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miércoles, 2 de julio de 2014

Brando (TV), by Leslie Greif, Mimi Freedman

La verdad es que Leslie Greif y Mimi Freedman lo tenían muy fácil para hacer un gran documental porque lo difícil es hacer un churro cuando la materia prima es un tipo como Brando.

Brando lo tenía todo para hacer con él un trabajo biográfico de la hostia:

1. Una vida intensa y llena de anécdotas sustanciosas.

2. Una personalidad fuerte y vulnerable a la vez.

3. Una sensibilidad artística fuera de lo común.

4. Una belleza masculina animal, salvaje, felina, brutal.

5. Una inteligencia natural prodigiosa.

6. Un don innato para la interpretación dramática.

7. Un espíritu comprometido con grandes ideales.

8. Una rebeldía instintiva contra el stablishment.

Hay muchos testimonios en este documental, pero de todos ellos yo me quedaría con los comentarios llenos de admiración y respeto infinitos de Al Pacino hacia el que consideraba su gran maestro.

Viendo la película no se puede evitar sentir una fascinación absoluta por el actor y por el hombre, pero sobre todo por el icono sexual; imposible verlo sin babear y sin encharcar las bragas.

jueves, 3 de abril de 2014

Don Juan DeMarco, by Jeremy Leven

Imagina que en un psiquiátrico aparece un tipo que se cree Napoleón y el psiquiatra que lo trata empatiza tanto que termina convertido en un experto en estrategia militar.

Imagina que en un psiquiátrico aparece una tía que se cree Naomi Campbell y el psiquiatra que la trata empatiza tanto que termina convertido en un experto en moda.

Imagina que en un psiquiátrico aparece un tipo que se cree Rouco Varela y el psiquiatra que lo trata empatiza tanto que termina convertido en un experto en soltar chorradas.

Imagina que en un psiquiátrico aparece un tipo que se cree Don Juan y el psiquiatra que lo trata empatiza tanto que termina convertido en un experto en seducción.

Interesante esta idea de Jeremy Leven de adaptar el clásico convirtiendo a Don Juan en un pirado encantador que enseña a su viejo y hastiado psiquiatra las artes del amor.

Asqueroso Marlon Brando, con lo que fue ese hombre en lo que a belleza masculina se refiere, por dios santo. Parece una torpe ballena intentando seducir a una sirena.

Maravillosa Faye Dunaway, la sirena en cuestión. Pero increíble en su papel de enamorada de ese saco de lorzas que es don Octavio de Flores Brando. Tal vez con otro actor la cosa hubiera funcionado.

Magnético Johnny Depp en su interpretación del conquistador latino por antonomasia. Rendido me he ante vos, bello Don Juan. Soy toda vuestra y a vuestros pies me postro.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un tranvía llamado deseo (A streetcar named Desire), by Elia Kazan

Ya sabemos que Tennessee Williams es un señor bastante tremendo. De todo tipo de relaciones te saca el tío un dramón, pero lo que no se le puede negar es la originalidad al abordar temáticas novedosas. En “Un tranvía llamado deseo” aborda nada más y nada menos que el espinoso asunto de los cuñados (cuñaaaaaoooooooo), tema que más tarde volvería a tocar aunque de soslayo en “La gata sobre el tejado de zinc”. Os acordáis de la horripilante cuñada de Newman perpetuamente embarazada?

En fin, en esta historia hay un indiscutible protagonista visual: Brando. Su presencia es pura belleza, animalidad, erotismo e invitación al pecado. Cada uno de los fotogramas en los que aparece podría formar parte de un calendario erótico. La suya es una masculinidad de esas potentes que emboba pero que acojona. Una masculinidad que, por cierto, debía fascinar a Williams porque prácticamente todos los protagonistas varones de sus obras están cortados por el mismo patrón: rudos, alcohólicos, muy machotes, bruscos en su trato con las mujeres, incluso hasta llegar al maltrato… Vamos, que al bueno de Tennessee debían irle bastante los chulazos.

Frente a la fascinante bestialidad de Brando-Kowalski, la inquietante presencia de la cuñada chiflada, Blanche, un personaje también bastante poderoso pero con un tipo de poder mucho más sutil, basado en la manipulación y la explotación de su aparente fragilidad. Por fuerza ambos personajes tienen que chocar, aunque en ese choque hay mucho de atracción, al menos por parte de Blanche, y de deseo de dominio por parte de Stanley.

Entre ellos, el personaje sumiso y conciliador de Stella. Hay que reconocer que Williams retrata magistralmente cómo funciona la violencia doméstica, incluso en unos tiempos en los que este asunto no solía salir del ámbito de lo privado. La irresistible atracción de Stella hacia su marido alterna con el rechazo por su brutalidad, y así transcurre durante toda la película hasta que al final se ve obligada a elegir.

Elia Kazan lleva esta historia a la gran pantalla a pesar de su carácter eminentemente teatral, lo que constituye su principal defecto. Precisamente por este carácter la interpretación de Vivien Leigh desde el punto de vista cinematográfico resulta chocante, está más que sobreactuada. Leigh interpreta perfectamente a una Blanche de escenario pero en la pantalla chirría un montón.

Personalmente no tengo nada contra las adaptaciones cinematográficas de obras teatrales, siempre y cuando quien las lleva a cabo sea plenamente consciente del cambio de formato y de la necesidad de romper con los códigos de la dramaturgia. Y en mi opinión en este film Elia Kazan no lo consigue, sobre todo por el personaje de Blanche. Por contra, no hay nada más puramente cinematográfico que el carisma animal de Brando. Vamos, que lo comío por lo servío.

viernes, 17 de febrero de 2012

La jauría humana, by Arthur Penn

A menudo me pregunto qué clase de personas son las que acuden a las puertas de los juzgados para abuchear a los acusados que acuden a declarar. Esa gente que grita, increpa, arroja objetos y escupe; esa masa que, arropada en el anonimato, se convierte en una verdadera jauría. Exactamente la jauría humana que tan exactamente describe Arthur Penn en su película.

Me cuesta entender las motivaciones de esta gente. Qué clase de alivio les puede producir ese comportamiento. A veces yo siento la misma repugnancia que ellos hacia el sospechoso e incluso la misma seguridad de que es un criminal, pero no se me pasa por la cabeza hacer algo así para descargar mi rabia. Es algo que siempre me ha fascinado y atemorizado al mismo tiempo.

En definitiva, esa misma perplejidad es la que despierta la incomprensible actitud de los personajes de  "La jauría humana". Lo que ocurre es que la historia es tan exagerada que es inevitable sentir cierta incredulidad. Que de todo un pueblo prácticamente sólo se libren de esa locura y esa irracionalidad un par de personas, mientras las demás son poseídas de esa manera... no sé, en esta historia falla algo. La sutileza no es desde luego la mayor virtud de Arthur Penn.

Por supuesto Marlon Brando está inmenso, como siempre. Más inmenso todavía en tanto que interpreta el único papel, junto con Angie Dickinson, que representa la cordura y la templanza entre tanta bestialidad desatada.

Discrepo de los que creen que esto es una crítica a la sociedad norteamericana. La masa es la masa en todas las sociedades y en todos los tiempos: cuando la gente se juntaba para lapidar a un ladrón, o para ver una crucifixión, o a un hereje arder en la pira, o a un noble decapitado. Como ahora se juntan a las puertas de los juzgados, o en los campos de fútbol, o en un plató de televisión.

La jauría humana no es otra cosa que la masa, esa nebulosa tras la que se oculta el individuo con sus frustraciones personales y sociales, en la que puede esconderse y
arroparse y que sirve de coartada para todo. Líbranos, señor, de hacernos masa.

martes, 4 de octubre de 2011

Reflejos en un ojo dorado, by John Huston

Pues otra vez estoy como siempre: hemos visto todos la misma película? A ver cómo cuento lo que yo he visto sin destripar el asunto. Estamos en un campo de entrenamiento militar donde viven una serie de personajes que están como una chota, a cuál peor. Paso a enumerarlos, para que os hagáis una idea:

1. Marlon Brando. El oficial jefe, un homosexual reprimido con cierto toque narcisista que aborrece a su esposa y desea secretamente a un soldado raso bastante buenorro, al que mira obsesivamente cayéndosele la baba al tiempo que, suponemos, se le levantan otras cosas.

2. Elizabeth Taylor.  La esposa, una especie de estúpido papagayo ambulante que no para de parlotear, soltar risotadas y mover el culo de un lado a otro. Si yo fuera su marido también me haría homosexual. La señora además está más salida que el pico una plancha y le pone los cuernos a su esposo con su mejor amigo, y a su vez es objeto de deseo del soldado raso al que desea secretamente su marido. Cágate lorito.

3. Brian Keith. El coronel amigo del mayor con el que le pone los cuernos su señora. A su vez está casado con otra pirada. Éste es casi el más normalito, si es que cabe esa palabra en este filme.

4. Julie Harris. La pirada anteriormente mencionada, que se pasa el día encerrada en su habitación, mirando por la ventana lo que hacen los de al lado y haciendo manualidades (y no es un eufemismo, no) con un criado filipino a cuyo lado Fidel el de Aída es un dechado de virilidad.

5. Robert Forster. El soldado raso que desea secretamente a la Taylor, y que a su vez es secretamente deseado por el mayor. Éste es el personaje más pirado de todos, lo cual tiene bastante mérito. Se dedica a pasearse por mitad del bosque en pelotas y a montar a caballo también en pelotas, y luego por las noches se viste por fin, que ya era hora, fuerza la cerradura de la casa del mayor, se cuela en la habitación de la señora... y se pasa la noche entera, oigan, pero entera enterita, mirando dormir a la Taylor!!!!! Lavirrrgen, es o no es fuerte la cosa?

Todos mirando, venga a mirarse unos a otros. Yo te miro a ti, tú miras a aquél, aquél mira al otro, el otro mira al de la moto, el de la moto me mira a mí, y así sucesivamente. Y ésta es básicamente la película. Qué os parece?