domingo, 15 de septiembre de 2013

Gran Torino, by Clint Eastwood

ACTO I

- Clint el Sucio: Chino de mierrrrrda, marica, rollito de primavera, esfúmate.

- Rollito de primavera: Sí, señor, qué desea el señor, le como la polla al señor?

- Clint el Sucio: Rollito, asqueroso, cobarde, enano y gilipollas, cállate, imbécil.

- Hermana de Rollito: En el fondo eres buena persona, Clint, aunque no lo sepas.

-Clint el Sucio: Y un huevo, china de mierda, dónde vas con esos ojos tan raros.

ACTO II

- Clint el Sucio: Tú, macarroni, pedazo de truño, córtame el pelo.

- Peluquero italiano: Judío polaco asqueroso, que te lo corte tu puta madre.

- Clint el Sucio: Aprende a hablar como un hombre, cochino chino.

- Rollito de primavera: Sí, señor, quiero hablar como ustedes los hombres.

- Clint el Sucio: Venga, espaguettini, mueve tu gordo culo y trabaja, cabrón.

ACTO III

- Clint el Sucio: Rollito, cacho marica, entérate, yo soy el puuuuuuuto amo.

- Rollito de Primavera: Es usted tan grande, tan bueno, tan inconmensurable.

- Clint el Sucio: Cojones, jodío chino, so pelotas, que te jodan, amarillo.

- Rollito de primavera: Señor, qué hombre, quiero ser como él, es mi ídolo.

- Perrito de Clint el Sucio: Guauuuuuuu Guauuuuuuu Guauuuuuuuu.

sábado, 14 de septiembre de 2013

El vuelo (Flyght), by Robert Zemeckis


Mi crítica 888!!!! Esto se merece 8 porqués, fistro pecadooorrrr!

1.  Por qué a los pilotos americanos no les hacen análisis periódicos de sangre.

2. Por qué un alcohólico de manual pilota un avión sin que nadie diga ni mu.

3. Por qué los compis del piloto, que se juegan la vida con él, lo dejan pilotar.

4. Por qué este alcohólico bebe en el coche y no en el bar o en su casita.

5. Por qué John Goodman parece un adefesio disfrazado de camello.

6. Por qué Denzel Washington devora la pantalla así el muy cabrón.

7. Por qué Robert Zemeckis está enganchado a las historias sobre tarados.

8. Por qué no pienso volar en un avión pilotado por un americano ni muerta.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Un conejo sin orejas, by Til Schweiger

Bueno, para ver esta película, lo primero que hay que hacer es partir de una premisa más que cuestionable: que un pedazo tía buena impresionante en el momento en que se pone unas gafas deja de ser una tía buena y se convierte en un adefesio ipso facto.

Quien participe de esta opinión, perfecto, puede gozar viéndola; pero el que no tenga esto demasiado claro mejor que no se aventure a tragarse este truño ideado, escrito, dirigido e interpretado por un sujeto llamado Til Schweiger, que debe de ser la hostia en Alemania para que le hayan dejado hacer la mamarrachada esta y para que encima haya tenido un exitazo importante de público en su país.

Aunque algo bueno tiene la película, y es que viéndola se te quitan todos los complejos de inferioridad que pudieras tener con respecto a nuestros amigos teutones. Definitivamente los alemanes pueden ser tan gilipollas, tan fantoches, tan pamplinosos, tan petardos y tan burdos como nosotros, y mucho más sosos, plastas y singracia (no hay más que ver a Merkel). Eso sí, también son bastante más ricos y eso, por muy imbéciles que sean, algo debe de consolar.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Coacción a un jurado (The juror), by Brian Gibson

Demi Moore interpreta al miembro de un jurado (miembro en el sentido de miembra, no de miembro eréctil) que es coaccionado para… no te lo pierdas, convencer al resto de los miembros de la inocencia del acusado, un mafioso culpable que es de manual de la culpabilidad. A lo “Doce hombres sin piedad”, pero con diálogos como el siguiente:

Juez: Señora, conoce usted al hombre sentado en el banquillo?

Jurado Demi Moore: No, señoría, no lo he visto en mi vida.

Juez: Quiere decir que no lo ha visto nunca ni en la prensa ni en la televisión ni ha oído hablar de él ni nada?

Demi Moore: No, señoría, no tengo tiempo de leer la prensa ni de ver la tele. Mire usted, yo soy escultora, sabe, y me paso el día haciendo esculturas y yendo de aquí para allá. Luego tengo un hijo de catorce años, adolescente, muy buen chaval pero claro, los chicos ya se sabe…ya se imaginará usted que… (dos horas después)… y por eso no tengo tiempo de leer la prensa ni de ver la tele ni conozco a este señor. Pero mi hijo sí que lo conoce porque un día vino del cole y me dijo… blablabla (dos horas después), así que usted comprenderá que…

Juez: Vale vale, señora, la creo. Pero sabe usted que si tiene dificultades para atender a su hijo puede ser relevada de ser jurado en este caso.

Demi Moore: No, por diossss, señoría. Ya buscaré con quién colocar a mi hijo. Yo quiero ser jurado, me hace muchísima ilusión.

Juez: Pues nada, no se hable más. El siguiente, uffffff.

Como podréis comprender después de este demencial diálogo entre el juez y la jurado, el espectador casi espera, incluso desea, que a Demi Moore le pasen todo tipo de calamidades. Por petarda, por pesada, por plasta, por gilipollas, por una cuestión de mera justicia divina. Y porque en todo momento tiene la misma expresión idiotizada y lloriqueante que en “Ghost”, y eso merece una pena dolorosa y ejemplar.

Lo mejor es Alec Baldwin, que es un malo que mola. Mola porque es guapo, sí, pero también porque frente a la incapacidad de Moore de hacer mínimamente creíble su infame papel, él le echa al suyo arrojo, verosimilitud y hasta un puntito morboso que oye, entre tanta insulsez, se agradece.

Brian Gibson es un director de trayectoria bastante mediocre por lo que tampoco puede extrañar demasiado que haya rodado esta mamarrachada. Pero vamos, si los diálogos son por el estilo del que he reproducido aquí ya si os cuento la traca final en un pueblucho guatemalteco os da un telele. Mejor lo veis vosotros mismos y flipáis en vivo y en directo.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

My Queen Karo, by Dorothée Van Den Berghe

Hola, me llamo Karo y mis papás son hippies. Vivimos de okupas en una casita superguay en Amsterdam, justo encima de los canales. Nuestra casa es supergrande y mola mogollón.

Mi papá y mi mamá son forofos del amor libre y tanto ellos como sus amigos están todo el día follando, pero mi papá se ha traído a casa a una señora que acaba de conocer y mamá está muy enfadada. De todas formas follan los tres todas las noches en perfecta sincronía.

Como en nuestra casa no puede haber tabiques separatorios porque lo dice mi papá, yo duermo con todos ellos. Bueno, lo de dormir es un decir porque sencillamente no puedo. Entre los sinceros orgasmos de los unos y los orgasmos fingidos de las otras me tienen frita. Es un horror.

Para cansarme un poco mis papás me han apuntado a un cursillo de natación pero por mucho que nado no me canso lo bastante como para soportar el ritmo sexual que llevan en mi casa. Y encima mi madre cada día más mosqueada por lo de mi padre con la nueva. Al final pone un tabique, ya verás.

A todo esto el dueño de la casa que quiere cobrar un alquiler o por lo menos la luz. Y mi papá dice que nanay, que eso es de burgueses. Mi mamá a escondidas le paga al dueño, esperemos que no se entere mi papá porque ya sí que no se la folla ni por su cumple.

Para terminar, unas cuantas reflexiones totalmente gratuitas:

1. Ser hippy está bien siempre y cuando no lo sean tus padres.

2. Una comuna está bien siempre y cuando te dejen dormir a ratos.

3. El amor libre está bien siempre y cuando no lo practique tu pareja.

4. Los okupas están bien siempre y cuando no okupen tu casa.

5. Las drogas están bien siempre y cuando controles una mijilla.

6. Tener hijos está bien siempre y cuando no pases de ellos como de la mierda.

7. Y esta peli de Van Den Berghe está bien siempre y cuando... no seas hippy.

martes, 3 de septiembre de 2013

Memorias de África, by Sidney Pollack

Yo tenía una chabola en Las Barranquillas. Pero bueno, mi historia empieza mucho antes. Os cuento. Nací en La Moraleja y siempre había llevado una vida normal de pija, pero no era del todo feliz; necesitaba viajar, ver mundo. Y entonces un día señalé al azar un punto en el mapa y me salió el poblado madrileño de “Las Barranquillas”.

Llegué allí cargada con mi vajilla de porcelana de Meissen, mi maravilloso mobiliario art-decó y mi colección de zapatos de Louboutin y Manolo Blahnik, equipaje del que bajo ningún concepto puedo prescindir, vaya donde vaya. 25 camiones de mudanzas fueron necesarios para trasladar todos mis enseres, pero mereció la pena porque la chabola se me quedó divina de la muerte.

En cuanto llegué supe que algo tenía que plantar y, tras un exhaustivo estudio de mercado por la zona, concluí en que lo mejor era dedicarme a la marihuana y las setas alucinógenas. También comprobé que las etnias del lugar no tenían muy buenos modales y que apenas sabían hacer cuentas y decidí construir una bonita escuela en una chabola adyacente.

En esto que apareció por el barrio un aguerrido comerciante de productos locales. Era hermoso y rubio como la cerveza, el pecho tatuado con un corazón. Flechazo absoluto. Un día me dijo que si le dejaba lavarme el pelo, que había ido a una academia de peluquería cuando chaval, y yo le dije que sí. Y ahí caí redonda. Qué manos, qué masaje capilar, qué destreza con el secador.

Total, que nos liamos, y fue un flipe. Entre sus habilidades peluqueriles y otras de las que no voy a hablar aquí porque el pudor me lo impide, me hizo superfeliz. Pero claro, entonces a mí me dio por hablar de matrimonio, regularización de papeles y tal, y él se puso nervioso. Era un espíritu libre. No tuvo más remedio que volar. Y bueno, hasta aquí puedo contar. Sydney Pollack me ha pedido los derechos para llevar mi historia al cine, así que si queréis saber más tendréis que ver la película. “Memorias de Las Barranquillas” se va a llamar.

El mundo se divide en tres tipos de personas, según su actitud ante “Memorias de África”: los que flipan y se multiorgasman cuando la ven (un 85% aproximadamente), los que odian a Robert Redford (éstos suelen ser tíos poco agraciados casi todos) y los que odian a Meryl Streep.

Yo pertenezco indiscutiblemente al tercer grupo. Reconozco que en este trabajo está mucho menos paroxísmica y arrebatada que en otros, pero en cambio luce todo el tiempo una especie de expresión estupidizada o estupidizante que no sé si es mejor o peor que los habituales tics Streep. En cualquier caso, absolutamente abominable.

lunes, 2 de septiembre de 2013

La madre muerta, by Juanma Bajo Ulloa

Varias cuestiones que me atormentan:

1. Por qué un psicópata asesino duda si matar a un testigo de cargo.

2. Por qué la novia del psicópata se pasa la vida en camisón.

3. Por qué tiene tantos camisones, por cierto.

4. Por qué Karra Elejalde sufre cuando Ana Álvarez no se ríe.

5. Por qué la auxiliar de la clínica se pone a jugar a los detectives.

6. Por qué sencillamente no llama a la policía para denunciar el secuestro.

7. Por qué entra en la casa y hace tantas gilipolleces.

8. Por qué la pareja de secuestradores se muda a la catedral abandonada.

9. Por qué hay tantos edificios abandonados en esa ciudad.

Y sobre todo: Juanma Bajo Ulloa, por qué no me pasas el teléfono de tu camello.