jueves, 29 de mayo de 2014

En un mundo libre (It's a free world), by Ken Loach

Ken Loach y Paul Laverty contraatacan, aunque esta vez con un guión cargado de trampas y extraños recovecos. Vale, que el capitalismo es una mierda y que aquí manda el sálvese quien pueda a estas alturas lo firmamos casi todos. Pero... qué me estás contando, tío?

Loach quiere mostrarnos de qué manera, en la búsqueda de la supervivencia, todos en un momento dado somos capaces de cualquier cosa. Pero no me convence en absoluto el personaje esquizoide de esa tía que lo mismo salva a una familia iraní de morir de hambre y congelación que explota a trabajadores inmigrantes o que se folla a los más buenorros o que en un arrebato denuncia a la poli un campamento de ilegales.

No, Ken, las cosas son mucho más sencillas, te lo prometo; es verdad que el bien y el mal a veces se entremezclan, se difuminan y no quedan claros los límites entre uno y otro, pero... no se puede ser amigo y amante de inmigrantes y a la vez su explotador. No funciona, en la realidad la gente no es así. No sin volverse loca.

Hay una barrera muy clara: el que quiere sacar provecho de los que están peor y el que quiere ayudarlos. Sacar provecho ayudándolos? Sí, claro, pero nunca puteándolos y abusando de ellos, como hace tu protagonista, chaval. Y mucho menos denunciándolos por la cara. En este sentido es mucho más creíble el personaje de la socia, una tía normal, que vale, quiere vivir de los inmigrantes pero nunca jodiéndolos.

Creo que esta vez a Laverty se le ha ido la mano con el guión y nos pinta a un personaje que simplemente no encaja por ninguna parte; ni en su faceta de madre coraje, ni en la de amiga, ni en la de amante, ni en la de trabajadora, ni en la de empresaria, ni en la de aprendiz de mafiosilla. Ya, ya sé que las mujeres somos la hostia y que podemos hacer mil cosas a la vez... Pero a esos desfases no llegamos.

De todas formas hay que reconocer que hay momentos muy buenos y algunos diálogos dignos de figurar en una antología de despropósitos del capitalismo salvaje. Lástima que se les haya escapado la historia por la indefinición psicopática del personaje principal. Por cierto, qué greñas más infames, por Diossss. Esa muchacha no se merecía eso. Tan mona y con esos pelos!

martes, 27 de mayo de 2014

Don Jon, by Joseph Gordon-Levitt

MÁS VALE PÁJARO EN MANO

Joseph Gordon-Levitt, además de escribir y dirigir el engendro, interpreta a un prenda que se pasa la vida con el pajarito en la mano, o sea, a un entusiasta pajillero vocacional, cuyo principal problema es que se lo pasa mejor viendo porno y cascándosela que follando, vaya por Dios.

La peculiaridad que lo diferencia del 90% de los tíos es que luego va a misa y se confiesa, reza unos cuantos padrenuestros y ahí se acaba su problema. Tal vez éstos sean los momentos más divertidos de la película, los ratillos que echa con el cura en el confesionario después de cascarse sus pajillas.

LA FAMILIA, BIEN, GRACIAS

La familia del tipo es, junto con lo de las confesiones, el otro puntazo de Gordon-Levitt. Se supone que la particular idiosincrasia de los padres explicaría el "problema" del muchacho con el porno.

Al padre, un italiano más bestia que un bocata de cemento, lo interpreta un Tony Danza que resulta ser, con diferencia, el personaje más logrado de la peli.

LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS

En esto que aparece la rubia imbécil, tetona y con morros de chupóptera con la que sueña todo buen aficionado al porno, pero en versión princesita calientapollas, y nuestro prota, que hasta ese momento había sido una especie de tronista de “Mujeres, hombres y viceversa”, con las mismas luces más o menos, ahora se nos convierte en un pelele babeante atormentado por sus actividades pajilleriles, que en otros tiempos le reportaron tan buenos y memorables ratos.

Empieza la parte chunga y lo divertido se va esfumando poco a poco a medida que nuestro héroe va abandonando su afición favorita en aras del AMOR. Esta parte sólo es salvable para los forofos incondicionales de Scarlett Johansson, que hay que reconocer que hace muy bien de rubia tetona y con morros de chupóptera, tal vez porque lleva al personaje incorporado.

EN BRAZOS DE LA MUJER MADURA

Y una vez superada la fase rubia tetona, aparece en escena el personaje más absurdo e innecesario de la película: la mujer madura de pasado trágico, a la que interpreta Julianne Moore. Y con ella no llegará el escándalo, no; con ella llegará la moralina de baratillo: “Chico, echarse tantas pajas no es normal. Así nunca podrás amar de verdad a una mujer. Lo que tú tienes es miedo a entregarte, pero aquí estoy yo para enseñarte. Tú déjate llevar y verás como te curo de tu terrible “problema”.

Y nada, nuestro joven y antaño feliz pajillero entra en el mundo de la trascendencia emocional en brazos de la mujer madura, la única que le puede mostrar el dulce y pasteloso camino del amor romántico y hacerle olvidar los frívolos goces del feo vicio solitario. En fin, para vomitar hasta la primera papilla. Puaaaaagggggg!!!

viernes, 23 de mayo de 2014

El coleccionista de amantes, by Gary Fleder

Rizando el rizo, Gary Fleder supera el tema “asesino en serie” y nos presenta la figura del “secuestrador en serie”, una nueva modalidad de delincuente que no es frecuente por la cantidad de inconvenientes prácticos que plantea esta afición. Me explico:

Por ejemplo, hay que gozar de una economía muy saneada para poder alimentar y satisfacer las múltiples necesidades de tan amplio grupo de “invitadas”. No las conté bien pero calculo que nuestro secuestrador en el momento en el que lo conocemos tiene a unas 12 chicas en casa; eso no es un secuestrador, hosstia, eso es un hogar de acogida. Habrá pensado ese guionista en la cantidad de pasta (en ambos sentidos, el monetario y el nutritivo) que se necesita para la manutención de semejante familia? Si tengo yo nada más que tres hijos y una caja de leche me dura cuatro días, con una docena de señoritas cuántas cajas de leche necesita ese hombre, santo cielo? Y encima que si unas la toman desnatada, otras semidesnatada, otras de soja, otras con Omega 3. Así no se puede delinquir, eso es una ruina absoluta.

Por no hablar de la cuestión higiénica y estética. Abastecer a ese grupo de sus correspondientes champús para todo tipo de cabello, con sus acondicionadores y sus mascarillas capilares, el serum fortificante… los geles de baño y ducha para distintos tipos de piel, las cremas corporales y las del cutis y las de manos, que cuestan todas ellas un pastizal… Y ahora suma y sigue con los cosméticos: barras de labios, gloss, máscaras de pestañas, bases de maquillaje, prebases, antiojeras, perfiladores… en fin, todo el aparataje que las mujeres necesitamos simplemente para poder levantarnos de la cama.

Y luego échale la ropa, la de casa, la de cama, la de salir no porque las muchachas salen poco, pero tendrán que abrigarse en invierno y estar fresquitas en verano, no? Definitivamente el oficio de secuestrador en serie no es asequible para todas las economías. Menos mal que siempre hay por ahí un Morgan Freeman para liberar a esta gente de las obligaciones que se echan tan tontamente. Si no es por él este pobre hombre hubiera terminado completamente en la miseria.

jueves, 22 de mayo de 2014

El sueño eterno (The big sleep), by Howard Hawks

- Hola, muñeca, me llamo Bogart, Humphrey Bogart, pero todos me llaman Marlowe.

- Y a qué debo su inoportuna visita, señor Bogart Marlowe?

- Estoy aquí porque he venido. Me envía Hawks, Howard Hawks.

- Hawks es ese señor que pilota aeroplanos y que está como una chota?

- Eso ha debido decírtelo el bueno de Chandler, Raymond Chandler, pequeña.

- Chandler es ese escritor al que no entiende ni su madre? No tengo el gusto.

- No mientas, nena. Aunque éste sea mi quinto whisky de la mañana no soy fácil de engañar.

- Según William Faulkner le caen a usted un par de botellas diarias. Estará siempre ciego.

- Te equivocas, encanto. Ninguna zorra ni ninguna botella ha conseguido tumbarme aún.

- Y bien, señor Marlowe, qué turbio asunto le trae por mi modesto hogar?

- El general me ha contratado para que le solucione un par de problemillas.

- Y esa parálisis facial que luce es producto de algún tratamiento de belleza?

- No te equivoques, muñeca. Mi cara de póker no es cosa del botox.

- A ver, puedo pellizcarle la mejilla a ver si se mueve un milímetro?

- Aparta, encanto. No intentes sentarte en mis rodillas mientras estoy de pie.

- Señor Bogart-Marlowe, sea lo que sea lo que quiere saber, no sé nada.

- Si intentas engañarme lo vas a pasar muy mal, pequeña.

- Es usted muy persuasivo, debe de ser muy bueno en su trabajo.

- Nena, hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal y como las hago yo.

- Y supongo que mi padre le habrá pagado sustanciosamente por su trabajo.

- Así es. Me ponen nervioso los tipos a los que no les interesa el dinero.

- Le repito, señor Marlowe, que no sé nada.

- Muñeca, canta rápido porque no tengo todo el día y hablar me cansa.

- Siempre desconfié de los hombres callados; sólo dicen chorradas.

- Bueno, nena, me lo cuentas por las buenas o tendré que ponerme desagradable?

- Piérdete, Marlowe. Con ese tonito de chulazo aburres hasta a las cabras.

- Pequeña, estás siendo muuuuuy mala. Tendré que darte unos azotillos.

- Marlowe, te has equivocado de peli. Anda y tira para las "50 sombras de Grey", payaso.

miércoles, 21 de mayo de 2014

La vida de Adèle, by Abdellatif Kechiche

Una habitación en Roma, con vistas. La cámara gira hacia el interior y se ve a un tío en la cama.

Es Abdellatif Kechiche tocándose la polla y hablando por teléfono con su mejor amigo y consejero espiritual.

- Tío, no paro de pensar en tías en bolas, en plan rollo bollo.

- Pues nada, móntatelo a lo Medem: haz una peli que vaya de bollos, y que estén bien buenas. Y de paso que te pajilleas tú se pajillea media humanidad, que el rollo bollo tiene mucho público.

- Ya, pero si hago lo que estoy pensando va a parecer que hago porno. Y yo tengo un nivel, tío.

- No hay problema. Haz que hablen de vez en cuando y que digan cosas poéticas. Tú eres Kechiche, no haces porno, haces poesía.

. Ya, pero sólo con eso no va a colar. Pienso tenerlas un montón de rato en bolas, necesito algo más.

- Bueno, puedes alargar la película indefinidamente con muchos primeros planos, así por mucho tiempo que las tengas en pelotas siempre podrás decir que también les sacas la cara de vez en cuando. Un primer plano de los mocos mientras la protagonista llora puede ser la hostia.

- Y eso para qué?

- Para nada; eres Kechiche, un poeta, un artista de la imagen, un creador. No tienes que dar explicaciones. La gente se preguntará el porqué de cada plano y harán sesudos análisis y se olvidarán de lo de las tías en bolas.

- Jo, tío, eres un crack. Me has salvado la vida. Mira que estaba como el pico una plancha con el tema éste.

- Pos nada, haz la peli. Oye, y de paso me haces un favor. Conozco a una nena que está buenísima, la jodida se llama Exarchopoulos, toma ya, Adèle de nombre. He intentado tirármela de todas las maneras posibles, pero nada, no consiente la hijaputa. Como tiene ínfulas de actriz, si la contratas por lo menos la podré ver en pelotas y pegarme un meneíllo. Qué me dices, chaval?

- Hostia, tío, eres el puto amo. Y ahora que lo pienso, me gusta el nombre de tu nena. Voy a titular la peli en su honor "La vida de "Adèle".

- Ah, pues de puta madre. Un gran detallazo por tu parte. Oye, no estarás intentando tirártela, no? No te lo perdonaría. Claro que... si te la tiras y luego me la pasas... pelillos a la mar. Qué dices, hace el apaño?

Y así fue como el bueno de Abdellatif, con el fin único y exclusivo de echarse unas pajillas, nos la metió doblada y ganó la Palma de Oro en Cannes, además de un montón de premios más en todo el mundo.

Oye, y no sé cómo nos las apañamos, pero siempre nos la cuelan.

martes, 20 de mayo de 2014

Un invierno en la playa, by Josh Boone

“Inteligencia, tono y talento”, dice Carlos Boyero de esta película. Vale, pues tú sabrás dónde, porque yo no le veo ni la inteligencia ni el talento por ninguna parte. El tono sí, el tono es simplemente anodino.

Mi problema con esta opera prima de Josh Boone es que cuenta una historia sobre un montón de personajes con ninguno de los cuales soy capaz de empatizar lo más mínimo. Es más, me parecen todos una panda de gilipollas como la copa un pino. Os cuento:

- El padre, un tipo divorciado que sigue colgado de su ex tres años después y que está dispuesto a esperarla el tiempo que haga falta. Un imbécil de tomo y lomo, vaya. Aunque tenga la jeta de Greg Kinnear, el inolvidable vecino gay de "Mejor imposible".

- La madre, una tía que dejó al marido hace tres años y que se pasa el día lloriqueando porque la hija no le habla. Lo único bueno es que la interpreta Jennifer Connelly, que siempre es una presencia grata y amable.

- La niña, que va por ahí diciéndole a los tíos: “yo no quiero más que follar, no estoy interesada en charlar ni en ir al cine ni en nada, sólo follar”. Huyyys, qué cool, cómo mola, no?

- El niño, todo el día colgado a la pipa fumando yerba porque está el pobre bloqueado y no puede escribir. El síndrome de la hoja en blanco, vaya por Dios.

Lo peor es que Boone pretende hacernos simpáticos a sus personajes, presentárnoslos como superguays y superflissss. Qué bien, una mamá que deja fumar marihuana a su hijo, y un papá que lo deja follar en casa con la novia, y una chica que quiere sexo a destajo sin compromiso. Wawwww, qué peña más molona. Y además hablan todo el rato de literatura y del arte de escribir, incluso el Día de Acción de Gracias, qué conversaciones familiares más inteligentes y más talentosas. En fin, cuanto más nos los quiere meter con calzador, peor caen y menos cuelan (salvo a Boyero), y más parecen una panda de pijos con ínfulas que dan un repelús que te cagas.  

Lo único que se salva es el sentido homenaje a Stephen King, que incluso aparece en un pequeño cameo telefónico. Para mí uno de los mejores escritores del mundo, probablemente uno de los menos pretenciosos y sin duda ninguna uno de los más minusvalorados. Sólo por eso le concedo un cierto valor sentimental, pero vamos, que no se libra de la quema.

lunes, 19 de mayo de 2014

La extraña que hay en ti, by Neil Jordan

Ésta es una peli que va sobre la venganza. A mucha gente le parece que su planteamiento es éticamente deplorable porque parece defender aquello de tomarse la justicia por la mano. Bueno, yo creo que esto es una auténtica gilipollez: la venganza es un buen tema, bastante apasionante y muy agradecido cinematográficamente. A mí me parece muy interesante reflexionar sobre la capacidad del ser humano de transformarse por completo cuando le tocan bastante las pelotas. Vamos, que por ahí nada que objetar

El problema de esta cinta para mí no está en el tema ni en si es éticamente más o menos deleznable, sino en el puto rollo que Neil Jordan se monta en torno al personaje interpretado por Foster. Una mujer que pasa de ser una inofensiva locutora de radio de voz aterciopelada a convertirse en una dura asesina múltiple con una puntería envidiable, que ya quisiera para sí cualquier miembro de los GEO. La tía empieza la película sin haber tocado un arma en su vida; cuando coge la pistola por primera vez parece que estuviera agarrando una rata muerta, pero vamos, al segundo disparo ya está hecha una tiradora de élite que no falla ni una.

Por no hablar de varias cosas infumables: los primeros diez minutos, cuando el novio aún vive, son verdaderamente vomitivos. Sabéis esas parejas que están todo el rato que si “cariño” que si “cielo” que si “te quiero”? Pues una de ésas, venga besitos y abracitos y achuchones. Señor, si hasta se encuentran con una amiga y ella misma les dice que dan asco con tanto besuqueo. Vamos, que cuando por fin al tío se lo cargan se siente hasta un cierto alivio por no tener ya que ver más babas gratuitas.

Pero no, no te libras tan fácil. Porque ahora viene la parte “recuerdos” y mira tú por dónde la tía no se acuerda del novio nunca en actitud pensativa o cocinando o viendo la tele o haciendo surf. No, que va, ahora te meten una sobredosis de recuerdos eróticos porque la colega sólo se acuerda del novio cuando se la estaba follando, vaya por Dios. Que si ella encima, que si debajo que si de lado que si a cuatro patas… Ufffff, y venga a recordar polvos!! Madre mía, qué hartura.

Y por si esto fuera poco en medio te intercalan los comentarios de la locutora en la radio, que si la ciudad, que si el miedo, que si el peligro, que si tal que si cual. Y así toda la película, entre recuerdos eróticos, disertaciones radiofónicas y subidas de huevos con disparo incluido. Ahora voy en el metro, un tipo intenta acojonarme, saco mi pistolita, le pego un tiro, me voy a la radio, suelto mi perorata, me acuerdo del último polvo de mi cumple, me voy otra vez de paseo, otro tipo intenta acojonarme… y vuelta a empezar. Lo prometo, todo el rato así.

Y luego otra cosa con la que flipas. Resulta que desde que sufren la agresión y el novio muere esta tía se encuentra día sí día también con gente superviolenta que la quiere agredir otra vez. Y te preguntas: cómo iba esta mujer antes por la vida, sin pistola ni nada, en una ciudad en la que cada vez que sales a la calle alguien intenta violarte o pegarte una paliza? Y cómo es que en una ciudad así se dedicaba a sacar de paseo al perro a la una de la mañana por un parque solitario con el novio? O es que la ciudad se volvió violenta solo después porque ella antes nunca había visto nada raro? Pues ya es mala suerte, tú, que te maten al novio y encima desde ese momento no falte día que no te intenten asesinar o por lo menos canear.

En fin, que una vez más Neil Jordan se luce con una historia que hace aguas por todas partes. Por no hablar de que sí, que Jodie Foster será muy buena actriz y todo lo que tú quieras, pero esa mujer no puede andar con las piernas juntas como solemos hacer las mujeres? De qué va interpretando a una dulce locutora de radio yendo por ahí con las piernas abiertas en plan fornido sheriff del Far West?

Creo recordar que hubo un tiempo en el que esta señora andaba normal. Oye, que si eres lesbiana me parece genial pero los modales y andares masculinos los puedes dejar para tu vida personal o para interpretar papeles de lesbiana o de curtida camionera, pero no para los demás. Vamos, digo yo. Por supuesto sin ningún tipo de acritud, salvo la propia y natural de haberme tirado dos horas tragándome un rollo morollo de impresionantes proporciones.