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lunes, 11 de enero de 2016

Funny games (Juegos divertidos), by Michael Haneke

Michael Haneke: Querida, tengo una idea genial y te necesito para el papel protagonista.

Susanne Lothar: Cuenta, cuenta. Vivo sin vivir en mí.

Haneke: Pues la cosa va de dos tarados que van a torturar a una familia.

Lothar: Que la van a torturar... por qué?

Haneke: Por qué por qué por qué por qué? Vaya mierda de pregunta! Pues por nada.

Lothar: Por nada no será. Algún motivo tendrán.

Haneke: Hombre, pues... sí. Porque están tarados y les gusta y se lo pasan bien.

Lothar: Ya veo, violencia gratuita. Vamos, plan Tarantino, plan Kubrick...

Haneke: Bueno, sí, la idea es un poco esa. Pero mi peli será especial, como yo mismo.

Lothar: Cómo de especial? Ay Haneke, que te conozco. Miedo me das.

Haneke: De eso se trata, de dar miedo.

Lothar: Haneke, los tarados que torturan a gente ya no dan miedo en el cine. Hay un montón.

Haneke: Pero mis tarados harán lo que nunca antes se había hecho.

Lothar: Lo cualo? A ver...

Haneke: Mis tarados van a hablar directamente a la cámara. Flípalo.

Lothar: Y para qué, qué le van a decir.

Haneke: Le van a decir cosas como: "Hola, espectador, qué opinas"

Lothar: Ya, pero osea... para qué.

Haneke: Puessss.... para hablar.

Lothar: Espera, que hemos entrado en bucle. Qué pretendes?

Haneke: Qué cortita eres, hija. Lo que pretendo es implicar al espectador.

Lothar: Ah, vale. Vamos, que crees que así la peña va a flipar con tu peli.

Haneke: No es que lo crea; es que lo van a flipar. Qué te apuestas.

Lothar: No me apuesto nada, seguro que sí. La gente es así, flipan con to los pegos.

Haneke: Dímelo a mí, que llevo años viviendo de eso.

Lothar: Violencia gratuita, tarados hablando con la cámara... Vale, me apunto.

Haneke: Ajajá, tiene pinta de pelotazo, eh? Buen olfato, pequeña.

Lothar: Tiene pinta de peli de culto. Ya estoy viendo el signo del dólar en la carátula.

Haneke: No me extrañaría que los yankies quisieran hacer un remake.

Lothar: Ayyyyy, síiii! Y ojalá mi papel lo hiciera Naomi Watts, que es mu mona.

Haneke: Será muy divertido. El remake será un calco pero las críticas mucho peores.

Lothar: Ay qué diver! Jugaremos a "Atrapa al snob gafapasta". Oh yeah, what a funny game!

Haneke: Querida Susanne, eres una monnnnstrua, que diría Rosario.

Lothar: Por qué, mi amor?

Haneke: Porque acabas de dar con el título de mi gran obra de culto: Funny games.

Lothar: Ayyyyyssss, si es que me inspiras.

Haneke: Y lo pasaremos genial viendo a público y crítica puntuar una peli y la otra.

Lothar: Ayyy, Haneke, lo bien que me lo paso contigo. Y mira que estás tarado.

Haneke: En realidad lo que voy a contar en la peli es lo que yo hago con mi público.

Lothar: Lo sospechaba. Va a ser una especie de confesión de cómo torturas a la gente.

Haneke: Es que los genios somos así, necesitamos reivindicar nuestra genialidad.

Lothar: Qué pelotazo, madre! Lo vamos a petar en taquilla y en festivales.

Haneke: Soy yo, pequeña. La duda ofende.

Lothar: Eres el puto amo, Haneke. Me postro ante ti. Ejem... y ahora hablemos de mis honorarios.

jueves, 7 de enero de 2016

La pianista, by Michael Haneke

Una vez más Haneke, en su línea habitual, nos obsequia con una historia de personajes  y emociones extremos, naturalmente plagada de imágenes pretendidamente impactantes específicamente diseñadas para golpear con saña la sensibilidad del espectador más incauto. 

No se puede negar que el personaje de Isabelle Huppert es fascinante y tiene una fuerza magnífica. Una mujer completamente fría, hermética, que nunca ha conocido el amor y que vive la sexualidad de una forma brutal, instintiva, únicamente capaz de sentir a través del dolor y la humillación. Vamos, un regalazo para cualquier actriz.

En realidad lo que vemos es una historia de amor imposible entre esa mujer de emociones extremas y un tipo que se siente irremediablemente atraído y repelido a partes iguales por la inquietante personalidad de ella.

Sin embargo, lo que podía haber sido una película interesante porque el planteamiento inicial efectivamente lo es, se queda en mero estudio clínico de la supuesta patología de la mujer. Sí, hay muchas imágenes destinadas a sacudir emocionalmente al espectador (la de la cabina de cine porno, la del autocine, la de los cristales, por supuesto la de la cuchilla) pero todo se queda en eso, en golpes sueltos e inconexos que tampoco explican demasiado bien las reacciones de la protagonista.

No entiendo tampoco qué pretende Haneke con el personaje de la madre. No sé si insinúa tal vez que es ella la culpable de la forma de sentir de la hija. O que las tendencias sadomasoquistas se explican por la existencia de un padre o una madre posesivos o castradores. Me parece un poco simple.

Y ya puestos a diseccionar personajes…no sé si es más normal el comportamiento de él que el de ella. Ni si esa atracción que el alumno parece sentir hacia su profesora, una estricta gobernanta de manual, es absolutamente sana. Dónde está la barrera entre el sexo enfermizo y/o anormal y el “normal”?

Me decepciona muchísimo el tratamiento que Haneke le da al tema. Me parece muy simple, muy básico; sí, las imágenes tienen muchísima fuerza y pueden hacer pupita a determinadas sensibilidades (desde luego no a la mía) pero se queda en lo accesorio y lo deja todo en manos de la crudeza visual.

Una de las escenas más desgarradoras y a la vez más fallidas es el momento en que él lee la carta en la que ella le pide lo que quiere. Ninguno de los personajes reacciona con un mínimo de credibilidad; ella pasa del dominio de la situación a la sumisión absoluta, a la humillación total. Y él muestra una sorpresa que no se explica muy bien después del encuentro sexual en el baño, donde ella da ya claras muestras de no entender la sexualidad de una forma demasiado ortodoxa.

En definitiva, como me suele pasar con Haneke, todo me suena a impostado. No consigo creerme casi nunca a sus personajes, y muchísimo menos empatizar con ninguno de ellos. Puedo reconocer y valorar el esfuerzo interpretativo que hacen los actores, muy especialmente Huppert con ese personaje bombón que le ha tocado, pero en ningún momento terminan de convencerme. Y el problema no es de ellos, es del director, que ha cargado tanto las tintas que los ha convertido en imposibles.

Pero bueno, el tío con todo lo pretencioso que es, al final cuela la bacalá y consigue su objetivo. La crítica lo aplaude, celebra sus películas y hace sesudos análisis sobre ellas,  lo considera un gurú del cine, y encima le inflan a premios chulos de esos que dan muchísimo prestigio. De paso imagino que se estará forrando, por lo cual no tengo más remedio que darle mi más sincera enhorabuena aunque a mí sus películas me parezcan pura bazofia.

jueves, 24 de octubre de 2013

Amor, by Michael Haneke

El título de esta película ya es de por sí pretencioso a más no poder: "Amor". Punto.

Llamar a una película "Amor" es casi como decir : "Voy a definir cinematográficamente el AMOR. Voy a hacer la gran película sobre el AMOR, la que en sí misma llevará inscrita, suscrita y prescrita la propia idiosincrasia del AMOR".

Y cómo lo hace nuestro Michael Haneke. Pues nos cuenta una historia de viejos. Porque los viejos conmueven, y no hay cosa que nos parezca más sincera y auténtica que el amor entre dos viejos que han pasado toda una vida juntos. Para la mayoría de la gente eso es el maximum del AMOR, la pareja de abuelillos que no puede vivir el uno sin el otro y que se profesan un sentimiento eterno e impreciso que roza lo sublime para el resto de los mortales que aún no hemos llegado a ese nivel.

Y lo flipante es que la pretensión de Haneke de hacer "la gran película sobre el AMOR" ha colado y que muchísima gente se lo ha tragado hasta el fondo. Oye, pues si Haneke lo dice y encima le ha puesto ese título a la película, será que esto es el AMOR.

Bueno, pues conmigo, por ejemplo, no ha colado. De hecho conmigo Haneke cuela poco generalmente. Yo voy a contaros exactamente lo que he visto, que no tiene nada que ver con lo que ha visto la mayoría de la gente en esta historia:

Yo he visto a dos viejos que se quieren como se quieren la mayoría de los viejos, con un querer rutinario y acomodaticio que hace la vida más segura y llevadera. Hay bastante complicidad entre ellos y un fuerte grado de dependencia mutua, como suele ocurrir en todas las relaciones largas. Si quieres llámalo amor. Personalmente creo que en este tipo de relaciones se mezclan con el amor otro tipo de sentimientos algo menos románticos, pero bueno, esto es sólo una modesta opinión.

El caso es que en un momento dado esta pareja se enfrenta a algo de lo más normal, sobre todo a su edad: la enfermedad. A mí lo que más me sorprende de toda la historia es la falta de preparación de ambos para asumir esto.  Y aquí es donde me falla toda la película.

Porque cualquier viejo de nuestro entorno está más familiarizado con la enfermedad que estas dos criaturas a las que parece que la vida no les haya pasado factura ninguna en este terreno. No saben lo que es una estancia en un hospital, no parecen ser conscientes de tener una edad en la que pueden ponerse bastante malitos, y sobre todo, a pesar de no faltarles los recursos económicos, están totalmente faltos de recursos emocionales y pragmáticos para afrontar el problema.

Todo en esta historia me suena irreal y forzado. Incluso pequeños detalles como el hecho de que los viejos no dispongan de una televisión en casa y ni siquiera la adquieran para entretener a la vieja cuando se queda imposibilitada en la cama.

Ya, ya sé que hablamos de Haneke y que para él la tele debe de ser una ordinariez como la copa de un pino, pero... la realidad es que la tele entretiene muchísimo a las personas que no pueden moverse de la cama. Y la radio. Y mira, ya puestos, los best sellers, que se leen casi ellos solos. Ya, ya sé que son cosas para el vil vulgo, pero es que... yo pertenezco al vil vulgo y no me cabe en la cabeza que alguien pueda estar todo el día tumbado en una cama sólo a base de Bach, Mozart y Beethoven.

Por eso alucino aún más cuando este tipo de pelis Hanekesianas tienen tanto éxito y la gente se vuelve loca con ellas. Oye, que vosotros sois vil vulgo igual que yo. Y vuestros padres y vuestros abuelos. Que casi todos sois de barrio, joder. Cómo es posible que este tipo os haya colado que vuestra vida se parece en algo a la de estos dos abuelos musicólogos, que no saben lo que es sentarse a ver una telenovela de sobremesa y que están dispuestos a pasar por el duro trance de la enfermedad y la muerte a base de sinfonías y sonatas.

Para terminar, nada que objetar a la interpretación de los dos personajes principales. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva hacen exactamente lo que se espera de ellos: mostrarnos lo dura que es la enfermedad y dar mucha pena. Si fueran personajes reales yo desde aquí les daría unos cuantos consejillos prácticos:

1. Existen personas, sobre todo si dispones de medios económicos como es el caso, que pueden incluso quedarse a vivir internas en las casas para cuidar a las personas dependientes. Muchas de ellas son inmigrantes y lo hacen por sueldos bastante miserables, y no hay que llevar al enfermo ni al hospital ni a una residencia. Conozco un montón de casos, aunque se ve que Haneke no debe estar demasiado informado al respecto.

2. La tele y la radio, sí, es verdad, son medios de comunicación burdos y populacheros, pero oye, entretienen un huevo cuando alguien no puede moverse de una cama. Y siempre se puede seleccionar la programación, no hace falta ver cosas como  "La voz" o "Sálvame". Si eres muy sibarita se pueden ver sólo películas, por ejemplo. O deportes. O canales de cocina. O incluso sólo de música. La oferta en 2012, cuando se rodó esta película, ya era infinita. Sí, existe tele a la carta, aunque es muy posible que Haneke, en ese mundo particular en el que vive, no tenga ni idea de esto.

3. A unas malas, si no te convence pasar por una enfermedad degenerativa que te lleva directo a la muerte pasando por momentos muy desagradables, existen organizaciones a nivel internacional que te pueden ayudar a morir dignamente sin pasar todas las penalidades que te esperan. Ellos saben cómo hacerlo sin sufrimiento, sin dolor y sin repercusiones legales para tu familia. Si alguna vez desgraciadamente te ves en un caso parecido al de esta peli infórmate bien  y no hagas el gilipollas por tu cuenta. Haneke es un imbécil tocapelotas y no tiene ni puta idea de casi nada útil en esta vida.

Por cierto, mañana le dan a Haneke en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias, y ha manifestado lo siguiente: "La responsabilidad de un director es no tomar al espectador por idiota". Sin comentarios.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Caché (Escondido), by Michael Haneke

La tomadura de pelo perfecta consiste en tener a la gente pendiente de la pantalla con un buen cebo, que podría ser, por ejemplo, enterarse de cierta intriga que les estás planteando, y al final dejar al espectador in albis pero haciéndose un montón de preguntas. Preguntas como:

Qué pretende este tío con esta mamarrachada.

Cuál es el mensaje oculto de Michael Haneke, si lo tiene.

Por qué Daniel Auteuil apenas mueve un músculo de su cara.

Por qué Juliette Binoche se viste de fantoche todo el tiempo.

Por qué unos buenos padres pondrían de nombre a su hijo Pierrot.

Qué duración puede llegar a tener un plano secuencia.

Hasta dónde se puede estirar la paciencia del espectador.

Hasta dónde se puede estirar la pedantería de un director.

Por qué esta película se titula "Caché".

Cuánto caché hay que tener para entender esta mierda.

Cómo podría quitarme esta cara de gilipollas que se me ha puesto.

Preguntas todas ellas sin respuesta, lo cual hace que la tomadura de pelo sea completa, redonda y perfecta.

martes, 26 de febrero de 2013

La cinta blanca, by Michael Haneke

Consejos básicos para hacer una película, llevarte un montón de premios en festivales y ser considerado un genio del cine:

1. La fotografía mejor en blanco y negro. Dónde va a parar. Eso da ya un montón de postín per se.

2. Difundir el rumor de que la trama es una parábola del nacimiento del nazismo, de la decadencia de Occidente o de cualquier otra chorrada por el estilo. Así si el espectador no se entera de nada siempre será porque es demasiado torpe para captar la metáfora.

3. Lentitud exasperante de la acción. Que los personajes se miren mucho y hablen poco, lo justo para que no parezcan mudos o autistas.

4. Introducir algún tipo de aberración sexual sutilmente manifestada: un padre abusador, un pajillero atormentado, una señora que se mutila el clítoris, y cosas así…

5. Saltar de una línea argumental a otra constantemente para que nadie pueda entusiasmarse con una en concreto y así enterarse de algo.

6. Meter mucho plano laaaaaaargo, a ser posible interminable.

7. Evitar a toda costa que ninguno de los personajes se ría lo más mínimo. La menor mueca con un ligero parecido a una sonrisa puede mandar al traste toda la película.

8. Elegir a actores muy feos, con narices grandes, ojos de sapo y caras de tísicos, y vestirlos y maquillarlos para que parezcan aún más feos si es posible. La gente guapa es incompatible con una peli de culto.

9. Los decorados deben ir en consonancia con la fealdad de los personajes y sus ropajes. Casas oscuras, cochambrosas, mucha ruina y toda la porquería que sea posible. El paisaje ideal para un genio es un estercolero o un descampado plagado de ratas.

Y así es básicamente como Haneke ha conseguido llegar a ser un director de culto y se ha inflado a ganar Palmas, Conchas, Globos de Oro, Oscares, Césares y demás chatarrería fina. Además de un pastizal, que tampoco es moco de pavo.