Mostrando entradas con la etiqueta Taylor (Elizabeth). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Taylor (Elizabeth). Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de marzo de 2016

Mujercitas, by Mervyn LeRoy

Estaba zapeando y totalmente por sorpresa me topé con "Mujercitas". Agradable sorpresa, debo añadir, porque no podía habérmela encontrado más a destiempo. En Semana Santa "Mujercitas"! Un imposible, un sindiós. Qué será lo siguiente? "La pasión de Cristo" en Nochebuena?

Como muchas otras personas de mi edad y de edades colindantes, para mí las Navidades siempre han estado vinculadas a "Mujercitas". Me encantaba, me quedaba embobada viendo una y otra vez la historia, aunque ya me la supiera de memoria. Y lloraba como una descosida cuando veía a esas niñas desviviéndose por su madre y adorando a su padre ausente. Que era ñoña? Pues sí, pero es que entonces yo era igual de ñoña, así que no es de extrañar que me gustara tanto.

Pero lo realmente alucinante es que mil años después, en pleno siglo 21 y ya curada de todo resto de ñoñez, yo esté zapeando y me encuentre esta película y sea incapaz de apretar el mando para quitarla. Que lo agarre una y otra vez con ánimo de largarme a otra parte y que no pueda, que siga igual de embobada que cuando era un moquillo.

Nostalgia de esos tiempos felices y despreocupados de la niñez, muy probablemente.  Pero me sigue fascinando ese paisaje nevado que contrasta brutalmente con la calidez que reina en el hogar de Meg, Jo, Amy y Beth. Y me importa un pimiento que Meg sea la caricatura de la tontería femenina, y Jo la caricatura de un machopingo, y Amy la caricatura de la frivolidad y Beth la caricatura de la moñería. Incluso me da igual que una inconmensurable actriz como Elizabeth Taylor haga probablemente el papel más tonto de su vida.

Mervyn LeRoy hizo un trabajo muuuuuy bueno. Tan bueno que hasta un cardo borriquero como yo, que huye del sentimentalismo barato como de la peste, sigue enganchada a esta historia que no tiene nada que ver con la vida de hoy en día; que es como un cuento de hadas, irreal e imposible.

Pero qué bonito cuando creía que el mundo era así y que la bondad era el estado natural del ser humano. Ayyyyyy, nostalgia, puta nostalgia!


martes, 23 de abril de 2013

De repente, el último verano (Suddenly, last summer), by Joseph L. Mankiewicz

Ingredientes:

1. Un trauma personal: Tennessee Williams escribió esta historia bastante cabreado con sus padres por haber consentido que le practicaran una lobotomía a su hermana esquizofrénica. Fundamental para entender la rabia que destila este alegato en contra de dicha práctica quirúrgica.

2. Un tema tabú latente: la homosexualidad. Durante toda la cinta se hacen constantes alusiones más o menos veladas pero naturalmente en ningún momento se hace la menor referencia explícita. Imposible en aquellos tiempos.

3. Un director de clásicos, que todo lo que toca lo convierte en oro: Joseph L. Mankiewicz, capaz de juntar a uno de los dramaturgos más emblemáticos de todos los tiempos con un elenco casi imposible: Montgomery Clift, Elizabeth Taylor y la gran Katharine Hepburn.

4. Un protagonista ausente: el personaje de Sebastian, alrededor del cual gira todo el drama, no aparece en ningún momento, salvo en un desafortunado flashback al final, y sólo de espaldas. Sin embargo está constantemente presente. “Sebastian decía…”, “Sebastian solía…”, “Sebastian y yo…” . Es el puto amo indiscutible de la obra, a la par que un auténtico coñazo.

5. Teatro, puro teatro: la adaptación es ostensiblemente teatral, por lo que abunda el aspaviento y la exageración, sobre todo en lo que concierne al personaje de Hepburn. Sus arrebatados discursos plagados de referencias poéticas resultan de todo menos creíbles en una película.

6. Personajes tortuosos y taradillos. Un buen complejazo de Edipo, una leve insinuación de posible incesto, tal vez un toquecillo de pederastia… Lo cierto y verdad es que no nos encontramos ante una familia muy normal, para qué nos vamos a engañar.

7. Escenarios agobiantes: toda la acción transcurre entre el jardín de Sebastian, de una exuberancia asfixiante, y el manicomio, un lugar sórdido y escalofriante en el que los locos se hacinan. De pesadilla.

8. Componente onírico. Aquí entraría la narración de la visita a la isla de Sebastian y su madre, con los pájaros devorando a las crías de tortuga, o el final, con la dramática explicación de Elizabeth Taylor y los flashbacks en los que se visualiza la muerte de Sebastian.

9. Toque friki: Las subidas y bajadas en el trono-ascensor de Katharine Hepburn son una auténtica locura, un homenaje a la horterada verdaderamente memorable.

Et voilà! De repente… el último coñazo.

lunes, 27 de agosto de 2012

La gata sobre el tejado de zinc, by Richard Brooks

Tennessee Williams es dramaturgo y por tanto lo suyo es puro teatro. Y el teatro puede o no funcionar en cine, dependiendo mucho de la adaptación y, sobre todo, de la labor de los actores.

Siento disentir, una vez más, de todo el mundo, pero para mí “La gata sobre el tejado de zinc” es un verdadero homenaje a la hiperactuación cinematográfica. De ella sólo se salva un actor, Paul Newman, curiosamente el que interpreta al personaje supuestamente más desquiciado.

Elizabeth Taylor, sí, está preciosa, fantástica, divina, espectacular, pero… claramente sobreactuada. Sus idas y venidas emocionales, su bipolaridad manifiesta y su exaltación constante son muy de personaje de Tennessee Williams, a quien le encantaba la exageración, sobre todo en sus personajes femeninos, a juzgar por su historial (recordemos a la histérica Blanche de “Un tranvía llamado deseo”)

Del resto qué se puede decir? La embarazadísima cuñada con su patulea de niños cuellicortos insoportablemente ruidosos, otro paradigma de personaje caricaturesco y ridículo. Su constante pelotilleo a los suegros, su descaro y su exagerada estupidez huelen a falacia. Por no hablar del personaje de la suegra, sus aspavientos, sus melodramáticas intervenciones… uffff, puro teatro!!!! Demasiado teatro para ser cine!!!!

Mención aparte merece Paul, mi Paul, el gran, bello e inconmensurable Paul. Su personaje, Brick, es el único en la obra que está alejado e incluso asqueado de la codicia y la mezquindad que caracterizan a los demás, incluída su repulsiva esposa, Maggie la gata. En justa proporción, su interpretación es la única que aporta sobriedad (paradójicamente, puesto que se pasa toda la cinta bebiendo whisky como un cosaco), contención y sencillez. Está tan comedido en su papel de alcohólico compulsivo que hasta cuesta creerlo. Ni un tambaleo ni un balbuceo ni una mijilla de opacidad en la mirada… Desde luego es un alivio entre tanto histrionismo, pero en mi opinión se queda pelín corto.

Otra cosa muy chocante son los cambios súbitos e inesperados en los conflictos emocionales: del amor al odio, del odio más atroz al perdón, del asco al deseo… En este sentido la escena final entre Brick y Maggie es… cómo lo diría? Simplemente un disparate. Puro teatro.

martes, 4 de octubre de 2011

Reflejos en un ojo dorado, by John Huston

Pues otra vez estoy como siempre: hemos visto todos la misma película? A ver cómo cuento lo que yo he visto sin destripar el asunto. Estamos en un campo de entrenamiento militar donde viven una serie de personajes que están como una chota, a cuál peor. Paso a enumerarlos, para que os hagáis una idea:

1. Marlon Brando. El oficial jefe, un homosexual reprimido con cierto toque narcisista que aborrece a su esposa y desea secretamente a un soldado raso bastante buenorro, al que mira obsesivamente cayéndosele la baba al tiempo que, suponemos, se le levantan otras cosas.

2. Elizabeth Taylor.  La esposa, una especie de estúpido papagayo ambulante que no para de parlotear, soltar risotadas y mover el culo de un lado a otro. Si yo fuera su marido también me haría homosexual. La señora además está más salida que el pico una plancha y le pone los cuernos a su esposo con su mejor amigo, y a su vez es objeto de deseo del soldado raso al que desea secretamente su marido. Cágate lorito.

3. Brian Keith. El coronel amigo del mayor con el que le pone los cuernos su señora. A su vez está casado con otra pirada. Éste es casi el más normalito, si es que cabe esa palabra en este filme.

4. Julie Harris. La pirada anteriormente mencionada, que se pasa el día encerrada en su habitación, mirando por la ventana lo que hacen los de al lado y haciendo manualidades (y no es un eufemismo, no) con un criado filipino a cuyo lado Fidel el de Aída es un dechado de virilidad.

5. Robert Forster. El soldado raso que desea secretamente a la Taylor, y que a su vez es secretamente deseado por el mayor. Éste es el personaje más pirado de todos, lo cual tiene bastante mérito. Se dedica a pasearse por mitad del bosque en pelotas y a montar a caballo también en pelotas, y luego por las noches se viste por fin, que ya era hora, fuerza la cerradura de la casa del mayor, se cuela en la habitación de la señora... y se pasa la noche entera, oigan, pero entera enterita, mirando dormir a la Taylor!!!!! Lavirrrgen, es o no es fuerte la cosa?

Todos mirando, venga a mirarse unos a otros. Yo te miro a ti, tú miras a aquél, aquél mira al otro, el otro mira al de la moto, el de la moto me mira a mí, y así sucesivamente. Y ésta es básicamente la película. Qué os parece?