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viernes, 28 de marzo de 2014

Tú y yo, by Bernardo Bertolucci

Para empezar me hago una pregunta base: qué pretende Bernardo Bertolucci en el ocaso de su vida con esta su última película sobre un adolescente granulento. Tiene tal vez el maestro nostalgia de su juventud? Echa de menos sus primeros granos y sus primeras pajillas?

En fin, os cuento. La historia es un poco rara y, la verdad, me cuesta catalogarla, clasificarla y sobre todo valorarla. Esto es un chaval que en lugar de irse a pasar una semana a la nieve con sus compañeros de clase prefiere encerrarse clandestinamente él solo en un sótano oscuro, mugriento y abandonado a observar un hormiguero y a escuchar musiquita. En esto que está el chico tan feliz de la vida mirando su hormiguero cuando se le cuela en la guarida una hermanastra yonki y bastante perjudicada, ruidosa y pejiguera a más no poder, que no tiene nada mejor que hacer que joderle el planazo chupiguay que el chaval se ha montado.

Y la mayoría pensaréis: pues la mata o se lían a hostia limpia o algo así. Y los más guarretes pensaréis: guay, incesto a la vista (sobre todo si la tía está buena, que lo está; Tea Falco se llama la moza). Bueno, pues no; la cosa es que congenian y se hacen coleguitas y ella pasa el mono y él se porta con ella como un hermano de pro, cuidándola y limpiándole las vomitonas y demás cochinadas, a pesar de que la tía ha venido a fastidiarle por to el morro sus fantásticas vacances de ermitaño subterráneo.

Choca un poco, no? Choca la historia, chocan los comportamientos de los personajes, chocan los diálogos y choca el desarrollo de la relación. Y sin embargo… no sé, da como ternurilla. El chaval está tan solo y la otra tan pirada y tan sola también que parece obligado que se agarren el uno al otro como a un clavo ardiendo. Y ahí estoy, que si me gusta que si no me gusta. Hombre, no es “El último tango en París” ni mucho menos y tanto los personajes como la relación entre ellos son mucho menos destroyer pero Bertolucci es un tío que cuando se pone a indagar en el alma de la gente casi siempre saca cosas interesantes y toca alguna tecla afectiva en el personal, aunque sea en las pelotas. Y ahí sigo, que si sí que si no, sin terminar de decidirme. Pero ya sabéis lo que se dice: la duda es el primer paso hacia la sabiduría. O algo así.

jueves, 14 de marzo de 2013

Soñadores, by Bernardo Bertolucci

Ella: Hay una armonía cósmica entre la forma y el tamaño.

Él 1: Pero toda  armonía es una forma de entelequia, no?

Él 2: No, porque un poema es una petición y al mismo tiempo una repetición.

Ella: Aunque en la sustancia luminosa del ser está todo contenido.

Él 2: Así es, el desarrollo interior de la conciencia es el Universo.

Ella: Y en el pecado original está la esencia del engaño.

Él 1: Por eso la energía fluye con la sustancia de la sabiduría.

Ella: En verdad te digo que lo subyacente no habita en la esfera de los tiempos.

Bertolucci, retrato de un intelestuás.

viernes, 17 de junio de 2011

El último tango en París, by Bernardo Bertolucci

Reconozcamos que somos catetos. A babor y a estribor. Me pongo a leer críticas sobre esta película y prácticamente todas hablan de la escena de la mantequilla y de los míticos viajes a Perpignan. Se diría que todo el mundo esperaba con avidez ver la puta mantequilla en el culo para juzgar. Es increíble lo que una simple anécdota puede dar de sí y desvirtuar la realidad hasta convertir esta historia en un reclamo erótico, cuando estamos hablando de una de las cintas más impresionantes y desgarradoras sobre la soledad y el dolor.

Para mí es apasionante y brutal esta historia sin nombres, esa isla humana en la que los dos protagonistas se pierden, ajenos por completo a la vida exterior. Esa clandestinidad, ese no saber nada del otro. Esas risas cómplices en la cama, esos juegos de palabras, ese mundo perdido, esa soledad inmensa. Y luego ese dolor profundo, turbio, que arrastra el personaje de Brando, que llena la pantalla, eclipsa por completo a Schneider y deja un nudo en la garganta de proporciones considerables.

Dice Brando en un momento: "Todo fuera de aquí es una mierda". Y es cierto que lo es. En realidad lo esencial de la película  transcurre entre las cuatro paredes en las que se encuentran los dos desconocidos sin nombre, desnudos y sin máscaras. Lo demás es pura mierda.

Ah, y hay muchísimas escenas bastante más impactantes y sobrecogedoras, incluso más morbosas, que la de la mantequilla (tremenda Schneider penetrando a Brando con los dedos mientras él grita obscenidades). Y una música inolvidable. Y una fotografía oscura y decadente. Y ese tango final, y ese culo rebelde al aire...

Sólo una palabra: imprescindible.