Belleza en estado puro. Cate Blanchett perfecta, la femme fatale nacida para seducir con su penetrante mirada, nunca casual, siempre cargada de significado. Frente a ella Rooney Mara, la pequeña aprendiza de amor lésbico que queda obnubilada ante la sofisticación y la elegancia de Carol. De fondo, ambientación cuidada hasta la exquisitez, vestuario maravilloso, fotografía fantástica... perfección formal en estado puro. Pero tooooodo taaaaan frío!! Qué poquito me ha llegado a mí esta historia supuestamente de amor.
Y aparte de no llegarme por esa gelidez emocional que me inspira, me rechina el planteamiento anacrónico de la historia. Se trata el amor lésbico casi desde el punto de vista de un espectador de nuestros días. Como con un poco de indignación: oye, que no dejan a dos mujeres amarse tranquilamente, assssco de sociedad!
Vamos a ver, afortunadamente los tiempos han cambiado, pero situémonos en los años en los que transcurre la acción. En las pelis de los 50 estaba prohibido poner una cama de matrimonio en una pantalla, para que os hagáis una idea de lo que estamos hablando. Ni aunque fuera para un matrimonio de verdad por la iglesia y con las bendiciones de 40 pares de curas... siempre camitas separadas.
La homosexualidad como tema estaba terminantemente prohibido, todo lo que oliera a eso tenía que ser camuflado, imposible mencionarlo directamente. Muchas obras de teatro y películas de la época hacen insinuaciones, pero tan veladas que hay que ser un lince para pillarlas. La palabra homosexual o lesbiana ni se nombra, todo se insinúa pero nada se dice... hablamos de un tema tabú tanto en el cine como en la vida.
De ahí que se me escape por completo la indignación de Carol cuando conoce las intenciones de su marido de quitarle la custodia de su hija. Vamos a ver, que en esos tiempos ser gay o lesbiana era como ser un asesino en serie!! A mí personalmente lo que me ha extrañado es que el marido aceptara ese tipo de relaciones consideradas "antinatura" de su mujer, en plan "Bueno, no pasa nada, ha sido un pequeño desliz". Joder, cualquier marido de esa época es que la mata y encima la sociedad le aplaudiría. Y en qué cabeza de la época cabría dejar a una madre ver a sus hijos siendo público y notorio que le gustan las mujeressss????
Me pega que las lesbianas de aquellos tiempos, que naturalmente existirían, estaban obligadas bien a mantener su condición en absoluto secreto o bien a renunciar a sus hijos, a su vida y a todo. Igual en un ambiente artístico, bohemio, se podía asumir, puede que hasta fuera chic, pero... en la alta sociedad?? Os imagináis un anuncio de los 50 de detergente con dos lesbianas dándose un pico en la puerta de casa porque una se va al trabajo y la otra se queda cuidando en casa a los niños????
La historia me ha parecido un poco como cuando en una de romanos aparece un actor con un reloj digital... un anacronismo absoluto. Eso tiene un nombre en cine pero no me acuerdo. Ese tipo de cosas que pegan un cantazo tremendo porque son imposibles e impensables en el tiempo en el que transcurre la acción.
No sé si el problema está en la novela de Patricia Highsmith o en la adaptación de Haynes, aunque mucho me temo que va más bien por el segundo. Highsmith probablemente intentara hacer una denuncia sobre la rigidez y la mojigatería de la sociedad de su época pero claro, Haynes lo convierte en una especie de alegato por la igualdad, un concepto que en los años 50 sencillamente ni existía. ni se concebía. Y a mí particularmente me ha pegado un chirrío que pa qué.
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viernes, 26 de agosto de 2016
martes, 10 de febrero de 2015
Las dos caras de enero, by Hossein Amini
Te haré una sencilla pregunta: tú eres un delincuente americano en Grecia al que busca la Interpol, la Gregopol y la Transiberpol, y quieres pasar desapercibido para poder escapar a todos tus perseguidores. Cómo lo harías? Elige:
1. Intentas camuflarte entre los lugareños disfrazándote de uno de ellos: una boina típica de la región; una camisa de cuadritos remetida por los pantalones; tal vez un tinte de pelo moreno, porque en Grecia los rubios no abundan precisamente; un cierto aire chulesco, a lo Varoufakis... En fin, intentas disimular como buenamente puedes haciéndote pasar por un griego pata negra, y si hace falta hasta te marcas un sirtaki.
2. Te disfrazas de dragqueen; vas a por todas, te pones de nombre artístico Antonella y te metes en una caravana de "Reinas del desierto". Te dedicas a recorrer el país haciendo números musicales de ABBA y aprendiendo a andar dignamente sobre plataformas de 30 centímetros mientras bailas al ritmo de "Dancing queen"
3. Te plantas un trajecito de chaqueta blanco con un sombrero del mismo color, como diciendo al mundo "Heyyyy, adivina dónde he nacidoooo; es un acrónimo, tiene tres letras y la primera es una U y la tercera una A. Te daré una pistaaaaa: dame una U, dame una S, dame una A!!!!". Y de esta guisa te paseas con tu metro noventa y tu cabellera dorada por un montón de pueblitos griegos entre una multitud de morenazos emboinados que no te llegan a la cintura. Eres el único tío en todo el país con esa estatura, ese color de pelo y esa vestimenta pero aun así tú sin problemas, te recorres tan agustísimo toda Grecia como Pedro por su casa. Ea, porqueyolovalgo.
Pues ahora intenta adivinar cuál de las tres opciones es la que elige Viggo Mortensen en esta película. Exacto, esa misma!
En fin, visto lo visto, cuesta mucho aceptar que algo así lo haya podido escribir la mismísima Patricia Highsmith y que nada más y nada menos que el bello y macizorro Mortensen se haya podido prestar a semejante patochada. Prefiero pensar que el desastre se debe mayormente a la bisoñez de Hossein Amini, sujeto firmante del engendro, para así poder exculpar a mis ídolos y dormir tan agustito.
Porque... menudo tostonazo, lavirrrgen! Viggo, Viggo, Viggo, cómo has hecho esto, higgo?
1. Intentas camuflarte entre los lugareños disfrazándote de uno de ellos: una boina típica de la región; una camisa de cuadritos remetida por los pantalones; tal vez un tinte de pelo moreno, porque en Grecia los rubios no abundan precisamente; un cierto aire chulesco, a lo Varoufakis... En fin, intentas disimular como buenamente puedes haciéndote pasar por un griego pata negra, y si hace falta hasta te marcas un sirtaki.
2. Te disfrazas de dragqueen; vas a por todas, te pones de nombre artístico Antonella y te metes en una caravana de "Reinas del desierto". Te dedicas a recorrer el país haciendo números musicales de ABBA y aprendiendo a andar dignamente sobre plataformas de 30 centímetros mientras bailas al ritmo de "Dancing queen"
3. Te plantas un trajecito de chaqueta blanco con un sombrero del mismo color, como diciendo al mundo "Heyyyy, adivina dónde he nacidoooo; es un acrónimo, tiene tres letras y la primera es una U y la tercera una A. Te daré una pistaaaaa: dame una U, dame una S, dame una A!!!!". Y de esta guisa te paseas con tu metro noventa y tu cabellera dorada por un montón de pueblitos griegos entre una multitud de morenazos emboinados que no te llegan a la cintura. Eres el único tío en todo el país con esa estatura, ese color de pelo y esa vestimenta pero aun así tú sin problemas, te recorres tan agustísimo toda Grecia como Pedro por su casa. Ea, porqueyolovalgo.
Pues ahora intenta adivinar cuál de las tres opciones es la que elige Viggo Mortensen en esta película. Exacto, esa misma!
En fin, visto lo visto, cuesta mucho aceptar que algo así lo haya podido escribir la mismísima Patricia Highsmith y que nada más y nada menos que el bello y macizorro Mortensen se haya podido prestar a semejante patochada. Prefiero pensar que el desastre se debe mayormente a la bisoñez de Hossein Amini, sujeto firmante del engendro, para así poder exculpar a mis ídolos y dormir tan agustito.
Porque... menudo tostonazo, lavirrrgen! Viggo, Viggo, Viggo, cómo has hecho esto, higgo?
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