Leo algunas críticas por ahí en las que la gente se queja de que sobre el tema del alcoholismo en la pareja ya hay películas mucho mejores que ésta, que además no aporta nada nuevo. Bueno, y qué. Hay cientos de western que tratan sobre la construcción del ferrocarril en el salvaje Oeste y no por eso dejan de tener su interés.
Evidentemente esto no es “Días de vino y rosas” pero la película aborda el tema con bastante acierto. Su protagonista tampoco es Lee Remick pero Mary Elizabeth Winstead hace un papel más que notable e interpreta a su personaje con una gran dosis de verosimilitud, procurando huir del aspaviento innecesario y de la exageración.
La historia es la de siempre: pareja con una relación muy ligada al alcohol entra en crisis cuando uno de los dos miembros decide dejarlo. Sí, es verdad que esto ya lo hemos visto antes pero cada vez tiene unos matices diferentes. En este caso se incide sobre todo en la falta de consistencia del amor; realmente en el momento en el que la protagonista deja de beber se ve claramente que ahí no hay mucho más que rascar, aparte de que el marido es un capullo de cuidado. Es una diferencia importante con respecto a “Días de vino y rosas”, donde sí que había un sentimiento intenso por parte de los personajes, aunque al final no fuera lo suficientemente fuerte como para salvar la relación.
En fin, ésta no es una obra de arte pero no está mal. Y apunto una ventaja adicional: James Ponsoldt tiene el pedazo de detalle de contarnos la historia en 85 minutos. De vez en cuando se agradece que un director decida no enredarse ni enredarnos y que cuente lo que tiene que contar en el tiempo exacto que necesita. Aunque sólo sea por eso, gracias, Ponsoldt.
lunes, 31 de marzo de 2014
viernes, 28 de marzo de 2014
Tú y yo, by Bernardo Bertolucci
Para empezar me hago una pregunta base: qué pretende Bernardo Bertolucci en el ocaso de su vida con esta su última película sobre un adolescente granulento. Tiene tal vez el maestro nostalgia de su juventud? Echa de menos sus primeros granos y sus primeras pajillas?
En fin, os cuento. La historia es un poco rara y, la verdad, me cuesta catalogarla, clasificarla y sobre todo valorarla. Esto es un chaval que en lugar de irse a pasar una semana a la nieve con sus compañeros de clase prefiere encerrarse clandestinamente él solo en un sótano oscuro, mugriento y abandonado a observar un hormiguero y a escuchar musiquita. En esto que está el chico tan feliz de la vida mirando su hormiguero cuando se le cuela en la guarida una hermanastra yonki y bastante perjudicada, ruidosa y pejiguera a más no poder, que no tiene nada mejor que hacer que joderle el planazo chupiguay que el chaval se ha montado.
Y la mayoría pensaréis: pues la mata o se lían a hostia limpia o algo así. Y los más guarretes pensaréis: guay, incesto a la vista (sobre todo si la tía está buena, que lo está; Tea Falco se llama la moza). Bueno, pues no; la cosa es que congenian y se hacen coleguitas y ella pasa el mono y él se porta con ella como un hermano de pro, cuidándola y limpiándole las vomitonas y demás cochinadas, a pesar de que la tía ha venido a fastidiarle por to el morro sus fantásticas vacances de ermitaño subterráneo.
Choca un poco, no? Choca la historia, chocan los comportamientos de los personajes, chocan los diálogos y choca el desarrollo de la relación. Y sin embargo… no sé, da como ternurilla. El chaval está tan solo y la otra tan pirada y tan sola también que parece obligado que se agarren el uno al otro como a un clavo ardiendo. Y ahí estoy, que si me gusta que si no me gusta. Hombre, no es “El último tango en París” ni mucho menos y tanto los personajes como la relación entre ellos son mucho menos destroyer pero Bertolucci es un tío que cuando se pone a indagar en el alma de la gente casi siempre saca cosas interesantes y toca alguna tecla afectiva en el personal, aunque sea en las pelotas. Y ahí sigo, que si sí que si no, sin terminar de decidirme. Pero ya sabéis lo que se dice: la duda es el primer paso hacia la sabiduría. O algo así.
En fin, os cuento. La historia es un poco rara y, la verdad, me cuesta catalogarla, clasificarla y sobre todo valorarla. Esto es un chaval que en lugar de irse a pasar una semana a la nieve con sus compañeros de clase prefiere encerrarse clandestinamente él solo en un sótano oscuro, mugriento y abandonado a observar un hormiguero y a escuchar musiquita. En esto que está el chico tan feliz de la vida mirando su hormiguero cuando se le cuela en la guarida una hermanastra yonki y bastante perjudicada, ruidosa y pejiguera a más no poder, que no tiene nada mejor que hacer que joderle el planazo chupiguay que el chaval se ha montado.
Y la mayoría pensaréis: pues la mata o se lían a hostia limpia o algo así. Y los más guarretes pensaréis: guay, incesto a la vista (sobre todo si la tía está buena, que lo está; Tea Falco se llama la moza). Bueno, pues no; la cosa es que congenian y se hacen coleguitas y ella pasa el mono y él se porta con ella como un hermano de pro, cuidándola y limpiándole las vomitonas y demás cochinadas, a pesar de que la tía ha venido a fastidiarle por to el morro sus fantásticas vacances de ermitaño subterráneo.
Choca un poco, no? Choca la historia, chocan los comportamientos de los personajes, chocan los diálogos y choca el desarrollo de la relación. Y sin embargo… no sé, da como ternurilla. El chaval está tan solo y la otra tan pirada y tan sola también que parece obligado que se agarren el uno al otro como a un clavo ardiendo. Y ahí estoy, que si me gusta que si no me gusta. Hombre, no es “El último tango en París” ni mucho menos y tanto los personajes como la relación entre ellos son mucho menos destroyer pero Bertolucci es un tío que cuando se pone a indagar en el alma de la gente casi siempre saca cosas interesantes y toca alguna tecla afectiva en el personal, aunque sea en las pelotas. Y ahí sigo, que si sí que si no, sin terminar de decidirme. Pero ya sabéis lo que se dice: la duda es el primer paso hacia la sabiduría. O algo así.
jueves, 27 de marzo de 2014
El graduado, by Mike Nichols
Cómo es posible que exista alguien tan acarajotao como el protagonista.
Cómo es posible que ese tío haya terminado una carrera con esa cara.
Cómo es posible que una pedazo tía se encapriche de semejante pánfilo.
Cómo es posible que una pedazo tía mire tan siquiera a semejante pánfilo.
Cómo es posible que Dustin Hoffman dé tanto repelús en este papel.
Cómo es posible que den tantas ganas de zamarrearlo pa que espabile.
Cómo es posible que este peñazo se haya convertido en un clásico.
Cómo es posible que Mike Nichols haya conseguido colar este truño.
Cómo es posible que ese tío haya terminado una carrera con esa cara.
Cómo es posible que una pedazo tía se encapriche de semejante pánfilo.
Cómo es posible que una pedazo tía mire tan siquiera a semejante pánfilo.
Cómo es posible que Dustin Hoffman dé tanto repelús en este papel.
Cómo es posible que den tantas ganas de zamarrearlo pa que espabile.
Cómo es posible que este peñazo se haya convertido en un clásico.
Cómo es posible que Mike Nichols haya conseguido colar este truño.
viernes, 21 de marzo de 2014
El señor de la guerra (Lord of War), by Andrew Niccol
EL TRAFICANTE
El traficante comprende muy joven que las armas son un gran negocio y que se puede vivir bastante bien de él. No se plantea dilemas morales; él no es el que mata, simplemente vende su producto y otros lo compran para matar. No es culpa suya que la gente esté tan ávida de sangre.
Nicolas Cage sorprende agradablemente con esta interpretación sobria pero al mismo tiempo intensa. Sin aspavientos tragicómicos, sin dramatismos innecesarios, el personaje le va como un guante y lo sabe: frío, amoral, cínico, pragmático… El perfecto hombre de negocios que hace que el mundo gire y que el mercado siga dinámico.
EL HERMANO DEL TRAFICANTE
El recién oscarizado Jared Leto está simplemente magnífico en el personaje del frágil y atormentado hermano del traficante. Un socio imposible en el mercado de la sangre, como un pequeño Pepito Grillo que permanentemente le pincha y le recuerda que lo que venden sirve para matar.
Leto borda su papel con esa apariencia de chico malote pero con buen fondo, que, a diferencia del hermano, sabe distinguir perfectamente el bien del mal. Sus entradas en la clínica de desintoxicación y las charlas en el coche, esnifando la última raya antes de entrar, son una lección de vida.
EL POLI
El representante de la Ley, de moral intachable, recto, respetuoso con las normas, que persigue a muerte al traficante pero que jamás se saltaría una sola para atraparle. Vive condenado a la frustración de saber que en realidad nunca podrá conseguirlo.
Ethan Hawke completa el trío de ases. Los duelos con Cage, en los que siempre sale burlado y con el rabo entre las piernas, tienen momentos verdaderamente antológicos. Llega a dar bastante penilla el pobre.
EL DIRECTOR
Un trabajo excelente. La película no decae en ningún momento y muestra en toda su crudeza el trasfondo del negocio de las armas pero sin perder un acertadísimo toque de humor negro que no la deja caer en un dramatismo facilón cargado de moralina.
Andrew Niccol encuentra el punto exacto entre el documento de denuncia y la comedia y consigue atrapar y seducir al espectador al mismo tiempo que va aportando datos espeluznantes sobre el comercio de armas en el mundo. Imprescindible para entender un poco de qué va este rollo.
El traficante comprende muy joven que las armas son un gran negocio y que se puede vivir bastante bien de él. No se plantea dilemas morales; él no es el que mata, simplemente vende su producto y otros lo compran para matar. No es culpa suya que la gente esté tan ávida de sangre.
Nicolas Cage sorprende agradablemente con esta interpretación sobria pero al mismo tiempo intensa. Sin aspavientos tragicómicos, sin dramatismos innecesarios, el personaje le va como un guante y lo sabe: frío, amoral, cínico, pragmático… El perfecto hombre de negocios que hace que el mundo gire y que el mercado siga dinámico.
EL HERMANO DEL TRAFICANTE
El recién oscarizado Jared Leto está simplemente magnífico en el personaje del frágil y atormentado hermano del traficante. Un socio imposible en el mercado de la sangre, como un pequeño Pepito Grillo que permanentemente le pincha y le recuerda que lo que venden sirve para matar.
Leto borda su papel con esa apariencia de chico malote pero con buen fondo, que, a diferencia del hermano, sabe distinguir perfectamente el bien del mal. Sus entradas en la clínica de desintoxicación y las charlas en el coche, esnifando la última raya antes de entrar, son una lección de vida.
EL POLI
El representante de la Ley, de moral intachable, recto, respetuoso con las normas, que persigue a muerte al traficante pero que jamás se saltaría una sola para atraparle. Vive condenado a la frustración de saber que en realidad nunca podrá conseguirlo.
Ethan Hawke completa el trío de ases. Los duelos con Cage, en los que siempre sale burlado y con el rabo entre las piernas, tienen momentos verdaderamente antológicos. Llega a dar bastante penilla el pobre.
EL DIRECTOR
Un trabajo excelente. La película no decae en ningún momento y muestra en toda su crudeza el trasfondo del negocio de las armas pero sin perder un acertadísimo toque de humor negro que no la deja caer en un dramatismo facilón cargado de moralina.
Andrew Niccol encuentra el punto exacto entre el documento de denuncia y la comedia y consigue atrapar y seducir al espectador al mismo tiempo que va aportando datos espeluznantes sobre el comercio de armas en el mundo. Imprescindible para entender un poco de qué va este rollo.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Pudor, by Tristán y David Ulloa
A ver, a ver qué me pido para esta noche. Uyys, mira, en la 2, en “Versión española”, ponen una española que tiene buena pinta. Guay, y además con tertulia incorporada. Y por la sinopsis parece chula: “historia sobre los deseos, obsesiones, secretos y miedos que no confesamos ni siquiera a quienes más queremos… Al igual que ocurre en muchas familias, los personajes sufren la peor de las soledades: la soledad en compañía”. Qué bien, ésta es de las mías, me la pido.
Pues sí, efectivamente, deseos, obsesiones, secretos y miedos hay a puñados en esta familia. Una familia triste, tortuosa, tensa e intensa. Lo que pasa es que de tan intensa y tan tensa y tan triste y tan tortuosa no hay quien se la crea. Luego en la tertulia posterior David Ulloa confiesa que tal vez se pasaron un poco de vueltas. Un poco no, David, os pasásteis siete pueblos.
Qué familia, madre mía, a cuál más perjudicado. Desde el niño, que ve fantasmas, a la madre, que recibe anónimos guarros, no hay por dónde pillar a ninguno. Qué penosos, qué mohínos, qué mustios, qué cabizbajos, qué compungidos, qué atormentados todos. Pues sí, David y Tristán Ulloa, os pasásteis siete pueblos. Menudo dramón.
Dice también Tristán Ulloa que retratan a una familia en un momento determinado en el que todos sus miembros están en crisis. Vale, pues igual ahí está el error. No existe esa familia; en todas las familias hay situaciones críticas de alguno o algunos de sus miembros, pero de todos a la vez… No jodas, tío. Eso no es una familia, es una puta pesadilla.
Eso sí, Elvira Mínguez está estupenda en ese papel en el que ya parece haberse especializado de mujer infeliz, torturada y sexualmente insatisfecha. Por cierto, por qué será que esta mujer sale masturbándose en casi todas sus películas. O delante del ordenador, o en un retrete público o donde le pille, pero el caso que el dedito no falla. Frente a ella, Nancho Novo se queda bastante cortito, tal vez porque las tribulaciones de su personaje le superan.
En definitiva, lo que pudo haber sido una buena historia sobre la incomunicación en el seno de la familia termina en esperpento por obra y gracia del tremendismo y la visión hiperbólica de los hermanos Ulloa, cosa que por otra parte ellos mismos reconocen al ver la película con la perspectiva que da el tiempo. Al menos tienen ese punto de lucidez.
Pues sí, efectivamente, deseos, obsesiones, secretos y miedos hay a puñados en esta familia. Una familia triste, tortuosa, tensa e intensa. Lo que pasa es que de tan intensa y tan tensa y tan triste y tan tortuosa no hay quien se la crea. Luego en la tertulia posterior David Ulloa confiesa que tal vez se pasaron un poco de vueltas. Un poco no, David, os pasásteis siete pueblos.
Qué familia, madre mía, a cuál más perjudicado. Desde el niño, que ve fantasmas, a la madre, que recibe anónimos guarros, no hay por dónde pillar a ninguno. Qué penosos, qué mohínos, qué mustios, qué cabizbajos, qué compungidos, qué atormentados todos. Pues sí, David y Tristán Ulloa, os pasásteis siete pueblos. Menudo dramón.
Dice también Tristán Ulloa que retratan a una familia en un momento determinado en el que todos sus miembros están en crisis. Vale, pues igual ahí está el error. No existe esa familia; en todas las familias hay situaciones críticas de alguno o algunos de sus miembros, pero de todos a la vez… No jodas, tío. Eso no es una familia, es una puta pesadilla.
Eso sí, Elvira Mínguez está estupenda en ese papel en el que ya parece haberse especializado de mujer infeliz, torturada y sexualmente insatisfecha. Por cierto, por qué será que esta mujer sale masturbándose en casi todas sus películas. O delante del ordenador, o en un retrete público o donde le pille, pero el caso que el dedito no falla. Frente a ella, Nancho Novo se queda bastante cortito, tal vez porque las tribulaciones de su personaje le superan.
En definitiva, lo que pudo haber sido una buena historia sobre la incomunicación en el seno de la familia termina en esperpento por obra y gracia del tremendismo y la visión hiperbólica de los hermanos Ulloa, cosa que por otra parte ellos mismos reconocen al ver la película con la perspectiva que da el tiempo. Al menos tienen ese punto de lucidez.
lunes, 17 de marzo de 2014
Hitchcock, by Sacha Gervasi
Si coges a Anthony Hopkins, le pones un cojín en la barriga, le echas diez kilos de maquillaje encima, le haces que ponga boca chocho y que ande como un tentetieso ... tenemos a Hitchcock.
Si coges a Helen Mirren, le plantas una peluca infame, unas gafapastas aún más infames y un look total Doña Croqueta, además de una cara de mala leche permanente... tenemos a Alma Hitchcock.
Si coges a Scarlett Johansson, la metes en una ducha, le pones el pelo chorreando y empiezas a darle cuchilladas tutiplén... tenemos a Vivien Leigh en Psicosis.
Si coges a Toni Collette, la vistes de estricta gobernanta, le colocas una carpeta y un boli en las manos y la haces perseguir todo el día a un señor gordo tenemos a la secretaria de Hitchcock.
Si coges a Hitchcock, lo llevas al Sálvame y empiezas a preguntarle todo sobre su vida, sus relaciones conyugales, sus dietas de adelgazamiento y su hora favorita para cagar... tenemos este pestiño.
Si coges a Sacha Gervasi, lo inflas a hostias, le arrancas todas las uñas y lo encierras un mes escuchando a Justin Bieber... tenemos exactamente lo que se merece por esta mamarrachada.
Si coges a Helen Mirren, le plantas una peluca infame, unas gafapastas aún más infames y un look total Doña Croqueta, además de una cara de mala leche permanente... tenemos a Alma Hitchcock.
Si coges a Scarlett Johansson, la metes en una ducha, le pones el pelo chorreando y empiezas a darle cuchilladas tutiplén... tenemos a Vivien Leigh en Psicosis.
Si coges a Toni Collette, la vistes de estricta gobernanta, le colocas una carpeta y un boli en las manos y la haces perseguir todo el día a un señor gordo tenemos a la secretaria de Hitchcock.
Si coges a Hitchcock, lo llevas al Sálvame y empiezas a preguntarle todo sobre su vida, sus relaciones conyugales, sus dietas de adelgazamiento y su hora favorita para cagar... tenemos este pestiño.
Si coges a Sacha Gervasi, lo inflas a hostias, le arrancas todas las uñas y lo encierras un mes escuchando a Justin Bieber... tenemos exactamente lo que se merece por esta mamarrachada.
viernes, 14 de marzo de 2014
La gran familia española, by Daniel Sánchez Arévalo
- Quim Gutiérrez? Hola, Quim, soy Daniel Sánchez Arévalo.
- Hombre, Dani, no me digas que tienes in mente otra peli.
- Pues sí, quiero hacer una peli rememorando la final del Mundial.
- Pero tío, cómo vas a hacer una peli de eso. Qué cantazo.
- Pues sí, la voy a hacer, pero tranqui, para disimular meteré una boda.
- Peor me lo pones; hay ya mil pelis de bodas, y todas supercutres.
- Pero no como ésta, que se celebrará el día de la gran final del Mundial.
- Qué morro. Tú lo que quieres es que la gente vaya al cine para rememorar la final.
- Sasto. Y de paso en la boda meteré a mucha gente pirada y neurasténica.
- Bueno, como en todas las pelis de bodas. Eso es lo más normal.
- Y un triste de ésos que le jode las fiestas a todo el mundo.
- Como en todas las pelis de bodas. Veo a Antonio de la Torre en el papel.
- Perfecto, de caníbal a deprimido crónico. Y qué tal un camarero borracho.
- Como en todas las pelis de bodas también. Ahí yo veo a Raúl Arévalo.
- Sí, Raúl hace muy bien de borracho. Lo malo es que se encasille.
- Tampoco puede faltar un novio con dudas; ah, y algún tercero en discordia.
- No faltará. Y todos los invitados serán una panda de gilipollas de campeonato.
- Como en todas las pelis de bodas. Me parece una boda demasiado normal.
- Bueno, y qué tiene de malo una boda normal. Puro costumbrismo.
- Pero para eso mejor te casas y lo grabas, y es menos follón.
- Ya, pero entonces no podremos volver a rememorar la final del Mundial.
- Y vas a hacer una puta película sólo para ver otra vez el gol de Iniesta, tío?
- Sastamente. Y para ganar pasta mientras lo veo. Te parece poco motivo?
- Huuuuummmm. Pues ahora que lo dices... no; me parece un motivo estupendo.
- Y a la gente le cuelas cualquier cosa, y más si te llamas Daniel Sánchez Arévalo.
- Pos oye, es verdad. Cuándo empezamos?
- Hombre, Dani, no me digas que tienes in mente otra peli.
- Pues sí, quiero hacer una peli rememorando la final del Mundial.
- Pero tío, cómo vas a hacer una peli de eso. Qué cantazo.
- Pues sí, la voy a hacer, pero tranqui, para disimular meteré una boda.
- Peor me lo pones; hay ya mil pelis de bodas, y todas supercutres.
- Pero no como ésta, que se celebrará el día de la gran final del Mundial.
- Qué morro. Tú lo que quieres es que la gente vaya al cine para rememorar la final.
- Sasto. Y de paso en la boda meteré a mucha gente pirada y neurasténica.
- Bueno, como en todas las pelis de bodas. Eso es lo más normal.
- Y un triste de ésos que le jode las fiestas a todo el mundo.
- Como en todas las pelis de bodas. Veo a Antonio de la Torre en el papel.
- Perfecto, de caníbal a deprimido crónico. Y qué tal un camarero borracho.
- Como en todas las pelis de bodas también. Ahí yo veo a Raúl Arévalo.
- Sí, Raúl hace muy bien de borracho. Lo malo es que se encasille.
- Tampoco puede faltar un novio con dudas; ah, y algún tercero en discordia.
- No faltará. Y todos los invitados serán una panda de gilipollas de campeonato.
- Como en todas las pelis de bodas. Me parece una boda demasiado normal.
- Bueno, y qué tiene de malo una boda normal. Puro costumbrismo.
- Pero para eso mejor te casas y lo grabas, y es menos follón.
- Ya, pero entonces no podremos volver a rememorar la final del Mundial.
- Y vas a hacer una puta película sólo para ver otra vez el gol de Iniesta, tío?
- Sastamente. Y para ganar pasta mientras lo veo. Te parece poco motivo?
- Huuuuummmm. Pues ahora que lo dices... no; me parece un motivo estupendo.
- Y a la gente le cuelas cualquier cosa, y más si te llamas Daniel Sánchez Arévalo.
- Pos oye, es verdad. Cuándo empezamos?
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