martes, 29 de abril de 2014

Blue Jasmine, by Woody Allen

Para escribir mi crítica número 1.000 quería una gran película.

Una película redonda, perfecta. Algo como... "Blue Jasmine".

Porque Blue Jasmine es un compendio de todo lo que me gusta del cine.

Porque no le falta nada, porque lo tiene todo:

1. El sentimiento trágico de la vida, como "Match Point"

2. El sentimiento tragicómico de la vida, como "Melissa y Melissa"

3. El personaje femenino clave, como "Annie Hall"

4. El puro azar que mueve el mundo, como "Delitos y faltas"

5. La fina crítica social a los ricos fatuos, como "Granujas de medio pelo"

6. La elegancia formal, como "Midnight in Paris"

7. El profundo desencanto de la vida, como "Maridos y mujeres"

8. La visión satírica de la pareja, como "Si la cosa funciona"

9. Los agudos diálogos llenos de matices, como "Delitos y faltas"

10. Los eternos enredos filiales femeninos, como "Hannah y sus hermanas"

11. El canto de amor a una gran ciudad, como "Manhattan"

12. Y lo mejor, no tiene absolutamente nada de "Vicky, Cristina, Barcelona".

Por si fuera poco, tiene a Cate Blanchett en el mejor papel de su vida.

Y es de Woody Allen, el tipo con el que mejor me lo he pasado en el cine.

Jobs, by Joshua Michael Stern

Las 6 reglas básicas del perfecto biopic de éxito.

Y no necesariamente por este orden:

1. Un personaje que despierte pasiones; Jobs es perfecto.

2. Un buen imitador, tipo "Tu cara me suena": Ashton Kutcher.

3. Unos diálogos trepidantes y a ser posible pelín confusos.

4. Una amistad eterna que se "deseterniza" en algún momento.

5. Una marca que avale el producto. Por ejemplo, Apple.

6. Una buena campaña de marketing que dure meses.

Y las 6 reglas básicas para cargarse un biopic de éxito.

Y no necesariamente por este orden:

1. Unos saltos en el tiempo inexplicables e inexplicados.

2. Una elipsis absoluta de la vida íntima del personaje.

3. Una elipsis absoluta de sucesos fundamentales de su entorno.

4. Un abuso de vocabulario técnico sólo apto para expertos.

5. Un director sin rumbo y muy perdido: Michael Joshua Stern.

6. Una visión superficial del personaje que no capte su  esencia.

lunes, 28 de abril de 2014

Micmacs, by Jean-Pierre Jeunet

Se repite el puro esperpento.

Se repite el policromatismo chirriante.

Se repite el punto gore de “Delicatessen”.

Se repite el mensaje flowerpower de “Amelie”.

Se repite el histrionismo actoral (penoso Dany Boon).

Se repite la característica estética antiestética de Jeunet.

Se repite la guerra a muerte entre sus forofos y sus detractores.

Se repite todo. En definitiva, Jeunet se repite, se repite, se repite y se repite.

jueves, 24 de abril de 2014

Barton Fink, by Joel Coen

Otra veeeeeeeeeez!!!! Lo he vuelto a haceeeeeeeerrrrr!!! Socorrooooooo!! Dos días después de tragarme el último espantajo de los Coen he caído de nuevo!!!! Dios mío, no tengo remedio, estoy enferma, esto no puede ser.

Tres premios en Cannes, Virgen Santa! Los tres premios principales: película, director y actor. Tenía que habérmelo olido a la legua. Tres premios gordos en Cannes sólo pueden significar una cosa: BODRIO INFUMABLE. Las tres Ces, CCC: Coen, Cannes y Caca.

Y bueno, aquí por lo menos los personajes no hablan en hebreo como en "Un tipo serio", algo es algo; en hebreo no hablan, pero como si hablaran, porque se les entiende casi igual. Madre mía, qué diálogos! Por qué hablan los personajes de estos tíos así de raro?? Por qué no dicen alguna cosa que pueda entender el ciudadano medio de cualquier lugar del mundo??

No, en serio, los Coen intentan aquí, creo yo, elaborar una tesis sobre el proceso creativo en el cine: la presión del guionista, el productor metiendo caña... vale. La idea es buena, pero como de costumbre les sale una cosa rarita, como son ellos, que en la rareza está su esencia y su "virtud".

Una cosa en su favor tengo que decir: hay que reconocer que los dos Juanitos, Turturro y Goodman (qué tíos más grandes, joder), hacen que la peli sea un poco más soportable, aunque con todo y con eso llegar hasta el final es morrrrrtal. Hay momentos en los que piensas: pero esto no va a acabar nunca???? Pero por qué lo he vuelto a haceeer??? Pero pero... tíiiiia, qué te pasa, estás enferma o quéeeeee? Si sabes que los Coen te matan, si sabes que esto ha ganado 3 premios en Cannes (que se dice pronto, nada menos que 3)... con ese historial quién te manda a ti meterte en esta trampa mortal?

Tranquilos, no os compliquéis; era una pregunta retórica.

Ps. Sobre las diatribas de un guionista en apuros, yo antes que la fantasmada coeniana esta, recomendaría leer a Santiago Roncagliolo en su magnífica novela "Oscar y las mujeres".

Mucho más gracioso e interesante que los Coen, dónde va a parar, sólo que en lugar de un guionista de cine el protagonista es guionista de telenovelas sudamericanas. Y es muuuuucho más divertido, lo prometo.

martes, 22 de abril de 2014

Un tipo serio, by Joel e Ethan Coen

No sé ni cómo me he atrevido. La última vez juré ante la Biblia, el Corán y la Torá que los Coen nunca más, pero me puede el vicio, no tiene otra explicación. Llevo siglos esperando otro “Gran Lebowski” y en el ínterin me estoy tragando cada mamarrachada que te cagas.

En esta ocasión, a la psicopatía esquizoide crónica de los Coen, se une el hecho de que la mitad de los diálogos son en semihebreo. Para que os hagáis una idea, más o menos como el que sigue:

- Podrías pasarme el bosher con el talmiz de la nagash?

- No, porque no tengo mis heshvav pero si quieres el kislav del bronish lo tengo aquí al lado.

- No, gracias. Oye, viste ayer el tarev de la tsanak? Qué tekeliv!

- Estuve viendo el shibuk de la qutab pero por la noche cogí el yabah y lo guisé con el kotev y me salió un heshvat riquísimo.

- Pues mi kharev estuvo en la qishab de Miriam y cogió un gran vlashiz.

- No me digas. Si ya sabía yo que la shitab de Sarah no tendría mucho tsevek. Qué krotev, por la heshva de mi tsolak!

Y así todo el tiempo.

Y así hasta la náusea.

lunes, 21 de abril de 2014

Vivir es fácil con los ojos cerrados, by David Trueba

No sabe una en estas ocasiones si sentirse defraudada o aliviada. Te pones a ver una película que ha tenido un montón de premios Goya, vamos, casi todos, y a ti te parece un truño o un semitruño en el mejor de los casos.

En principio es para sentirse defraudada porque con tanto premio se supone que te esperas otra cosa, pero la verdad es que he sentido un poco de alivio al comprobar que una vez más difiero al cien por cien de los académicos españoles que eligen estos premios. Es ya como una tradición: vamos a ver la peli triunfadora de los Goya para reafirmarme en la idea de que esta gente va por un lado y mis gustos van por otro que está en las antípodas. Conste que con los Oscar me pasa tres cuartas de lo mismo.

Pues no, no soy yo mujer de gustos académicos, a la vista de mi disensión total de las decisiones de estos señores. Esta vez al menos no le han dado todos los Goyas a una peli sobre la guerra civil o sobre la posguerra, algo hemos avanzado. Ya vamos por los 70 y esto tiene un puntito más tipo “Cuéntame”.

La cosa va de un señor que es profesor de inglés y quiere conocer a John Lennon. Para ello se embarca en un viaje al sur de la Península para pillar a su ídolo en pleno rodaje en el desierto almeriense y comentarle que sus alumnos aprenden inglés con las letras de las canciones de Los Beatles. Este viaje lo lleva a cabo en un SEAT 850 de la época, color verde lechuga, muy setentero y muy guay, y por el camino va recogiendo a todo bicho viviente que se encuentra haciendo dedo.

Primero se le monta una chica embarazada que se ha escapado de una especie de centro de acogida de preñadas adolescentes y luego recoge al hijo de un policía nacional, que se ha escapado de casa (el hijo) porque su padre quiere obligarlo a cortarse el pelo. Y el profe, que es un plasta de cuidado, les va dando a estos dos una chapa de aquí te espero durante todo el camino, que es directamente para suicidarse o para asesinar al tío y robarle el coche. Un auténtico pestiño con una turboverborrea inasequible al desaliento que simplemente habla y habla sin parar sobre lo divino y sobre lo humano sin importarle un pimiento si sus interlocutores lo escuchan o no.

Por lo visto el señor este tan "entrañable" es totalmente real, de hecho estuvo al lado de David Trueba sentado durante toda la velada de los Goya, ya el hombre bastante cascadito, supongo que rememorando con nostalgia aquel viaje setentero que para él sería lo más de lo más de su vida pero que para mí no deja de ser una batallita superpesada y atrozmente aburrida.

Trueba da un repaso a la España de la época con todos los topicazos de rigor: la incultura, el analfabetismo, la brutalidad de las gentes del Sur, la miseria, los niños mendigos, la suciedad… en fin, lo que ya sabemos pero revestido de un aura de nostalgia, que hay que ver con lo cutre que era todo en aquellos tiempos lo amable que era la gente, lo fácil que era hacer amigos, y enamorarse, y crear afectos de ésos que nunca se olvidan. Qué tiempos aquéllos.

La verdad es que si no llega a ser por mi admirado Javier Cámara, que una vez más consigue mantenerme con su presencia pegada al sofá, creo que no habría podido soportar hasta el final. La muchacha y el niño coprotagonistas me parecieron de un soso y de un pasteloso sin igual y la historia entre ellos tan poco creíble y tan insustancial como ellos mismos. Pero bueno, ahí está Javier para compensar un poco y hacer estos trances algo más llevaderos.

viernes, 18 de abril de 2014

El castor (The Beaver), by Jodie Foster

Me pregunto qué pretendía contarnos Jodie Foster con esta película.

Me pregunto, me pregunto si quería contarnos que...

1. De la depresión se sale por uno mismo con dos cojones.

2. De la depresión se sale haciéndote esquizofrénico.

3. De la depresión se sale dándote cabezazos contra la pared.

4. De la depresión se sale haciendo bricolaje.

5. De la depresión se sale creando un amiguito imaginario.

6. De la depresión se sale comprando peluches en Toys R Us.

7. De la depresión se sale amputándote un miembro.

8. De la depresión simplemente no se sale.

Y a todo esto, qué pinta la glucémica historia del hijo con la graffitera.

Y a todo esto, qué pinta el asno de Mel Gibson hablando con un castor.