miércoles, 5 de noviembre de 2014

Pacto de silencio, by Robert Redford

Patético Redford camuflado con su gorrita de beisbol.

Patético Redford corriendo por el bosque cual damisela.

Patético Redford frente a un imponente y grandioso Nick Nolte.

Patético Redford frente a una divina y maravillosa Susan Sarandon.

Patético Redford haciendo a sus años de vigoroso papi de una niñita.

Patético Redford con su cara acartonada, auténtica momia de Tutankamon.

Patético Redford, execrable, repugnante y ridículamente patético de principio a fin.

viernes, 31 de octubre de 2014

La duda de Darwin, by Jon Amiel

Confieso desde ya que no pude terminar de ver la película. Me rendí a la mitad poco más o menos.

Jon Amiel, el director, basa la historia en la repetición constante de 4 tipos de escenas, a saber:

1. Darwin discutiendo con su esposa, una beatona apegada a las tradiciones que obviamente no es la compañera ideal para un científico de pro. La pregunta es: en qué coño estaba pensando ese hombre cuando se casó con semejante ejemplar?

2. Darwin hablando con el fantasma de su hija muerta, que se le aparece en los momentos más intempestivos siempre con ganas de cháchara. Por cierto, niña repelente y repulsiva donde las haya.

3. Darwin escribiendo “El origen de las especies” a base de sudores, temblores parkisonianos y sufrimientos múltiples, supuestamente causados por el terrible dilema entre ciencia y religión.

4. Darwin soñando, unas veces con la omnipresente niña muerta y otras veces con bichos que se comen unos a otros y hacen cosas raras, y naturalmente despertando de sus pesadillas nuevamente entre sudores y horrorosos sufrimientos.

Y así todo el tiempo. Ahora un sueñecito, ahora un ratito de escribir, ahora una charlita con la difunta criatura, ahora una peleílla con su señora (una Jennifer Connelly estupenda en su papel de estricta gobernanta meapilas), y otra vez a dormir y a soñar y a escribir y a sudar y a temblequear. Así que cuando ya llevaba unas cuantas dosis de cada una de estas escenas y me di cuenta de que iba a ser todo el rato lo mismo, agarré el mando, apagué el aparato y mandé a Darwin a freír monas.

Hablando de monas, lo mejor, con diferencia, son las escenas con la orangutana Jenny. Qué desperdicio de película, por favor. Jon Amiel podía haber planteado la historia a base de intensos diálogos entre Darwin y la mona Jenny, probablemente mucho más interesantes que los de Darwin con el espectro de su repelente hija. Yo me enamoré de la orangutana Jenny a primera vista y prometo que si hubiera salido un poco más y no la hubieran matado tan pronto me habría quedado hasta el final. Pero para tragarme rollos oníricos de tíos atormentados siempre hay tiempo.

jueves, 30 de octubre de 2014

Tres veces 20 años, by Julie Gavras

Ella odia haberse vuelto invisible para los hombres.

Él odia usar gafas para la presbicia.

Ella aborrece la flaccidez de su cuello.

Él aborrece las residencias de ancianos.

Ella maldice cuando le ceden el asiento en el autobús.

Él maldice cuando necesita ayuda para salir de la bañera.

Ella termina acostándose con un tipo 20 años más joven.

Él termina acostándose con una tía 30 años más joven.

Ella intenta envejecer dignamente.

Él intenta no envejecer de ninguna manera.

Ella es Isabella Rossellini y a los 60... la que tuvo retuvo.

Él es William Hurt y a los 60... me sigue poniendo.

Mención especial para Doreen Mantle, una abuela maravillosa.

Buen trabajo, Julie Gavras, eres digna hija de papá.

miércoles, 29 de octubre de 2014

La camarera, by Adrienne Shelly

PASTEL PROTESTA SINDICAL MI JEFE ME EXPLOTA

Esta historia va de una tía que hace pasteles (sí, lo habéis adivinado, otro pastelazo al canto), y que pone a sus creaciones ingeniosos nombres que se le ocurren según su estado de ánimo.

Yo he llamado a este primer pastel “Protesta sindical mi jefe me explota” porque aunque la peli se llame “La camarera” la realidad es que la protagonista, además de eficiente camarera, es repostera, limpiadora y lo que surja, vamos, que la tía inventa pasteles, los hace y los sirve ella misma, además de lavar a posteriori todo el utillaje. Y encima le da tiempo para pasarse media vida colgada al teléfono. Es un verdadero prodigio laboral, pero desde el punto de vista sindical yo encuentro esta película muy peligrosa porque a los empresarios de hostelería les podría dar ideas, y no demasiado buenas.

PASTEL TODOS LOS TÍOS SON UNA PANDA CAPULLOS SIN REMEDIO

Mi segundo pastel lleva este nombre porque en la filosofía de la peli subyace la idea sumamente extendida de que los tíos, simple y llanamente por el hecho de ser portadores de ese caprichoso adminículo llamado pene, son completamente subnormales.

Y aun habiendo un trasfondo de verdad detrás, porque no es ningún secreto que el pene condiciona sobremanera el comportamiento de los señores, no es menos cierto que algunos de ellos intentan sobreponerse a esa presión fálica haciendo gala de una actividad intelectual de cierta enjundia. Bueno, pues éstos en la película no aparecen por ninguna parte.

PASTEL TODAS LAS TÍAS SOMOS MEGAGUAYS Y SUPERMOLONAS

En justa contraposición, las chicas de la peli son un amor: trabajadoras, decididas, inteligentes, cariñosas, buenas compañeras, valientes, intrépidas… Bueno, es cierto que entre ellas hay una algo tontorroncilla, curiosamente interpretada por la directora y guionista, Adrienne Shelly, pero es tan bondadosa y encantadora dentro de su estulticia, que se le puede perdonar prácticamente todo.

La película es un dechado de ese feminismo insoportablemente necio que eleva a las mujeres por su condición a una altura muy superior a la de los hombres, las convierte en dueñas y señoras de su vida, y a sus maridos y compañeros los reduce a meras comparsas cuyo peso hay que sobrellevar con la máxima paciencia posible.

PASTEL GALLARDÓN TODO POR EL CONCEBIDO NO NACIDO

Por último, el pastel Gallardón, es un verdadero canto a los derechos del concebido no nacido. La protagonista se queda embarazada al principio de la peli y se pasa todo el embarazo repitiendo a todo el que quiera escucharla que pasa del niño, que no lo quiere y que en cuanto dé a luz ya verá si lo da en adopción o cómo se deshace de él. Eso sí, de abortar nasti de plasti. Cuando sus amigas se lo mencionan ligeramente las mira como si fueran dos monstruos asesinos y les dice que ni pensarlo, que el derecho a la vida de la criatura es innegociable.

Me da la sensación de que éste es el verdadero trasfondo de la historia. Todo en ella va encaminado a demostrar al espectador que un embarazo, si tienes paciencia y lo llevas hasta el final, si eres buena y no abortas, te conducirá a una maravillosa y justa recompensa.

Las dos escenas finales sobrepasan con creces los límites de lo soportable. Todo lo que pasa después del parto es algo tannnnn sumamente panfletario y pastoso que no puede haber estómago humano que lo soporte. Ni siquiera un estómago de rata callejera acostumbrada a tragar de todo creo que podría aguantar esa sobredosis de filosofía barata pro-vida mezclada con pasteleo hiperglucémico de proporciones monumentales.

Y si tienes alguna duda sobre si ver o no esta guarrería no tienes más que mirar el cartel de la película, esa Keri Russell con su modelito amarillo limón, con encantadora sonrisa, portando la bandeja como si llevara en ella el secreto de la felicidad eterna. No en vano la actriz se tiró unos cuantos años interpretando a la insoportable Felicity, uno de los personajes más repulsivos y nauseabundos de la historia de la tele, con diferencia.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Qué hacemos con Maisie?, by Scott McGehee, David Siegel

1ª PARTE: DRAMA FAMILIAR

La cosa empieza bien, cumpliendo lo que prometía, como un drama típico de divorcio con hijos de por medio. Unos padres egoístas, impresentables, con la misma sensibilidad hacia su pequeña hija que podría tener un gusano hacia un cadáver. Sí que es cierto que los directores recogen en los padres todos los defectos posibles habidos y por haber en el mundo; son como un compendio de irresponsabilidad, estupidez, mala hostia y agilipollamiento. No hay matices en los personajes, son sencillamente impresentables. No dan pie con bola, no hacen ni una sola cosa bien, no pueden ser más egoístas, vamos, peor imposible.

Todos los tópicos de los divorciados desalmados se cumplen: discusiones a gritos delante de la niña, lucha a muerte por la custodia en los tribunales, saltos a la torera en el régimen de visitas, olvidos imperdonables a la hora de recogerla, abandonos de la cría en mitad de la calle… lo más peor. Julianne Moore interpreta a una madre desquiciada, totalmente volcada en su trabajo (estrella del rock, un trabajo muy normalito, como se puede comprobar), que pasa olímpicamente de la chiquilla y no parece tener otro interés por ella que el de usarla para putear a su ex. En fin, hasta aquí, a pesar de la hiperbólica caracterización de los personajes, la peli responde a lo que es una historia típica de divorcios. Peeeeeero… cágate lorito; aparecen en escena las segundas parejas de los papis y empieza el desbarre y el despiporre, porque resulta que no son sólo unos padres desastrosos sino que encima son unos hijosdeputa con sus cónyuges.

2ª PARTE: COMEDIA ROMÁNTICA

Papá vuelve a casarse y elige como novia a la niñera, una chica rubia, de ojos azules, de unos 20 años, encantadora. Mamá, Julianne Moore (recordemos, una actriz que sobrepasa los 50), despechada, decide casarse también con un chaval igualmente rubio, de ojos azules, no más de 30 años y tan encantador como la niñera rubia. Naturalmente la chiquilla alucinando con su madrastra maravillosa y más todavía con ese padrastro estupendo, que no es otro que ese pedazo de maromo que atiende por Alexander Skarsgård.

De repente la cosa pasa de dramón familiar a comedia romántica, así de sopetón, sin solución de continuidad. Tranquilos, que no cunda el pánico, que no voy a contar nada que destripe la historia. Sencillamente adelanto que habrá románticos paseítos por la playa, carreritas a cámara lenta, juegos en el parque, cometas, idílica casita pegada al mar… en fin, besos, ternura, qué derroche de amor, cuánta locura. Y la niña pasa a ser el complemento perfecto para el desarrollo de esta nueva historia de amor entre hermosos y jóvenes querubines. Los padres prácticamente desaparecen del mapa y ya sólo hay amor, amor y más amor.

En definitiva, de qué va esto? No se sabe muy bien qué pretenden Scott McGehee y David Siegel. Lo que en principio parecía una denuncia de esa clase de padres que anteponen sus intereses a los de sus hijos y que, en caso de ruptura, convierten a los críos en víctimas de sus despropósitos, termina en edulcorado derroche de escenas de postal.

Y lo malo es que nadie te avisa. Una lee la sinopsis y las críticas de la prensa especializada y te hablan sólo de la primera parte, la del dramón, pero nadie hace referencia a toda la segunda mitad de la película, que es un pastelazo. Habría yo visto esta mamarrachada, de haberlo sabido? Pues probablemente no, porque suelo huir despavorida de la comedia romántica americana. Y por eso en esta crítica me he propuesto ser yo la que advierta al espectador ignorante de lo que le puede esperar si decide ver la cosa esta. Al menos vosotros habéis tenido la suerte de que alguien os avisara.

martes, 21 de octubre de 2014

Agosto, by John Wells

John Wells realiza esta adaptación de la obra teatral del mismo título escrita por el dramaturgo Tracy Letts, que por cierto también firma el guión. La obra ganó el Pulitzer en 2008 y por lo visto fue un exitazo en Broadway, así que me imagino que Wells decidió aprovechar el tirón y apostar a caballo ganador.

Por lo general me suelen gustar bastante estas historias de reuniones familiares porque me recuerdan mucho a algunas familias que conozco y casi le puedo poner nombres y apellidos de personas reales a cada personaje. Lo que ocurre en esta ocasión es que están todos tan sumamente tarados que es imposible encontrar en ninguna familia un ramillete tan completo de piramientos varios: la madre drogata, el padre alcohólico, las hijas a cuál más perjudicada, los yernos para echarlos a los marranos, y la única nieta sale vegetariana porque dice que si comes carne comes el miedo de los animales. Vamos, línea y bingo.

Pero la cosa no queda ahí, qué va. Si fuera sólo eso, tendría un pase. Pero es que para colmo no paran de soltar secretos de familia; cada cinco minutos un secretillo, que si éste no es hijo de su padre sino de su tío, que si la otra sacó furtivamente la pasta de la caja fuerte, que si tal que si cual… Total, una familia que no gana para sustos y sorpresas. Y claro, ya tanto conflicto familiar como que mosquea un poco y resulta, no ya poco verosímil, sino directamente el despiporre.

Y por si todo esto fuera poco, la protagonista es una Meryl Streep más paroxísmica que nunca; un auténtico dechado de tics y aspavientos sin fin. A ella, que no le hace falta tampoco mucho para darle al baile de San Vito, encima se pone a interpretar a una pastillera con tendencia a la histeria, toma ya, os podéis hacer una idea. Por supuesto, la tropegésima nominación al Oscar estaba cantada.

En desconcertante contraste, Julia Roberts no mueve un solo músculo de la cara en las dos horas que dura la película. El mismo gesto desde el minuto uno hasta el final. Y claro, ves a la una pegando botes todo el rato y con la cara de niña del exorcista que se le pone a la Streep cuando le da el telele, y a la otra con la cara de palo, y es una paranoia.

Dicen que Tracy Letts es el niño malo malote de la dramaturgia americana contemporánea, pero yo, si esto es una muestra de lo que este tío sabe hacer, lo veo más como un caricaturista con oficio. Quienes lo comparan con Tennessee Williams, sinceramente, creo que no tienen ni puta idea.

sábado, 18 de octubre de 2014

Prisioneros, by Denis Villeneuve

Para empezar, aclaro que en mi casa la peli le gustó a todo el mundo un montón y que, las cosas como son, se pasa un ratillo bueno y entretenido. Hay intriga, hay tensión, hay giros, hay sorpresas... En fin, lo que se espera de un thriller más o menos apañao.

Eso sí, hay algo que lo jode todo: el principio en el que se basa.

A ver cómo lo cuento sin tener que espoilear.

Veamos, cuáles son los motivos que se te ocurren para secuestrar a dos niñas?

1. Quieres jugar con ellas a las casitas.

2. Quieres jugar con ellas a otras cositas.

3. Son ricas y quieres pedir un rescate.

4. Las quieres asesinar porque no te gustan las niñas.

5. Tienes de mascota un oso que sólo come niñas.

6. Eres tú el que sólo come niñas.

7. Usas niñas a modo de balón para jugar al fútbol.

8. Te han dado un papel de niña en una peli y quieres prepararlo con ellas.

Bueno, en esta serie de soluciones que doy hay algunas respuestas más verosímiles que otras. Obviamente cualquier policía trabajaría fundamentalmente sobre unas e ignoraría olímpicamente las demás, no?

Pues el secreto de esta película es ése justamente, que la posibilidad más tonta y más peregrina es la que es. Por tanto casi nadie puede adivinar el final, porque sólo a un imbécil de tomo y lomo se le podría ocurrir el desenlace.  Y esto es lo que hoy en día se considera un buen thriller.

Claro, yo me pongo en el lugar de Denis Villeneuve y me digo: cómo puedo dejar atónito al personal, que ya está de vuelta de todo? Pues muy fácil: planteo un misterio con dos o tres posibilidades lógicas y mil o dos mil completamente gilipollescas, y la resolución es una de las más grotescas.

Y luego contratas para los papeles principales a Hugh Jackman, en plan padre ofuscado convertido en bestia parda, y a Jake Gyllenhaal, de poli bueno, comprensivo y legal; y enfrentas a estos ejemplares con una Melissa Leo que se los come a los dos con papas... e voilà! Qué susto, no?