Mostrando entradas con la etiqueta Zemeckis (Robert). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zemeckis (Robert). Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de julio de 2015

Lo que la verdad esconde, by Robert Zemeckis

Lo peor que le puede pasar a una peli de miedo es que termine dando risa. Y eso justamente es lo que pasa con esta historia del gran Robert Zemeckis, que empieza muy bien y tiene momentos realmente brillantes en la primera hora de metraje pero que empieza a desbarrar a partir de un determinado momento y ya no levanta cabeza hasta el final.

Reconozco que en la primera parte me pegué unos cuantos sustos buenos, de ésos que te dejan el corazón encogido y la carne de gallina. A ello contribuye bastante el estupendo trabajo de una Michelle Pfeiffer que además de ser insultantemente guapa consigue hacer al espectador partícipe de las tribulaciones, los miedos y las dudas que afectan a su personaje. Durante todo este rato se oscila entre la sensación de que la protagonista puede estar loca o de que realmente hay fantasmas en su casa o de que alguien intenta putearla haciéndole creer que se le está yendo la pinza.

Si la cosa hubiera quedado aquí o hubiera seguido por ese camino tal vez yo ahora mismo estaría haciendo una crítica totalmente distinta. Hablaría de un gran thriller, de intensos momentos de suspense, de un guión impecable… en fin, lo que suele decirse cuando una película de terror psicológico da verdadero terror. Pero no, llega un momento en el que Zemeckis se desquicia y comienza a patinar. Los personajes empiezan a hacer cosas raras que no cuadran con el comportamiento de toda la parte primera, sobre todo el de Harrison Ford, y la acción se va a alargando innecesariamente con un montón de giros argumentales, cada uno de su padre y de su madre, como si el director estuviera más perdido que el barco el arroz y no tuviera ni la más remota idea de cómo salir del laberinto en el que se ha metido.

Y ya no sabes muy bien si estás viendo una de fantasmas o de asesinos psicópatas o una especie de “Guerra de los Rose” en versión sobrenatural. Un popurrí muy muy raro. Y también viene la risa; después de la tensión magistral de la primera mitad empieza el despiporre. La Pfeiffer que a ratos parece poseída, Ford que pasa de marido ejemplar enamoradísimo (cosa que se entiende perfectamente mirando a Pfeiffer) a esa cosa híbrida y raruna en que se convierte al final… Y encima interminable, que ya de tanto que se prolongan las escenas (cuando además se sabe perfectamente lo que va a pasar) se hace cansino a más no poder. Total, que los últimos 45 minutos son una cagada de campeonato que desluce por completo el resultado final.

En definitiva, una pena. Un gran director y unos actores solventes que terminan convirtiendo en parodia lo que en un principio prometía ser algo muy distinto. Y el consiguiente chasco para el espectador que a estas alturas ya sólo pide algo de seriedad y rigor en los guiones y, por favor, un metraje medianamente adecuado a las historias. Sinceramente nunca entenderé esa fea costumbre de contar en 125 minutos lo que no da para más de 95 a base de meter morralla a punta pala. Señores, un “The end” a su debido tiempo siempre es una victoria.

jueves, 7 de agosto de 2014

Contact, by Robert Zemeckis

A mí hay una cosa que no me cuadra en esta historia. En serio, si se descubriera que existe vida inteligente fuera de este planeta (suponiendo que existiera vida inteligente dentro, que ya es mucho suponer), el problema fundamental sería cómo afrontarlo desde el punto de vista teológico?

O sea, vamos, que unos extraterrestres se ponen en contacto con nosotros y deciden darnos la oportunidad de que alguien acuda en representación de los humanos a parlamentar con ellos, y... el comité de selección estaría formado por predicadores, especialistas en humanidades y personalidades varias del mundo de la cultura? Qué te digo yo, Amador Mohedano, Kiko Rivera, la bruja Lola, Mario Vaquerizo...

O sea, vamos, que en ese supuesto no mandaríamos a un astronauta ni a un científico de probada experiencia en el campo de la ingeniería espacial, no. Para qué? Lo suyo es preguntar a los candidatos a llevar a cabo la misión: "oiga, cree usted en Dios?" Y nada, si dicen que no (que ya hay que ser gilipollas, sabiendo que te lo preguntan para que digas que sí), pues no puedes ir tú a la misión, porque no representas ya a la mayoría de la humanidad. Juaaaaaaaaaas!!!!!!

Joder, pero qué frikada se ha montado Robert Zemeckis, hossstia. Vale, que Jodie Foster lo hace muy bien y con su presencia le da cierta categoría a la cosa, pero coñññño, es que estamos hablando de una conexión interestelar... y ahí decidiendo sobre el tema curas, obispos, monjas, expertos en mitología clásica, y por supuesto Ferrán Adriá. Un poquito de por favor, Zemeckis! Es que es como si para decidir el menú de la última cena hubieran convocado a la Terremoto de Alcorcón y a Manolo el del Bombo. Pero qué me estás contando, colega?

sábado, 14 de septiembre de 2013

El vuelo (Flyght), by Robert Zemeckis


Mi crítica 888!!!! Esto se merece 8 porqués, fistro pecadooorrrr!

1.  Por qué a los pilotos americanos no les hacen análisis periódicos de sangre.

2. Por qué un alcohólico de manual pilota un avión sin que nadie diga ni mu.

3. Por qué los compis del piloto, que se juegan la vida con él, lo dejan pilotar.

4. Por qué este alcohólico bebe en el coche y no en el bar o en su casita.

5. Por qué John Goodman parece un adefesio disfrazado de camello.

6. Por qué Denzel Washington devora la pantalla así el muy cabrón.

7. Por qué Robert Zemeckis está enganchado a las historias sobre tarados.

8. Por qué no pienso volar en un avión pilotado por un americano ni muerta.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Náufrago, by Robert Zemeckis

La misma cosa no siempre significa lo mismo. Alguien puede decir "A mí me gusta la variedad sexual", y esto puede significar igualmente que le gusta hacer variedad de cosas con la misma persona o la misma cosa con distintas personas.

Pues con las historias de náufragos pasa igual. La variedad puede consistir en que pasen cosas distintas o que pasen las mismas a distintas personas. Es poco más o menos lo que pasa en “Náufrago”, que parece que estamos viendo la misma historia de siempre, sólo que en lugar de llamarse Crusoe el señor se llama Noland.

Las diferencias son muy pocas. Si acaso destaca la especial torpeza de Noland para hacer fuego. Ya ves tú, con que hubiese leído “El señor de las moscas”, por ejemplo, no habría tenido tantos problemas. El pobre Crusoe, al ser pionero, no tuvo esa oportunidad y se tuvo que buscar la vida a su bola.

También es interesante la novedad que aporta Zemeckis de que su náufrago reciba por vía marítima un kit de supervivencia en el que no faltan unos patines para hielo, un tutú o un balón, cosas utilísimas en una isla desierta con nada que le eches un poco de imaginación.

Otra diferencia es lo que contamina y lo que consume Noland con respecto a Crusoe. Nada más que con los cartones que recubren su kit ya está emporcando el idílico islote, en el que naturalmente no existen contenedores para cartón. Y luego que el tío en cuatro años se pule todos los recursos comestibles de la isla. Y eso que había cocos a punta pala cuando llegó, pero es que a ese ritmo de consumo tan poco sostenible, las reservas no dan para más.

Pero bueno, con toda la sensación de cochino plagio que una tiene viendo la peli, la verdad es que está entretenida y se deja ver… eso sí, mientras el tipo está en la isla. Otra cosa ya es lo que viene después, que sinceramente es un tostón; los últimos 45 minutos directamente sobran.

Y sí, no se puede negar que Tom Hanks hace un gran papel; no en vano se tira más de media película él solo. Y justo cuando aparecen los secundarios es cuando la historia pasa al nivel bodrio. Porque dime tú a mí qué pintaba el romance con Helen Hunt, directamente de coma diabético, en una historia de náufragos. Venga ya, hombre!

jueves, 15 de diciembre de 2011

Forrest Gump, by Robert Zemeckis

Anoche estuve viendo la adaptación teatral de la obra de Animalario sobre Urtain y me llamó la atención de qué manera un individuo que prácticamente bordeaba la subnormalidad consiguió convertirse en un ídolo de masas en la España de los 70. Ahora, en la España del siglo XXI, tenemos a otro personaje borderline como Belén Esteban convertida igualmente en icono popular: la princesa del pueblo. Se ve que no hemos cambiado demasiado.

En fin, esta introducción viene a que tampoco es de extrañar que un personaje como Forrest Gump sea tan popular, guste tanto al público y haya dado a Robert Zemeckis unos cuantos Oscars que no le han debido de venir mal, supongo. Está claro que en este mundo gustan los tontos; mucha gente debe sentirse identificada con ellos y gozar con sus triunfos, tal vez porque en el fondo sueñen con que a ellos les pueda ocurrir lo mismo.

Tú estás viendo esta peli y eres tonto de remate y, para más desgracia tuya, lo sabes. Y entonces ves a Forrest Gump, que es un tonto integral pero gana guerras, y gana maratones, y es condecorado por el presidente, y además folla con una tía buenísima, y es un empresario de éxito, y en todo lo que hace el tío va con una flor en el culo, así que todo le sale de puta madre. Guay: la vida es bella y lo mejor es ser tontodelculo.

Pero esto ya lo sabíamos de siempre. No hay más que ver quiénes nos gobiernan, quiénes son nuestros jefes, quiénes dirigen nuestros ejércitos, quiénes triunfan en los medios...  En realidad la vida está llena de Forrest Gumps. Tal vez por eso todo el mundo adora a Forrest Gump.