La protagonista de esta película pretende ser una especie de Ameliè a la británica, pero es evidente que no ha usado las suficientes compresas con alas para parecerse mínimamente a su modelo. Siendo irritante, espeluznante y pelipúntica a más no poder la propia Ameliè, al lado de esta insoportable petarda podría incluso llegar a ser mi mejor amiga.
Lo de esta mujer no tiene nombre. De qué coño se ríe todo el rato? Por qué hace hace tantas muecas? Por qué hasta cuando va a follar tiene que estar soltando chistecillos y gracietas, por cierto, con bastante poca gracia? Y esos saltitos al caminar, por favooooooorrrr, qué criatura más absurda! Y encima se llama Poppy, diossssss! Toíto lo tenía mi María Antonia.
Le dieron un montón de premios a Sally Hawkins por este personaje abominable que haría vomitar a una cabra. Incluso el propio Mike Leigh fue ampliamente alabado en su doble labor de director y guionista. No puedo explicarme por qué. No he visto película más prescindible, menos necesaria y más previsible en toda mi vida.
Lo único medianamente fumable del film es el personaje del profesor de autoescuela, interpretado por Eddie Marsan, que claramente está ahí con su mal humor, su aire de Pitufo Gruñón y sus comentarios cascarrabias para hacer contraste y realzar la supuesta positividad de la encantadora, optimista y felicísima Poppy.
Yo soy profesora de autoescuela y a mí me toca una alumna tan cargante, omnirisueña y megaflower como la Poppy esta y me liaría a poppazos con ella hasta conseguir que se bajara de mi coche y no se le ocurriera volver a subir en la vida. Solo pensar en conducir con una tía así en el asiento de al lado le dan a una ganas de estrellarse y terminar para siempre. Esto no es un cuento sobre la felicidad, señores; es una pura, dura y auténtica pesadilla.
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martes, 8 de noviembre de 2016
sábado, 24 de noviembre de 2012
Pago justo (Made in Dagenham), by Nigel Cole
Nigel Cole abandona de momento sus deplorables incursiones en el cine made in USA y se vuelve a la Gran Bretaña a hacer pelis con fundamento, o al menos, con pretensiones de fundamento.
Reconozco que a mí Cole nunca me ha terminado de convencer, ni en plan british ni en plan yanki, y tampoco me convence con esta historia, aunque tiene cierto encanto similar a su opera prima "El jardín de la alegría".
Por si os interesa os paso el enlace de mi crítica:
http://malostiemposparalalrica.blogspot.com.es/2011/03/el-jardin-de-la-alegria-by-nigel-cole.html
La historia está basada en hechos reales, pero lo de basada debe haber sido interpretado con mucha amplitud. Por ejemplo, el personaje principal, interpretado por Sally Hawkins con grandes alabanzas por parte de la crítica, es simplemente imposible como está planteado. Una maruja de manual, con el talento justo para llevarse la cuchara a la boca, apocada, casi tartaja, de discurso simplón y de verbo poco o nada elaborado de repente se convierte en aguerrida sindicalista y en líder carismática de un grupo de trabajadoras de la Ford que reivindican la equiparación salarial entre hombres y mujeres.
Y no sólo eso, sino que la tía seduce con su personalidad arrolladora a la ministra de trabajo, vamos, que tras cinco minutos de charla informal casi se juega el puesto por ella. Y seduce por igual a la señora superpija del gerente de la Ford, otro personaje imposible, interpretado con todo el empeño del mundo por Rosamund Pike pero que parece casi tan real como la rana Gustavo. Y seduce a todo Londres, y a los sindicalistas varones, y a las mujeres del mundo y a la Gran Bretaña entera. En fin, la Cenicienta sindical. Sólo le falta la pancarta de cristal.
Lo que mola? Los modelazos sesenteros, una pasada. Y la música. Y la buena intención del pobre Nigel, que nunca llega pero que lo intenta a muerte. Y el encomiable mensaje de igualdad de salarios, que aún hoy en día anda dando tumbos por ahí porque hay quien se lo salta a torera. Y el ambientecillo que este hombre sabe crear siempre aunque luego el guión no le acompañe demasiado. Pero sobre todo mola la sonrisa tontorrona que queda después de ver la peli, como de "Qué bien, si nos movemos y somos persistentes y chillamos mucho al final lo conseguiremos". No sé, pero en estos tiempos de puteo permanente al currito y de regresión galopante de conquistas laborales hace ilu, no?
Reconozco que a mí Cole nunca me ha terminado de convencer, ni en plan british ni en plan yanki, y tampoco me convence con esta historia, aunque tiene cierto encanto similar a su opera prima "El jardín de la alegría".
Por si os interesa os paso el enlace de mi crítica:
http://malostiemposparalalrica.blogspot.com.es/2011/03/el-jardin-de-la-alegria-by-nigel-cole.html
La historia está basada en hechos reales, pero lo de basada debe haber sido interpretado con mucha amplitud. Por ejemplo, el personaje principal, interpretado por Sally Hawkins con grandes alabanzas por parte de la crítica, es simplemente imposible como está planteado. Una maruja de manual, con el talento justo para llevarse la cuchara a la boca, apocada, casi tartaja, de discurso simplón y de verbo poco o nada elaborado de repente se convierte en aguerrida sindicalista y en líder carismática de un grupo de trabajadoras de la Ford que reivindican la equiparación salarial entre hombres y mujeres.
Y no sólo eso, sino que la tía seduce con su personalidad arrolladora a la ministra de trabajo, vamos, que tras cinco minutos de charla informal casi se juega el puesto por ella. Y seduce por igual a la señora superpija del gerente de la Ford, otro personaje imposible, interpretado con todo el empeño del mundo por Rosamund Pike pero que parece casi tan real como la rana Gustavo. Y seduce a todo Londres, y a los sindicalistas varones, y a las mujeres del mundo y a la Gran Bretaña entera. En fin, la Cenicienta sindical. Sólo le falta la pancarta de cristal.
Lo que mola? Los modelazos sesenteros, una pasada. Y la música. Y la buena intención del pobre Nigel, que nunca llega pero que lo intenta a muerte. Y el encomiable mensaje de igualdad de salarios, que aún hoy en día anda dando tumbos por ahí porque hay quien se lo salta a torera. Y el ambientecillo que este hombre sabe crear siempre aunque luego el guión no le acompañe demasiado. Pero sobre todo mola la sonrisa tontorrona que queda después de ver la peli, como de "Qué bien, si nos movemos y somos persistentes y chillamos mucho al final lo conseguiremos". No sé, pero en estos tiempos de puteo permanente al currito y de regresión galopante de conquistas laborales hace ilu, no?
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