viernes, 18 de septiembre de 2015

Monstruoso (Cloverfield), by Matt Reeves

El encanto que puede tener un vídeo de aficionado tomado durante una catástrofe o un accidente no es porque el vídeo mole mucho; es porque puede que sea el único documento gráfico que quede del hecho en sí. O que, aunque haya otros (caso de las Torres Gemelas, por ejemplo) en el vídeo doméstico se palpa el terror de la persona que lo está tomando y de las que le rodean, la incredulidad, el pasmo, la perplejidad, la histeria colectiva… Por eso son documentos muy valorados cuando están dando fe de una desgracia real, porque dan una sensación de inmediatez y de cercanía que es imposible conseguir de otra forma.

Lo que ya no me entra en la cabeza es por qué hay directores, como el Matt Reeves este, que quieren llevar ese mecanismo al cine para representar algo así como si los hechos que narra los estuviera grabando un aficionado con una cámara de móvil monda y lironda. Venga, vamos a introducir una novedad en lo que es de toda la vida una peli de terror, de catástrofes, de monstruos. Y cómo lo conseguiremos? Pues haciendo que la cámara ruede, que tiemble, que te de un mareo de la hostia mirándola y que no te enteres de nada. Y así va el hombre y coloca a un muchacho que supuestamente está grabando una fiestuqui en Manhattan cuando de repente se empiezan a caer edificios alrededor, a producirse explosiones raras y a aparecer arañas gigantes por todas partes, y una cosa al fondo que no se sabe muy bien lo que es.

Y qué es lo que ve el sufrido espectador al que los listillos estos le cuelan todo tipo de desfases? Pues no ve nada, salvo mucho meneo, mucho grito, mucho “Oh, my God”, que es lo que dicen los yankis cuando se asustan un montón, mucho caos y mucho tembleque de cámara. Y nada más. Pero claro, esto, que cuando se trata de un hecho real y escalofriante, tiene un sentido, una utilidad, un interés documental... en una peli lo que tiene es un par de narices. Afortunadamente es corta, poco más de una hora, pero vamos, se hace interminable. Qué hartura de movimientos convulsos, qué baile de san vito más sinsentido, qué dolor de cabeza.

No me pillan ni una más en otro renuncio de estos. Mira, en su día la bruja de Blair tuvo su gracia, era original, era diferente, tenía ese punto novedoso que esto YA NO TIENE. Incluso, si me apuras, el primer REC consigue impresionar y puede molar (de las secuelas prefiero no opinar), pero… ESTO QUÉ COÑO ESSSSS?

Desde luego cine no. Para hacer cine hay que saber hacer algo más que ponerle una cámara en las manos a un amiguete y decirle “tú corre, chilla mucho, di muchos pegos, cáete mil veces, sube y baja escaleras, jadea como si te fuera a dar un infarto, haz con la cámara lo que te salga de las pelotas y luego me pasas lo que hayas hecho; yo edito, corto, pego, intercalo unas cuantas imágenes digitales de un monstruo superfeo y ya tengo una peli que va a a pegar el pelotazo”. No, hijo, no. Eso no es cine; eso es una tomadura de pelo y una MIERDA como la copa un pino. He dicho.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Babel, by Alejandro González Iñárritu

Dos chicos en el desierto
disparan con un fusil
y apuntan con tanto acierto
que le dan a Lady Pitt,
sembrando gran desconcierto.


A Cate Blanchett y al marido,
el viaje le han fastidiado.
Y eso que aún no han sabido
que en su casa se ha montado
un cifostio bien jodido.


Su niñera mexicana
siete pueblos se ha pasado
porque le ha dado la gana
y a los niños se ha llevado
a una boda por Tijuana.


En esto que una nipona
en el lejano Japón,
una muchacha muy mona,
aunque bastante zorrón,
busca falo por su zona.


Así que la chica en Japón,
en Marruecos los dos memos,
Blanchett y Pitt de bajón,
y en México qué tenemos.
Pues un lío del copón.


Y con estos elementos
monta Iñárritu su historia
y con algunos momentos
se cubre el tío de gloria
aunque sean superlentos.


Y creo que nada adelanto
si digo que muere alguno
aunque quién es no lo canto,
pero el que no sea tontuno
se apuntará fijo el tanto.

martes, 15 de septiembre de 2015

La calumnia, by William Wyler

Lo primero que tengo que decir sobre esta película es manifestar mi más rendido homenaje hacia sus dos actrices protagonistas. Mira que soy acérrima de Audrey Hepburn y Shirley MacLaine, pero aquí están sencillamente sublimes. Yo, que también soy muy fan de los calendarios anuales que publica la revista Fotogramas, no me explico cómo es que nunca he visto un solo fotograma de “La calumnia” entre ellos. Hay escenas impresionantes, primeros planos de Hepburn y MacLaine que deberían figurar para siempre en todas las antologías del cine y frases memorables que harían estremecer de emoción a una piedra pómez.

Y una vez hecha esta premisa necesaria, voy al fondo de la cuestión, que no es otro que el tema de la película. Para mí ésta no es una historia sobre la homosexualidad y los prejuicios sobre ella, aunque en todas las críticas ése sea el concepto que más se destaque de ella. Para mí ése es un tema completamente secundario; el mismo efecto hubiese hecho cualquier otro tema tabú de la época o de cualquier otra época. No sé, las drogas, la pederastia, los malos tratos… El hecho de que la calumnia de la que son víctimas las protagonistas sea una relación lésbica en todo caso dota a la película de un cierto morbillo pero nada más. Esto no va de ese tema; esto va de la maldad y de cómo un rumor, un bulo, una mentira, pueden destruir las vidas de las personas y socavar los cimientos de toda su existencia, incluso hacer temblar lo que parecía más sólido y resistente.

Por una vez, y ojalá sirviera de precedente, el título de la versión española me parece mucho más acertado que el original, que es “The children’s hour”, título gilipollesco donde los haya porque esto no puede tener mejor nombre que lo que es toda la película, la denuncia de una calumnia como la copa de un pino. El proceso público al que son sometidas las dos maestras denunciadas soterradamente por una alumna malvada, vengativa y malcriada es tan espeluznante que una no puede evitar las comparaciones con otros juicios públicos sobradamente conocidos de los que somos testigos a diario en nuestra decadente sociedad. Y ya el punto de enjuiciamiento exprés al que hemos llegado con las redes sociales y los desbarres que en ellas se producen sería el mejor ejemplo de hasta dónde se puede llegar con una simple infamia que se suelte acerca de una persona.

Como ya dije antes, la película tiene momentos realmente impactantes, cinematográficamente magistrales: la cara de Hepburn cuando corre hacia la casa, la escena final en el cementerio saliendo altiva y majestuosa con todos los calumniadores alrededor, la confesión de MacLaine… Por diossss, qué dos tías más guapas y qué pedazo de actrices!

Es verdad que hay momentos en los que a Wyler se le pasa un pelín la mano con el melodrama, pero en general procura mantener una contención argumental poco frecuente en los dramones de la época. Sólo hay una escena que para mí es un puro desbarre, que inevitablemente estropea bastante el conjunto y que paso a contar en espoiler para que el que no quiera leerla se la salte.
spoiler:
Cuando las niñas cuentan a la abuela lo que vieron y son interrogadas por el doctor para intentar esclarecer la verdad, la evidencia de que una de las niñas está chantajeando a la otra y de que ésta confiesa que ha visto lo que no ha visto presionada y prácticamente torturada es tan obvia y tan descarada que no es posible que nadie pudiera creer ni una palabra de esa confesión forzada.

En principio la muchacha niega haber visto nada pero luego la otra, la mala malísima con una cara de niña psicópata y demoníaca que no se aguanta, se sienta al lado y poco menos que le dice públicamente que si no ha dicho que ha visto lo que ella le diga que le contará a todo el mundo su secreto. La otra entra en estado de shock y en pleno ataque de histeria dice chillando que sí que lo vio, y a nadie de los presentes, incluídas las dos maestras víctimas de la infamia, se le ocurre pensar que la chiquilla ha estado pelín presionadilla para confesar. En fin, una escena lamentable que no tiene nada que ver con el nivel del resto la película.

martes, 8 de septiembre de 2015

Union Square, by Nancy Savoca

Me encantan las historias de hermanas, tal vez porque en casi todas ellas me veo un poco reflejada. O veo reflejadas a mis amigas con sus hermanas. Es más, aunque no sea un tema demasiado frecuente en el cine, creo que las relaciones entre hermanas son muy enriquecedoras y tienen bastante enjundia para escribir guiones sustanciosos.

Si no que se lo pregunten a Woody Allen, ahí esta "Hannah y sus hermanas". Y más reciente, y yo diría que hasta mejor, "El amigo de mi hermana", de Lynn Shelton, gran película, vive Dios. Inolvidables también las chicas de "Un tranvía llamado deseo". Y qué me decís de "Blue Jasmine", tal vez la mejor película jamás rodada sobre el tema, un verdadero canto al amor-odio filial de toda la vida de Dios.

El mundo de las hermanas es muy complicado, casi tanto como el de la pareja. Yo conozco algunas que se odian a muerte pero que matarían a cualquiera que hablara mal de la otra. Y conozco a otras que se quieren mucho pero que no pueden evitar sentir unos celillos mutuos terribles. Y luego están las hermanas cascarrabias, las metomentodo, las víboras, las desquiciadas, las victimistas, las caraduras... En fin, hay tantos tipos de hermanas como de personas y de bichos en general.

"Union Square" es básicamente eso, una historia de hermanas. Una relación compleja, que oscila entre el odio, la pena, los celos, el pánico y el cariño. No sé si Nancy Savoca, la directora, tiene hermanas, pero ha captado a la perfección esa mezcla de sentimientos que se da a menudo. En este caso, y es bastante frecuente, una es la hermana locuela, vividora, algo borrachuza y con un morro que se lo pisa; y la otra es la sensata, la racional, la protectora, la de comportamiento intachable, y aparentemente la más fuerte. Una relación de manual, por cierto, muy en la linea de "Blue Jasmine". Os tiene que sonar el dueto seguro, fijo que conoces a un par de estas, Tal vez tú y tu hermana? Tu mujer y tu cuñada? Tu madre y tu tía?

Y luego está esa Mira Sorvino, fantástica, pedazo de actriz, que sería la Jasmine de esta historia. Y tampoco se le queda corta Tammy Blanchard en el papel de hermana sobria y contenida. Puede que la interpretación de Sorvino sea más lucida porque el desquiciamiento siempre da más juego pero yo me quedo con la paciente, sufrida y sacrificada Blanchard. Tal vez porque me recuerda mucho a mi hermana. Y no hace falta ser un lince para adivinar a quién me recuerda Sorvino.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Castaway on the Moon, by Hey-Jun Lee

Hay personas que viven encerradas a cal y canto en habitaciones oscuras donde nunca entra el sol ni el aire ni la voz humana.

Hay personas que naufragan en un islote a unas decenas de metros de su ciudad y que prefieren seguir viviendo completamente solas allí que volver a enfrentarse al género humano.

Hay personas que sufren tanto al relacionarse con los demás que no encuentran más salida que refugiarse en su mundo e intentar sobrevivir en la más absoluta soledad.

Hay personas, demasiadas, que sienten una gran extrañeza ante la sociedad, que no la entienden, que viven aterrorizadas y llenas de angustia en un mundo en el que solo se valora el éxito, la belleza y la fuerza.

Hay personas, como Hey-Jun Lee, que se ponen a contar una historia de soledad, de terror, de muerte en vida, y que sin embargo terminan contando una preciosa historia de amor.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Fedora, by Billy Wilder

Cuesta creer que este dramón de tinte teatral con menos chicha que una angula lleve la firma del gran Billy Wilder.

No hay en esta historia ni una sola cosa medianamente creíble. Los actores todos sobreactuadísimos, al borde del paroxismo; los diálogos espesos hasta decir basta; una cantidad de memeces por metro de cinta que harían sonrojar al tío con más poca vergüenza de la tierra… Una auténtica PATATA como una casa.

P de plomazo.
A de aburrimiento.
T de tostón.
A de absurdo.
T de tedio.
A de agur, Billy Wilder. Vete al carajo, majo.

El diablo viste de Prada, by David Frankel

Será que yo soy mujer
que viste de mercaíllo
pero no puedo entender
ese oropel y ese brillo
pa cuatro trapos vender.

Qué coñazo con la moda.
Hay quien podría matar
a la Madrid Fashion toda
para poderse comprar
un Prada para una boda.

Y sin embargo te digo
que yo por un modelazo
no jodería a un amigo
ni le daría un sablazo.
A Dior pongo por testigo.

Una falda, un pantalón,
un Versace o un Chanel,
un buen bolso, un cinturón,
complementos a granel
para estar hecha un pibón.

Vaya coñazo de historia.
Yo me voy a mi mercaíllo,
doy más vueltas que una noria,
compro todo lo que pillo,
Y voy siempre que da gloria.

Nunca entenderé el pelotazo que pegó en su día David Frankel con esta mamarrachada sobre uno de los negocios más gilipollescos que existen, sin duda a consecuencia de la banalidad, el tonterismo y la decadencia de los tiempos actuales. Y para más inri, Meryl Streep tan sobreactuada como de costumbre, y de partenaire Anne Hathaway, la sosez hecha mujer. Menudo petardazo de película.