Qué pereza me da hacer esta crítica. Me he aburrido tantísimo viendo la serie que aún más me aburre la idea de comentar nada sobre ella, por lo tanto seré breve, concisa y meridianamente clara.
1. La serie es una mierda.
2. Sandra Oh, cielos, tiene su insulsa jeta más planchada que nunca.
3. Lo único divertido es la asesina, Jodie Corner. Sensual, inteligente, irreverente... Imposible la trama, lo siento. Cómo se va a enamorar ese pedazo de tía, con ese talentazo para el crimen, esa finura carniceril y ese glamour asesino de la inexpresiva, tontorrona y narcótica Sandra Oh? No sé, es como si me dices que James Bond se enamora de Terelu Campos. Pero qué me estás contando?
En fin, no tengo ni idea de la flor en el culo con la que habrá nacido Waller-Bridge para que le hayan dado el montonazo de premios que tiene la serie, pero mi consejo es que si queréis entretenimiento, intriga y acción paséis de este rollo morollo. Diálogos soporíferos, verosimilitud nula... y luego esa cara aplastada de la señora Oh. Cieloooooossss, qué pesadilla!
lunes, 26 de agosto de 2019
jueves, 1 de agosto de 2019
Heridas abiertas (Serie), by Marti Noxon
Me pongo a ver esta serie de HBO, archialabada por la crítica y multibendecida por el favor del público, con un montón de premios para su director, Marti Noxon, y para las chicas protagonistas, Amy Adams y la maravillosa e inquietante Patricia Clarkson, que hace de desconcertante mamá de la primera.
En fin, ya digo que me pongo a verla, toda entusiasmada, dispuesta a engancharme como una bomba lapa.
Pero mira tú por dónde, resulta que:
1. Ya en el primer capítulo me doy cuenta de que no me entero de nada. Esto pega unos saltos que pa qué. No tengo ni idea de cuándo estamos en el presente, en el pasado reciente o en el pasado del año la polca. Un montón de flashbackses, ahora estoy aquí, ahora estoy allí, ahora tengo pelo largo, ahora corto, ahora rizado, ahora me pincho un dedo, ahora me corto un muslo con una cuchilla, ahora tengo el cuerpo hecho un cristo. Mi esperanza es que al llegar al último episodio me haya conseguido enterar de algo, y todas mis dudas se resuelvan por arte de magia Noxon.
2. No me entero tampoco de las relaciones de los personajes. Esa mujer... qué le pasa. Esa madre desquiciada, todo el día con el vaso de whisky en la mano. Esa hermana pequeña, que unas veces sale vestida de repollo imposible y otras de poligonera, estilo Rosalía, estilo Arrimadas. Y luego ese señor que está casado con la madre. Qué hace ese hombre con esa mujer? Y el sheriff del condado, qué raro, por favor. Pero qué me dices del policía que se lía con la alcohólica autolesionada? Y esto me recuerda la tercera cuestión:
3. Hostia, cómo bebe esta gente! Y qué aguante! Y encima directo de la botella, vasos pa qué? Que vas conduciendo? Pues te sacas la botellona de la guantera y le pegas un buen traguito. Que no hay whisky? Pues vodka, o ginebra, o garrafón de lo que sea. Esa muchacha, que vive prácticamente en la licorería. Y que esconde sus botellas debajo de la cama, no sé por qué, porque la madre y la hermana y el padrastro no se ocultan y beben como cosacos a ojos de todo el mundo. Del desayuno a la cena, esa gente se pasa el día con el vaso en la mano o directamente Adams con la botella, a morro. Pensando en el hígado de esas personas he sufrido lo indecible. Es que me dolía a mí incluso. Oye, un dolor en el lado... que igual tengo apendicitis pero para mí que es más aprensión que otra cosa.
En fin, cuento todo esto a falta de ver el último episodio y con la esperanza de que todo se me aclare en el último minuto. Que pueda decir: jodeeeeeer, claaaaaro, esto lo explica todoooooo. Coño, cómo no lo había pensado antes.
En fin, quedo a la espera de ese último episodio. Prometo que tanto si me entero como si no escribiré un espoiler y quien quiera que lo lea y quien no, que no lo lea.
De momento, a día de hoy sólo puedo decir aquello de "sólo sé que no sé nada".
En fin, ya digo que me pongo a verla, toda entusiasmada, dispuesta a engancharme como una bomba lapa.
Pero mira tú por dónde, resulta que:
1. Ya en el primer capítulo me doy cuenta de que no me entero de nada. Esto pega unos saltos que pa qué. No tengo ni idea de cuándo estamos en el presente, en el pasado reciente o en el pasado del año la polca. Un montón de flashbackses, ahora estoy aquí, ahora estoy allí, ahora tengo pelo largo, ahora corto, ahora rizado, ahora me pincho un dedo, ahora me corto un muslo con una cuchilla, ahora tengo el cuerpo hecho un cristo. Mi esperanza es que al llegar al último episodio me haya conseguido enterar de algo, y todas mis dudas se resuelvan por arte de magia Noxon.
2. No me entero tampoco de las relaciones de los personajes. Esa mujer... qué le pasa. Esa madre desquiciada, todo el día con el vaso de whisky en la mano. Esa hermana pequeña, que unas veces sale vestida de repollo imposible y otras de poligonera, estilo Rosalía, estilo Arrimadas. Y luego ese señor que está casado con la madre. Qué hace ese hombre con esa mujer? Y el sheriff del condado, qué raro, por favor. Pero qué me dices del policía que se lía con la alcohólica autolesionada? Y esto me recuerda la tercera cuestión:
3. Hostia, cómo bebe esta gente! Y qué aguante! Y encima directo de la botella, vasos pa qué? Que vas conduciendo? Pues te sacas la botellona de la guantera y le pegas un buen traguito. Que no hay whisky? Pues vodka, o ginebra, o garrafón de lo que sea. Esa muchacha, que vive prácticamente en la licorería. Y que esconde sus botellas debajo de la cama, no sé por qué, porque la madre y la hermana y el padrastro no se ocultan y beben como cosacos a ojos de todo el mundo. Del desayuno a la cena, esa gente se pasa el día con el vaso en la mano o directamente Adams con la botella, a morro. Pensando en el hígado de esas personas he sufrido lo indecible. Es que me dolía a mí incluso. Oye, un dolor en el lado... que igual tengo apendicitis pero para mí que es más aprensión que otra cosa.
En fin, cuento todo esto a falta de ver el último episodio y con la esperanza de que todo se me aclare en el último minuto. Que pueda decir: jodeeeeeer, claaaaaro, esto lo explica todoooooo. Coño, cómo no lo había pensado antes.
En fin, quedo a la espera de ese último episodio. Prometo que tanto si me entero como si no escribiré un espoiler y quien quiera que lo lea y quien no, que no lo lea.
De momento, a día de hoy sólo puedo decir aquello de "sólo sé que no sé nada".
spoiler:
No la veáis, es una mierda de serie. Y además en el último capítulo sigues sin enterarte de nada y... ni siquiera pisa la licorería. NI una puta copa. Menuda porquería!
martes, 23 de julio de 2019
Los Hollar, by John Krasinski
Me encontré con esta película mientras zapeaba indolente una noche de domingo intentando evitar la última gala infumable de Supervivientes 2019. Al principio pensé que se trataba de una de esas series de hospitales que tanto enganchan, porque tanto el tono como la música como los diálogos tenían toda la pinta. Pero ya al cabo del rato me dí cuenta de que no, de que era una peli de ésas catalogadas como "cine indie", estilo Sundance, y decidí quedarme hasta el final. También me quedé porque la protagonista era Margo Martindale, que es una actriz que me gusta mucho y estaba muy bien en el papel de señora enferma acojonada a las puertas de una gordísima operación cerebral.
Y ya que me quedo me entero de que la familia está un poco taradilla, que es la fórmula mágica del cine indie. Porque claro, las familias poco conflictivas no tienen cabida en este tipo de películas. Una familia en crisis mola mucho más. Tienen que juntarse un montón de cosas para que el argumento atrape, y aquí reconozco que Krasinski no se ha andado con chiquitas: la madre con tumor cerebral, el padre arruinado, un hijo divorciado y colgadísimo, y el otro a punto de ser padre pero con pánico al compromiso. Y por si fuera poco se une al clan la embarazadísima novia del protagonista, que es una actriz que se parece un montón a Irene Montero y que se llama Anna Kendrick. Ya tenemos cinco personajes en busca de dramón. Eso sí, perro no hay, con la vidilla que da un buen can. Krasinski ha perdido una ocasión única de meter el típico monólogo lacrimógeno abrazando a la mascota de la familia.
En la línea habitual del cine independiente, casi todos los personajes masculinos bordean la subnormalidad; son inmaduros, básicos, dependientes, irresponsables y completamente cretinos. Por contra, las mujeres aparecen como inteligentes, equilibradas y resolutivas. Es algo que no me explico porque en el mundo real si echo un vistazo a mi alrededor me encuentro bastante mejor repartido este ramillete de cualidades entre los sexos. Sin embargo en estas películas se nos muestra un mundo en el que a dios gracias las mujeres somos las salvadoras porque si tuviéramos que fiarnos de los tipos que salen en ellas nos íbamos al carajo de momento. No sé, soy mujer y salgo beneficiada en el retrato pero no deja de parecerme bastante injusto, y creo que si fuera un tío mandaría el cine independiente a tomar por culo para siempre.
Y ya que me quedo me entero de que la familia está un poco taradilla, que es la fórmula mágica del cine indie. Porque claro, las familias poco conflictivas no tienen cabida en este tipo de películas. Una familia en crisis mola mucho más. Tienen que juntarse un montón de cosas para que el argumento atrape, y aquí reconozco que Krasinski no se ha andado con chiquitas: la madre con tumor cerebral, el padre arruinado, un hijo divorciado y colgadísimo, y el otro a punto de ser padre pero con pánico al compromiso. Y por si fuera poco se une al clan la embarazadísima novia del protagonista, que es una actriz que se parece un montón a Irene Montero y que se llama Anna Kendrick. Ya tenemos cinco personajes en busca de dramón. Eso sí, perro no hay, con la vidilla que da un buen can. Krasinski ha perdido una ocasión única de meter el típico monólogo lacrimógeno abrazando a la mascota de la familia.
En la línea habitual del cine independiente, casi todos los personajes masculinos bordean la subnormalidad; son inmaduros, básicos, dependientes, irresponsables y completamente cretinos. Por contra, las mujeres aparecen como inteligentes, equilibradas y resolutivas. Es algo que no me explico porque en el mundo real si echo un vistazo a mi alrededor me encuentro bastante mejor repartido este ramillete de cualidades entre los sexos. Sin embargo en estas películas se nos muestra un mundo en el que a dios gracias las mujeres somos las salvadoras porque si tuviéramos que fiarnos de los tipos que salen en ellas nos íbamos al carajo de momento. No sé, soy mujer y salgo beneficiada en el retrato pero no deja de parecerme bastante injusto, y creo que si fuera un tío mandaría el cine independiente a tomar por culo para siempre.
miércoles, 10 de julio de 2019
Big Little Lies (Serie de TV), by David E. Kelley
De Big Litle Lies me gustan las casas, los paisajes, la música, la fotografía y los niños, sobre todo el niño protagonista, que según he descubierto es el mismo actorcito de "El joven Sheldon".
Me gusta también ver a un montón de gente supermegarrica siendo muy desgraciada y paseando sus múltiples miserias por la pantalla de mi tele. Supongo que es uno de los grandes atractivos de la serie para las clases desfavorecidas. A los pobres siempre nos ha gustado regodearnos con las penas de los ricos. Hubo incluso un culebrón hace años que se llamaba justo así: "Los ricos también lloran"
Las actrices muy bien todas, indiscutiblemente. Hay que reconocer que Nicole Kidman hace un excelente papel de pijísima maltratada, aunque también hay que hacer un supremo esfuerzo de imaginación para verla, con ese extraño peinado que parece un pelucón quimioterápico y con esos kilos de bótox que lleva inyectados en la cara, tan arrebatadoramente bella, virginal e inalcanzable como la ve el maltratador de su marido.
- Por qué se siente usted tan inseguro? - Le dice su terapeuta matrimonial.
- Mírela, sólo hay que verla. Es bella, perfecta, maravillosa, podría tener al hombre que quisiera. Cómo no me voy a sentir inseguro? - Responde él.
- Tú te has visto, chaval? Estás mil veces más bueno que la Kidman y probablemente eres unos cuantos años más joven. Si es cierto que ella podría estar con todos los tíos del mundo quién sería la bonita que te diría a ti que no, macizo? - Ésta es mi aportación personal.
En fin, ya digo que es verdad que reconforta ver a gente con muchísima pasta siendo superdesgraciada. Entretiene bastante preguntarse todo el rato qué coño le pasa a esa gente, que es incapaz de disfrutar de todas esas cosas de las que tú disfrutarías como una mona si estuvieran a tu alcance. Igual hay alguna regla matemática oculta que establece una relación inversamente proporcional entre la inteligencia emocional de las personas y la pasta que tienen, o el tamaño de sus cocinas y de sus terrazas. Algo así debe de ser.
En honor de Big Little Lies tengo que decir que, a pesar del tufo hembrista que arrastra y del llamamiento a la sororidad que es la base del hilo argumental y que llega a su apoteosis en el último episodio, hace un pequeño esfuerzo de honestidad intelectual al presentar a una mujer maltratada de forma distinta a la frágil víctima a la que estamos acostumbrados a través del extendido tópico. De hecho Kelley, el director de la serie, hace un encomiable esfuerzo por presentarla como una mujer fuerte, inteligente, razonablemente feliz y con una parte importante de responsabilidad en su papel de víctima. Una mujer que incluso reconoce ante su terapeuta disfrutar sexualmente con su marido tras los episodios de violencia conyugal. Vamos, que le pone que el muchacho la hostie de vez en cuando y le haga unos cuantos morados. Sin pasarse, claro. Puede parecer una tontería pero para mí, en estos tiempos chorras en los que se habla de la violencia de género casi como de un tipo de terrorismo institucional, que alguien intente profundizar un poco más en los entresijos de este tipo de relaciones tóxicas es muy de agradecer.
Por lo demás hay que echarle bastante estómago para escuchar un promedio de 555 veces por capítulo la palabra "cielo". El personaje de Reese Witherspoon concretamente lo repite constantemente como un insoportable mantra. 3 cielos por episodio a la hija adolescente, 5 al marido, otros 3 a su mejor amiga y 7 más de propina esparcidos al azar y dirigidos a personajes varios: camareros, señoras de la limpieza, mascotas... Un ascazo, vamos.
Me gusta también ver a un montón de gente supermegarrica siendo muy desgraciada y paseando sus múltiples miserias por la pantalla de mi tele. Supongo que es uno de los grandes atractivos de la serie para las clases desfavorecidas. A los pobres siempre nos ha gustado regodearnos con las penas de los ricos. Hubo incluso un culebrón hace años que se llamaba justo así: "Los ricos también lloran"
Las actrices muy bien todas, indiscutiblemente. Hay que reconocer que Nicole Kidman hace un excelente papel de pijísima maltratada, aunque también hay que hacer un supremo esfuerzo de imaginación para verla, con ese extraño peinado que parece un pelucón quimioterápico y con esos kilos de bótox que lleva inyectados en la cara, tan arrebatadoramente bella, virginal e inalcanzable como la ve el maltratador de su marido.
- Por qué se siente usted tan inseguro? - Le dice su terapeuta matrimonial.
- Mírela, sólo hay que verla. Es bella, perfecta, maravillosa, podría tener al hombre que quisiera. Cómo no me voy a sentir inseguro? - Responde él.
- Tú te has visto, chaval? Estás mil veces más bueno que la Kidman y probablemente eres unos cuantos años más joven. Si es cierto que ella podría estar con todos los tíos del mundo quién sería la bonita que te diría a ti que no, macizo? - Ésta es mi aportación personal.
En fin, ya digo que es verdad que reconforta ver a gente con muchísima pasta siendo superdesgraciada. Entretiene bastante preguntarse todo el rato qué coño le pasa a esa gente, que es incapaz de disfrutar de todas esas cosas de las que tú disfrutarías como una mona si estuvieran a tu alcance. Igual hay alguna regla matemática oculta que establece una relación inversamente proporcional entre la inteligencia emocional de las personas y la pasta que tienen, o el tamaño de sus cocinas y de sus terrazas. Algo así debe de ser.
En honor de Big Little Lies tengo que decir que, a pesar del tufo hembrista que arrastra y del llamamiento a la sororidad que es la base del hilo argumental y que llega a su apoteosis en el último episodio, hace un pequeño esfuerzo de honestidad intelectual al presentar a una mujer maltratada de forma distinta a la frágil víctima a la que estamos acostumbrados a través del extendido tópico. De hecho Kelley, el director de la serie, hace un encomiable esfuerzo por presentarla como una mujer fuerte, inteligente, razonablemente feliz y con una parte importante de responsabilidad en su papel de víctima. Una mujer que incluso reconoce ante su terapeuta disfrutar sexualmente con su marido tras los episodios de violencia conyugal. Vamos, que le pone que el muchacho la hostie de vez en cuando y le haga unos cuantos morados. Sin pasarse, claro. Puede parecer una tontería pero para mí, en estos tiempos chorras en los que se habla de la violencia de género casi como de un tipo de terrorismo institucional, que alguien intente profundizar un poco más en los entresijos de este tipo de relaciones tóxicas es muy de agradecer.
Por lo demás hay que echarle bastante estómago para escuchar un promedio de 555 veces por capítulo la palabra "cielo". El personaje de Reese Witherspoon concretamente lo repite constantemente como un insoportable mantra. 3 cielos por episodio a la hija adolescente, 5 al marido, otros 3 a su mejor amiga y 7 más de propina esparcidos al azar y dirigidos a personajes varios: camareros, señoras de la limpieza, mascotas... Un ascazo, vamos.
lunes, 17 de junio de 2019
Sully, by Clint Eastwood
En realidad los hechos que recrea Clint Eastwood en Sully en principio parecen bastante interesantes. La historia (real) del piloto que se enfrenta a una avería de los motores del avión y que realiza un amerizaje de emergencia en el río Hudson, salvando la vida de todos los pasajeros y la tripulación, creo que podría haber dado mucho juego.
No me explico cómo Eastwood con esa materia prima ha podido parir una película tan sosa, que atrapa tan poco al espectador.
O sí, me lo explico, porque sé exactamente lo que le falta a la peli y lo que le sobra.
LO QUE FALTA.
Falta lo principal: alma. Falta eso tan propio de las películas de catástrofes aéreas, sentir la angustia de los pasajeros, conocer sus historias, algo que nos haga ponernos en su lugar y compadecerlos. Saber quién los espera al otro lado, ponerles nombres y apellidos, no verlos como una masa informe que se resume en un número. Sully salva con su hazaña a X personas, de las cuales no sabemos nada, apenas una leve pincelada de alguna de ellas, no la suficiente para que sintamos el menor interés por lo que les pueda ocurrir.
LO QUE SOBRA.
Sobran referencias al pasado. Las retrospectivas resultan cansinas, innecesarias y soporíferas. No entiendo qué le importa al espectador cómo aprendió Sully a volar, la verdad.
Sobran llamadas de teléfono de Tom Hanks a su señora, interpretada por Laura Linney, sólo para decirle que está bien, que no se preocupe y que la quiere mucho. Por su parte, la única aportación del personaje de Linney es que por ella nos enteramos de que Sully tiene problemas económicos y que como pierda su trabajo se va a ver en serios aprietos.
Sobran las charlas insulsas de Hanks con su copiloto. Resulta asombroso que unas personas que han vivido una experiencia tan fuerte, tan traumática, tan al límite de la muerte, puedan tener esas conversaciones tan anodinas, poco interesantes y somníferas.
En definitiva, una historia que podía haber resultado apasionante, con un material de partida tan prometedor, se convierte en un film pesado, lento y mediocre. Ni siquiera el siempre eficaz Hanks consigue salvarse de la quema. Una no deja de preguntarse cómo un tipo tan poco vital, que no parece tener un gramo de sangre en las venas, ha conseguido salvar su vida y las de un montón de personas más. De dónde pudo sacar la energía para hacerlo? Ni idea.
No me explico cómo Eastwood con esa materia prima ha podido parir una película tan sosa, que atrapa tan poco al espectador.
O sí, me lo explico, porque sé exactamente lo que le falta a la peli y lo que le sobra.
LO QUE FALTA.
Falta lo principal: alma. Falta eso tan propio de las películas de catástrofes aéreas, sentir la angustia de los pasajeros, conocer sus historias, algo que nos haga ponernos en su lugar y compadecerlos. Saber quién los espera al otro lado, ponerles nombres y apellidos, no verlos como una masa informe que se resume en un número. Sully salva con su hazaña a X personas, de las cuales no sabemos nada, apenas una leve pincelada de alguna de ellas, no la suficiente para que sintamos el menor interés por lo que les pueda ocurrir.
LO QUE SOBRA.
Sobran referencias al pasado. Las retrospectivas resultan cansinas, innecesarias y soporíferas. No entiendo qué le importa al espectador cómo aprendió Sully a volar, la verdad.
Sobran llamadas de teléfono de Tom Hanks a su señora, interpretada por Laura Linney, sólo para decirle que está bien, que no se preocupe y que la quiere mucho. Por su parte, la única aportación del personaje de Linney es que por ella nos enteramos de que Sully tiene problemas económicos y que como pierda su trabajo se va a ver en serios aprietos.
Sobran las charlas insulsas de Hanks con su copiloto. Resulta asombroso que unas personas que han vivido una experiencia tan fuerte, tan traumática, tan al límite de la muerte, puedan tener esas conversaciones tan anodinas, poco interesantes y somníferas.
En definitiva, una historia que podía haber resultado apasionante, con un material de partida tan prometedor, se convierte en un film pesado, lento y mediocre. Ni siquiera el siempre eficaz Hanks consigue salvarse de la quema. Una no deja de preguntarse cómo un tipo tan poco vital, que no parece tener un gramo de sangre en las venas, ha conseguido salvar su vida y las de un montón de personas más. De dónde pudo sacar la energía para hacerlo? Ni idea.
jueves, 16 de mayo de 2019
Toc Toc, by Vicente Villanueva
No comparto la opinión de alguna gente respecto a que de las enfermedades mentales no se puede hacer humor. Claro que se puede hacer, y además del bueno. No hay más que recordar a Jack Nicholson y su personaje de "Peor imposible", ese ser lleno de manías y comportamientos compulsivos que nos termina pareciendo entrañable.
El problema es que también se puede perpetrar algo ridículo, ofensivo y sin gracia, que es exactamente lo que hace Vicente Villanueva en esta película basada en la obra teatral del humorista francés Laurent Baffie. Ignoro si el tal Baffie es un singracia, como tantos otros que se autoadjudican el oficio de humoristas, o si es esta versión de su trabajo la que la ha cagado hasta el fondo. Para opinar con propiedad tendría que haber visto la obra en un escenario, pero algo me dice que no debe de variar mucho del truño este.
En fin, básicamente ésta es la historia de un grupo de desgraciados que se encuentran en la sala de espera de la consulta de un psiquiatra. Uno que dice palabrotas compulsivamente, otro que no puede andar sin pisar las rayas del suelo, una que se santigua continuamente, otra que repite varias veces todo lo que dice, otra que tiene pánico a los microbios y se lava las manos todo el tiempo... vamos, un repertorio de trastornos obsesivos bastante típico. Como es natural hay que escoger a uno de cada, para que haga más gracia, y por supuesto los actores tienen que caricaturizar a los personajes al máximo, empezando por las propias caracterizaciones físicas. Todos muy sobreactuados, muy chillones y muy desquiciados
Por no hacer demasiada sangre y apuntar algo positivo yo al único que salvaría de la quema es a Paco León, que me da la impresión de que entre tanto desparrame intenta dotar de un poco de dignidad a su personaje, el obseso de los números.
Ya, ya sé que estas películas carecen de más pretensión que la de hacer pasar a la gente un rato entretenido y que tampoco se le pueden pedir peras al olmo. Pero sería mucho pedir que haya algunos chistecillos graciosos, por ejemplo? O que los personajes despierten algo de ternura, empatía o simpatía en el espectador? O que la mandíbula no llegue al límite mismo del desencajamiento por bostezo? No sé, que se cumpla esa sencilla pretensión de entretener sin más.
No pido una genialidad, no pido una carcajada tras otra, no pido una película inolvidable. Sólo pasar un buen ratillo, nada más. Espero sinceramente que no se cumpla la amenaza final de una posible continuación.
En fin, siempre nos quedará Jack.
El problema es que también se puede perpetrar algo ridículo, ofensivo y sin gracia, que es exactamente lo que hace Vicente Villanueva en esta película basada en la obra teatral del humorista francés Laurent Baffie. Ignoro si el tal Baffie es un singracia, como tantos otros que se autoadjudican el oficio de humoristas, o si es esta versión de su trabajo la que la ha cagado hasta el fondo. Para opinar con propiedad tendría que haber visto la obra en un escenario, pero algo me dice que no debe de variar mucho del truño este.
En fin, básicamente ésta es la historia de un grupo de desgraciados que se encuentran en la sala de espera de la consulta de un psiquiatra. Uno que dice palabrotas compulsivamente, otro que no puede andar sin pisar las rayas del suelo, una que se santigua continuamente, otra que repite varias veces todo lo que dice, otra que tiene pánico a los microbios y se lava las manos todo el tiempo... vamos, un repertorio de trastornos obsesivos bastante típico. Como es natural hay que escoger a uno de cada, para que haga más gracia, y por supuesto los actores tienen que caricaturizar a los personajes al máximo, empezando por las propias caracterizaciones físicas. Todos muy sobreactuados, muy chillones y muy desquiciados
Por no hacer demasiada sangre y apuntar algo positivo yo al único que salvaría de la quema es a Paco León, que me da la impresión de que entre tanto desparrame intenta dotar de un poco de dignidad a su personaje, el obseso de los números.
Ya, ya sé que estas películas carecen de más pretensión que la de hacer pasar a la gente un rato entretenido y que tampoco se le pueden pedir peras al olmo. Pero sería mucho pedir que haya algunos chistecillos graciosos, por ejemplo? O que los personajes despierten algo de ternura, empatía o simpatía en el espectador? O que la mandíbula no llegue al límite mismo del desencajamiento por bostezo? No sé, que se cumpla esa sencilla pretensión de entretener sin más.
No pido una genialidad, no pido una carcajada tras otra, no pido una película inolvidable. Sólo pasar un buen ratillo, nada más. Espero sinceramente que no se cumpla la amenaza final de una posible continuación.
En fin, siempre nos quedará Jack.
lunes, 22 de abril de 2019
Dos en la carretera, by Stanley Donen
Si hacemos un mix con lo que podríamos denominar como "cine matrimonial" y el "cine de carretera" de toda la vida (road movie para los amigos de lo anglosajón) nos damos de bruces con esta película, que es además el resultado de otra confluencia de dimensiones estelares, la del trío Donen-Hepburn-Mancini.
Donen, un tipo que supo convertir el cine en magia; Hepburn, una mujer que convirtió la belleza en hechizo; y Mancini, un compositor que hizo de la música un ejercicio de prestidigitación. Tres eran tres los hijos de Atenea.
Ésta es una película de culto, sobre todo para los amantes de la Hepburn y para los fans incondicionales de Mancini, cuya música nunca deja indiferente, para bien o para mal. Hay quien flipa con él y hay a quien le irrita. Yo soy de las primeras, y además creo que la fusión de estos tres personajes míticos no se la puede perder cualquier amante del séptimo arte.
Y una vez dicho todo esto para que no quede la menor duda de mi rendida admiración hacia los artífices del film, tengo que decir que...
VAYA MIERDA DE PELÍCULA!
Cómo es posible que un director, una actriz y un músico como ellos hayan parido este bodrio?
Quién eligió a ese horrible actor que parece el alter ego de Donald Trump con 25 años menos?
Qué pudo ver una mujer como Hepburn en ese mamarracho?
Dónde está el supuesto feeling entre ellos?
Y sobre todo...
CÓMO PUEDE QUEDARSE HEPBURN AL FINAL CON ESE GAÑÁN?
Donen, un tipo que supo convertir el cine en magia; Hepburn, una mujer que convirtió la belleza en hechizo; y Mancini, un compositor que hizo de la música un ejercicio de prestidigitación. Tres eran tres los hijos de Atenea.
Ésta es una película de culto, sobre todo para los amantes de la Hepburn y para los fans incondicionales de Mancini, cuya música nunca deja indiferente, para bien o para mal. Hay quien flipa con él y hay a quien le irrita. Yo soy de las primeras, y además creo que la fusión de estos tres personajes míticos no se la puede perder cualquier amante del séptimo arte.
Y una vez dicho todo esto para que no quede la menor duda de mi rendida admiración hacia los artífices del film, tengo que decir que...
VAYA MIERDA DE PELÍCULA!
Cómo es posible que un director, una actriz y un músico como ellos hayan parido este bodrio?
Quién eligió a ese horrible actor que parece el alter ego de Donald Trump con 25 años menos?
Qué pudo ver una mujer como Hepburn en ese mamarracho?
Dónde está el supuesto feeling entre ellos?
Y sobre todo...
CÓMO PUEDE QUEDARSE HEPBURN AL FINAL CON ESE GAÑÁN?
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