Bueno, para ver esta película, lo primero que hay que hacer es partir de una premisa más que cuestionable: que un pedazo tía buena impresionante en el momento en que se pone unas gafas deja de ser una tía buena y se convierte en un adefesio ipso facto.
Quien participe de esta opinión, perfecto, puede gozar viéndola; pero el que no tenga esto demasiado claro mejor que no se aventure a tragarse este truño ideado, escrito, dirigido e interpretado por un sujeto llamado Til Schweiger, que debe de ser la hostia en Alemania para que le hayan dejado hacer la mamarrachada esta y para que encima haya tenido un exitazo importante de público en su país.
Aunque algo bueno tiene la película, y es que viéndola se te quitan todos los complejos de inferioridad que pudieras tener con respecto a nuestros amigos teutones. Definitivamente los alemanes pueden ser tan gilipollas, tan fantoches, tan pamplinosos, tan petardos y tan burdos como nosotros, y mucho más sosos, plastas y singracia (no hay más que ver a Merkel). Eso sí, también son bastante más ricos y eso, por muy imbéciles que sean, algo debe de consolar.
Quien participe de esta opinión, perfecto, puede gozar viéndola; pero el que no tenga esto demasiado claro mejor que no se aventure a tragarse este truño ideado, escrito, dirigido e interpretado por un sujeto llamado Til Schweiger, que debe de ser la hostia en Alemania para que le hayan dejado hacer la mamarrachada esta y para que encima haya tenido un exitazo importante de público en su país.
Aunque algo bueno tiene la película, y es que viéndola se te quitan todos los complejos de inferioridad que pudieras tener con respecto a nuestros amigos teutones. Definitivamente los alemanes pueden ser tan gilipollas, tan fantoches, tan pamplinosos, tan petardos y tan burdos como nosotros, y mucho más sosos, plastas y singracia (no hay más que ver a Merkel). Eso sí, también son bastante más ricos y eso, por muy imbéciles que sean, algo debe de consolar.