Confieso que me cuesta decidir si me gusta más el Allen cachondo o el Allen trágico porque si bien comparto por completo el sentido del humor del cineasta no dejo de compartir igualmente su sentimiento trágico de la vida.
Yo pienso exactamente igual que él, que el ser humano es egoísta, malvado e irredimible, y que lo único que nos salva es que la civilización nos ha obligado a crear leyes, normas de convivencia y un código ético que nos permite enfrentarnos con mayor o menor fortuna a nuestra naturaleza depredadora. Pero vamos, que las hemos creado mismamente por nuestra propia supervivencia como especie, para no destruirnos, no porque seamos la hostia de buenos.
Esta película, como "Match Point" y algunas más de nuestro inquieto geniecillo, abunda en esa idea. Hay una serie de conceptos clave que son fijos en la filmografía trágica de Allen y que básicamente se podrían resumir en los siguientes puntos:
1. Somos capaces de todo o de casi todo por la supervivencia.
2. Cuando se cruza una línea determinada ya no hay límites.
3. La única forma de conseguir el éxito es pisotear sin piedad al contrincante.
4. La moral es algo completamente relativo, todo es según cómo lo plantees.
5. Todo el mundo tiene un precio.
Fijaos bien; con estos cinco principios básicos todo lo que ocurre en el mundo queda perfectamente explicado: el hambre, la corrupción, la desigualdad, la pobreza, las religiones, la violencia... Y es que es tan simple como eso: Homo homini lupus est, el hombre es un lobo para el hombre. Lo dijo primero Plauto, lo repitió Hobbes y ahora yo lo confirmo rotundamente.
Por eso esta historia llevaba todas las papeletas para gustarme, para encantarme y para hacerme gritar "Chapeau!!!" una vez más a mi director favorito. Por eso y porque encima el muy cabrón ha contratado a dos de mis actores fetiche, que además bordan sus personajes tanto uno como el otro. Y ahí me rindo totalmente a ese atormentado Colin Farrell en atroz enfrentamiento bíblico contra su calculador hermano Ewan McGregor. Qué pedazo de Caín y qué pedazo de Abel, señores.
Entonces, dónde está el fallo? Pues simple y llanamente en un final que destroza todas mis expectativas. Para mí uno de los peores finales, de los más chapuceros, de los menos currados del universo Allen. Y como no puedo destriparlo porque sería una putada, simplemente lo dejo aquí. Quien quiera saber por qué me ha decepcionado tanto el desenlace, que vea la película y tome su propia decisión.
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jueves, 19 de febrero de 2015
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Siete psicópatas, by Martin McDonagh
Mea culpa. Después de haber padecido con estoicismo el espanto de "Escondidos en Brujas", la opera prima de Martin McDonagh, tenía que haber supuesto que esto sería más de lo mismo pero sin el atractivo adicional de ver esa maravilla de ciudad que es Brujas. Y así fue.
“Siete psicópatas”. Ya el título echa para atrás, porque yo soy muy de pelis de psicópatas, pero siempre de uno en uno, que dé lugar a que se familiarice una con el pirado y se le coja afición. Siete psicópatas de un tirón sólo pueden llevar a una cosa: la desafección. Sí, esa palabra tan de moda que se aplica ahora tanto a los políticos. Pues con los psicópatas pasa igual, cuando hay saturación y sus tropelías se acumulan y se enganchan unas a otras, terminan provocando desafección en el espectador.
De todas formas la peli está bien para la gente que guste de profusiones sanguinolentas porque es bastante gore y guarrilla y se nota que no repararon en tomate. Algunas escenas, de hecho, parecen sacadas directamente de la Tomatina de Buñol.
Lástima que Colin Farrell le haya tomado tanto apego a McDonagh y le secunde en todos sus delirios porque este tío es bastante pesado y se ve ya que lo suyo son las tarantinadas pertinaces. Y lo siento porque a mí Farrell me gusta un montón pero creo que con dos experiencias de éstas he tenido suficiente. De hecho he terminado más quemá que la pipa un indio. El próximo engendro que lo vea su tía, hala.
“Siete psicópatas”. Ya el título echa para atrás, porque yo soy muy de pelis de psicópatas, pero siempre de uno en uno, que dé lugar a que se familiarice una con el pirado y se le coja afición. Siete psicópatas de un tirón sólo pueden llevar a una cosa: la desafección. Sí, esa palabra tan de moda que se aplica ahora tanto a los políticos. Pues con los psicópatas pasa igual, cuando hay saturación y sus tropelías se acumulan y se enganchan unas a otras, terminan provocando desafección en el espectador.
De todas formas la peli está bien para la gente que guste de profusiones sanguinolentas porque es bastante gore y guarrilla y se nota que no repararon en tomate. Algunas escenas, de hecho, parecen sacadas directamente de la Tomatina de Buñol.
Lástima que Colin Farrell le haya tomado tanto apego a McDonagh y le secunde en todos sus delirios porque este tío es bastante pesado y se ve ya que lo suyo son las tarantinadas pertinaces. Y lo siento porque a mí Farrell me gusta un montón pero creo que con dos experiencias de éstas he tenido suficiente. De hecho he terminado más quemá que la pipa un indio. El próximo engendro que lo vea su tía, hala.
viernes, 16 de noviembre de 2012
Cómo acabar con tu jefe (Horrible Bosses), by Seth Gordon
M- Me lo había imaginado.
A- Aquí huele a patochada.
M- Mas aunque era lo esperado
A- Ayyyy, no estaba preparada!
R- Rollazo de mala muerte.
R- Rayada de campeonato.
A- Ay, señor, qué mala suerte!
C- Colin Farrell, yo te mato.
H- Hacer esta capullada!
A- A Gordon lo colgaría
D- De una viga. Y ya entregada,
A- A Spacey lo empalaría.
viernes, 31 de agosto de 2012
London Boulevard, by William Monahan
Qué creéis que podría pasar si mezcláis trocitos de “El guardaespaldas” y “Notting Hill” con cualquier película de Guy Ritchie o de Tarantino? Ya, os ha dado un pasmo, no? Pues poco más o menos eso me dio a mí cuando vi esta “cosa” que no sabría muy bien cómo calificar.
El engendro va de una famosa actriz a la que persiguen los paparazzis, al más puro estilo Julia Roberts, pero con el agravante de que la tía vive en un coqueto palacete en pleno centro de Londres rodeado de edificios más altos llenos de azoteas desde las que los díscolos fotógrafos la acosan sin piedad. Y qué hace la muchacha? Tal vez mudarse a un lugar más apartado donde no tengan tan fácil acceso los chicos de la prensa? Noooooo, para qué? Ella tiene una idea mucho mejor.
Para protegerse de los paparazzis no se le ocurre otra cosa que contratar como guardaespaldas a un choricete exconvicto al que no conoce de nada pero que un día se pasa por su casa y pide el curro. La experiencia del tipo como guardaespaldas es poco más o menos la misma experiencia que yo tengo como fakir pero eso a ella no le importa. La prueba eliminatoria es una pregunta: “Te gusta la violencia?” Y una respuesta: “Digamos que doy antes de que me den”. Ea, contratado.
A todo esto el exconvicto curra durante el día como matón de la estrella y por la noche hace trabajitos para un mafioso con secretas inclinaciones homosexuales y con el gatillo más ligero que John Wayne, pero que curiosamente a él le coge cariño y afición.
Pero lo más guay de todo es el curro de guardaespaldas, una pasada. A que vosotros pensábais que ese trabajo consiste en planificar un sistema de seguridad eficaz para proteger la integridad física de la persona que te contrata? Como hacía Kevin Costner con Whitney Houston más o menos. no? Pues no, para nada. Este “guardaespaldas” es una especie de señorita de compañía que dedica todo su tiempo a charlar con la jefa, cenar con ella, psicoanalizarla, prepararle cafecito, pintarle las puertas y cuidar sus plantas. Cómo lo veis? Algo así como una mezcla de jardinero, ama de llaves, jefe de mantenimiento, psicólogo y gigoló.
Y no hace falta ser una lumbrera para saber cómo termina la historia. Colin Farrell, que hace de esta especie de superhombre para todo, sufre una crisis por agotamiento, denuncia a sus dos jefes por incumplimiento de convenio en materia de prevención de riesgos laborales, recibe una inspección de Hacienda porque no ha hecho la declaración a pesar de cobrar de dos pagadores y termina aprobando unas oposiciones de funcionario de prisiones y apuntándose de delegado sindical en la U.G.T. Ya os lo imaginábais, no?
El engendro va de una famosa actriz a la que persiguen los paparazzis, al más puro estilo Julia Roberts, pero con el agravante de que la tía vive en un coqueto palacete en pleno centro de Londres rodeado de edificios más altos llenos de azoteas desde las que los díscolos fotógrafos la acosan sin piedad. Y qué hace la muchacha? Tal vez mudarse a un lugar más apartado donde no tengan tan fácil acceso los chicos de la prensa? Noooooo, para qué? Ella tiene una idea mucho mejor.
Para protegerse de los paparazzis no se le ocurre otra cosa que contratar como guardaespaldas a un choricete exconvicto al que no conoce de nada pero que un día se pasa por su casa y pide el curro. La experiencia del tipo como guardaespaldas es poco más o menos la misma experiencia que yo tengo como fakir pero eso a ella no le importa. La prueba eliminatoria es una pregunta: “Te gusta la violencia?” Y una respuesta: “Digamos que doy antes de que me den”. Ea, contratado.
A todo esto el exconvicto curra durante el día como matón de la estrella y por la noche hace trabajitos para un mafioso con secretas inclinaciones homosexuales y con el gatillo más ligero que John Wayne, pero que curiosamente a él le coge cariño y afición.
Pero lo más guay de todo es el curro de guardaespaldas, una pasada. A que vosotros pensábais que ese trabajo consiste en planificar un sistema de seguridad eficaz para proteger la integridad física de la persona que te contrata? Como hacía Kevin Costner con Whitney Houston más o menos. no? Pues no, para nada. Este “guardaespaldas” es una especie de señorita de compañía que dedica todo su tiempo a charlar con la jefa, cenar con ella, psicoanalizarla, prepararle cafecito, pintarle las puertas y cuidar sus plantas. Cómo lo veis? Algo así como una mezcla de jardinero, ama de llaves, jefe de mantenimiento, psicólogo y gigoló.
Y no hace falta ser una lumbrera para saber cómo termina la historia. Colin Farrell, que hace de esta especie de superhombre para todo, sufre una crisis por agotamiento, denuncia a sus dos jefes por incumplimiento de convenio en materia de prevención de riesgos laborales, recibe una inspección de Hacienda porque no ha hecho la declaración a pesar de cobrar de dos pagadores y termina aprobando unas oposiciones de funcionario de prisiones y apuntándose de delegado sindical en la U.G.T. Ya os lo imaginábais, no?
jueves, 17 de noviembre de 2011
Una casa en el fin del mundo, by Michael Mayer
Real como la vida misma. Hay quien dice que esta película es increíble. Cómo que increíble? Ahí tenéis a Alaska y Mario Vaquerizo, y tienen hasta un reality divino contándonos su vida minuto a minuto.
-Olviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Sí, señores; es posible otra forma de vida. Yo lo creo, tú puede que lo creas, Mario y Olvido lo creen. Es más, no me extrañaría que en sus vidas hubiera un tercero en concordia que también lo creyera. Como en esta peli.
No lo he podido remediar. Al ver a Robin Wright ex-Penn (esta chica debería dejar ya de casarse y divorciarse para no seguir añadiendo ex-apellidos a su nombre, por diosss) con su pelucón rojo pasión y a Colin Farrell con esa magnífica melena al viento, se me ha representado mismamente la pareja televisiva de actualidad: Olvi y Mario, Mario y Olvi. Lo más de lo más en convivencia alternativa.
No hará falta a estas alturas que diga que me encantó la casa del fin del mundo. Me encantaron los pelucones, la historia, la casa, la madre, el padre, el chico-ángel, las escenas de no-sexo... Sí, reconozco que Robin Wright ex-Penn está pa matarla con esa fregona roja en la cabeza, y que al pobre Colin la fregona negra tampoco le sienta demasiado bien. Pero oye, que ves esta película y tiene un efecto porro que te cagas. Lo prometo. Puntazo flowerpower.
A veces no hace falta darle una calada a un canuto para experimentar la sensación. Sólo hay que darle al "play" y ya está. En serio, esta historia se fuma. Y merece la pena.
-Olviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Sí, señores; es posible otra forma de vida. Yo lo creo, tú puede que lo creas, Mario y Olvido lo creen. Es más, no me extrañaría que en sus vidas hubiera un tercero en concordia que también lo creyera. Como en esta peli.
No lo he podido remediar. Al ver a Robin Wright ex-Penn (esta chica debería dejar ya de casarse y divorciarse para no seguir añadiendo ex-apellidos a su nombre, por diosss) con su pelucón rojo pasión y a Colin Farrell con esa magnífica melena al viento, se me ha representado mismamente la pareja televisiva de actualidad: Olvi y Mario, Mario y Olvi. Lo más de lo más en convivencia alternativa.
No hará falta a estas alturas que diga que me encantó la casa del fin del mundo. Me encantaron los pelucones, la historia, la casa, la madre, el padre, el chico-ángel, las escenas de no-sexo... Sí, reconozco que Robin Wright ex-Penn está pa matarla con esa fregona roja en la cabeza, y que al pobre Colin la fregona negra tampoco le sienta demasiado bien. Pero oye, que ves esta película y tiene un efecto porro que te cagas. Lo prometo. Puntazo flowerpower.
A veces no hace falta darle una calada a un canuto para experimentar la sensación. Sólo hay que darle al "play" y ya está. En serio, esta historia se fuma. Y merece la pena.
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