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sábado, 5 de enero de 2013

Algo en común, by Zach Braff

Qué pereza! La gente que cree que hacer cine independiente consiste básicamente en juntar a muchos personajes raritos en entornos raritos y hacerles soltar diálogos igualmente raritos... da mucha pereza.

Ése es justamente el caso de Zach Braff, que escribe, dirige y protagoniza esta historia que responde con exactitud a la descripción que he hecho más arriba: raritos que viven en sitios raritos y dicen todo el tiempo cosas muuuuuuy raritas. Os voy a presentar a la fauna:

Tenemos al personaje de Braff, un tipo que lleva empastillándose desde los 9 años, supuestamente por una depresión que arrastra desde entonces, pero que curiosamente vuelve a su pueblo al funeral de su madre y se tira 3 días sin pisar su casa y pasándoselo como los indios de juerga en juerga.

Tenemos a Natalie Portman, haciendo de epiléptica que vive en una especie de zoológico con un cementerio animal anexo donde ha ido enterrando a todas sus mascotas muertas.

Tenemos a Peter Sarsgaard haciendo de amigo enterrador que se pilla tremendos colocones en su casa con su madre, tan colocada como él. Los dos fuman no sé qué cosa en una pipa y se pasan el día flipados diciendo gilipolleces. En la casa de éste además se pasea un tipo vestido con una armadura de latón que por lo visto participa en un programa medieval.

Además de éstos, hay otros personajes igualmente "interesantes". Un supercolgado que vive en una especie de palacete totalmente vacío cuyo único mobiliario es una chimenea y una piscina climatizada. Otro que vigila un yacimiento arqueológico y que vive en una casa con forma de barco, cual Chanquete. Como veréis aquí nadie vive en una casa normal, eso sería muy poco "indie" y no molaría.

Bueno, la historia básicamente es que Braff en los 3 días posteriores al entierro de su madre deja de tomar sus pastillas, se lo pasa pipa con estos personajes y descubre el amor (adivinad con quién). Esto es en resumidas cuentas lo que algunos entienden por "buen cine".

Y ahora os contaré mi teoría, que consiste en que Zach Braff estaba loco por morrearse y darse el lote con Natalie Portman (como media humanidad, por otra parte), y para conseguirlo se inventó este pego de historia, sabedor de que Portman es la tía del mundo a la que más le gustan las historias rocambolescas, surrealistas y raritas así como los personajes pirados, colgaíllos y esperpénticos.  En su favor hay que decir que consiguió su propósito, al menos en la ficción.

Vamos, que esto sólo puede ser fruto de un berraquismo sin igual y de un ataque de priapismo terriblemente doloroso. Si no, no se explica.

jueves, 23 de agosto de 2012

The last kiss (El último beso), by Tony Goldwyn

Como no he visto la peli italiana de la que parte este remake me limitaré a opinar sobre lo que he visto y dejo las comparaciones para cuando tenga la oportunidad de ver el original

En la vida hay básicamente dos tipos de personas adultas: las que quieren jugar a las casitas y las que prefieren jugar a los médicos. Con frecuencia el sexo femenino es mucho más aficionado a las casitas y el masculino le pega mucho más a la bata blanca, y de esta disparidad lúdica nacen el 90% de los conflictos vitales entre sexos.

Una cosa básica antes de irse a vivir con alguien es que las dos personas tengan claro que han superado la fase médica y ya quieren jugar a las casitas, porque si no es un sindiós y un verdadero coñazo.

Las conversaciones de pareja que juega a las casitas son totalmente diferentes a las de médicos. Veamos varios ejemplos:

- Pareja que juega a médicos: "A ver, pon el culito que te ponga una inyección", "Ven que te ausculte el pecho, di 33", "A ver, a ver, es aquí donde te duele, o es por aquí... o por aquí?"

- Pareja que juega a las casitas: "Qué ponemos hoy de comer?", "Compramos en el Mercadona o en el Carrefour?", "A cuánto estaban los tomates hoy en la plaza?", "Yo lavo las cacerolas mientras tú recoges la mesa y barres, vale, mi amor? "

Y claro, quien quiere jugar a lo primero y termina jugando a lo segundo, pues tarde o temprano termina buscándose por ahí algún culito donde poner inyecciones o algún pechito que auscultar, eso es un clásico.

Y básicamente esto es lo que nos cuenta esta película con mucha mejor intención que tino. Conste que el guión no es malo (según he leído es un calco de la italiana), pero peca bastante de repetitivo y tópico.

La mala noticia es que a los tíos los pone igual de gilipollas que en el resto de comedias del género; la buena noticia es que a las tías las pone igual o peor. El que no se consuela es porque no quiere, oye.

Tampoco veo a Zach Braff en el papel protagonista. Le sobra mucha cara de memo y le falta como el comer un mínimo de atractivo personal y de carisma. Sobre todo para tener a dos tías bastante buenorras babeando por él. Es muy difícil colar esa pirula.