La protagonista de esta película pretende ser una especie de Ameliè a la británica, pero es evidente que no ha usado las suficientes compresas con alas para parecerse mínimamente a su modelo. Siendo irritante, espeluznante y pelipúntica a más no poder la propia Ameliè, al lado de esta insoportable petarda podría incluso llegar a ser mi mejor amiga.
Lo de esta mujer no tiene nombre. De qué coño se ríe todo el rato? Por qué hace hace tantas muecas? Por qué hasta cuando va a follar tiene que estar soltando chistecillos y gracietas, por cierto, con bastante poca gracia? Y esos saltitos al caminar, por favooooooorrrr, qué criatura más absurda! Y encima se llama Poppy, diossssss! Toíto lo tenía mi María Antonia.
Le dieron un montón de premios a Sally Hawkins por este personaje abominable que haría vomitar a una cabra. Incluso el propio Mike Leigh fue ampliamente alabado en su doble labor de director y guionista. No puedo explicarme por qué. No he visto película más prescindible, menos necesaria y más previsible en toda mi vida.
Lo único medianamente fumable del film es el personaje del profesor de autoescuela, interpretado por Eddie Marsan, que claramente está ahí con su mal humor, su aire de Pitufo Gruñón y sus comentarios cascarrabias para hacer contraste y realzar la supuesta positividad de la encantadora, optimista y felicísima Poppy.
Yo soy profesora de autoescuela y a mí me toca una alumna tan cargante, omnirisueña y megaflower como la Poppy esta y me liaría a poppazos con ella hasta conseguir que se bajara de mi coche y no se le ocurriera volver a subir en la vida. Solo pensar en conducir con una tía así en el asiento de al lado le dan a una ganas de estrellarse y terminar para siempre. Esto no es un cuento sobre la felicidad, señores; es una pura, dura y auténtica pesadilla.
martes, 8 de noviembre de 2016
lunes, 7 de noviembre de 2016
El último pasajero, by Omid Nooshin
Hace unos días iba yo en el tren a trabajar como cada mañana cuando de repente me di cuenta de que los cinco minutos normales del trayecto se estaban alargando alarmantemente. En efecto miré el reloj y comprobé que llevábamos más de 15 minutos en marcha. De inmediato me levanté y me acerqué a la única otra pasajera que iba en mi vagón, y le pregunté si no se había dado cuenta de que nos habíamos pasado la estación. Ella me contestó que no pero que sí se había percatado de que el tren tardaba mucho en llegar. Las dos paralizadas pensando cada una lo que estuviera pensando sin ser capaz de verbalizarlo, por fin después de unos minutos de tensa expectación, vimos la estación y respiramos tranquilas. Concluímos que por algún motivo habíamos venido más lentos que de costumbre, como así me confirmó luego el maquinista cuando le pregunté qué había pasado.
Lo que realmente yo pensaba es que alguien podía haber secuestrado el tren para llevarlo quién sabe dónde o estrellarlo contra quién sabe qué. Terroristas con toda seguridad. Íntimamente acepté mi destino y me preparé para morir lo más dignamente posible, aunque no miento si digo que también estuve calculando las posibilidades de pegarle un mamporrazo a la ventanilla de emergencia y tirarme en marcha.
Algo así es lo que ocurre en esta película, y por eso cuando vi de lo que iba decidí verla, más que nada por ver cómo resolvían ellos la situación y así aprender algo para un hipotético secuestro real en el futuro. Lo que pasa es que francamente veo pocas posibilidades de llevar a la práctica nada de lo que hacen los protagonistas en el film teniendo en cuenta que tienen muy poco tiempo para buscar una solución a su problema porque el choque es inminente y no se les ocurren más que majaderías. Y llegados a este punto no me queda más remedio que espoilear:
- En caso de secuestro de mi tren no pienso ponerme a hacer ojitos con otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso ponerme a ver tranquilamente numeritos de magia de otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso contarle mi vida y milagros a otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso escuchar la vida y milagros de otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso echarme a dormir tan ricamente.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso ponerme ciega bebiendo vodka con otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso provocar una deflagración letal para separar mi vagón de los demás.
De todas las gilipolleces que podrían ocurrírsele a una persona en caso de secuestro de un tren las que se le ocurren al director este, Omid Nooshin que se llama el interfecto, las sobrepasan todas con creces. El protagonista que se pone a ligar con una tía que acaba de conocer en el tren, el niño del protagonista que a pesar de saber que están a punto de estrellarse y morir se pasa medio trayecto sobando tan tranquilo, los pasajeros que se ponen a charlar de sus vidas y a contarse sus tragedias personales hasta que uno saca unas botellitas miniatura de su equipaje y entre todos se ponen a bebérselas bien relajaditos mientras otro dice que es mago y se lanza a demostrarlo haciéndoles unos cuantos numeritos. Vamos, que en lugar de ser un tren que en menos de un cuarto de hora va a estrellarse contra algo y todos la van a palmar parece mismamente un placentero y ameno viaje de amiguetes en el Orient Express.
Lo que realmente yo pensaba es que alguien podía haber secuestrado el tren para llevarlo quién sabe dónde o estrellarlo contra quién sabe qué. Terroristas con toda seguridad. Íntimamente acepté mi destino y me preparé para morir lo más dignamente posible, aunque no miento si digo que también estuve calculando las posibilidades de pegarle un mamporrazo a la ventanilla de emergencia y tirarme en marcha.
Algo así es lo que ocurre en esta película, y por eso cuando vi de lo que iba decidí verla, más que nada por ver cómo resolvían ellos la situación y así aprender algo para un hipotético secuestro real en el futuro. Lo que pasa es que francamente veo pocas posibilidades de llevar a la práctica nada de lo que hacen los protagonistas en el film teniendo en cuenta que tienen muy poco tiempo para buscar una solución a su problema porque el choque es inminente y no se les ocurren más que majaderías. Y llegados a este punto no me queda más remedio que espoilear:
- En caso de secuestro de mi tren no pienso ponerme a hacer ojitos con otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso ponerme a ver tranquilamente numeritos de magia de otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso contarle mi vida y milagros a otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso escuchar la vida y milagros de otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso echarme a dormir tan ricamente.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso ponerme ciega bebiendo vodka con otro secuestrado.
- En caso de secuestro de mi tren no pienso provocar una deflagración letal para separar mi vagón de los demás.
De todas las gilipolleces que podrían ocurrírsele a una persona en caso de secuestro de un tren las que se le ocurren al director este, Omid Nooshin que se llama el interfecto, las sobrepasan todas con creces. El protagonista que se pone a ligar con una tía que acaba de conocer en el tren, el niño del protagonista que a pesar de saber que están a punto de estrellarse y morir se pasa medio trayecto sobando tan tranquilo, los pasajeros que se ponen a charlar de sus vidas y a contarse sus tragedias personales hasta que uno saca unas botellitas miniatura de su equipaje y entre todos se ponen a bebérselas bien relajaditos mientras otro dice que es mago y se lanza a demostrarlo haciéndoles unos cuantos numeritos. Vamos, que en lugar de ser un tren que en menos de un cuarto de hora va a estrellarse contra algo y todos la van a palmar parece mismamente un placentero y ameno viaje de amiguetes en el Orient Express.
domingo, 9 de octubre de 2016
Dos días, una noche, by Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
Vale, es verdad: el mercado laboral es una mierda, la sociedad capitalista es una mierda, los empresarios son una mierda, los compañeros de trabajo son una mierda... la vida en general es una mierda, sobre todo la vida de los trabajadores.
Los Dardenne lo tienen claro, y el 80% de la gente que ha visto esta película también. Éste es un mundo competitivo y salvaje donde cada cual va a lo suyo e impera la ley del sálvese quien pueda.
Con la crisis lo hemos visto. Los despidos se hacían en pequeñas dosis y todo el mundo respiraba tranquilo cuando no le tocaba a él, aunque le hubiera tocado a su compañero de al lado de toda la vida. Somos así de asquerositos, queremos sobrevivir. Cuando alguien tiene cáncer nos da mucha pena pero respiramos aliviados de que no nos haya tocado a nosotros. El instinto de supervivencia tiene algo de monstruoso y malvado, no cabe duda. Tal vez deberíamos erradicarlo para crear una sociedad más justa y mejor. Lo sometemos a referéndum?
De todas formas, y aunque solo sea por poner una nota discrepante en la cantidad de críticas rendidas a los pies de los Dardenne y de la maravillosa Cotillard (que, francamente, es una chica muy guapa y pone una cara de angustia muy convincente, y además se pasa toda la película sin maquillar y sigue siendo guapa, y eso tiene su mérito), yo intentaría reflexionar sobre un par de aspectos morales que se plantean en la película, e intentaría hacerlo con el menor maniqueísmo posible:
1. Tú eres un empresario y durante la baja de uno de tus empleados te das cuenta de que el trabajo sale perfectamente adelante sin él sin que ello suponga una sobrecarga para los demás compañeros. O sea, que descubres que estás pagando un sueldo más de lo que realmente necesitas para que tu empresa funcione. Qué haces? Tiras de caridad cristiana o de sentimiento humanitario y mantienes ese puesto de más o a la primera oportunidad que se te presente te deshaces del elemento sobrante, bien jubilándolo anticipadamente, no renovándole el contrato temporal o como sea, dentro de la legalidad, por supuesto?
2. Tú necesitas tu paga extra porque es con ella con la que pagas cada año la matrícula de la Universidad de tu hijo. Sin paga extra no hay matrícula ni carrera universitaria. De repente te plantean la tesitura (escenario, que le dicen ahora) de tener que renunciar a esa paga totalmente vital para el futuro de tu hijo, o que no echen a una compañera de trabajo. En realidad te están planteando elegir entre el futuro de tu hijo y el de tu compañera. Cuál crees que es moralmente la opción adecuada? Es más, si tú fueras esa compañera de trabajo, te parecería ético poner a tu compañero en ese dilema?
En definitiva, si nos atenemos al planteamiento un tanto simplón de los Dardenne... podemos concluir que preferir en un momento dado que tu hijo pueda ir a la Universidad a que pueda hacerlo el hijo de tu compañero es una decisión cercana a la monstruosidad y nos acerca a los depredadores más temibles??
Podéis llamarme moñas, pero a mí lo que más me ha gustado de la peli es la historia de amor. Ese Fabrizio Rongione, maravilloso en su papel de marido enamorado hasta las trancas de Cotillard, sin importarle un puto huevo que ella lleve dos años sin follar con él a causa de su depresión, que le haga la cobra constantemente, gastando su día libre en el curro en una interminable peregrinación de casa en casa para que su señora consiga los avales suficientes para no ser despedida. Y todo el rato animándola, intentando levantarla, que no se hunda, que no recaiga, que no se tome más pastillas de la cuenta... Sinceramente, lo mejor de la historia. El resto muy flojito.
Los Dardenne lo tienen claro, y el 80% de la gente que ha visto esta película también. Éste es un mundo competitivo y salvaje donde cada cual va a lo suyo e impera la ley del sálvese quien pueda.
Con la crisis lo hemos visto. Los despidos se hacían en pequeñas dosis y todo el mundo respiraba tranquilo cuando no le tocaba a él, aunque le hubiera tocado a su compañero de al lado de toda la vida. Somos así de asquerositos, queremos sobrevivir. Cuando alguien tiene cáncer nos da mucha pena pero respiramos aliviados de que no nos haya tocado a nosotros. El instinto de supervivencia tiene algo de monstruoso y malvado, no cabe duda. Tal vez deberíamos erradicarlo para crear una sociedad más justa y mejor. Lo sometemos a referéndum?
De todas formas, y aunque solo sea por poner una nota discrepante en la cantidad de críticas rendidas a los pies de los Dardenne y de la maravillosa Cotillard (que, francamente, es una chica muy guapa y pone una cara de angustia muy convincente, y además se pasa toda la película sin maquillar y sigue siendo guapa, y eso tiene su mérito), yo intentaría reflexionar sobre un par de aspectos morales que se plantean en la película, e intentaría hacerlo con el menor maniqueísmo posible:
1. Tú eres un empresario y durante la baja de uno de tus empleados te das cuenta de que el trabajo sale perfectamente adelante sin él sin que ello suponga una sobrecarga para los demás compañeros. O sea, que descubres que estás pagando un sueldo más de lo que realmente necesitas para que tu empresa funcione. Qué haces? Tiras de caridad cristiana o de sentimiento humanitario y mantienes ese puesto de más o a la primera oportunidad que se te presente te deshaces del elemento sobrante, bien jubilándolo anticipadamente, no renovándole el contrato temporal o como sea, dentro de la legalidad, por supuesto?
2. Tú necesitas tu paga extra porque es con ella con la que pagas cada año la matrícula de la Universidad de tu hijo. Sin paga extra no hay matrícula ni carrera universitaria. De repente te plantean la tesitura (escenario, que le dicen ahora) de tener que renunciar a esa paga totalmente vital para el futuro de tu hijo, o que no echen a una compañera de trabajo. En realidad te están planteando elegir entre el futuro de tu hijo y el de tu compañera. Cuál crees que es moralmente la opción adecuada? Es más, si tú fueras esa compañera de trabajo, te parecería ético poner a tu compañero en ese dilema?
En definitiva, si nos atenemos al planteamiento un tanto simplón de los Dardenne... podemos concluir que preferir en un momento dado que tu hijo pueda ir a la Universidad a que pueda hacerlo el hijo de tu compañero es una decisión cercana a la monstruosidad y nos acerca a los depredadores más temibles??
Podéis llamarme moñas, pero a mí lo que más me ha gustado de la peli es la historia de amor. Ese Fabrizio Rongione, maravilloso en su papel de marido enamorado hasta las trancas de Cotillard, sin importarle un puto huevo que ella lleve dos años sin follar con él a causa de su depresión, que le haga la cobra constantemente, gastando su día libre en el curro en una interminable peregrinación de casa en casa para que su señora consiga los avales suficientes para no ser despedida. Y todo el rato animándola, intentando levantarla, que no se hunda, que no recaiga, que no se tome más pastillas de la cuenta... Sinceramente, lo mejor de la historia. El resto muy flojito.
domingo, 18 de septiembre de 2016
El amor perjudica seriamente la salud, by Manuel Gómez Pereira
Ella es una cerda y una cabrona; y él un santo varón con más paciencia que el pobre santo Job. Pero consiguen algo maravilloso: el amor eterno. Ella intenta explicarle que nunca serían felices si fueran una pareja al uso. Él no lo entiende. Es más básico, solo quiere estar con ella. No sabe que lo que realmente los ha mantenido unidos todo ese tiempo es justamente desearse y no tenerse.
Yo también creo, como Diana, que juntos no habrían durado ni dos meses, y también creo que el amor eterno consiste justamente en eso, en desearse mucho pero no tenerse, o tenerse muy ocasionalmente. Lo dice ella en un momento de la película: "Lo mejor del sexo es el deseo. El sexo es solo gimnasia; el deseo pura imaginación". Sabias palabras, vive dios. Las suscribo al cien por cien.
Una película ciertamente minusvalorada. Hacía tiempo que no la veía pero siempre me ha dejado muy buen sabor de boca.
Hay un montón de guiños constantes, a otras películas, a otras épocas, a la moda, a la música. Por cierto, fantástica banda sonora: Raphael, Los Beatles, ese bolerazo que canta la propia Ana Belén "No sé por qué te quiero, será que tengo alma de bolero"... Solo apta para nostálgicos.
Magnífico trabajo de Manuel Gómez Pereira. Y estupendo todo el reparto: Ana, Juanjo, Gabino.... hasta Penélope aquí se puede soportar. Bueno, y ese personaje maravilloso de la suegra de Santi, Lola Herrera, qué grande!!
Me quedo con la escena del restaurante. Ella y él, cada cual con su pareja, bailando y mirándose. Miento, no mirándose... comiéndose con la mirada. Hasta que en un momento dado sus espíritus se liberan, salen de sus cuerpos y terminan bailando juntos. Una escena preciosa, la mejor con diferencia.
Aunque bueno, tampoco desmerece esa otra en la que la noche de la muerte de John Lennon los dos acuden al hotel en el que se conocieron y escuchan "Let it be" al piano, sentados de espaldas en un sofá, sin verse el uno al otro, simplemente recordando.
Y el final... qué bueeeeeeeno!! Naturalmente no lo puedo contar pero Gómez Pereira lo borda. La carita última de los dos protagonistas es sencillamente de antología del cine español.
Yo también creo, como Diana, que juntos no habrían durado ni dos meses, y también creo que el amor eterno consiste justamente en eso, en desearse mucho pero no tenerse, o tenerse muy ocasionalmente. Lo dice ella en un momento de la película: "Lo mejor del sexo es el deseo. El sexo es solo gimnasia; el deseo pura imaginación". Sabias palabras, vive dios. Las suscribo al cien por cien.
Una película ciertamente minusvalorada. Hacía tiempo que no la veía pero siempre me ha dejado muy buen sabor de boca.
Hay un montón de guiños constantes, a otras películas, a otras épocas, a la moda, a la música. Por cierto, fantástica banda sonora: Raphael, Los Beatles, ese bolerazo que canta la propia Ana Belén "No sé por qué te quiero, será que tengo alma de bolero"... Solo apta para nostálgicos.
Magnífico trabajo de Manuel Gómez Pereira. Y estupendo todo el reparto: Ana, Juanjo, Gabino.... hasta Penélope aquí se puede soportar. Bueno, y ese personaje maravilloso de la suegra de Santi, Lola Herrera, qué grande!!
Me quedo con la escena del restaurante. Ella y él, cada cual con su pareja, bailando y mirándose. Miento, no mirándose... comiéndose con la mirada. Hasta que en un momento dado sus espíritus se liberan, salen de sus cuerpos y terminan bailando juntos. Una escena preciosa, la mejor con diferencia.
Aunque bueno, tampoco desmerece esa otra en la que la noche de la muerte de John Lennon los dos acuden al hotel en el que se conocieron y escuchan "Let it be" al piano, sentados de espaldas en un sofá, sin verse el uno al otro, simplemente recordando.
Y el final... qué bueeeeeeeno!! Naturalmente no lo puedo contar pero Gómez Pereira lo borda. La carita última de los dos protagonistas es sencillamente de antología del cine español.
domingo, 28 de agosto de 2016
Perder la razón, by Joachim Lafosse
1. Chica conoce chico de procedencia marroquí.
2. Chico se parece un huevo a Rafa Nadal
3. Chico tiene un padrino fantástico que le paga todo: boda, viaje de novios, crianza de niños, gastos médicos, casa con jardín... vidorra tutiplén.
4. Chica no está contenta con su vida pero viaja a Marruecos y se queda prendada de la cultura marroquí.
5. Chica se planta chilaba regalada por suegra marroquí, no se la quita ni pa cagar y empieza a empastillarse todo el día.
6. Chica se siente cada vez más desgraciada, llora mogollón, va a una psicóloga a ver si se cura y... hasta aquí puedo contar.
Esta es básicamente la historia de una ida de olla. Una tía que no tiene grandes preocupaciones en la vida, con una suerte que ya la quisieran para sí el 90% de los mortales, que ha dado con un paganini gracias al cual puede permitirse lo que quiera: tener cuantos hijos le dé la gana, trabajar o no trabajar según le apetezca, viajar, vivir donde le pete... peeeero vaya por dios, la muchacha no se halla a sí misma, no le ve la gracia a su vida, qué le vamos a hacer.
Bueno, vale, cualquiera puede tener una depresión y perder la pinza, de eso no está libre nadie por muy guay que sea su vida. Y lo que le pasa a esta mujer y lo que hace, toco madera, pero creo que le puede pasar a cualquier persona. La mente tiene recovecos muy traicioneros que la razón no entiende, no seré yo quien la juzgue ni tampoco estoy capacitada para ello.
Lo que no termino de entender es a qué juega Joachim Lafosse, el director. Tengo la vaga sensación de que está intentando culpar a alguien de lo que le pasa a esta mujer, que para mí es la simple historia de una locura. Sin embargo el tipo carga las tintas a veces contra el marido (Rafita Nadal en marroquí), a veces contra el padrino que todo lo paga y todo lo consiente (se llega incluso a insinuar una especie de enamoramiento del marido).... y hasta creo entrever cierta crítica hacia la sociedad occidental, tan poco humana, tan frenética... frente al relax y el ambiente idílico de la vida de una mujer en Marruecos. En fin, corramos un tupido velo.
Tanto es así que me he puesto a leer críticas, por simple curiosidad, a ver hasta dónde había calado el mensaje culpabilizador del director, y efectivamente, mucha gente interpreta la película en clave de culpa. Especialmente contra el benefactor de la familia, un personaje sinceramente para mí impecable, el abuelito perfecto: adora a los niños, juega con ellos, los cuida, vive por y para la familia. Es verdad que Lafosse pone trampillas, miradas ambiguas, momentos de tensión... pero lo cierto es que objetivamente hablando el tipo es el altruísmo personificado, como un ángel caído del cielo que ya lo querría yo pa mí. El partidazo que yo le sacaría a un padrino como ese en mi vida, lavirrrrrgen.
En definitiva, una historia que podía haber resultado interesante, porque todo lo que sea indagar en los mecanismos de la mente humana lo es, termina convirtiéndose en algo un tanto chusco. No cuajan los personajes, no se entienden sus motivaciones, se hacen insinuaciones morbosas que no se desarrollan y en cambio no se profundiza nada en el hundimiento psicológico de la protagonista.
No se puede negar que Emilié Dequenne hace un papelón y refleja perfectamente la evolución del personaje hacia la locura, pero su mera interpretación no puede evitar esa indefinición de lo que ahí está pasando. Ni esa absurda culpabilización colectiva, como si todo hubiera conspirado para que esa muchacha terminara perdiendo la razón. Es lo malo de intentar buscar explicaciones racionales en la locura, donde probablemente nunca las hay.
2. Chico se parece un huevo a Rafa Nadal
3. Chico tiene un padrino fantástico que le paga todo: boda, viaje de novios, crianza de niños, gastos médicos, casa con jardín... vidorra tutiplén.
4. Chica no está contenta con su vida pero viaja a Marruecos y se queda prendada de la cultura marroquí.
5. Chica se planta chilaba regalada por suegra marroquí, no se la quita ni pa cagar y empieza a empastillarse todo el día.
6. Chica se siente cada vez más desgraciada, llora mogollón, va a una psicóloga a ver si se cura y... hasta aquí puedo contar.
Esta es básicamente la historia de una ida de olla. Una tía que no tiene grandes preocupaciones en la vida, con una suerte que ya la quisieran para sí el 90% de los mortales, que ha dado con un paganini gracias al cual puede permitirse lo que quiera: tener cuantos hijos le dé la gana, trabajar o no trabajar según le apetezca, viajar, vivir donde le pete... peeeero vaya por dios, la muchacha no se halla a sí misma, no le ve la gracia a su vida, qué le vamos a hacer.
Bueno, vale, cualquiera puede tener una depresión y perder la pinza, de eso no está libre nadie por muy guay que sea su vida. Y lo que le pasa a esta mujer y lo que hace, toco madera, pero creo que le puede pasar a cualquier persona. La mente tiene recovecos muy traicioneros que la razón no entiende, no seré yo quien la juzgue ni tampoco estoy capacitada para ello.
Lo que no termino de entender es a qué juega Joachim Lafosse, el director. Tengo la vaga sensación de que está intentando culpar a alguien de lo que le pasa a esta mujer, que para mí es la simple historia de una locura. Sin embargo el tipo carga las tintas a veces contra el marido (Rafita Nadal en marroquí), a veces contra el padrino que todo lo paga y todo lo consiente (se llega incluso a insinuar una especie de enamoramiento del marido).... y hasta creo entrever cierta crítica hacia la sociedad occidental, tan poco humana, tan frenética... frente al relax y el ambiente idílico de la vida de una mujer en Marruecos. En fin, corramos un tupido velo.
Tanto es así que me he puesto a leer críticas, por simple curiosidad, a ver hasta dónde había calado el mensaje culpabilizador del director, y efectivamente, mucha gente interpreta la película en clave de culpa. Especialmente contra el benefactor de la familia, un personaje sinceramente para mí impecable, el abuelito perfecto: adora a los niños, juega con ellos, los cuida, vive por y para la familia. Es verdad que Lafosse pone trampillas, miradas ambiguas, momentos de tensión... pero lo cierto es que objetivamente hablando el tipo es el altruísmo personificado, como un ángel caído del cielo que ya lo querría yo pa mí. El partidazo que yo le sacaría a un padrino como ese en mi vida, lavirrrrrgen.
En definitiva, una historia que podía haber resultado interesante, porque todo lo que sea indagar en los mecanismos de la mente humana lo es, termina convirtiéndose en algo un tanto chusco. No cuajan los personajes, no se entienden sus motivaciones, se hacen insinuaciones morbosas que no se desarrollan y en cambio no se profundiza nada en el hundimiento psicológico de la protagonista.
No se puede negar que Emilié Dequenne hace un papelón y refleja perfectamente la evolución del personaje hacia la locura, pero su mera interpretación no puede evitar esa indefinición de lo que ahí está pasando. Ni esa absurda culpabilización colectiva, como si todo hubiera conspirado para que esa muchacha terminara perdiendo la razón. Es lo malo de intentar buscar explicaciones racionales en la locura, donde probablemente nunca las hay.
viernes, 26 de agosto de 2016
Carol, by Todd Haynes
Belleza en estado puro. Cate Blanchett perfecta, la femme fatale nacida para seducir con su penetrante mirada, nunca casual, siempre cargada de significado. Frente a ella Rooney Mara, la pequeña aprendiza de amor lésbico que queda obnubilada ante la sofisticación y la elegancia de Carol. De fondo, ambientación cuidada hasta la exquisitez, vestuario maravilloso, fotografía fantástica... perfección formal en estado puro. Pero tooooodo taaaaan frío!! Qué poquito me ha llegado a mí esta historia supuestamente de amor.
Y aparte de no llegarme por esa gelidez emocional que me inspira, me rechina el planteamiento anacrónico de la historia. Se trata el amor lésbico casi desde el punto de vista de un espectador de nuestros días. Como con un poco de indignación: oye, que no dejan a dos mujeres amarse tranquilamente, assssco de sociedad!
Vamos a ver, afortunadamente los tiempos han cambiado, pero situémonos en los años en los que transcurre la acción. En las pelis de los 50 estaba prohibido poner una cama de matrimonio en una pantalla, para que os hagáis una idea de lo que estamos hablando. Ni aunque fuera para un matrimonio de verdad por la iglesia y con las bendiciones de 40 pares de curas... siempre camitas separadas.
La homosexualidad como tema estaba terminantemente prohibido, todo lo que oliera a eso tenía que ser camuflado, imposible mencionarlo directamente. Muchas obras de teatro y películas de la época hacen insinuaciones, pero tan veladas que hay que ser un lince para pillarlas. La palabra homosexual o lesbiana ni se nombra, todo se insinúa pero nada se dice... hablamos de un tema tabú tanto en el cine como en la vida.
De ahí que se me escape por completo la indignación de Carol cuando conoce las intenciones de su marido de quitarle la custodia de su hija. Vamos a ver, que en esos tiempos ser gay o lesbiana era como ser un asesino en serie!! A mí personalmente lo que me ha extrañado es que el marido aceptara ese tipo de relaciones consideradas "antinatura" de su mujer, en plan "Bueno, no pasa nada, ha sido un pequeño desliz". Joder, cualquier marido de esa época es que la mata y encima la sociedad le aplaudiría. Y en qué cabeza de la época cabría dejar a una madre ver a sus hijos siendo público y notorio que le gustan las mujeressss????
Me pega que las lesbianas de aquellos tiempos, que naturalmente existirían, estaban obligadas bien a mantener su condición en absoluto secreto o bien a renunciar a sus hijos, a su vida y a todo. Igual en un ambiente artístico, bohemio, se podía asumir, puede que hasta fuera chic, pero... en la alta sociedad?? Os imagináis un anuncio de los 50 de detergente con dos lesbianas dándose un pico en la puerta de casa porque una se va al trabajo y la otra se queda cuidando en casa a los niños????
La historia me ha parecido un poco como cuando en una de romanos aparece un actor con un reloj digital... un anacronismo absoluto. Eso tiene un nombre en cine pero no me acuerdo. Ese tipo de cosas que pegan un cantazo tremendo porque son imposibles e impensables en el tiempo en el que transcurre la acción.
No sé si el problema está en la novela de Patricia Highsmith o en la adaptación de Haynes, aunque mucho me temo que va más bien por el segundo. Highsmith probablemente intentara hacer una denuncia sobre la rigidez y la mojigatería de la sociedad de su época pero claro, Haynes lo convierte en una especie de alegato por la igualdad, un concepto que en los años 50 sencillamente ni existía. ni se concebía. Y a mí particularmente me ha pegado un chirrío que pa qué.
Y aparte de no llegarme por esa gelidez emocional que me inspira, me rechina el planteamiento anacrónico de la historia. Se trata el amor lésbico casi desde el punto de vista de un espectador de nuestros días. Como con un poco de indignación: oye, que no dejan a dos mujeres amarse tranquilamente, assssco de sociedad!
Vamos a ver, afortunadamente los tiempos han cambiado, pero situémonos en los años en los que transcurre la acción. En las pelis de los 50 estaba prohibido poner una cama de matrimonio en una pantalla, para que os hagáis una idea de lo que estamos hablando. Ni aunque fuera para un matrimonio de verdad por la iglesia y con las bendiciones de 40 pares de curas... siempre camitas separadas.
La homosexualidad como tema estaba terminantemente prohibido, todo lo que oliera a eso tenía que ser camuflado, imposible mencionarlo directamente. Muchas obras de teatro y películas de la época hacen insinuaciones, pero tan veladas que hay que ser un lince para pillarlas. La palabra homosexual o lesbiana ni se nombra, todo se insinúa pero nada se dice... hablamos de un tema tabú tanto en el cine como en la vida.
De ahí que se me escape por completo la indignación de Carol cuando conoce las intenciones de su marido de quitarle la custodia de su hija. Vamos a ver, que en esos tiempos ser gay o lesbiana era como ser un asesino en serie!! A mí personalmente lo que me ha extrañado es que el marido aceptara ese tipo de relaciones consideradas "antinatura" de su mujer, en plan "Bueno, no pasa nada, ha sido un pequeño desliz". Joder, cualquier marido de esa época es que la mata y encima la sociedad le aplaudiría. Y en qué cabeza de la época cabría dejar a una madre ver a sus hijos siendo público y notorio que le gustan las mujeressss????
Me pega que las lesbianas de aquellos tiempos, que naturalmente existirían, estaban obligadas bien a mantener su condición en absoluto secreto o bien a renunciar a sus hijos, a su vida y a todo. Igual en un ambiente artístico, bohemio, se podía asumir, puede que hasta fuera chic, pero... en la alta sociedad?? Os imagináis un anuncio de los 50 de detergente con dos lesbianas dándose un pico en la puerta de casa porque una se va al trabajo y la otra se queda cuidando en casa a los niños????
La historia me ha parecido un poco como cuando en una de romanos aparece un actor con un reloj digital... un anacronismo absoluto. Eso tiene un nombre en cine pero no me acuerdo. Ese tipo de cosas que pegan un cantazo tremendo porque son imposibles e impensables en el tiempo en el que transcurre la acción.
No sé si el problema está en la novela de Patricia Highsmith o en la adaptación de Haynes, aunque mucho me temo que va más bien por el segundo. Highsmith probablemente intentara hacer una denuncia sobre la rigidez y la mojigatería de la sociedad de su época pero claro, Haynes lo convierte en una especie de alegato por la igualdad, un concepto que en los años 50 sencillamente ni existía. ni se concebía. Y a mí particularmente me ha pegado un chirrío que pa qué.
miércoles, 24 de agosto de 2016
Sin filtro, by Nicolás López
Comedia intrascendente pero divertida, poco pretenciosa y tampoco demasiado memorable. La protagonista es la tía más desgraciada del mundo. Absolutamente todos a su alrededor son completamente impresentables: su marido un vago con ínfulas de artista, su hijastro un nini digno hijo de su padre y de llevarlo de los pelos al "Hermano mayor", su jefe un capullo de campeonato, su mejor amiga una obsesa de las redes sociales que pasa de ella como de la mierda, su hermana una friki más preocupada por su gato que por ella, su exnovio y mejor amigo un auténtico calzonazos... la verdad es que sería difícil encontrar a alguien en el mundo con un entorno más insoportable.
Lo flipante es que Pía cree que lo tiene todo para ser feliz: tiene pareja, tiene un buen trabajo, tiene amigos, tiene dinero... Qué me pasa, dios míooooo???? Por qué soy tan infeliz y me dan taquicardias y ataques de ansiedad??
Para más inri, Pía lo sufre todo en silencio y no dice nunca nada, no se queja, no protesta, es extremadamente educada, sumisa, paciente, conformista... es un poco para hostiarla, la verdad. Hasta que un buen día va a un supuesto curandero chino y cuando sale de allí empieza a soltarlo todo tal cual lo piensa. Y ahí empieza lo divertido.
No es una gran película pero tiene su puntito. Lo más destacable es la crítica nada velada sobre la banalidad de la sociedad de la imagen, de las redes sociales, del Instagram y del Facebook, de esas vidas cuya única finalidad es ser mostradas a los demás; de ese paloselfie sin el que no se puede vivir... Y que levante la mano el que no haya dicho alguna vez en medio de un momento especial: vamos a hacernos un selfie!!!!
La verdad es que estamos todos, unos más y otros menos, un poco enfermitos. Y la peli, dentro de su intrascendencia, lo refleja y tiene su mensajito y su moraleja. Y tonto el que no la pille, porque en la crítica social que hace estamos todos en mayor o menor medida, probablemente incluso el propio director.
Es divertido reírse de la sociedad y parodiarla, y Nicolás López lo hace bastante bien. Todos los personajes son hiperbólicos, incluida la protagonista (por cierto, fantástica Paz Bascuñán), no hay nadie medianamente normal, pero esas caricaturas son las que dotan de comicidad al conjunto. Sin ellas la historia de Pía tendría unos tintes más bien dramáticos.
Sobre la moraleja final, una discrepancia: decir siempre la verdad y toda la verdad no es nada bueno; la sinceridad es una virtud (si es que lo es, que no estoy demasiado segura) muy sobrevalorada.
Pero eso sí, pasar de la gente que pasa de ti sí es muuuuuuuy bueno. Y prometo que no es un proverbio chino.
Lo flipante es que Pía cree que lo tiene todo para ser feliz: tiene pareja, tiene un buen trabajo, tiene amigos, tiene dinero... Qué me pasa, dios míooooo???? Por qué soy tan infeliz y me dan taquicardias y ataques de ansiedad??
Para más inri, Pía lo sufre todo en silencio y no dice nunca nada, no se queja, no protesta, es extremadamente educada, sumisa, paciente, conformista... es un poco para hostiarla, la verdad. Hasta que un buen día va a un supuesto curandero chino y cuando sale de allí empieza a soltarlo todo tal cual lo piensa. Y ahí empieza lo divertido.
No es una gran película pero tiene su puntito. Lo más destacable es la crítica nada velada sobre la banalidad de la sociedad de la imagen, de las redes sociales, del Instagram y del Facebook, de esas vidas cuya única finalidad es ser mostradas a los demás; de ese paloselfie sin el que no se puede vivir... Y que levante la mano el que no haya dicho alguna vez en medio de un momento especial: vamos a hacernos un selfie!!!!
La verdad es que estamos todos, unos más y otros menos, un poco enfermitos. Y la peli, dentro de su intrascendencia, lo refleja y tiene su mensajito y su moraleja. Y tonto el que no la pille, porque en la crítica social que hace estamos todos en mayor o menor medida, probablemente incluso el propio director.
Es divertido reírse de la sociedad y parodiarla, y Nicolás López lo hace bastante bien. Todos los personajes son hiperbólicos, incluida la protagonista (por cierto, fantástica Paz Bascuñán), no hay nadie medianamente normal, pero esas caricaturas son las que dotan de comicidad al conjunto. Sin ellas la historia de Pía tendría unos tintes más bien dramáticos.
Sobre la moraleja final, una discrepancia: decir siempre la verdad y toda la verdad no es nada bueno; la sinceridad es una virtud (si es que lo es, que no estoy demasiado segura) muy sobrevalorada.
Pero eso sí, pasar de la gente que pasa de ti sí es muuuuuuuy bueno. Y prometo que no es un proverbio chino.
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