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martes, 24 de marzo de 2015

Cuenta conmigo (Stand by me), by Rob Reiner

Rob Reiner se basa en una novela de Stephen King, “The body”, y elabora en “Cuenta conmigo” una de esas pelis que provocan la nostalgia de muchos espectadores por su niñez. Es el típico film que levanta pasiones en la gente que siente añoranza por aquellos maravillosos años de la adolescencia, los amigos de verdad y todas esas chorradas. Yo he sentido poca nostalgia por varios motivos que paso a enumerar:

1. Ni a mí ni a ninguno de mis amigos de la infancia nos dio jamás por jugarnos el pellejo poniéndonos delante de trenes ni de coches ni de camiones ni de ningún otro medio de transporte para hacer la gracieta de saltar en el último momento.

2. Ni a mí ni a ninguno de mis amigos de la infancia nos dio jamás por fugarnos de casa y recorrer un montón de kilómetros para encontrar un cadáver y así hacernos famosos saliendo por la tele.

3. Ni a mí ni a ninguno de mis amigos de la infancia nos dio jamás por decir chorradas tales como: “tú no puedes hacer una formación profesional porque tú llegarás a ser un gran escritor y, quién sabe, alguna vez puede que escribas sobre tus amigos que hicimos la formación profesional”. Jamás tuve la desgracia de juntarme con niños tan repelentes.

4. Ni a mí ni a ninguno de mis amigos de la infancia nos dio jamás por cruzar como pisando huevos puentes por los que en cualquier momento puede pasar un tren y atropellarnos.

5. Ni a mí ni a ninguno de mis amigos de la infancia nos dio jamás por robar una pistola y apuntar con ella a una panda de macarras que muy probablemente al día siguiente ya se las arreglarían para darnos una paliza de muerte, que además nos tendríamos muy bien merecida, por gilipollas.

Ignoro hasta qué punto la película es fiel a la novela original del gran Stephen King pero entre las cosas que he leído del escritor jamás he encontrado nada tan ñoño, dulzón y estereotipado como esto. Por eso sospecho que “The body” tenía que tener mucho más de suspense y mucho menos de cutre canto a la amistad que “Cuenta conmigo”.

La escena final en la que el escritor que está recordando “aquellos maravillosos años” escribe que nunca en su vida encontró amigos como aquellos de los 12 años me parece patética a más no poder. Ese ridículo mito de que los mejores amigos son los de la infancia no se sostiene con el más mínimo análisis en la edad adulta. De niño tienes los amigos que te tocan, por cercanía, por vecindad, porque se sientan en el pupitre de al lado, etc., y ninguno de ellos tiene una personalidad formada. De mayor cada cual evoluciona de una manera y es muy posible que la mayoría de esos niños de adultos no tengan nada que ver ni en gustos ni en forma de entender la vida ni en nada. No hay más que ver todos esos frikis que se juntan ahora por el facebook y organizan reuniones de antiguos alumnos para descubrir quién se ha puesto más gordo o cuál está más calvo. Señores, los mejores amigos se hacen cuando se tiene criterio para discernir y esa amistad se basa en algo más profundo que el vivir en la casa de al lado.

Ah, y por mucho mito que se haya creado también en torno a la figura del difunto River Phoenix por aquello de su muerte precoz y demás circunstancias ajenas a su oficio, en esta película hace un trabajo horripilante. Las sesudas conversaciones con su amiguete escritor las suelta como si se las estuvieran dictando por un pinganillo. Es uno de los niños actores más repelentes con los que me he encontrado jamás. Hala, Kowalski, ahí tienes mi crítica; ya te dije que no me iba a gustar fijo, por mucho que “Stand by me” sea una de mis canciones  favoritas del mundo mundial. (Por cierto, con mucho, lo mejor de la película).

martes, 20 de mayo de 2014

Un invierno en la playa, by Josh Boone

“Inteligencia, tono y talento”, dice Carlos Boyero de esta película. Vale, pues tú sabrás dónde, porque yo no le veo ni la inteligencia ni el talento por ninguna parte. El tono sí, el tono es simplemente anodino.

Mi problema con esta opera prima de Josh Boone es que cuenta una historia sobre un montón de personajes con ninguno de los cuales soy capaz de empatizar lo más mínimo. Es más, me parecen todos una panda de gilipollas como la copa un pino. Os cuento:

- El padre, un tipo divorciado que sigue colgado de su ex tres años después y que está dispuesto a esperarla el tiempo que haga falta. Un imbécil de tomo y lomo, vaya. Aunque tenga la jeta de Greg Kinnear, el inolvidable vecino gay de "Mejor imposible".

- La madre, una tía que dejó al marido hace tres años y que se pasa el día lloriqueando porque la hija no le habla. Lo único bueno es que la interpreta Jennifer Connelly, que siempre es una presencia grata y amable.

- La niña, que va por ahí diciéndole a los tíos: “yo no quiero más que follar, no estoy interesada en charlar ni en ir al cine ni en nada, sólo follar”. Huyyys, qué cool, cómo mola, no?

- El niño, todo el día colgado a la pipa fumando yerba porque está el pobre bloqueado y no puede escribir. El síndrome de la hoja en blanco, vaya por Dios.

Lo peor es que Boone pretende hacernos simpáticos a sus personajes, presentárnoslos como superguays y superflissss. Qué bien, una mamá que deja fumar marihuana a su hijo, y un papá que lo deja follar en casa con la novia, y una chica que quiere sexo a destajo sin compromiso. Wawwww, qué peña más molona. Y además hablan todo el rato de literatura y del arte de escribir, incluso el Día de Acción de Gracias, qué conversaciones familiares más inteligentes y más talentosas. En fin, cuanto más nos los quiere meter con calzador, peor caen y menos cuelan (salvo a Boyero), y más parecen una panda de pijos con ínfulas que dan un repelús que te cagas.  

Lo único que se salva es el sentido homenaje a Stephen King, que incluso aparece en un pequeño cameo telefónico. Para mí uno de los mejores escritores del mundo, probablemente uno de los menos pretenciosos y sin duda ninguna uno de los más minusvalorados. Sólo por eso le concedo un cierto valor sentimental, pero vamos, que no se libra de la quema.