del personaje. Esta mujer era realmente así de lela o es que el director y el guionista le tienen manía?

Por ejemplo, las preguntitas de la señora. Cuando le dicen que van a hacerle la autopsia al difunto le pregunta a un irreconocible Peter Sarsgaard con cara permanente de pasmarote lo siguiente: "Pero de verdad hay que hacerle la autopsia? Es totalmente necesario? "

No hija, no, no es necesario. Solo es el presidente de los Estados Unidos y lo acaban de asesinar. Para qué le van a hacer la autopsia? Para saber la munición de las balas, y la trayectoria de entrada y salida del cuerpo? Para poder averiguar desde dónde le dispararon y detener al asesino? Qué gilipollez! Qué coño va a ser necesaria la autopsia?

Y todo lo que habla en la película por el estilo. Una lumbrera desde luego no parece que fuera. En fin, entre eso y los kilos de laca que lleva encima, que en toda la película no se le mueve un solo pelo ni siquiera en el momento del asesinato ni en la carrera posterior en el descapotable.

Y lo del vestidito, qué me decís del vestidito? Se tiró la colega todo el día, hasta que llegó por la noche a su casa, con el mismo trajecito lleno de la sangre de su marido asesinado. Es que a nadie de todo el séquito que llevaba encima se le ocurrió  traerle otro vestidito para que pudiera quitarse el ensangrentado? Pues no. Y no sólo eso, sino que ya no es que no se duchara para quitarse de encima la sangre; es que ni siquiera se lavó la cara con agüita del grifo. Todo lo que hizo fue quitarse a lo mecagüen los churretes con un pañuelito mojado, eso sí, teniendo mucho cuidado de no estropearse el maquillaje. Dí que sí, hija, antes muerta que sencilla. Qué más dan unos churretones de sangre más que menos, si una consigue mantener su peinado y su maquillaje impolutos?

En fin, un horror de tía, un esperpento, mucho peor de lo que había imaginado sobre ella, que tampoco era gran cosa. Y respecto a lo más alabado, la interpretación de la Portman, ya he dicho antes otras veces que después de ver todas las semanas "Tu cara me suena" y comprobar las transformaciones asombrosas que en unas pocas horas hacen los maquilladores y estilistas con los participantes, el mérito de los actores en los biopics ha bajado para mí un montón de puntos. Si Blas Cantó en una semana de ensayos puede interpretar perfectamente a Cher o a Anastacia o a Charles Aznavour y convertirse en un clon prácticamente exacto de ellos... qué coño se va a merecer un Oscar ésta, que ni siquiera se parece un poco?

martes, 6 de octubre de 2015

Heat, by Michael Mann

Michael Mann tiene la habilidad de juntar en sus películas a grandes figuras, a impresionantes secundarios y en definitiva a lo más granado de la profesión actoral. Solo por eso arrasa en las taquillas y la mayoría de la crítica bendice sus trabajos, aunque luego si te pones a analizarlos con un poco de atención muchos de ellos dejan bastante que desear.

Aquí el gran duelo interpretativo es entre dos grandes muy grandes: Robert de Niro y Al Pacino. Una historia de policías y ladrones, con mucha tensión, acción, tiroteos, persecuciones e intriga. Es casi obligado verla. Los secundarios también son de lujo, y si algo no se le puede negar a la película es que el trabajo de todos los actores, sin excepción, es impecable, incluso magistral diría yo en el caso de De Niro.

Sin embargo, una vez más todo queda en eso. La historia está llena de tópicos y los personajes son un calco de los mismos personajes ya mil veces vistos en el cine: el poli dedicado en cuerpo y alma a su oficio, con una vida personal penosa, con varios divorcios a sus espaldas y a las puertas de otro; la mujer del policía, ese personaje absurdo de todas las películas que se enamora del tío siendo este ya poli y que luego termina dejándolo precisamente por ser poli; el ladrón que es como un padre para su banda, compuesta por un montón de descerebrados que no saben dar un paso sin el jefe… En fin, lo de siempre.

Lo que pasa es que Mann empieza a enrollarse con un montón de historias personales de los personajes que alargan la peli hasta un punto verdaderamente infumable: tres horas, tressssss, la mayor parte de ellas dedicadas a los conflictos amorosos de los polis y los ladrones, que si a uno le pone los cuernos la mujer y lo quiere dejar, que al otro también lo quiere dejar la suya, que el otro está muy solo y conoce a una periquita en un bar y se lía con ella… Qué hartura, hay ratos que parece que va a aparecer de un momento a otro Sandra Bullock o Meg Ryan.

Por no hablar de las tramas paralelas innecesarias, que no pintan nada y que solo contribuyen a aumentar todavía más el metraje. Por ejemplo, la historia de Natalie Portman, la hija de la mujer del poli… Por favor, realmente era necesario meter ahí ese conflicto adolescente? Qué aporta al desarrollo argumental del film? De verdad hace falta en una historia de 3 horas dedicar 15 minutos a una niña penosa a la que su papá biológico no hace ni caso ni su mamá tampoco porque está muy ocupada con sus conflictos conyugales? Eeeeeh, yuhuuuuuu, Mann, que es una de polis y ladroneeees!

Y bueno, alguna de las subtramas amorosas son verdaderamente patéticas y bordean lo surrealista. Es entendible lo de Robert de Niro y Amy Brenneman? Que sí, que es una muchacha muy mona pero que él es el jefazo de una banda criminal, un tipo duro durísimo, y no puede salir una noche de copas y enamorarse locamente de una tía a la que conoce en un bar y con la que echa un polvete, por diosssss! Y la siguiente vez que la ve le dice que lo deje todo y se escape con él a la Conchinchina, un poquito de porfavoooor.

En fin, que no solo es larga de cojones; es que encima su infinita longitud no se debe a una intriga criminal apasionante sino a que los personajes tienen unas vidas personales de novela de Corín Tellado. Qué manera de cagarla con una película que podía haber estado muy bien con unos cuantos líos de faldas menos y sin la hora correspondiente a todos esos líos. Mal, Mann, muy mal.

martes, 13 de agosto de 2013

Las hermanas Bolena, by Justin Chadwick


Os cuento. Un Enrique VIII que, contra todo lo que sus numerosos retratos nos dicen de él, resulta que está bueno que te cagas y tiene una tableta que... ay omá.

Unas hermanas Bolena que no las conoce ni la madre que las parió. Para empezar porque hay que ponerles las caras de Scarlett Johansson y Natalie Portman, que se parecen a las auténticas Bolenas casi tanto como Enrique VIII a Paris Hilton. Si tenéis dudas buscad sus retratos por el Google.

Y luego está el chuleo magistral de Ana Bolena a ese Rey, que la muy ladina le hace renunciar a Roma, montar una iglesia nueva y saltarse tooooooda la legalidad vigente a la torera a base de decirle un día sí y otro también: me verás me verás pero no me catarás. A todo esto sacándole la lengua desde lejos.

- Yuhuuuuuuu, Enriquitoooooo.

- Venacápacá corderaaaaaaaa, que te vi a comer lo que nadie te ha comío.

- Tch Tch Tch, no no no. Si me quieres de catar anula tu matrimonio, encierra a tu señora en un convento, manda a monsieur le Papa a la mierda y cásate conmigo.

- Qué hijaputa! Las mujeres no hacéis más que pedir y pedir, pedazo de zorras, que nunca estáis contentas.

- Aaaaaah, se siennnnnte.  Eso es lo que hay, Enriquito. Si quieres bien y si no también, toma ya!

Esto al todopoderoso Enrique VIII ni más ni menos ni menos ni más. Sí, aquel gordito cabrón que tuvo siete esposas porque cada vez que se cansaba de una mandaba que le cortaran la cabeza o que la encerraran en la torre más alta for ever more. Ole ahí revisión de la historia que hace el tal Justin Chadwick..

Esto es poco más o menos como si se hace la biografía de Juan Carlos I y lo interpreta Miguel Ángel Silvestre. Y a la reina, Blanca Suárez.Y a la infanta Elena, Elsa Pataky. Y a la infanta Cristina, Leonor Watling. Y al príncipe, Javier Bardem. Y a la infanta Margarita, hermana del Rey, Paula Echevarría. Y a la infanta Pilar, Paz Vega.

Y ahora la reina resulta ser una golfa de cuidado, supercampechana, cazadora de elefantes y reputada patrona de veleros. Y el rey un amante de los animales y del arte, vegetariano y acérrimo detractor de los toros y demás costumbres bárbaras. Y además con la voz y la dicción de Constantino Romero. A que da risa? Bueno, pues lo de las Bolena y Enrique VIII más.

Lo siento por la Portman y la Johansson, que debían estar borrachas al aceptar estos papeles o bien tienen la misma nocíón de la historia de Inglaterra que un campesino vietnamita ciego y sordomudo.

Llamar a esto cine histórico es como llamar a "La vida de Brian" drama carcelario o a "Los bingueros" cine de autor. Una verdadera majadería como la copa un pino. Ayyyyyyy, cuánto daño han hecho "Los Tudor", lavirrrrgen.

jueves, 11 de julio de 2013

Cold Mountain, by Anthony Minghella

Os cuento. Una blanquísima Nicole Kidman, hija de buena familia, conoce a un fornido trabajador de la construcción, que no es otro que el bello Jude Law. Ella le lleva un vaso de sidra para que se refresque y entre sorbito y sorbito se enamoran. En esto que estalla la guerra de Secesión y él se va al frente. Vaya por dios. Dramón.

Nicole Kidman, la pobre, tiene que ponerse a trabajar, cosa que no había hecho en toda su vida de señoritinga sureña. Por suerte aparece muy oportunamente en su puerta Renée Zellweger con una cara rarísima, más hinchada si cabe que de costumbre y bastante más negruzca, con unos pelos infames y hablando en un idioma extrañísimo parecido al arameo, y le dice que no se preocupe, que ella le salva la granja. Y nada, se ponen las dos dale que te pego a labrar los campos, a levantar vallas, a criar animalitos y todas esas cosas que se suelen hacer en las granjas.

Milagrosamente mientras la Zellweger está cada día más negruzca, cosa normal cuando se trabaja de sol a sol por mucho sombrerito que te pongas, la Kidman a su lado luce cada día más nívea. Que cómo se explica este curioso fenómeno? Ah, pues vete tú a saber. El secreto debe estar en alguna crema de protección solar pantalla total que debía circular por la América decimonónica que Kidman debía aplicarse a escondidas para que Zellweger no se la rapiñara.

A todo esto el pobre Jude Law en la guerra, lisiado de miembros varios, cuando no del pie, de la cabeza y cuando no del brazo o de las cervicales. Law, harto ya de tanta pupa, decide volver con su amada, la que le sirvió aquel delicioso vasito de sidra, pero claro, en plena guerra el tema de las comunicaciones está crudillo, así que tarda un buen puñado de meses o años en llegar, yo qué sé, porque la noción del tiempo ya a estas alturas la he perdido. Por el camino, eso sí, se encuentra con gente la mar de interesante y con algunas muchachas muy monas, como por ejemplo Natalie Portman, y se hacen ojitos y tal, pero nada más porque él está muuuuuuy enamorado de su lechosa chica. Y hasta aquí puedo contar sin romper las sagradas normas del espoiler.

En fin, un poema, una odisea, un sinvivir. Anthony Minghella una vez más se monta un dramón de guerra al más puro estilo “El paciente inglés” pero aún más tostón, si es posible. Muchas escenas de batallas, mucho lento peregrinar de Law por esos mundos de dios y mucho lucir melena y blancura epidérmica la Kidman, por supuesto con la expresividad de que hace gala esta muchacha desde que las inyecciones de toxina botulínica se instalaron en sus facciones. En definitiva, un coñazo.

sábado, 5 de enero de 2013

Algo en común, by Zach Braff

Qué pereza! La gente que cree que hacer cine independiente consiste básicamente en juntar a muchos personajes raritos en entornos raritos y hacerles soltar diálogos igualmente raritos... da mucha pereza.

Ése es justamente el caso de Zach Braff, que escribe, dirige y protagoniza esta historia que responde con exactitud a la descripción que he hecho más arriba: raritos que viven en sitios raritos y dicen todo el tiempo cosas muuuuuuy raritas. Os voy a presentar a la fauna:

Tenemos al personaje de Braff, un tipo que lleva empastillándose desde los 9 años, supuestamente por una depresión que arrastra desde entonces, pero que curiosamente vuelve a su pueblo al funeral de su madre y se tira 3 días sin pisar su casa y pasándoselo como los indios de juerga en juerga.

Tenemos a Natalie Portman, haciendo de epiléptica que vive en una especie de zoológico con un cementerio animal anexo donde ha ido enterrando a todas sus mascotas muertas.

Tenemos a Peter Sarsgaard haciendo de amigo enterrador que se pilla tremendos colocones en su casa con su madre, tan colocada como él. Los dos fuman no sé qué cosa en una pipa y se pasan el día flipados diciendo gilipolleces. En la casa de éste además se pasea un tipo vestido con una armadura de latón que por lo visto participa en un programa medieval.

Además de éstos, hay otros personajes igualmente "interesantes". Un supercolgado que vive en una especie de palacete totalmente vacío cuyo único mobiliario es una chimenea y una piscina climatizada. Otro que vigila un yacimiento arqueológico y que vive en una casa con forma de barco, cual Chanquete. Como veréis aquí nadie vive en una casa normal, eso sería muy poco "indie" y no molaría.

Bueno, la historia básicamente es que Braff en los 3 días posteriores al entierro de su madre deja de tomar sus pastillas, se lo pasa pipa con estos personajes y descubre el amor (adivinad con quién). Esto es en resumidas cuentas lo que algunos entienden por "buen cine".

Y ahora os contaré mi teoría, que consiste en que Zach Braff estaba loco por morrearse y darse el lote con Natalie Portman (como media humanidad, por otra parte), y para conseguirlo se inventó este pego de historia, sabedor de que Portman es la tía del mundo a la que más le gustan las historias rocambolescas, surrealistas y raritas así como los personajes pirados, colgaíllos y esperpénticos.  En su favor hay que decir que consiguió su propósito, al menos en la ficción.

Vamos, que esto sólo puede ser fruto de un berraquismo sin igual y de un ataque de priapismo terriblemente doloroso. Si no, no se explica.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Cegados por el deseo (Closer), by Mike Nichols

Blablablablablabla... Sí, amigos, los personajes de esta película hablan y hablan constantemente, cosa muy normal si tenemos en cuenta que está basada en una obra teatral. Pues eso, hablan y hablan y vuelven a hablar. El problema es que no dicen nada. Bueno, sí, dicen muchas tonterías.

Si algo tiene interesante es la estructura dramática. Hay sólo 4 personajes pero todos los diálogos son duales. Hay diálogos Owen-Roberts, Owen-Portman, Portman-Roberts, Portman-Law, Roberts-Law y Owen- Law, incluso hay una charla cibernética entre Owen y Law, que es tal vez lo más divertido de toda la película. Salvo éste, todos los demás son diálogos pretendidamente intelectuales, brillantes, de gran enjundia y profundidad, pero en realidad pura filfa. Son vacíos o directamente engañosos (p.e., el de Owen y Portman en el puticlub, completamente incongruente, dadas las circunstancias vitales de los dos).

Eso sí, una estética muy cuidada, muy pija, muy londinense y muy fashion. Y unas interpretaciones muy desiguales. Portman se los come a todos con patatas, menos a  Owen, que resiste bien, a pesar del infame doblaje. Jude Law y Julia Roberts se quedan totalmente eclipsados frente a las interpretaciones leoninas de los otros dos. De hecho las partes más infumables del guión, las más soporíferas e insulsas, son las correspondientes a este dueto.

En definitiva, una especie de "Escenas de matrimonio" pero a lo fino y a lo muermo. Nada nuevo bajo el sol, salvo que en lugar de Pepa y Avelino tenemos a Natalie Portman y Jude Law y a Julia Roberts y Clive Owen.

Lo mejor, sin duda, las escenas primera y final con Portman andando por la calle mientras suena de fondo el magnífico tema principal "Can't take my eyes off you".

Lo peor, la insoportable pretenciosidad del guión.

jueves, 8 de septiembre de 2011

El profesional (Léon), by Luc Besson

Entre Rambo y Mary Poppins podríamos situar esta curiosa performance que aúna los mitos del superhéroe de acción y la niñera con superpoderes. Resulta que al asesino a sueldo Jean Reno le toca hacer de canguro de una díscola y guerrillera Natalie Portman, de 13 tiernos añitos la mar de bien llevados. Matilda y León, León y Matilda, tanto monta monta tanto.

Si creíamos que sólo a los americanos se les podían ocurrir gilipolleces de calibre extragordo esta peli demuestra que estábamos equivocados. A los franchutes, por lo menos al Luc Besson éste, se les pueden ocurrir todavía más tremendas. En este caso la gilipollez va de un matón sin escrúpulos pero con principios: mujeres y niños no. Ni aunque sea una mala pécora, una maltratadora de niños o una envenenadora de ancianitos, hemos dicho que mujeres no. Eso sí, señores en edad adulta todos los que se pongan por delante, y si pueden ser polis corruptos mejor que mejor.

Como vemos, estamos ante un matón buenagente. Además el tipo tiene una maceta que cuida con primor y que lleva a todas partes, lo que ya es totalmente determinante para situarlo del lado de los buenos sin duda ninguna.  Y luego Portman, con esa carita angelical, haciendo magistralmente de niña aprendiz de matona, llevando la plantita del maestro de arriba abajo todo el día... No es absolutamente conmovedor? Ah, que te parece una chorrada? Cucha, y a mí. Pero bueno, a la gente le gustan estas cosas. Ya ves, casi un 8 en Filmaffinity, cágate lorito.