miércoles, 13 de enero de 2016

The Company, by Robert Altman

Bella.

Mágica.

Hipnótica.

Sugerente.

Fascinante.

Espectacular.

The Company es sin duda una película preciosa. Un homenaje maravilloso al mundo del ballet.

Muestra perfectamente cómo se crea una coreografía, cómo se vive desde dentro, cómo evoluciona, cómo se van coordinando los elementos, cómo los bailarines van trabajando y aprendiendo cada paso, cómo se llega al asombroso espectáculo final.

Hay que agradecerle a Robert Altman este regalo para los sentidos, esta declaración de amor a un arte tan minoritario y tan refinado. Y a la protagonista, productora, guionista y principal artífice, Neve Campbell, su pasión por el ballet y su compromiso para acercarlo a nosotros, los profanos, a través del cine.

El problema es que no han sido capaces de articular una historia en torno a las coreografías. Y cuando en el cine falla la historia... para mí falla todo. Lástima.


martes, 12 de enero de 2016

Más que amigos, by Edward Norton

Esta es la historia de una chica que se reencuentra con sus dos mejores amigos de  la infancia, que mira tú por dónde, han terminado siendo uno rabino y otro cura. Sinceramente creo que habría sido mucho más gracioso si además la chica hubiera sido monja, le habría dado bastante más color al guión. O si en lugar de dos mejores amigos hubiera tenido cuatro, y otro hubiese salido imán y el otro monje budista. Eso habría estado bien, un completo.

En fin, que la chica vuelve ya de adulta a la ciudad y se reúne con sus dos coleguitas y resulta que ambos se sienten atraídos por ella, como no podía ser menos, dado que ella no sé cómo se fue pero el caso es que vuelve rubia, alta, guapa y lista, vamos, otro completo. Bueno, os podéis imaginar a esa muchacha con un pretendiente rabino y otro cura. El sueño de toda chica, qué os voy a contar. Hoy leemos la Torá y mañana la Biblia. Hoy una circuncisión y mañana un bautizo. Planazo!

Por lo visto este es el debut como director de Edward Norton, que además hace el papel de pretendiente cura y aprovecha la ocasión para teñirse el pelo de un rubio infame que lo convierte en una especie de querubín asexuado completamente desprovisto de atractivo alguno. Como es natural no os voy a contar por quién se decanta la muchacha; la verdad es que lo tiene difícil entre el cura querubín Norton y el rabino Stiller… el suicidio hubiera sido una buena opción, la mejor a mi modo de ver.

En definitiva, que vi esta película porque me apetecía algo ligerito e insustancial, aunque tal vez me habría gustado algo un poco menos insustancial, sobre todo estando Norton de por medio. La verdad es que no tenía ni idea de que este hombre tuviera preocupaciones religiosas como las que se plantean en la peli, del tipo si está bien o no casarse con alguien de otra religión y chorradas de esas. De momento, como director, mientras siga haciendo mamarrachadas de este tipo y llenando sus películas de devotos representantes de alguna secta, creo que le voy a echar la cruz.

lunes, 11 de enero de 2016

Funny games (Juegos divertidos), by Michael Haneke

Michael Haneke: Querida, tengo una idea genial y te necesito para el papel protagonista.

Susanne Lothar: Cuenta, cuenta. Vivo sin vivir en mí.

Haneke: Pues la cosa va de dos tarados que van a torturar a una familia.

Lothar: Que la van a torturar... por qué?

Haneke: Por qué por qué por qué por qué? Vaya mierda de pregunta! Pues por nada.

Lothar: Por nada no será. Algún motivo tendrán.

Haneke: Hombre, pues... sí. Porque están tarados y les gusta y se lo pasan bien.

Lothar: Ya veo, violencia gratuita. Vamos, plan Tarantino, plan Kubrick...

Haneke: Bueno, sí, la idea es un poco esa. Pero mi peli será especial, como yo mismo.

Lothar: Cómo de especial? Ay Haneke, que te conozco. Miedo me das.

Haneke: De eso se trata, de dar miedo.

Lothar: Haneke, los tarados que torturan a gente ya no dan miedo en el cine. Hay un montón.

Haneke: Pero mis tarados harán lo que nunca antes se había hecho.

Lothar: Lo cualo? A ver...

Haneke: Mis tarados van a hablar directamente a la cámara. Flípalo.

Lothar: Y para qué, qué le van a decir.

Haneke: Le van a decir cosas como: "Hola, espectador, qué opinas"

Lothar: Ya, pero osea... para qué.

Haneke: Puessss.... para hablar.

Lothar: Espera, que hemos entrado en bucle. Qué pretendes?

Haneke: Qué cortita eres, hija. Lo que pretendo es implicar al espectador.

Lothar: Ah, vale. Vamos, que crees que así la peña va a flipar con tu peli.

Haneke: No es que lo crea; es que lo van a flipar. Qué te apuestas.

Lothar: No me apuesto nada, seguro que sí. La gente es así, flipan con to los pegos.

Haneke: Dímelo a mí, que llevo años viviendo de eso.

Lothar: Violencia gratuita, tarados hablando con la cámara... Vale, me apunto.

Haneke: Ajajá, tiene pinta de pelotazo, eh? Buen olfato, pequeña.

Lothar: Tiene pinta de peli de culto. Ya estoy viendo el signo del dólar en la carátula.

Haneke: No me extrañaría que los yankies quisieran hacer un remake.

Lothar: Ayyyyy, síiii! Y ojalá mi papel lo hiciera Naomi Watts, que es mu mona.

Haneke: Será muy divertido. El remake será un calco pero las críticas mucho peores.

Lothar: Ay qué diver! Jugaremos a "Atrapa al snob gafapasta". Oh yeah, what a funny game!

Haneke: Querida Susanne, eres una monnnnstrua, que diría Rosario.

Lothar: Por qué, mi amor?

Haneke: Porque acabas de dar con el título de mi gran obra de culto: Funny games.

Lothar: Ayyyyyssss, si es que me inspiras.

Haneke: Y lo pasaremos genial viendo a público y crítica puntuar una peli y la otra.

Lothar: Ayyy, Haneke, lo bien que me lo paso contigo. Y mira que estás tarado.

Haneke: En realidad lo que voy a contar en la peli es lo que yo hago con mi público.

Lothar: Lo sospechaba. Va a ser una especie de confesión de cómo torturas a la gente.

Haneke: Es que los genios somos así, necesitamos reivindicar nuestra genialidad.

Lothar: Qué pelotazo, madre! Lo vamos a petar en taquilla y en festivales.

Haneke: Soy yo, pequeña. La duda ofende.

Lothar: Eres el puto amo, Haneke. Me postro ante ti. Ejem... y ahora hablemos de mis honorarios.

jueves, 7 de enero de 2016

La pianista, by Michael Haneke

Una vez más Haneke, en su línea habitual, nos obsequia con una historia de personajes  y emociones extremos, naturalmente plagada de imágenes pretendidamente impactantes específicamente diseñadas para golpear con saña la sensibilidad del espectador más incauto. 

No se puede negar que el personaje de Isabelle Huppert es fascinante y tiene una fuerza magnífica. Una mujer completamente fría, hermética, que nunca ha conocido el amor y que vive la sexualidad de una forma brutal, instintiva, únicamente capaz de sentir a través del dolor y la humillación. Vamos, un regalazo para cualquier actriz.

En realidad lo que vemos es una historia de amor imposible entre esa mujer de emociones extremas y un tipo que se siente irremediablemente atraído y repelido a partes iguales por la inquietante personalidad de ella.

Sin embargo, lo que podía haber sido una película interesante porque el planteamiento inicial efectivamente lo es, se queda en mero estudio clínico de la supuesta patología de la mujer. Sí, hay muchas imágenes destinadas a sacudir emocionalmente al espectador (la de la cabina de cine porno, la del autocine, la de los cristales, por supuesto la de la cuchilla) pero todo se queda en eso, en golpes sueltos e inconexos que tampoco explican demasiado bien las reacciones de la protagonista.

No entiendo tampoco qué pretende Haneke con el personaje de la madre. No sé si insinúa tal vez que es ella la culpable de la forma de sentir de la hija. O que las tendencias sadomasoquistas se explican por la existencia de un padre o una madre posesivos o castradores. Me parece un poco simple.

Y ya puestos a diseccionar personajes…no sé si es más normal el comportamiento de él que el de ella. Ni si esa atracción que el alumno parece sentir hacia su profesora, una estricta gobernanta de manual, es absolutamente sana. Dónde está la barrera entre el sexo enfermizo y/o anormal y el “normal”?

Me decepciona muchísimo el tratamiento que Haneke le da al tema. Me parece muy simple, muy básico; sí, las imágenes tienen muchísima fuerza y pueden hacer pupita a determinadas sensibilidades (desde luego no a la mía) pero se queda en lo accesorio y lo deja todo en manos de la crudeza visual.

Una de las escenas más desgarradoras y a la vez más fallidas es el momento en que él lee la carta en la que ella le pide lo que quiere. Ninguno de los personajes reacciona con un mínimo de credibilidad; ella pasa del dominio de la situación a la sumisión absoluta, a la humillación total. Y él muestra una sorpresa que no se explica muy bien después del encuentro sexual en el baño, donde ella da ya claras muestras de no entender la sexualidad de una forma demasiado ortodoxa.

En definitiva, como me suele pasar con Haneke, todo me suena a impostado. No consigo creerme casi nunca a sus personajes, y muchísimo menos empatizar con ninguno de ellos. Puedo reconocer y valorar el esfuerzo interpretativo que hacen los actores, muy especialmente Huppert con ese personaje bombón que le ha tocado, pero en ningún momento terminan de convencerme. Y el problema no es de ellos, es del director, que ha cargado tanto las tintas que los ha convertido en imposibles.

Pero bueno, el tío con todo lo pretencioso que es, al final cuela la bacalá y consigue su objetivo. La crítica lo aplaude, celebra sus películas y hace sesudos análisis sobre ellas,  lo considera un gurú del cine, y encima le inflan a premios chulos de esos que dan muchísimo prestigio. De paso imagino que se estará forrando, por lo cual no tengo más remedio que darle mi más sincera enhorabuena aunque a mí sus películas me parezcan pura bazofia.

miércoles, 6 de enero de 2016

Tacones lejanos, by Pedro Almodóvar

Les pido a los Reyes Magos una peli de Almodóvar que nunca haya visto. Y van los hijoputas y me traen "Tacones lejanos", bodriazo almodovariano de categoría suprema donde los haya.

En la película hay un momento en el que Victoria Abril hace una mención a "Sonata de otoño", de Bergman. Me suena vagamente, fijo que la he visto. Y así es, la busco y encuentro la crítica que le hice en su día. Efectivamente la vi, y no me gustó nada, me pareció un tostonazo de la hostia. Peeeeero curiosamente, oh casualidad, el final de mi crítica es el siguiente:

"Cuando yo era hija puteé a mi madre hasta la saciedad, y la pobre no me pudo putear nunca a mí porque yo creo que le daba hasta miedo, de lo bicho que era. Ahora que soy madre es mi hija la que me putea a mí siempre que puede, aunque yo me defiendo bien y contraataco con mi armamento pesado. Si le hubiera contado a Bergman unas cuantas charletas duras y complicadillas entre nosotras fijo que le habría salido un guión bastante mejor; al menos más real, más reconocible, más humano y menos divino. Claro que igual entonces no parecería Bergman; sonaría mucho más a Almodóvar. Bueno, con cierto toquecillo Allen."

Mira tú por dónde Bergman me recordó a Almodóvar, qué cosas. Pues bien, me equivoqué. Craso error el mío. La madre y la hija de Almodóvar no son ni más reales ni más reconocibles ni más humanas ni menos divinas que las de Bergman. Si acaso un pelín más petardas.

Marisa Paredes, la madre, se pasa toda la película ojiplática perdida con las órbitas oculares al borde del colapso. Entre tanto Victoria Abril, la hija, se obstina en un constante titileo lacrimal que delata el abuso descarado de colirios quemapestañas durante el rodaje de la película. O eso o muchas cebollas debió de pelar la pobre Victoria por aquellos días.

Y luego tenemos a Miguel Bosé, bello entre los bellos pero horripilante actor entre los más horripilantes (de hecho creo que no ha vuelto a repetir jamás). Y para más inri el jefe lo pone a hacer un doble papel, juez y travelo, travelo y juez... tanto monta, monta tanto. Ni que decir tiene que de travelo lo borda, porque Miguel tiene ese punto Madonna que no puede remediar y que a las tías nos da un morbo que pa qué. Pero Miguel de juez... simple y llanamente es un imposible. Ni siquiera un juez almodovariano, por mucha imaginación que se le eche.

Si por lo menos el juez Bosé durante los interrogatorios hubiera llevado tacones, labios rojo pasión y el correspondiente pelucón a lo Marlene yo me lo habría creído, sinceramente. Lo prometo, palabrita. En mi cabeza cabe sin problemas un juez hermoso y glamouroso como la inquietante Letal. Pero diossssssss... esa barba postiza, esas horribles gafas de semisol, ese maletín casposo, esos andares a medio camino entre vedette de revista y asesor de Rajoy...

Nooooooooooooo! Miguel no puede andar asíiiiiiiii! Y no hace falta ser Boris Izaguirre para chillar horrorizada al verlo. Miguel es el tío que mejor sabe llevar un frac del mundo (a los escépticos los remito al vídeo oficial de "Olvídame tú" para que agachen la testuz y le rindan pleitesía); es un tío que le pongas lo que le pongas, diga lo que diga y haga lo que haga es puro estilo, clase, presencia, morrrrrrrbo. Ese hombre no se mueve; son las cosas las que se mueven a su alrededor. Almodóvar nunca debió convertirlo en esa cosa amorfa y contraerótica que se tira media película haciéndole ojitos a Victoria Abril para que le quiera un poco mientras ella está en su onda maternofilial y pasa de él como de la mierda.

Bosé es un macho alfa, le pese a quien le pese, y no sabe hacer de otra cosa que de macho alfa. Se mueve como un macho alfa, habla como un macho alfa... y un macho alfa en un momento dado puede ser transexual, asexual, homosexual o trisexual, puede ser incluso UNA macho alfa, pero nunca jamás puede ser un triste y grisáceo funcionario del Ministerio de Justicia. Y con barba postiza, diossssssss! Nunca le perdonaré a Almodóvar tan espeluznante visión. Aún estoy en estado de shock postraumático.

En fin, solo con este atentado al buen gusto y al decoro ya bastaría para condenar a la película a los avernos más avernícolas de la cinematografía patria. Pero si encima recordamos los delirantes diálogos entre Abril y Paredes, sus ojos desorbitados, sus lacrimales encharcados, sus gestos culebronescos... ya entramos directamente en el mundo del espanto y la aberración. Ni tacones ni lejanos; esto es pienso pa marranos.


lunes, 4 de enero de 2016

Delitos y faltas, by Woody Allen

Creo que Woody Allen es el único director que conozco que sabe plantear complicados conflictos filosóficos y morales sin resultar un plasta y un pelmazo. Más bien al revés, es un tío que hace pensar, y mucho, pero que a la vez divierte como el que más.

En esta ocasión trata dos temas simultáneos: el de la conciencia humana y el sentimiento de culpa consiguiente, y el de la justicia natural. Y lo hace mezclando magistralmente ese punto cómico suyo tan personal con ese otro sentimiento trágico que también es inherente a su filosofía vital. Este tío es la hostia; se pasa la vida atormentándose con todo tipo de planteamientos éticos de dudosa resolución pero se lo pasa pipa el cabrón mientras lo hace, y además nos invita a los demás a chotearnos de la vida con él.

La película en el fondo es terriblemente pesimista. La conclusión es que, salvo que creas a pies juntillas en ese dios justo y vengador en el que creen las personas religiosas, lo cual es francamente difícil a poco que uses la cabeza, el único castigo real que sabemos que existe para los delitos y las faltas que no son descubiertos, es la conciencia del individuo. Y es la puritita verdad: si matas a alguien y lo haces lo suficientemente bien como para que no te pillen, lo único que te puede joder la vida es tu sentimiento de culpa. Pero si consigues superarlo y aguantar la presión sin delatarte es muy posible que salgas victorioso y además los problemas que te llevaron al asesinato se habrán resuelto y tú serás mucho más feliz.

Y esto es así, nos guste o no. La justicia natural no existe. Los malvados pueden irse de este mundo tan ricamente sin haber pagado por sus culpas y morir tranquilamente de viejos en sus camas calentitas rodeados de sus familias. Y las personas buenas pueden tener vidas terribles y padecer todo tipo de penalidades y desgracias sin que ningún mecanismo compensatorio les premie por su bondad. Y esta es la base de todas las religiones, hacer creer a sus adeptos que aunque en este mundo no exista esa justicia sí la habrá en otro mundo mucho más feliz. Y claro, como consuela bastante la gente se apunta. Pero si te resistes a creer en gilipolleces de esas tienes que concluir en que la vida es una puta mierda, que es básicamente lo que piensa Allen. Eso sí, el tío sabe descojonarse bien de esa mierda.

Impagables las reflexiones finales sobre la impunidad de Martin Landau, por cierto magnífico en su papel de hombre atormentado por la culpa. Ese diálogo magistral entre su personaje y el de Allen debería figurar en todas las antologías del cine, y también en todos los libros de Filosofía.

Fantástica también Anjelica Huston con ese personaje de amante incordio que hay que eliminar y que más tarde retomaría Scarlett Johansson en Match Point con idéntica lucidez. Lo peor, como siempre, Mia Farrow en el monopapel de chica tontorrona, pavisosa, frágil e incomprensiblemente exitosa con el que su entonces marido la inmortalizó en muchas de sus películas. No lo puedo evitar, le tengo una manía que me supera. Salvo en "La rosa púrpura del Cairo", donde el personaje viene dado e incluso obligado por la historia, en las demás la mataría.

viernes, 1 de enero de 2016

Titanic, by James Cameron

Habrá quien diga: "A buenas horas, Mangasverdes, ponerte ahora a criticar "Titanic", después de mil años y de que ya se haya dicho sobre ella todo lo habido y por haber, y por tanto no puedas decir nada que no se haya dicho antes".

Esta es mi respuesta: "Posí, voy a hacer mi crítica hoy porque me he tragado esta sobremesa tooooooodo el tostonazo por segunda vez en mi vida. Y después de aguantar estoicamente hasta el final, un final que por otra parte ya me sabía, lo menos que puedo hacer es vengarme adecuadamente de James Cameron y sus secuaces, que me han tenido nada más y nada menos que un 1 de enero pegada a la tele, encoñada perdida, y sin echarme la majestuosa siesta que tenía pensado pegarme. Cameron, voy a por ti, mamón".

Y como la gente es muy de criticar destructivamente, habrá quien diga: "Y por qué te has quedado pegada a la tele, so capulla, en lugar de irte a la cama o de apagar el aparatito y pegarte tu siesta en el sofá en absoluto silencio?" Pues porque la película hijaputa esta engancha que no veas. Es como un accidente de tráfico, que no es que sea un espectáculo bonito ni edificante pero no puedes evitar mirar cuando te cruzas con alguno.

Saber que vas a ver unos efectos especiales acojonantes, volver a disfrutar con la inolvidable imagen del barco partiéndose en dos y cayendo hacia las profundidades... bueno, que es muuuuy difícil resistirse a la tentación, por más que sepas que además de eso te vas a tragar un rollo morollo de aquí te espero.

"Titanic" es la película más chapa de la historia del cine, con diferencia. Es la película chapa por antonomasia. Porque toda ella es una inmensa y descomunal chapa sin fin.

La cosa empieza con unos cazadores de tesoros marinos que localizan a una vieja superviviente del mítico barco hundido y hablan con ella para preguntarle qué fue de un famoso diamante desaparecido y nunca hallado. Y resulta que la vieja aprovecha la preguntita de los investigadores para largales un chapazo de aquí te espero que ríete tú de las batallitas de cualquier abuelete español de estos que te pillan por banda y ya estás perdida.

Es que la situación es tan absurda y demencial que no tiene por dónde pillarla.

Tú eres un cazatesoros y vas a ver a la señora esta y le preguntas:

- Señora, sabe usted qué pasó con el diamante?

Y la señora, en lugar de decirte: "Pues mire usted, sí, lo sé. El diamante está en... "

Pues en lugar de esto, la señora va y te cuenta su vida. Como diciendo: "Si quieres saber dónde está el puto diamante  te vas a tragar cuatro horas de rollo que estaba yo deseando poder soltarle a algún pringao y mira por dónde, te va a tocar a ti".

Y ya empieza con lo que llevaba ella puesto cuando se montó en el barco, las discusiones que tenía con su madre y con su novio multimillonario, el enganche que se pilló con un mozo rubiales bastante mono que pintaba en Montmartre, lo que le dijo él cuando la conoció, lo que ella le contestó, que ella se iba a tirar por la borda y él la salvó, que luego discutieron, que ella se peleó con su novio, que el novio era un pelmazo, que a ella le entró un calentón con el pintor rubio y que blablabla blablabla blablabla. Y así hasta cuatro horaaaas!!!!! Y todo para contarle al otro pobre dónde estaba el dichoso diamante de los cojones!!!!!!! Pedazo de paliza, la virrrrgen!!!!

Y la otra criatura escuchando armado de santa paciencia con tal de sonsacar la valiosa información para recuperar el diamante. Y tú, como espectadora, padeciendo exactamente lo mismo que el cazatesoros pero con el fin de ver hundirse el Titanic. Porque eso es lo único que quieres ver, cómo poco a poco el transatlántico más imponente de su tiempo se iba haciendo cachos e inundándose por todas las partes hasta el emocionante momento del hundimiento definitivo. Y para eso no tienes más remedio que tragarte la chapa de la vieja más los 2.500 anuncios que Telecinco te suelta entre medias en plan "si quieres ver hundirse al barco te jodes".

En fin, y luego la rocambolesca historia de amor entre DiCaprio y Winslet, que por cierto tienen la misma química entre ellos que un elefante y un pez espada, es que da una grima que pa qué. Te tienes que chupar a estos dos gilipollas haciendo el imbécil y metiéndose en un montón de líos que te cagas mientras el resto de los pasajeros simplemente intentan sobrevivir al hundimiento. Estos no, estos se dedican a perderse por todo el barco, a buscarse, a encontrarse y volverse a perder, a discutir con el novio de la tía, a bucear, a hacer running por todas las plantas, a bajar y a subir por escaleras, ascensores... en definitiva, a hacer el canelo. Que una se pregunta: si estos dos capullos consiguen con todo el follón que tienen liado aguantar las dos horas hasta que se hunde el barco, cómo es que los demás, que estaban a lo que tenían que estar, o sea, a salvarse, no lo consiguen y al final la palmó tanta gente?

En fin, Cameron, que me has pillado hoy porque estoy con las defensas bajas y el fin de año me ha trastocado un poco las neuronas, pero que no me pillas más pa engancharme al rollo este ni harta vino.

Menos mal que por lo menos con el hundimiento tengo que reconocer que disfruté muchísimo. Y que siempre me encanta también ver a Kathy Bates, aunque sea en un tostonazo como este. Su sola presencia hace que la mareante y espasmódica historia de amor entre los protagonistas sea un poco más llevadera. Pero vamos, lo dicho, que no me pillan más. Palabrita.