No sé si Noah Baumbach es un tipo especialmente desgraciado en el amor. La cuestión es que ésta es la segunda peli que veo de él en la que aborda la cuestión de las rupturas conyugales. La otra fue "Una historia de Brooklyn", y tampoco me pareció gran cosa. Quizás ésta me haya gustado un poquito más. Pero en todo caso es un señor especializado en contar historias de hipsters con los que me identifico poco. Modernillos de vanguardia, artistas, con egos superlativos.... y bastante pirados. No hay más que ver a la familia de ella (la madre es para echarle de comer aparte).
Básicamente el problema de estos dos es que tienen un hijo y uno quiere vivir en Nueva York y la otra en California. No sé bien cómo funciona el derecho de familia en Estados Unidos, pero las conversaciones de los protagonistas con sus abogados me producen una sensación de irrealidad tremenda. Dudo mucho que una mujer que se lleva bien con su marido y le tiene algún respeto y cariño (como se demuestra en muchas ocasiones a lo largo de la película) recurra a una abogada que desde el principio deja muy claro que va a putearlo al máximo y a sacarle hasta las higadillas.
El personaje de Johansson es desde el principio completamente indefinido. No se entiende de qué va, ni qué coño le pasa. Actúa todo el tiempo de modo totalmente contradictorio, sin sentido. Se presta a ir a un mediador para facilitar la ruptura, escribe en un papel todas las virtudes que ve en su marido y luego se niega a leer lo que ha escrito. Dice que quiere una separación amistosa y contrata a la abogada más agresiva que encuentra, no sin antes haber consultado a un montón más para evitar que puedan ser contratados después por él. No sólo el personaje cae como el culo, es que no hay quien entienda nada de lo que hace. Yo me habría divorciado de una tía así a los dos minutos de casarnos.
La mayoría de las escenas son demenciales. Por no adelantar nada a quien no la haya visto describiré algunas en espoiler.
(Spoiler)
La escena en la que la hermana de ella le entrega a él los papeles del divorcio, montando un pollo tremendo que incluye encerrar al niño en el váter a hacer caca, porque ella es incapaz de entregárselos personalmente, es completamente kafkiana.
Y otra para los anales es la de la asistenta social que va a observar el comportamiento del padre con el hijo. Por no hablar del doblaje de la asistenta, que parece obra de un autista, madre míaaaaa. Y el final de esa escena, cuando el tipo se corta con el abridor y en lugar de ir a echarse agua y taponarse la herida, se baja la camisa, y pone perdido todo de sangre, y al final se desmaya. Por diossssssss, quién dejaría a un crío en manos de un padre así!!
Bueno, y para qué vamos a hablar de todas en las que aparece la madre de ella. No quiero ni pensar en la clase de suegras que Baumbach ha tenido que tener para que las represente así. Me dan escalofríos de imaginarlo.
La única escena que me ha gustado es la del juicio, en la que los dos abogados empiezan a sacar los trapos sucios de los cónyuges mientras ellos miran hacia abajo cabizbajos, a ratos avergonzados y a ratos horrorizados de lo que están escuchando, de la saña y la crueldad de sus representantes legales. Es una escena terrible, demoledora, que resume perfectamente todo lo perverso que puede llegar a ser un divorcio. Pero vamos, que no salva la película, lo siento.
martes, 7 de abril de 2020
sábado, 4 de abril de 2020
Yesterday, by Danny Boyle
Ésta es la historia de un largo y tortuoso camino, el recorrido hasta convertir una gran idea en una película mediocre y aburrida, pese a contar con la mejor banda sonora que pudiera imaginarse, nada más y nada menos que las canciones más emblemáticas de los inolvidables Beatles.
Richard Curtis (el de Notting Hill, Love actually, etc.) es el artífice de este guión que parte de una excelente idea, totalmente surrealista: un mundo en el que la gente no supiera que existieron los Beatles ni conociera por tanto sus canciones. Y un cantante mediocre que de repente se hace famoso tirando del filón de esas canciones inolvidables como si fueran suyas. Parece mentira que con ese planteamiento inicial y esa música se pueda hacer una caca, no? Bueno, pues no, lo que parecía imposible Danny Boyle lo hace realidad. Así pues:
1. Lo único que merece la pena de la peli es la música.
2. La química entre los dos protagonistas es igual a cero patatero.
3. La historia de amor entre ellos es penosa de principio a fin.
4. Los Beatles no se merecían esto, ni esta peli merecía llamarse Yesterday.
Por supuesto, como no podía ser de otra manera, nuestra Academia de Cine la nominó al Goya a mejor peli europea.
En su tónica habitual de nominar mamarrachadas.
Richard Curtis (el de Notting Hill, Love actually, etc.) es el artífice de este guión que parte de una excelente idea, totalmente surrealista: un mundo en el que la gente no supiera que existieron los Beatles ni conociera por tanto sus canciones. Y un cantante mediocre que de repente se hace famoso tirando del filón de esas canciones inolvidables como si fueran suyas. Parece mentira que con ese planteamiento inicial y esa música se pueda hacer una caca, no? Bueno, pues no, lo que parecía imposible Danny Boyle lo hace realidad. Así pues:
1. Lo único que merece la pena de la peli es la música.
2. La química entre los dos protagonistas es igual a cero patatero.
3. La historia de amor entre ellos es penosa de principio a fin.
4. Los Beatles no se merecían esto, ni esta peli merecía llamarse Yesterday.
Por supuesto, como no podía ser de otra manera, nuestra Academia de Cine la nominó al Goya a mejor peli europea.
En su tónica habitual de nominar mamarrachadas.
viernes, 3 de abril de 2020
Manifest (Serie de TV), by Jeff Rake
Manifest es una serie creada por un tipo llamado Jeff Rake. Bueno, para quien se quiera hacer una idea de lo que este señor ha perpetrado, veamos cómo sería un capítulo cualquiera de la serie.
Tenemos en la habitación a los protagonistas, los hermanos Stone, Michaela y Ben:
Ben: Una llamada, una llamada, he tenido una llamadaaaaaa!!
Mich: Qué has visto??
Ben: He visto a un tuerto en un patio.
Mich: Un patioooo!!!!!! Cielossss, mamá nos cantaba de pequeños "El patio de mi casa es particular"
Ben: Dios míoooo, particular viene de partículaaaaa. Te das cuenta, es una señaaaaal.
Mich: Y partícula rima con cutículaaaaa. La llamada hace referencia sin duda a la cutícula.
Ben: Cieloooosssss, y la cutícula se corta con palo de naranja. Es sin duda una pista.
Mich: Siiiiiiii, el palo de naranja. Y la naranja nos remite claramente al azahar. Dioooooossssss!!
Ben: Y claro, el azahar señala la venida de la primavera. Y el avión desapareció en primavera.
Mich: Siiiiiiii, creo que vamos por buen camino. Y la primavera la sangre altera.
Ben: Sangreeeeee. Claaaaro, eso es lo que vi en la llamada. El tuerto tenía sangreeeeeee.
Mich: Y la sangre es roja. Cielo santo, roja como el Santo Griaaaaaal.
Ben: Claaaaaaaro, el Santo Grial que tiene una imagen de un pavo real con las alas desplegadas.
Mich: Diossssss, Ben, yo vi en el espejo ayer al hacerme el moño un pavo real encimaaaaaa.
Ben: El mismo pavo real que papá nos llevó a ver de pequeños al zoo. Diosssss bendito, Mich.
Mich: Siiiiiiiii, Ben. Y aquel día llovía muchísimo. Lo recuerdo porque me mojé.
Ben. Madre mía, Mich. Llovía como en la cancion del patio de mi casa es particulaaaaaar.
Mich: Madre del amor hermoso, Ben. Todo está relacionado, ahora lo veo claro.
Ben: El patio, el avión, el pavo real, el Santo Grial.... Estaba clarísimo desde el principioooo.
Mich: Tenemos que salvar al pavo. Yo voy al zoo, tú ve al patio.
Ben: Mich, ten cuidado. Si llueve el pavo al desplegar las alas invocará al Santo Grial.
Mich: Tranquilo Ben. Lo tendré en cuenta. Ah, una cosa.
Ben: Dime, hermana.
Mich: Échale guindas al pavo, que yo le echaré a la pava.
Y así todo, y así siempre.
Le doy dos puntos, porque el actor J. R. Ramirez, el novio de Michaela, está muy bueno.
Tenemos en la habitación a los protagonistas, los hermanos Stone, Michaela y Ben:
Ben: Una llamada, una llamada, he tenido una llamadaaaaaa!!
Mich: Qué has visto??
Ben: He visto a un tuerto en un patio.
Mich: Un patioooo!!!!!! Cielossss, mamá nos cantaba de pequeños "El patio de mi casa es particular"
Ben: Dios míoooo, particular viene de partículaaaaa. Te das cuenta, es una señaaaaal.
Mich: Y partícula rima con cutículaaaaa. La llamada hace referencia sin duda a la cutícula.
Ben: Cieloooosssss, y la cutícula se corta con palo de naranja. Es sin duda una pista.
Mich: Siiiiiiii, el palo de naranja. Y la naranja nos remite claramente al azahar. Dioooooossssss!!
Ben: Y claro, el azahar señala la venida de la primavera. Y el avión desapareció en primavera.
Mich: Siiiiiiii, creo que vamos por buen camino. Y la primavera la sangre altera.
Ben: Sangreeeeee. Claaaaro, eso es lo que vi en la llamada. El tuerto tenía sangreeeeeee.
Mich: Y la sangre es roja. Cielo santo, roja como el Santo Griaaaaaal.
Ben: Claaaaaaaro, el Santo Grial que tiene una imagen de un pavo real con las alas desplegadas.
Mich: Diossssss, Ben, yo vi en el espejo ayer al hacerme el moño un pavo real encimaaaaaa.
Ben: El mismo pavo real que papá nos llevó a ver de pequeños al zoo. Diosssss bendito, Mich.
Mich: Siiiiiiiii, Ben. Y aquel día llovía muchísimo. Lo recuerdo porque me mojé.
Ben. Madre mía, Mich. Llovía como en la cancion del patio de mi casa es particulaaaaaar.
Mich: Madre del amor hermoso, Ben. Todo está relacionado, ahora lo veo claro.
Ben: El patio, el avión, el pavo real, el Santo Grial.... Estaba clarísimo desde el principioooo.
Mich: Tenemos que salvar al pavo. Yo voy al zoo, tú ve al patio.
Ben: Mich, ten cuidado. Si llueve el pavo al desplegar las alas invocará al Santo Grial.
Mich: Tranquilo Ben. Lo tendré en cuenta. Ah, una cosa.
Ben: Dime, hermana.
Mich: Échale guindas al pavo, que yo le echaré a la pava.
Y así todo, y así siempre.
Le doy dos puntos, porque el actor J. R. Ramirez, el novio de Michaela, está muy bueno.
martes, 25 de febrero de 2020
Los Soprano (Serie de TV), by David Chase
Buscando la manera de desengancharme de "Shameless" aposté por un clásico de las series adictivas. Así he llegado a Los Soprano, 20 años tarde pero he llegado. Más vale tarde que nunca, no? Y aunque reconozco que he tardado más en engancharme a los Soprano que a los Gallagher, finalmente lo conseguí. Con bastante esfuerzo, todo hay que decirlo.
Y me ha costado engancharme por una sencilla razón: porque no me enteraba de nada. Tengo que reconocer que es algo que me suele pasar con las pelis de mafiosos. Yo de los negocios de esta gente no me entero. Se ponen a hablar en argot del hampa y me quedo a dos velas. Y lo que más me sorprende es que me he hartado de leer críticas suponiendo que debe de haber en el mundo alguien que, como yo, se pierda con estas tramas, y resulta que no, que todo el mundo parece enterarse perfectamente de todos los entresijos de los turbios negocios de la Cosa Nostra. Me ha entrado un complejazo de imbécil que te mueres. O igual es que yo soy excesivamente honrada y este tipo de chanchullos mafiosillos se me escapan.
En fin, la cosa es que cuando se juntan los capos y sus secuaces y se ponen a hablar de sus cosas yo para entender algo me guío sobre todo por las caras. Así más o menos pillo que el jefe está cabreado con uno porque le ha hecho perder mucha pasta, o porque le ha traicionado o porque la ha cagado hasta las trancas, pero lo que es por lo que dicen, ni papa. No tengo ni la más remota idea de en qué consiste casi ninguno de los negocios en los que andan metidos; además son tan variados y abarcan tantos campos que me disperso completamente.
En cambio he disfrutado muchísimo con las tramas familiares del protagonista y con sus diálogos con la psiquiatra. Ésa es la parte que me ha enganchado, porque si por lo otro hubiera sido no habría pasado de la segunda temporada.
En general me parece que está sobrevaloradísima. Para nada he visto ese dechado de virtudes que muchos ensalzaban, ni la brillantez que la ha llevado a ser considerada por algunos la mejor serie de la historia y a su creador, David Chase, un genio de la televisión. A mí algunos capítulos se me han hecho pesadísimos, a duras penas he conseguido mantener los ojos abiertos. Y ya digo, lo único que me mantenía atada eran los entresijos familiares del gordito Soprano.
Porque la verdad es que el mérito principal de la serie radica en él. No se puede negar que James Gandolfini es un pedazo de actor, capaz de expresar miles de matices con su sola mirada, y de construir un personaje único, carismático, complejo e inolvidable. Siempre que empiezas a simpatizar con el protagonista, a entenderlo, a identificarte con él en algún sentido, da un giro y caes en la cuenta de lo cabronazo que es, de su falta de compasión, de que el tipo es capaz de torturar y matar sin pestañear, de llenarse el traje de sangre y luego cambiarse de ropa y mantener una amena conversación familiar durante la cena.
Puede que esa dualidad del personaje principal sea lo que haya atrapado a tanta gente y haya terminado convirtiéndola en serie de culto. Para mí no lo es, ni muchísimo menos. Durante su visionado ha habido distracciones y bostezos a raudales, y más de dos capítulos los he visto dando cabezadas y ronquidos.
Y además me sigue extrañando un montón que tooooodo el mundo haya seguido las complicadas tramas mafiosas sin perderse un detalle. O yo soy prácticamente idiota o por algún motivo a la gente le cuesta reconocer estas cosillas.
Venga hombre, reconocedlo, que no pasa nada. Si aquí nadie os conoce.
lunes, 17 de febrero de 2020
Parásitos, by Bong Joon-ho
A pesar de que soy bastante escéptica con los premios cinematográficos y no me fío ni medio pelo de las Palmas de Cannes ni de las Conchas de San Sebastián, y ya no hablemos de los Oscars o los Golden Globes, reconozco que con "Parásitos" he caído como una china. O quizás debería decir como una coreana.
Tantas críticas ensalzando la película, tanta gente diciendo auténticas maravillas, tantísimo premio por todas partes, ese boca a oído que todo lo llena... Bueno, pues todo ello ha provocado en mí el Síndrome del Tobogán, que no es otra cosa que empezar a ver una película con una expectativa de 10 para ir descendiendo por minutos hasta los puestos más deshonrosos del ranking cinematográfico. La cosa es más o menos como sigue:
• Empieza la película con el listón altísimo, un 10.
• A los 20 minutos ha bajado a un 6. No está mal, se puede ver, no es que te aburras pero tampoco es nada del otro mundo. Incluso echas unas cuantas risas malotas al ver cómo la familia pobre busca desesperadamente una señal de wifi dentro de su casa para poder chatear y finalmente la encuentra en el váter. Bueno, vale, está graciosa. Vamos a darle una oportunidad, probablemente habrá giros sorprendentes más adelante que la conviertan en la obra maestra de la que todo el mundo habla.
• En el minuto 80, tras no ya un giro sorprendente, sino tras 40 giros, a cuál más demencial, en los que hemos ido pasando por reminiscencias de directores tan variopintos como Álex de la Iglesia, Tarantino, Buñuel o incluso Almodóvar, en un totum revolutum donde se mezclan grotescas escenas de vodevil con vísceras a raudales sin que nada de ello tenga sentido ninguno dentro del hilo argumental, la valoración ha descendido drásticamente a un 4, sin muchas esperanzas de remontar en un futuro próximo. Ni obra maestra ni pollas en vinagre.
• Tras las interminables 2 horas y media de película mi escasa paciencia ha visto rebasados todos sus límites. El desenlace es aún más demencial que todo lo anterior. La estupidez de la película ha ido in crescendo. Definitivamente esto es para cero patatero.
El superpremiadísimo y alabadísimo Bong Joon-ho me parece un majadero de la hostia. Ha conseguido quedarse totalmente con el personal y abducir con este despropósito a casi toda la humanidad y sólo nos hemos salvado unos cuantos afortunados que, vete a saber cómo, hemos logrado sobreponernos al embrujo y mantener la lucidez.
Al final lo dejo en un 2 porque hay algo que sí me ha gustado y lo tengo que reconocer: la fotografía de un tipo que se llama Kyung-Pyo Hong (Piojón para los amigos). El contraste entre las imágenes que saca desde el semisótano de la familia pobre frente a las de la espectacular casa de diseño de los ricos es digno de elogio y aunque para mí no salva el sindiós del guión hay que decir las cosas como son y alabar el trabajo de este señor (o señora, que con esos nombres vete a saber) .
Por último, no acierto a entender el entusiasmo suscitado por esta película si no es por una ola de conciencia social y buenismo de ocasión que afortunadamente han pasado sobre mí sin llegar a rozarme.
Por lo visto, gracias a Bong Joon-ho, el público y la crítica occidentales han descubierto de sopetón varias realidades que hasta ahora se les habían escapado:
1. Que hay ricos y pobres, vaya por Dios!
2. Que los pobres tienen la moral bastante laxa en su lucha por la supervivencia.
3. Que los ricos viven en un mundo paralelo y no se enteran de nada fuera de él.
4. Que los pobres siempre quieren ser ricos y los ricos nunca quieren ser pobres.
(Cuidao, va espoiler)
Por cierto, alguien podría explicarme cómo es que el señor que estaba encerrado en el zulo secreto desde cuatro años atrás no podía salir de él y en cambio el padre de la familia parásita sale como Curro por su casa y hasta se permite enterrar tranquilamente a la difunta en el jardín?
Palabrita que de todos los desbarres eso es lo que más me tiene en un sinvivir.
Tantas críticas ensalzando la película, tanta gente diciendo auténticas maravillas, tantísimo premio por todas partes, ese boca a oído que todo lo llena... Bueno, pues todo ello ha provocado en mí el Síndrome del Tobogán, que no es otra cosa que empezar a ver una película con una expectativa de 10 para ir descendiendo por minutos hasta los puestos más deshonrosos del ranking cinematográfico. La cosa es más o menos como sigue:
• Empieza la película con el listón altísimo, un 10.
• A los 20 minutos ha bajado a un 6. No está mal, se puede ver, no es que te aburras pero tampoco es nada del otro mundo. Incluso echas unas cuantas risas malotas al ver cómo la familia pobre busca desesperadamente una señal de wifi dentro de su casa para poder chatear y finalmente la encuentra en el váter. Bueno, vale, está graciosa. Vamos a darle una oportunidad, probablemente habrá giros sorprendentes más adelante que la conviertan en la obra maestra de la que todo el mundo habla.
• En el minuto 80, tras no ya un giro sorprendente, sino tras 40 giros, a cuál más demencial, en los que hemos ido pasando por reminiscencias de directores tan variopintos como Álex de la Iglesia, Tarantino, Buñuel o incluso Almodóvar, en un totum revolutum donde se mezclan grotescas escenas de vodevil con vísceras a raudales sin que nada de ello tenga sentido ninguno dentro del hilo argumental, la valoración ha descendido drásticamente a un 4, sin muchas esperanzas de remontar en un futuro próximo. Ni obra maestra ni pollas en vinagre.
• Tras las interminables 2 horas y media de película mi escasa paciencia ha visto rebasados todos sus límites. El desenlace es aún más demencial que todo lo anterior. La estupidez de la película ha ido in crescendo. Definitivamente esto es para cero patatero.
El superpremiadísimo y alabadísimo Bong Joon-ho me parece un majadero de la hostia. Ha conseguido quedarse totalmente con el personal y abducir con este despropósito a casi toda la humanidad y sólo nos hemos salvado unos cuantos afortunados que, vete a saber cómo, hemos logrado sobreponernos al embrujo y mantener la lucidez.
Al final lo dejo en un 2 porque hay algo que sí me ha gustado y lo tengo que reconocer: la fotografía de un tipo que se llama Kyung-Pyo Hong (Piojón para los amigos). El contraste entre las imágenes que saca desde el semisótano de la familia pobre frente a las de la espectacular casa de diseño de los ricos es digno de elogio y aunque para mí no salva el sindiós del guión hay que decir las cosas como son y alabar el trabajo de este señor (o señora, que con esos nombres vete a saber) .
Por último, no acierto a entender el entusiasmo suscitado por esta película si no es por una ola de conciencia social y buenismo de ocasión que afortunadamente han pasado sobre mí sin llegar a rozarme.
Por lo visto, gracias a Bong Joon-ho, el público y la crítica occidentales han descubierto de sopetón varias realidades que hasta ahora se les habían escapado:
1. Que hay ricos y pobres, vaya por Dios!
2. Que los pobres tienen la moral bastante laxa en su lucha por la supervivencia.
3. Que los ricos viven en un mundo paralelo y no se enteran de nada fuera de él.
4. Que los pobres siempre quieren ser ricos y los ricos nunca quieren ser pobres.
(Cuidao, va espoiler)
Por cierto, alguien podría explicarme cómo es que el señor que estaba encerrado en el zulo secreto desde cuatro años atrás no podía salir de él y en cambio el padre de la familia parásita sale como Curro por su casa y hasta se permite enterrar tranquilamente a la difunta en el jardín?
Palabrita que de todos los desbarres eso es lo que más me tiene en un sinvivir.
miércoles, 8 de enero de 2020
Tres anuncios en las afueras, by Martin McDonagh
Cuatro trucos infalibles para conseguir el favor de la crítica y para inflarte de ganar premios en festivales nacionales e internacionales de todo pelaje.
Presta atención, joven e ingenuo cineasta:
1. Mensaje marcadamente feminista. Sí, amigo, en la era del MeToo si no te mojas claramente por el empoderamiento femenino no eres nadie. A Martin McDonagh no se le ha escapado este hecho porque lo ha aplicado a rajatabla en este exitoso film que en su día se llevó chiquicientos Oscars, Baftas, Globos de Oro y trofeos varios de distintos festivales internacionales.
2. Protagonista (femenina a ser posible) emblemática. Consecuencia inevitable del truco anterior. Tiene que tratarse de una mujer fuerte, autosuficiente, inasequible al desaliento y curtida en mil sufrimientos propios de la condición femenina. Aquí el mérito absoluto le corresponde a la simpar Frances McDormand, cuya principal virtud es posar constantemente con una parálisis facial que no tiene nada que envidiar a míticos rostros hieráticos masculinos como Bogart o Eastwood. Debe de ser algo muy difícil para un actor porque es un tipo de papel muy agradecido a la hora de repartir premios. McDormand, sin ir más lejos, se ha hinchado.
3. Surrealismo máximo. Es fundamental que las situaciones no tengan ni pies ni cabeza, que los personajes sufran transformaciones inexplicables, que pasen de malos a buenos y viceversa sin solución de continuidad, que se produzcan casualidades imposibles, revelaciones inesperadas fruto del azar, encuentros súbitos que provocan giros sorprendentes. Cualquier cosa que tú pienses que en la vida real no puede pasar de ninguna de las maneras vale para meterla en una película de éstas con pretensiones de éxito fulgurante. No hay nada lo suficientemente ridículo, puedes colar todo lo que se te ocurra, que cuanto más absurdo sea más premios te darán. No lo dudes.
4. Final con tomadura de pelo incluida. Esto es importantísimo. Que el espectador llegue a los créditos finales sin dar idem, ojiplático, con la mandíbula totalmente descolgada y sin capacidad de movimiento. Que dejes a la gente en el asiento traspuesta, con una irremediable sensación de que te has quedado con ella, a medio camino entre la indignación y la incredulidad. Porque éste, amigo, es el gran y definitivo truco que puede elevar a los altares a tu película. No importa si has fallado un poco en alguno de los puntos anteriores, que no hayas sido lo bastante contundente en tu alegato feminista, que tu protagonista no tenga el carisma suficiente... da igual. Si al final dejas al público sin poder moverse de la silla, cagándose en toda tu nación y maldiciendo a tus ancestros te aseguro que habrás conseguido tu objetivo: la crítica se rendirá a tus pies y los trofeos te lloverán. Palabrita.
Presta atención, joven e ingenuo cineasta:
1. Mensaje marcadamente feminista. Sí, amigo, en la era del MeToo si no te mojas claramente por el empoderamiento femenino no eres nadie. A Martin McDonagh no se le ha escapado este hecho porque lo ha aplicado a rajatabla en este exitoso film que en su día se llevó chiquicientos Oscars, Baftas, Globos de Oro y trofeos varios de distintos festivales internacionales.
2. Protagonista (femenina a ser posible) emblemática. Consecuencia inevitable del truco anterior. Tiene que tratarse de una mujer fuerte, autosuficiente, inasequible al desaliento y curtida en mil sufrimientos propios de la condición femenina. Aquí el mérito absoluto le corresponde a la simpar Frances McDormand, cuya principal virtud es posar constantemente con una parálisis facial que no tiene nada que envidiar a míticos rostros hieráticos masculinos como Bogart o Eastwood. Debe de ser algo muy difícil para un actor porque es un tipo de papel muy agradecido a la hora de repartir premios. McDormand, sin ir más lejos, se ha hinchado.
3. Surrealismo máximo. Es fundamental que las situaciones no tengan ni pies ni cabeza, que los personajes sufran transformaciones inexplicables, que pasen de malos a buenos y viceversa sin solución de continuidad, que se produzcan casualidades imposibles, revelaciones inesperadas fruto del azar, encuentros súbitos que provocan giros sorprendentes. Cualquier cosa que tú pienses que en la vida real no puede pasar de ninguna de las maneras vale para meterla en una película de éstas con pretensiones de éxito fulgurante. No hay nada lo suficientemente ridículo, puedes colar todo lo que se te ocurra, que cuanto más absurdo sea más premios te darán. No lo dudes.
4. Final con tomadura de pelo incluida. Esto es importantísimo. Que el espectador llegue a los créditos finales sin dar idem, ojiplático, con la mandíbula totalmente descolgada y sin capacidad de movimiento. Que dejes a la gente en el asiento traspuesta, con una irremediable sensación de que te has quedado con ella, a medio camino entre la indignación y la incredulidad. Porque éste, amigo, es el gran y definitivo truco que puede elevar a los altares a tu película. No importa si has fallado un poco en alguno de los puntos anteriores, que no hayas sido lo bastante contundente en tu alegato feminista, que tu protagonista no tenga el carisma suficiente... da igual. Si al final dejas al público sin poder moverse de la silla, cagándose en toda tu nación y maldiciendo a tus ancestros te aseguro que habrás conseguido tu objetivo: la crítica se rendirá a tus pies y los trofeos te lloverán. Palabrita.
martes, 17 de diciembre de 2019
Shameless (Serie de TV), by Paul Abbott
Los Gallagher son lo peor, lo peor que se pueda imaginar. Son tramposos, gamberros, delincuentes, amorales, guarrillos y bastante cabroncetes. No tienen ataero ni por el pescuezo. Pero los terminarás queriendo como si fueran de tu propia familia.
Frank, el padre, es alcohólico, drogadicto, egoísta, vividor, abusador, manipulador, guarro.... , un grandísimo hijo de la gran puta sin paliativos. Y sin embargo la vida le ha regalado algo que ya quisiera cualquiera: una maravillosa familia que le perdona casi todo y que cuando no le perdona, intenta olvidar sus interminables ofensas.
En esta serie no hay temas tabú, ni complejos dilemas morales. La supervivencia es la llave de cada capítulo, sólo que a Frank le interesa su propia supervivencia y a los Gallagher junior les interesa la supervivencia de la familia por encima de todo. Tanto es así que en esta casa el dinero se comparte en una caja común y todos aportan lo que pueden. Nadie se lleva un céntimo del bote. Vale, no tienen padre y no tienen madre pero ellos han conseguido crear un microcosmos familiar que les hace sobrevivir a todo.
Eso es lo que engancha de Shameless . Esa familia disfuncional y complicada que no se parece en nada a ninguna que conozcamos pero que sin embargo se parece en todos y cada uno de sus personajes. Y ese orgullo de linaje del que todos ellos presumen a pesar de todo.
Odiarás a Frank en cada capítulo a pesar de que no podrás evitar que las constantes muecas de William H. Macy te hagan partirte el culo de risa. Y te enamorarás sin remedio de Emmy Rossum, la bella y maternal Fiona y, cómo no, de Joan Cusack, la inefable Sheila, un personaje entrañable que va in crescendo en cada capítulo.
Gracias, Paul Abbott, por este magnífico regalo que me ha venido acompañando durante bastantes semanas de mi vida y que todavía me seguirá acompañando otras cuantas más. Temo que llegue el día que termine, echaré muchísimo de menos a los Gallagher.
Frank, el padre, es alcohólico, drogadicto, egoísta, vividor, abusador, manipulador, guarro.... , un grandísimo hijo de la gran puta sin paliativos. Y sin embargo la vida le ha regalado algo que ya quisiera cualquiera: una maravillosa familia que le perdona casi todo y que cuando no le perdona, intenta olvidar sus interminables ofensas.
En esta serie no hay temas tabú, ni complejos dilemas morales. La supervivencia es la llave de cada capítulo, sólo que a Frank le interesa su propia supervivencia y a los Gallagher junior les interesa la supervivencia de la familia por encima de todo. Tanto es así que en esta casa el dinero se comparte en una caja común y todos aportan lo que pueden. Nadie se lleva un céntimo del bote. Vale, no tienen padre y no tienen madre pero ellos han conseguido crear un microcosmos familiar que les hace sobrevivir a todo.
Eso es lo que engancha de Shameless . Esa familia disfuncional y complicada que no se parece en nada a ninguna que conozcamos pero que sin embargo se parece en todos y cada uno de sus personajes. Y ese orgullo de linaje del que todos ellos presumen a pesar de todo.
Odiarás a Frank en cada capítulo a pesar de que no podrás evitar que las constantes muecas de William H. Macy te hagan partirte el culo de risa. Y te enamorarás sin remedio de Emmy Rossum, la bella y maternal Fiona y, cómo no, de Joan Cusack, la inefable Sheila, un personaje entrañable que va in crescendo en cada capítulo.
Gracias, Paul Abbott, por este magnífico regalo que me ha venido acompañando durante bastantes semanas de mi vida y que todavía me seguirá acompañando otras cuantas más. Temo que llegue el día que termine, echaré muchísimo de menos a los Gallagher.
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