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martes, 6 de octubre de 2015

Heat, by Michael Mann

Michael Mann tiene la habilidad de juntar en sus películas a grandes figuras, a impresionantes secundarios y en definitiva a lo más granado de la profesión actoral. Solo por eso arrasa en las taquillas y la mayoría de la crítica bendice sus trabajos, aunque luego si te pones a analizarlos con un poco de atención muchos de ellos dejan bastante que desear.

Aquí el gran duelo interpretativo es entre dos grandes muy grandes: Robert de Niro y Al Pacino. Una historia de policías y ladrones, con mucha tensión, acción, tiroteos, persecuciones e intriga. Es casi obligado verla. Los secundarios también son de lujo, y si algo no se le puede negar a la película es que el trabajo de todos los actores, sin excepción, es impecable, incluso magistral diría yo en el caso de De Niro.

Sin embargo, una vez más todo queda en eso. La historia está llena de tópicos y los personajes son un calco de los mismos personajes ya mil veces vistos en el cine: el poli dedicado en cuerpo y alma a su oficio, con una vida personal penosa, con varios divorcios a sus espaldas y a las puertas de otro; la mujer del policía, ese personaje absurdo de todas las películas que se enamora del tío siendo este ya poli y que luego termina dejándolo precisamente por ser poli; el ladrón que es como un padre para su banda, compuesta por un montón de descerebrados que no saben dar un paso sin el jefe… En fin, lo de siempre.

Lo que pasa es que Mann empieza a enrollarse con un montón de historias personales de los personajes que alargan la peli hasta un punto verdaderamente infumable: tres horas, tressssss, la mayor parte de ellas dedicadas a los conflictos amorosos de los polis y los ladrones, que si a uno le pone los cuernos la mujer y lo quiere dejar, que al otro también lo quiere dejar la suya, que el otro está muy solo y conoce a una periquita en un bar y se lía con ella… Qué hartura, hay ratos que parece que va a aparecer de un momento a otro Sandra Bullock o Meg Ryan.

Por no hablar de las tramas paralelas innecesarias, que no pintan nada y que solo contribuyen a aumentar todavía más el metraje. Por ejemplo, la historia de Natalie Portman, la hija de la mujer del poli… Por favor, realmente era necesario meter ahí ese conflicto adolescente? Qué aporta al desarrollo argumental del film? De verdad hace falta en una historia de 3 horas dedicar 15 minutos a una niña penosa a la que su papá biológico no hace ni caso ni su mamá tampoco porque está muy ocupada con sus conflictos conyugales? Eeeeeh, yuhuuuuuu, Mann, que es una de polis y ladroneeees!

Y bueno, alguna de las subtramas amorosas son verdaderamente patéticas y bordean lo surrealista. Es entendible lo de Robert de Niro y Amy Brenneman? Que sí, que es una muchacha muy mona pero que él es el jefazo de una banda criminal, un tipo duro durísimo, y no puede salir una noche de copas y enamorarse locamente de una tía a la que conoce en un bar y con la que echa un polvete, por diosssss! Y la siguiente vez que la ve le dice que lo deje todo y se escape con él a la Conchinchina, un poquito de porfavoooor.

En fin, que no solo es larga de cojones; es que encima su infinita longitud no se debe a una intriga criminal apasionante sino a que los personajes tienen unas vidas personales de novela de Corín Tellado. Qué manera de cagarla con una película que podía haber estado muy bien con unos cuantos líos de faldas menos y sin la hora correspondiente a todos esos líos. Mal, Mann, muy mal.

jueves, 6 de junio de 2013

El dilema (The insider), by Michael Mann

Una gran película de Michael Mann. Certera, tensa, extensa, impecable en su desarrollo e intachable en su estética. Una banda sonora memorable. Y un duelo interpretativo de díficil resolución; no se sabe si es mejor Pacino o Crowe. Personalmente me quedo con el segundo, que para mí es un actor mucho más versátil. Pacino en el fondo siempre hace lo mismo: se mueve todo el rato de un lado para otro haciendo muchos aspavientos y de aquesta pose igual te hace de mafioso que de policía que de periodista, como en este caso.

El argumento supongo que ya lo sabéis. Basado en hechos reales, es la historia de un periodista y su fuente, un científico que saca a la luz el uso por parte de las tabacaleras de sustancias fuertemente adictivas muy peligrosas para la salud cuyo principal objetivo es acelerar el proceso de dependencia al tabaco. La tabacaleras quedan como el culo y este señor como un héroe que, tras una ardua lucha consigo mismo, resuelve su dilema y revela al mundo el gran secreto.

Mi problema es que yo en este contencioso voy con las tabacaleras. A ver, no es que considere que son unas hermanitas de la caridad, ni mucho menos; pero el tabaco es un negocio y estos tíos hacen lo que pueden, y sobre todo, "lo que les dejan" para rentabilizar al máximo su negocio. Y ahí está el quid de la cuestión, en ese "lo que les dejan". Porque queda claro que lo hacen porque hay alguien que les deja hacerlo.

Yo eso es lo que no entiendo. Cómo, tras salir a la luz el uso de esas sustancias peligrosísimas en un producto de consumo masivo, los gobiernos siguen permitiendo su venta tan ricamente. Pones un negocio de hostelería o de venta de alimentos y tienes un día sí y otro también a los inspectores ahí para comprobar que no te has saltado la menor norma de higiene en el trabajo, pero llegan éstos, le meten veneno a mansalva a su producto... y ahí no entra ni un inspector, tú. Ya le pueden meter matarratas, que como es un negociazo vía impuestos, les dejan que vendan legalmente y sin el menor obstáculo la mierda que les dé la gana. Y los malos de la película son las tabacaleras? O por lo menos, son los únicos malos?

Y luego está "la pobre víctima", el fumador.  Porque no olvidemos que todo este asunto tenía como finalidad última el terminar culpando a las tabacaleras de los cánceres que su producto provoca. Todo el mundo sabe a estas alturas que el tabaco es una droga fuertemente adictiva, que lleva sustancias peligrosísimas y supercancerígenas destinadas a que la nicotina llegue antes al pulmón y lo machaque con más brío. Y la gente sigue fumando igual. Desde cuándo nadie se ha echado para atrás al consumir una droga porque conozca los peligros que puede correr.

No, mire usted. Yo he sido fumadora un montón de años y un buen día me harté de ser esclava de un cacho de mierda liado en papel y de dar besos con sabor a cenicero, y lo dejé. Y jamás he echado la culpa a nadie de mi vicio; fui adicta porque me dio la gana y dejé de serlo cuando me dio la gana. Yo soy la única responsable de las consecuencias que mi adicción tuviera o pudiera tener en el futuro sobre mi salud, y abomino de todo intento de culpar a nadie más de lo que yo he hecho porque he querido y cuando he querido.

Y por eso esta película, por muy impecable que cinematográficamente pueda ser, que lo es, me parece falsaria, deshonesta y tramposa. Lanza un mensaje peligrosísimo al espectador: no te preocupes, no es culpa tuya que fumes tres cajetillas al día de esa porquería que te metes en el cuerpo; la culpa es de los hijosdeputa que te han creado la adicción en contra de tu voluntad. Tú no sabías, tú no querías, tú eres un buen chico. Y un cuerno! Puede que ese mensaje valga en una sociedad infantiloide como la norteamericana, pero conmigo no cuela. Qué coño!!!!