Mostrando entradas con la etiqueta Gandolfini (James). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gandolfini (James). Mostrar todas las entradas

martes, 25 de febrero de 2020

Los Soprano (Serie de TV), by David Chase


Buscando la manera de desengancharme de "Shameless" aposté por un clásico de las series adictivas. Así he llegado a Los Soprano, 20 años tarde pero he llegado. Más vale tarde que nunca, no? Y aunque reconozco que he tardado más en engancharme a los Soprano que a los Gallagher, finalmente lo conseguí. Con bastante esfuerzo, todo hay que decirlo.

Y me ha costado engancharme por una sencilla razón: porque no me enteraba de nada. Tengo que reconocer que es algo que me suele pasar con las pelis de mafiosos. Yo de los negocios de esta gente no me entero. Se ponen a hablar en argot del hampa y me quedo a dos velas. Y lo que más me sorprende es que me he hartado de leer críticas suponiendo que debe de haber en el mundo alguien que, como yo, se pierda con estas tramas, y resulta que no, que todo el mundo parece enterarse perfectamente de todos los entresijos de los turbios negocios de la Cosa Nostra. Me ha entrado un complejazo de imbécil que te mueres. O igual es que yo soy excesivamente honrada y este tipo de chanchullos mafiosillos se me escapan.

En fin, la cosa es que cuando se juntan los capos y sus secuaces y se ponen a hablar de sus cosas yo para entender algo me guío sobre todo por las caras. Así más o menos pillo que el jefe está cabreado con uno porque le ha hecho perder mucha pasta, o porque le ha traicionado o porque la ha cagado hasta las trancas, pero lo que es por lo que dicen, ni papa.  No tengo ni la más remota idea de en qué consiste casi ninguno de los negocios en los que andan metidos; además son tan variados y abarcan tantos campos que me disperso completamente.

En cambio he disfrutado muchísimo con las tramas familiares del protagonista y con sus diálogos con la psiquiatra. Ésa es la parte que me ha enganchado, porque si por lo otro hubiera sido no habría pasado de la segunda temporada.

En general me parece que está sobrevaloradísima. Para nada he visto ese dechado de virtudes que muchos ensalzaban, ni la brillantez que la ha llevado a ser considerada por algunos la mejor serie de la historia y a su creador, David Chase, un genio de la televisión. A mí algunos capítulos se me han hecho pesadísimos, a duras penas he conseguido mantener los ojos abiertos. Y ya digo, lo único que me mantenía atada eran los entresijos familiares del gordito Soprano.

Porque la verdad es que el mérito principal de la serie radica en él.  No se puede negar que James Gandolfini es un pedazo de actor, capaz de expresar miles de matices con su sola mirada, y de construir un personaje único, carismático, complejo e inolvidable. Siempre que empiezas a simpatizar con el protagonista, a entenderlo, a identificarte con él en algún sentido, da un giro y caes en la cuenta de lo cabronazo que es, de su falta de compasión, de que el tipo es capaz de torturar y matar sin pestañear, de llenarse el traje de sangre y luego cambiarse de ropa y mantener una amena conversación familiar durante la cena.

Puede que esa dualidad del personaje principal sea lo que haya atrapado a tanta gente y haya terminado convirtiéndola en serie de culto. Para mí no lo es, ni muchísimo menos. Durante su visionado ha habido distracciones y bostezos a raudales, y más de dos capítulos los he visto dando cabezadas y ronquidos.

Y además me sigue extrañando un montón que tooooodo el mundo haya seguido las complicadas tramas mafiosas sin perderse un detalle. O yo soy prácticamente idiota o por algún motivo a la gente le cuesta reconocer estas cosillas.

Venga hombre, reconocedlo, que no pasa nada.  Si aquí nadie os conoce.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sobran las palabras, by Nicole Holofcener

Las relaciones entre ex suelen ser difíciles, y si ya lo juntas con las nuevas parejas, con los amigos comunes, con los hijos propios y con los de los ex... en fin, es una auténtica aventura y cada cual la lleva como buenamente puede.

Ésta es una película sobre divorciados muy perdidos y debería ser de visión obligada para todos los que en algún momento de su vida han pasado o vayan a pasar o puedan pasar por un momento así; vamos, prácticamente para todo el mundo, porque en este terreno el que esté libre de todo riesgo que tire la primera piedra.

No, ésta no es una comedia romántica al uso. Y bien que se agradece. En realidad no sé ni si es una comedia romántica, y si lo fuera es para gente que ya viene un poco de vuelta de romanticismos pero no lo bastante como para no volverse a enamorar.

Muy buenos diálogos, llenos de lucidez, lo cual es muy poco frecuente en este género, comúnmente plagado de chorradas que hacen enrojecer. Quizás tenga que ver con que los protagonistas son gente que pasa de los 40 y que ya ha superado buena parte de la tontería que suele acompañar a la juventud.

A estas alturas para hacer algo medianamente original en una comedia romántica hay que rizar mucho el rizo. Y Nicole Holofcener aquí lo riza bastante. Aunque cuenta con la baza de un magnífico Gandolfini enfrentado a una inspirada Julia Louis-Dreyfus que hacen totalmente creíbles las situaciones más rocambolescas; por no hablar de los secundarios, que sin duda brillan con luz propia en esta danza colectiva perfectamente coreografiada por Holofcener.