Empiezo a emparanoiarme con el mundo del circo.
Todos los propietarios de circos son unos ególatras hijosdeputa alcohólicos maltratadores? Ponle la cara de Antonio de la Torre, de Christoph Waltz o de Ángel Cristo, pero... es que no se salva ni uno? Y porque ahora mismo no me acuerdo de "Zampo y yo" pero fijo que también el dueño era un borracho cabronazo.
Y todos los propietarios de circos ególatras hijosdeputa alcohólicos y maltratadores están casados con un bellezón rubio platino que monta en elefantes o en caballos o en trapecios con unos bikinis de lentejuelas fantásticos? Ponle la cara de Carolina Bang, o de Reese Witherspoon, o de la misma Bárbara Rey, da igual, pero... es que no se salva ni una? Había en "Zampo y yo" alguna rubia platino casada con el director cabrón del circo?
Y por supuesto no puede fallar el tercero en discordia, el que babea por el amor de la rubia platino y anda en estado de priapismo provocado por el sutil movimiento de caderas de la dama. Cómo no, la tensión con el propietario ególatra hijodeputa alcohólico maltratador en algún momento tiene que estallar, y se monta el cirio. Aquí hay que ponerle por huevos la cara de Carlos Areces, porque lo de Robert Pattinson más que cara es piedra pómez. Me pregunto en el circo de Ángel Cristo quién sería el admirador secreto de Bárbara. El malabarista? El payaso? Bárbara, si lees esto, por favor, sacia mi curiosidad: con quién se la pegabas al domador?
Para mí entre los muchos errores de esta película destaca con mayúsculas la elección de Robert Pattinson como tercero en discordia. No he visto cosa menos expresiva y más singracia... Que seduzca en una misma película a una tía y a una elefanta es inverosímil e inexplicable,... simplemente imposible.
Y a todo esto, sabrían algo de estos sindioses los payasos de la tele cuando cantaban aquello de "Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón"?
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martes, 21 de agosto de 2012
domingo, 3 de junio de 2012
Un dios salvaje, by Roman Polanski
Vi la magnífica obra de teatro de Yasmina Reza cuando se estrenó en España, con Aitana Sánchez-Gijón, Antonio Molero, Pere Ponce y Maribel Verdú, y me moría de ganas de ver la versión de Polanski. A mí la obra me pareció la hostia y tengo que decir que la película no me ha decepcionado en absoluto.
Para empezar los actores españoles no tienen nada que envidiar a los americanos. Y lo digo porque esta película tiene dos puntos fuertes: un guión brutal y el trabajo actoral. Se trata de una acción lineal que transcurre en un único escenario; no hay más elementos de apoyo, es puro teatro. Por tanto, todo el peso recae en los cuatro personajes, que se enfrentan a través de unos diálogos punzantes y dolorosamente sinceros. Lo que empieza siendo pura corrección política y exquisita civilización termina convirtiéndose en una verdadera merienda de negros.
Es impresionante la maestría con la que la autora va transformando poco a poco a los personajes y jugando con sus frustraciones, sus complicidades, sus emociones, y sus caracteres. Cómo van evolucionando y aliándose en cada pequeña batalla: primero un matrimonio contra el otro, luego los hombres frente a las mujeres para volver más tarde a las alianzas de pareja. De qué manera el conflicto con los hijos, que es lo que les ha llevado hasta allí, pasa a un segundo plano para ir revelándonos conflictos mucho más profundos de cada pareja, de género, de clase, de sensibilidades sociales.
Para mí Jodie Foster está pelín sobreactuada; Aitana me gustó más en su personaje, aunque Foster consigue hacerlo mucho más odioso con el rictus permanente de sus característicos labios finos y crueles. Kate Winslet en cambio está perfecta, comedida pero intensa, en su rol de pija hastiada. En cuanto a ellos, tanto Reilly como Waltz brillan en sus papeles respectivos de gañán domesticado y de ejecutivo sinvergüenza, machista y adicto al móvil.
Me olvidaba de los secundarios: un móvil, un jarrón de tulipanes, una botella de whisky, un secador de pelo, un cubo para vomitar y un libro descatalogado. Brillantes también.
Una película imprescindible, impactante, despiadada y totalmente recomendable. Un 10.
Para empezar los actores españoles no tienen nada que envidiar a los americanos. Y lo digo porque esta película tiene dos puntos fuertes: un guión brutal y el trabajo actoral. Se trata de una acción lineal que transcurre en un único escenario; no hay más elementos de apoyo, es puro teatro. Por tanto, todo el peso recae en los cuatro personajes, que se enfrentan a través de unos diálogos punzantes y dolorosamente sinceros. Lo que empieza siendo pura corrección política y exquisita civilización termina convirtiéndose en una verdadera merienda de negros.
Es impresionante la maestría con la que la autora va transformando poco a poco a los personajes y jugando con sus frustraciones, sus complicidades, sus emociones, y sus caracteres. Cómo van evolucionando y aliándose en cada pequeña batalla: primero un matrimonio contra el otro, luego los hombres frente a las mujeres para volver más tarde a las alianzas de pareja. De qué manera el conflicto con los hijos, que es lo que les ha llevado hasta allí, pasa a un segundo plano para ir revelándonos conflictos mucho más profundos de cada pareja, de género, de clase, de sensibilidades sociales.
Para mí Jodie Foster está pelín sobreactuada; Aitana me gustó más en su personaje, aunque Foster consigue hacerlo mucho más odioso con el rictus permanente de sus característicos labios finos y crueles. Kate Winslet en cambio está perfecta, comedida pero intensa, en su rol de pija hastiada. En cuanto a ellos, tanto Reilly como Waltz brillan en sus papeles respectivos de gañán domesticado y de ejecutivo sinvergüenza, machista y adicto al móvil.
Me olvidaba de los secundarios: un móvil, un jarrón de tulipanes, una botella de whisky, un secador de pelo, un cubo para vomitar y un libro descatalogado. Brillantes también.
Una película imprescindible, impactante, despiadada y totalmente recomendable. Un 10.
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