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martes, 9 de enero de 2018

El efecto mariposa, by Eric Bress y J. Mackye Gruber

Ésta es una de esas películas que con la clara pretensión de hacer meditar al espectador sobre el sentido de la vida y el destino al final lo que consiguen es que te partas el culo de risa.

La cosa va de un tipo que vive un momento traumático en su niñez con consecuencias funestas. El niño al hacerse mayor un buen día descubre que puede transformar el presente con solo volver al pasado y modificar alguna cosa. Y ya a partir de ese momento se pasa la película entera yendo y viniendo del presente al pasado y viceversa en un constante vaivén. Conste que no destripo nada porque esto aparece en todas las sinopsis del film.

De verdad que si el tipo hubiera viajado al pasado tres o cuatro veces igual hasta habría estado interesante; no deja de ser un tema fascinante. Pero es que aunque la cosa empieza así llega un momento en que el desgraciao se pasa la vida viajando al pasado para intentar arreglar el presente, y cada vez la caga más.

No sé, por poner un ejemplo. Imagina que en el presente estoy un poco bizca por algo que pasó un día cuando era niña. Bueno, pues vuelvo atrás y cambio ese hecho y eso me lleva a estar ciega. Así que vuelvo otra vez para atrás y consigo estar ciega y sorda. Como quiero arreglarlo vuelvo al pasado y ahora me quedo ciega, sorda y coja. Me voy otra vez y ahora vengo ciega, sorda, coja y sin dientes. Y así sucesivamente, un coñazo que no veas, el tío venga a ir para atrás y a joderla.

Llega un momento en el que ya te tienes que reir por huevos, lo cual mucho me temo que no era el objetivo de Bress y Gruber, los directores. Juraría que sus pretensiones eran algo diferentes.

Ashton Kutcher hace lo que puede con el personaje; el pobre da bastante penilla porque le pasa de todo, cada vez va a peor, se ve que ha nacido con un mal fario impresionante y que nada de lo que haga conseguirá arreglar el desastre de vida que le ha tocado. Y respecto a Amy Smart, la chica, pues tres cuartas de lo mismo. Cada ocasión en que el protagonista se va al pasado la jode a ella también un poquito más. Cuando no la convierte en puta es porque la convierte en puta y en yonki. Te dan ganas de decirle al tío: Anda hijo, estáte quietecito ya de una puta vez y deja a la muchacha tranquila. Joputa!

De verdad, de todas las cosas que podáis imaginaros a estos dos pobres les pasan todas las más peores. Y él venga a correr de un lado para otro intentando arreglar el desastre. Un agobio de película a la par que un cachondeo de la hostia. No puedo explicarme la puntuación tan alta que tiene. Salvo que la gente haya perdido la capacidad de reirse, algo que no me extrañaría porque está la cosa como para tener el sentido del humor en la Conchinchina.

Un rollazo, de verdad. Pero vamos, que si queréis pasar un ratillo divertido en plan coña no está mal.

martes, 29 de abril de 2014

Jobs, by Joshua Michael Stern

Las 6 reglas básicas del perfecto biopic de éxito.

Y no necesariamente por este orden:

1. Un personaje que despierte pasiones; Jobs es perfecto.

2. Un buen imitador, tipo "Tu cara me suena": Ashton Kutcher.

3. Unos diálogos trepidantes y a ser posible pelín confusos.

4. Una amistad eterna que se "deseterniza" en algún momento.

5. Una marca que avale el producto. Por ejemplo, Apple.

6. Una buena campaña de marketing que dure meses.

Y las 6 reglas básicas para cargarse un biopic de éxito.

Y no necesariamente por este orden:

1. Unos saltos en el tiempo inexplicables e inexplicados.

2. Una elipsis absoluta de la vida íntima del personaje.

3. Una elipsis absoluta de sucesos fundamentales de su entorno.

4. Un abuso de vocabulario técnico sólo apto para expertos.

5. Un director sin rumbo y muy perdido: Michael Joshua Stern.

6. Una visión superficial del personaje que no capte su  esencia.

lunes, 30 de abril de 2012

El amor es lo que tiene, by Nigel Cole

El director británico Nigel Cole debuta con esta historia en el cine yanqui y la caga hasta las trancas. Ese peculiar estilillo british que hasta entonces le había granjeado el favor de la crítica (aunque no el mío, puesto que nunca me ha convencido demasiado) desaparece por completo y se lanza de cabeza a la más repugnante comercialidad con esta topiquísima "comedia romántica" de ínfima calidad.

Hay que reconocer que el hombre hace un esfuerzo importante por escapar del edulcoramiento propio del género, lo cual es muy de agradecer, aunque en la huída cae en la más absoluta sosería y en el más terrible petardeo.

De los dos protagonistas tal vez se salva una mijilla Ashton Kutcher, que a pesar de tener una cara pelín tontorroncilla e insulsa, el muchacho se curra el personaje y consigue al final incluso despertar cierta simpatía. Desde luego sin exagerar.

En definitiva, a juzgar por lo que vemos en la comedia romántica americana, el amor lo que tiene es que es insoportablemente aburrido y espantosamente previsible. Un asco.

Lo mejor: en esta comedia no salen niños. Bueno, sí, sale uno pero es pequeño y no habla.

Lo peor: todo lo demás.