viernes, 31 de agosto de 2012

London Boulevard, by William Monahan

Qué creéis que podría pasar si mezcláis trocitos de “El guardaespaldas” y “Notting Hill” con cualquier película de Guy Ritchie o de Tarantino? Ya, os ha dado un pasmo, no? Pues poco más o menos eso me dio a mí cuando vi esta “cosa” que no sabría muy bien cómo calificar.

El engendro va de una famosa actriz a la que persiguen los paparazzis, al más puro estilo Julia Roberts, pero con el agravante de que la tía vive en un coqueto palacete en pleno centro de Londres rodeado de edificios más altos llenos de azoteas desde las que los díscolos fotógrafos la acosan sin piedad. Y qué hace la muchacha? Tal vez mudarse a un lugar más apartado donde no tengan tan fácil acceso los chicos de la prensa? Noooooo, para qué? Ella tiene una idea mucho mejor.

Para protegerse de los paparazzis no se le ocurre otra cosa que contratar como guardaespaldas a un choricete exconvicto al que no conoce de nada pero que un día se pasa por su casa y pide el curro. La experiencia del tipo como guardaespaldas es poco más o menos la misma experiencia que yo tengo como fakir pero eso a ella no le importa. La prueba eliminatoria es una pregunta: “Te gusta la violencia?” Y una respuesta: “Digamos que doy antes de que me den”. Ea, contratado.

A todo esto el exconvicto curra durante el día como matón de la estrella y por la noche hace trabajitos para un mafioso con secretas inclinaciones homosexuales y con el gatillo más ligero que John Wayne, pero que curiosamente a él le coge cariño y afición.

Pero lo más guay de todo es el curro de guardaespaldas, una pasada. A que vosotros pensábais que ese trabajo consiste en planificar un sistema de seguridad eficaz para proteger la integridad física de la persona que te contrata? Como hacía Kevin Costner con Whitney Houston más o menos. no? Pues no, para nada. Este “guardaespaldas” es una especie de señorita de compañía que dedica todo su tiempo a charlar con la jefa, cenar con ella, psicoanalizarla, prepararle cafecito, pintarle las puertas y cuidar sus plantas. Cómo lo veis? Algo así como una mezcla de jardinero, ama de llaves, jefe de mantenimiento, psicólogo y gigoló.

Y no hace falta ser una lumbrera para saber cómo termina la historia. Colin Farrell, que hace de esta especie de superhombre para todo, sufre una crisis por agotamiento, denuncia a sus dos jefes por incumplimiento de convenio en materia de prevención de riesgos laborales, recibe una inspección de Hacienda porque no ha hecho la declaración a pesar de cobrar de dos pagadores y termina aprobando unas oposiciones de funcionario de prisiones y apuntándose de delegado sindical en la U.G.T. Ya os lo imaginábais, no?

lunes, 27 de agosto de 2012

La gata sobre el tejado de zinc, by Richard Brooks

Tennessee Williams es dramaturgo y por tanto lo suyo es puro teatro. Y el teatro puede o no funcionar en cine, dependiendo mucho de la adaptación y, sobre todo, de la labor de los actores.

Siento disentir, una vez más, de todo el mundo, pero para mí “La gata sobre el tejado de zinc” es un verdadero homenaje a la hiperactuación cinematográfica. De ella sólo se salva un actor, Paul Newman, curiosamente el que interpreta al personaje supuestamente más desquiciado.

Elizabeth Taylor, sí, está preciosa, fantástica, divina, espectacular, pero… claramente sobreactuada. Sus idas y venidas emocionales, su bipolaridad manifiesta y su exaltación constante son muy de personaje de Tennessee Williams, a quien le encantaba la exageración, sobre todo en sus personajes femeninos, a juzgar por su historial (recordemos a la histérica Blanche de “Un tranvía llamado deseo”)

Del resto qué se puede decir? La embarazadísima cuñada con su patulea de niños cuellicortos insoportablemente ruidosos, otro paradigma de personaje caricaturesco y ridículo. Su constante pelotilleo a los suegros, su descaro y su exagerada estupidez huelen a falacia. Por no hablar del personaje de la suegra, sus aspavientos, sus melodramáticas intervenciones… uffff, puro teatro!!!! Demasiado teatro para ser cine!!!!

Mención aparte merece Paul, mi Paul, el gran, bello e inconmensurable Paul. Su personaje, Brick, es el único en la obra que está alejado e incluso asqueado de la codicia y la mezquindad que caracterizan a los demás, incluída su repulsiva esposa, Maggie la gata. En justa proporción, su interpretación es la única que aporta sobriedad (paradójicamente, puesto que se pasa toda la cinta bebiendo whisky como un cosaco), contención y sencillez. Está tan comedido en su papel de alcohólico compulsivo que hasta cuesta creerlo. Ni un tambaleo ni un balbuceo ni una mijilla de opacidad en la mirada… Desde luego es un alivio entre tanto histrionismo, pero en mi opinión se queda pelín corto.

Otra cosa muy chocante son los cambios súbitos e inesperados en los conflictos emocionales: del amor al odio, del odio más atroz al perdón, del asco al deseo… En este sentido la escena final entre Brick y Maggie es… cómo lo diría? Simplemente un disparate. Puro teatro.

sábado, 25 de agosto de 2012

Magnolia, by Paul Thomas Anderson

Hosssstia, 3 putas horas viendo putos frikis!!

Putos policías frikis que se enamoran de putas cocainómanas frikis.

Putos machistas frikis totalmente pirados que dan conferencias a un público friki.

Putos niños frikis que van a concursos frikis donde les hacen preguntas frikis.

Putos enfermeros frikis que cuidan de putos moribundos frikis.

Putos presentadores frikis de concursos frikis con putos niños frikis.

Putos exniños prodigios frikis que se enamoran de putos camareros frikis.

Putas esposas frikis de moribundos frikis que chillan a putos farmacéuticos frikis.

Tom Cruise, el puto amo friki entre todos los putos frikis!!!

Y unas putas ranas frikis que llueven!!!!! Pero esto qué puta mierda es?????




jueves, 23 de agosto de 2012

The last kiss (El último beso), by Tony Goldwyn

Como no he visto la peli italiana de la que parte este remake me limitaré a opinar sobre lo que he visto y dejo las comparaciones para cuando tenga la oportunidad de ver el original

En la vida hay básicamente dos tipos de personas adultas: las que quieren jugar a las casitas y las que prefieren jugar a los médicos. Con frecuencia el sexo femenino es mucho más aficionado a las casitas y el masculino le pega mucho más a la bata blanca, y de esta disparidad lúdica nacen el 90% de los conflictos vitales entre sexos.

Una cosa básica antes de irse a vivir con alguien es que las dos personas tengan claro que han superado la fase médica y ya quieren jugar a las casitas, porque si no es un sindiós y un verdadero coñazo.

Las conversaciones de pareja que juega a las casitas son totalmente diferentes a las de médicos. Veamos varios ejemplos:

- Pareja que juega a médicos: "A ver, pon el culito que te ponga una inyección", "Ven que te ausculte el pecho, di 33", "A ver, a ver, es aquí donde te duele, o es por aquí... o por aquí?"

- Pareja que juega a las casitas: "Qué ponemos hoy de comer?", "Compramos en el Mercadona o en el Carrefour?", "A cuánto estaban los tomates hoy en la plaza?", "Yo lavo las cacerolas mientras tú recoges la mesa y barres, vale, mi amor? "

Y claro, quien quiere jugar a lo primero y termina jugando a lo segundo, pues tarde o temprano termina buscándose por ahí algún culito donde poner inyecciones o algún pechito que auscultar, eso es un clásico.

Y básicamente esto es lo que nos cuenta esta película con mucha mejor intención que tino. Conste que el guión no es malo (según he leído es un calco de la italiana), pero peca bastante de repetitivo y tópico.

La mala noticia es que a los tíos los pone igual de gilipollas que en el resto de comedias del género; la buena noticia es que a las tías las pone igual o peor. El que no se consuela es porque no quiere, oye.

Tampoco veo a Zach Braff en el papel protagonista. Le sobra mucha cara de memo y le falta como el comer un mínimo de atractivo personal y de carisma. Sobre todo para tener a dos tías bastante buenorras babeando por él. Es muy difícil colar esa pirula.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Lo contrario al amor, by Vicente Villanueva

Confieso que me puse a ver esta película con un único objetivo muy poco cinematográfico: babear con Hugo Silva. Ya me imaginaba que sería una aberración más de la comedia española pero me daba igual porque mi intención no era ver una buena peli, sino que como ya he dicho perseguía fines más lúbricos.

Y mira tú por dónde, me divertí con la peli. Cuidaíto, que nadie se llame a engaño!! No he dicho que sea una buena película ni que cuente algo mínimamente original ni nada de eso; digo únicamente que me divertí.

Es una de esas historias mil veces vistas sobre parejas que no tienen nada que ver el uno con la otra, pero que aun así se pasan la vida en un contínuo nicontigonisinti y aburriendo hasta a las piedras con sus idas y venidas y sus rupturas y reconciliaciones. Son algo así como... Belén Esteban y su eterno marido-exmarido.

Y hablando de Belen Esteban, de paso le pega un simpático repasito a la telebasura a través de la historia paralela de la hermana: cantante frustrada, asidua a bolos de discotecas. cocainómana... vamos, una "gran hermana" de manual. De hecho, esta trama secundaria es mucho más divertida que la principal.

Sin ser nada del otro mundo me parece un poco más presentable que la mayoría de comedias españolas que he visto en los dos últimos años. El director, Vicente Villanueva es novel en esto del largo pero un veterano en el mundo del corto, en el que tiene bastante buena fama. Con este debut yo diría que de momento no llega, pero promete, y eso ya es algo.

Babeé con Hugo Silva mucho menos de lo que esperaba. Su habitual look macarrilla, que normalmente me pone, aquí es llevado a unos extremos que rozan lo esperpéntico. Lo de las dos tristes rastillas colgando, sinceramente, sobraba a la par que repelía.

Eso sí, el tema bomberos compensa. Sí, ya sé que es un topicazo y que es tratarnos a las tías de subnormales y tal, pero... a mí es que me ponen los bomberos, qué quieres que te diga. Conste que sólo para verlos y cuanto más lejos mejor, porque según esta película cada vez que abren la boca es para echarse a llorar. Nunca me pude imaginar que los bomberos pudieran ser tan sumamente gilipollas, sinceramente.

Por cierto, qué imagen más cutre del cuerpo (profesionalmente hablando, se entiende)!  Debe de ser el único gremio en este país que no protesta cuando ponen su imagen a la altura de una alpargata. Se ve que tendrán cosas más interesantes de las que ocuparse.

martes, 21 de agosto de 2012

Agua para elefantes, by Francis Lawrence

Empiezo a emparanoiarme con el mundo del circo.

Todos los propietarios de circos son unos ególatras hijosdeputa alcohólicos maltratadores? Ponle la cara de Antonio de la Torre, de Christoph Waltz o de Ángel Cristo, pero... es que no se salva ni uno? Y porque ahora mismo no me acuerdo de "Zampo y yo" pero fijo que también el dueño era un borracho cabronazo.

Y todos los propietarios de circos ególatras hijosdeputa alcohólicos y maltratadores están casados con un bellezón rubio platino que monta en elefantes o en caballos o en trapecios con unos bikinis de lentejuelas fantásticos? Ponle la cara de Carolina Bang, o de Reese Witherspoon, o de la misma Bárbara Rey, da igual, pero... es que no se salva ni una? Había en "Zampo y yo" alguna rubia platino casada con el director cabrón del circo?

Y por supuesto no puede fallar el tercero en discordia, el que babea por el amor de la rubia platino y anda en estado de priapismo provocado por el sutil movimiento de caderas de la dama. Cómo no, la tensión con el propietario ególatra hijodeputa alcohólico maltratador en algún momento tiene que estallar, y se monta  el cirio. Aquí hay que ponerle por huevos la cara de Carlos Areces, porque lo de Robert Pattinson más que cara es piedra pómez. Me pregunto en el circo de Ángel Cristo quién sería el admirador secreto de Bárbara. El malabarista? El payaso? Bárbara, si lees esto, por favor, sacia mi curiosidad: con quién se la pegabas al domador?

Para mí entre los muchos errores de esta película destaca con mayúsculas la elección de Robert Pattinson como tercero en discordia.  No he visto cosa menos expresiva y más singracia... Que seduzca en una misma película a una tía y a una elefanta es inverosímil e inexplicable,... simplemente imposible.

Y a todo esto, sabrían algo de estos sindioses los payasos de la tele cuando cantaban aquello de "Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón"?

sábado, 18 de agosto de 2012

El hijo de la novia, by Juan José Campanella

Campanella en su onda: "Voy a hacer una tragicomedia que mole, sobre un tema superdolorosísimo pero con un toque humorístico y guay que deje a la gente con la boca abierta y a mí me catapulte a la fama".

Y dicho y hecho. Tema? El Alzheimer mismo. Tiene un montón de ingredientes lacrimógenos: ancianitos sin recuerdos que no reconocen a sus familiares, residencias en las que vegetan antes de entregarse al calor del nicho, carácter degenerativo e irreversible de la enfermedad.... Ideal para llorar hasta decir basta y no dejar una gota en el cuerpo.

Añadamos al tema, ya de por sí dramático a más no poder, una historia de amor vetusto pero eterno, un hijo cuarentón en plena crisis vital, y una boda, que es el marco idóneo per natura en el que plañir hasta la extenuación.

A Norma Aleandro nadie le podrá discutir jamás que es la abuelita con Alzheimer más encantadora de la historia del cine (y ya hay unas cuantas a estas alturas, porque el tema está bastante de moda); a Ricardo Darín tampoco se le puede discutir su papel de hijo perfecto, ex-marido perfecto, imperfecto padre perfecto, amigo perfecto, hombredelacalle perfecto... Este hombre es siempre el hijo, padre, amigo, marido, amante, etc. ideal. Aunque haga de cabrón, pero tiene una miradita tannnnn triste y tannnnnn desangelada que deja hecha polvo, la verdad.

Pero eso sí, al que nunca me he creído ni de coña en este papel es a Héctor Alterio, al que admiro profundamente pero que aquí está terriblemente torpe en su interpretación. A pesar de o tal vez debido a las indicaciones de Campanella, su rol de abuelito enamorado que babea ante la idea de casarse con su olvidadiza señora, conmigo al menos no ha colado. Destila hiperglucemia y viscosidad, y sinceramente casi se agradece a ratos que la buena mujer a la que interpreta Aleandro no esté demasiado en sus cabales para no tener que soportar esos niveles insanos de glucosa.

Igual que hay quien bebe para olvidar, quién sabe si no hay quien olvida para no tener que beber.